• Amor que no duela

    Hay un miedo del que casi nadie se atreve a hablar, pero todas lo llevamos adentro.

    No tiene que ver con las arrugas, ni con el bastón, ni siquiera con la soledad.

    Es ese otro miedo… el de ir desapareciendo dentro de un cuerpo que ya no te responde como antes. El de no poder levantarte sin ayuda.  El de no llegar sola al baño. El miedo a depender.

    A veces me despierto y lo pienso en silencio, como si decirlo fuerte lo hiciera real… ¿Qué pasa si un día ya no puedo con todo yo sola?. Si la mano me tiembla y los pinceles se me escapan. Si la memoria me juega ausencias y se me olvida el café hirviendo, los nombres… o incluso yo misma. 

    Y no, no quiero que me miren con lástima. Quiero respeto. Porque aunque el cuerpo se apague lento, el alma sigue aquí, viva y clara. Una no deja de ser mujer, ni valiente, ni digna… solo porque el cuerpo ya no obedezca como antes.

    Pero… duele. Duele mirar cómo a los viejos los tratan como si estorbaran, como si fueran niños torpes. Ese también es otro miedo: no solo depender… sino que te vean como una carga.

    Por eso, mientras pueda, me levanto. Me preparo mi café. Me seco las lágrimas. Me doy mi propio abrazo. Me repito que sigo valiendo. Porque si algún día no puedo hacerlo por mí misma, que al menos lo sepa quien me cuide. 

    No necesito compasión. Lo que quiero es amor que no duela. Amor con respeto. Y si llega el momento en que dependa de alguien…que me tome la mano sin hacerme sentir que valgo menos!!!

    Porque vieja sí…pero vacía e incapaz, jamás!

    Crédito a quien corresponda…

    TOMADO DE LA RED.

  • Seguir amando

    A MIS PADRES QUE ME LLORAN

    (Por Fernando D’Sandi)

    Para quienes han perdido a un hijo. El dolor que no tiene nombre sí que lo tiene… Se llama : «seguir amando»

    No se asusten si esta carta llega sin aviso. No es un milagro. Es solo que el amor no respeta fronteras. Ni la del silencio… ni la de la muerte. No intenten entender cómo llegó hasta ustedes. Mejor, siéntanla. Cierren los ojos… y respiren.

    Estoy ahí…

    En eso que no saben nombrar, pero sienten cada que el alma les pesa y el pecho se aprieta como si les faltara el aire. No es falta de oxígeno… Es falta de mí. Pero escúchenme: yo no me fui mal, ni me fui vacío. Tuve todo, aunque no lo tuve todo. No me faltó nada, aunque me faltaron años.

    Viví lo que muchos solo se atreven a imaginar. Y no hablo de hazañas, ni de títulos,  ni de viajes al extranjero. Hablo de lo que realmente importa: la risa de mamá al quemar las tortillas, la mirada de papá cuando fingía estar molesto pero lo delataba una sonrisa. Hablo de las veces que me besaron dormido, de cómo me cubrían cuando ya tenía la cobija puesta.

    Hablo de ese amor ridículo, torpe y desbordado que solo ustedes sabían dar. Ese amor que me hizo valiente… incluso al despedirme.

    No quiero que se queden atrapados en la pregunta que no tiene respuesta: ¿por qué nosotros? ¿por qué él? . Esa pregunta tiene la misma lógica que pedirle al mar que deje de tener olas. Y si están buscando justicia, perdón… La vida no tiene tribunales… Solo tiene ciclos. Y a veces, se nos cruzan los trenes antes de lo previsto. Ya sé que me iban a cuidar siempre… Que aún tienen planes para mí… Que mi cuarto está igual, como si fuera a regresar en cualquier momento. Y me conmueve…

    Pero me duele más verlos apagarse con cada vela que me encienden. No me recuerden solo desde la ausencia. Recuérdenme desde el amor que todavía pueden repartir. Porque ahí está la trampa más cruel del duelo: Creer que el amor que ya no me pueden dar se murió conmigo. Y no… Ese amor sigue vivo. Solo está buscando otra forma de salir. Entréguenlo a quien les acompañe, a quien lo necesite, a quien lo provoque. No importa si es un sobrino, un amigo, un animal, una planta o un completo desconocido.

    Repartan ese amor entre ustedes mismos… Porque el amor que no se da… se pudre. No quiero que me busquen entre lágrimas ni entre velas. Estoy en otra parte…En donde ustedes sonríen sin culpa. En donde el sol les da de frente y no sienten remordimiento por seguir vivos. Estoy ahí… donde me imaginan sanando, creciendo, libre del tiempo.

    Porque sí… aunque parezca contradictorio, yo también sigo creciendo, solo que desde otro lugar. No se queden preguntando si pudieron hacer algo más. Hicieron todo. Y lo hicieron tan bien, que pude irme en paz.

    Sé que no hay nombre para lo que sienten. A nadie se le ocurrió bautizar el dolor de perder a un hijo. Y tal vez fue mejor así…Porque hay dolores tan grandes que no caben en ninguna palabra. Y el suyo… el suyo es de esos que solo el cielo comprende.

    Pero esta carta no es para hablar de la herida. Es para recordarles que donde ustedes vean final, yo estoy viendo puente. Que la vida no terminó. Solo cambió de forma. Y que todo lo que fuimos… sigue siendo. Y claro que todo valió la pena… Cada minuto. Cada abrazo. Cada pelea absurda. Cada espera en la sala de urgencias. Cada «te quiero» que no dijeron, pero lo pensaron. Valió todo…

    Porque al final, la vida no se mide en años… se mide en memorias. Y yo me fui lleno. Los amo más de lo que la muerte permite explicar. Y los acompaño desde ese rincón secreto del alma donde nunca muere nada.

    Su hijo… Siempre su hijo. Incluso después del adiós.

    Créditos: Fernando D’Sandi

  • ¿TE OFENDES FÁCILMENTE?

    TE OFENDES FÁCILMENTE.

    Las personas se pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo.

    ¡Nadie te ha ofendido! Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren.

    Y las expectativas las creas tú con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias. Si tú esperabas que tus padres te dieran más amor y no te lo dieron, no tienes por qué sentirte ofendida.

    Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo. Tus ideas son las que te lastiman.

    Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal o cual forma y no lo hizo… Tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo, las que te hieren. Nuevamente, eso está en tu imaginación.

    Una de las mayores fuentes de ofensas es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices lo que debe hacer y te dice “no”, creas resentimientos por partida doble.

    Primero, te sientes ofendido/a porque no hizo lo que querías. Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es. Y es un círculo vicioso. Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca. Aprenderán de sus errores por sí mismos. ¡Déjalos ser! nadie te pertenece y tu pareja no es tu HIJO.

    Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Ámalas, disfrútalas y déjalas ir.

    1.- Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de cómo deberían actuar las personas. Estas ideas son producto de lo que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA va a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque ellos tienen las suyas.

    2.- Deja a las personas SER. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos si te los piden, pero permite que tomen sus decisiones. Las opiniones se piden no se dan.

    3.- Nadie te pertenece. Ni tus padres, ni amigos, ni parejas., ni tus hijos. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. VIVE y deja VIVIR.

    4.- Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes oscuros y te los quitas, verás las cosas más claras.

    5.- La perfección no existe. Ni la madre, amiga, pareja perfecta solo existen los deliciosamente imperfectos.

    Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? NO. En la realidad JAMÁS VA A EXISTIR. Naturalmente, al pez solo le queda disfrutar de su realidad.

    Cualquier frustración de que el mar no es como quieres que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres o no piensan como tú. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

    6.- Disfruta de la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo.

    7.- Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Dile por qué te ofendió. Escucha su explicación amorosa de por qué lo hizo. Y perdónala.

    Si un ser querido ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.

    8.- A la luz de la corta vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices.

    Nuestra compañera “la muerte” en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo e inútil gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo..

    Rebeca Pernicce (Dela red)

  • ¿En la esquina…?

    —Papá, ¿me puedes dejar en la esquina?.

    —¿En la esquina? pero…¿Por qué?.

    —Es que… ahí ya me bajo. No tienes que entrar a la escuela.

    Él se quedó callado.

    Miró el uniforme arrugado de su hija, la mochila rota…y luego miró sus propias manos: llenas de pintura, con olor a disolvente. Manos de albañil. Manos de padre que lo dio todo.

    —Está bien, hija… en la esquina.

    La vio bajarse rápido, ni siquiera se volvió a despedirse. Ese padre la había criado solo, desde que la madre se fue cuando la niña tenía apenas tres años trabajaba en lo que fuera. Nunca tuvo lujos, pero nunca faltó comida. Se las ingenió para ir a las juntas, para aprender a peinarla, para explicarle tareas aunque apenas supiera leer. Se desveló en las fiebres. Lloró en silencio cuando no pudo comprarle un regalo. Se rompió la espalda por pagarle una escuela buena, aunque a él lo miraran con desprecio.

    Y ahora… ahora que la hija era adolescente, lo único que pedía era que no la vieran con él.

    —Papá, es que… tú no entiendes.

    —¿Qué no entiendo?

    —No sé… cómo te vistes, cómo hablas… la gente se burla.

    —¿De mí?

    —De ti… y de mí por estar contigo.

    Esas palabras le dolieron más que cualquier golpe en el trabajo. Esa noche, el padre no cenó. Se quedó sentado solo, mirando una foto vieja:

    Él, con la niña en brazos, el primer día de escuela. Sonreían. Eran uno solo.

    Ahora eran dos desconocidos.

    Y aunque el padre quería gritar, reclamar, enojarse… solo suspiró. Porque sabía que el mundo, tarde o temprano, le iba a enseñar algo a su hija:

    Que no hay nada más valioso que el amor de alguien que lo dio todo… sin pedir nada.

    A veces, el amor más puro es el que más se desprecia, porque no viene en autos lujosos ni con ropa de marca…, viene en manos gastadas, miradas cansadas y corazones que aprendieron a amar desde la ausencia.

    Pero la vida da vueltas y… la que hoy se avergüenza…mañana llorará por no haber abrazado más.

    —Susana Rangel ❤️‍🩹☕️✍️💬

  • ¿Para que lo haces?

    Iba en un vuelo de la Ciudad de México a Guadalajara, que es un vuelo corto, y subió una señora con un niño como de dos años. Y al niño le caí simpático y se vino todo el viaje jugando conmigo.

    Cuando llegamos al aeropuerto en Guadalajara, la Señora me dijo:

    -Señor Cabral, ese niño que venía jugando con usted es mi hijo.

    -¡Ah mucho gusto!… 

    -¿Sabe cómo se llama?

    -No, Señora.

    -Facundo.

    Y, carajo, yo me preocupé; primero, porque uno anduvo por tantos lados, claro y no sabés, aunque uno ha sido cuidadoso, pero nunca sabés cómo es esto, pero me lo dijo de una manera; además me acordaría de su cara, uno nunca se olvida de una mujer que amaste.

    Y sí, yo no conocía a esa mujer, entonces me tranquilicé.

    Y le digo: ¿a qué debo el honor, Señora, que usted le puso a su hijo mi nombre?

    Me dijo: porque yo iba a abortar, pero apareció usted la noche anterior al aborto, apareció usted en un programa con Verónica Castro y le escuché hablar del mundo, del privilegio de estar en este mundo, y me dije: ¿cómo le voy a hacer perder esta fiesta a mi hijo? Y decidí que naciera. Y por eso le puse su nombre.

    Pensé: caramba, ahora sé por qué canto; cantas para devolver parte de la vida que te dieron; cantas para despertar el fervor por la vida; cantas para contagiar la felicidad de estar vivo, en las circunstancias que fuere, hasta en prisión; estás vivo, y estar vivo siempre es la gran posibilidad.

    Si estás vivo, están todas las posibilidades siempre. ¡Sí Señor!

    —Facundo Cabral.

    Mundo Alucinante

  • ¿ Y TU…?

    EL AMOR VERDADERO 

    El cuidado de no lastimar es una forma de amor silencioso. Es amor y respeto en su estado más puro, y es una muestra clara de quién ha aprendido a mirar más allá de sí mismo. 

    Respetar no es solo decir «por favor» o «gracias», ni cumplir normas sociales.

     El verdadero respeto se demuestra en los pequeños gestos que nadie ve: en callar cuando sabemos que una palabra puede herir, en alejarnos cuando sabemos que nuestra presencia lastima o incomoda, en no señalar errores ajenos solo por sentirnos superiores.

     Quien cuida de no lastimar a otros, aunque tenga razón, aunque tenga heridas propias, aunque tenga motivos, es alguien que ha comprendido que la sensibilidad del otro no es un obstáculo, sino una responsabilidad. Porque todos cargamos batallas invisibles, todos llevamos cicatrices que el mundo no ve, y una palabra fuera de lugar puede abrir heridas que estaban a punto de sanar. 

    Este tipo de respeto no se enseña con reglas, se aprende con empatía. Se forja en el dolor de haber sido herido, en el deseo sincero de no repetir el daño que alguna vez recibimos. Y es en ese punto donde se transforma en virtud, cuando el dolor propio no se convierte en excusa para herir a otros, sino en motivo para ser más cuidadosos. 

    Cuidar de no lastimar no te hace débil, te hace grande. Es fácil gritar, es fácil ofender, es fácil herir sin pensar… lo difícil es tener la fuerza de elegir la paz en lugar del orgullo, la comprensión en lugar del juicio, y la prudencia en lugar del impulso.

    En un mundo que muchas veces premia lo ruidoso, lo violento y lo inmediato, elegir respetar desde el alma es un acto de rebeldía noble, una declaración silenciosa de que aún existe gente que ama con delicadeza, que piensa antes de herir, y 

    que prefiere construir en lugar de destruir. 

    Porque al final, el verdadero amor y respeto no se nota en cómo tratamos a quienes admiramos, sino en cómo cuidamos de no herir, incluso a quienes no nos entienden.

    ✍️VIVIR Y SANAR

  • Despierta!!!
    Dentro de ti hay un observador silencioso.

    Una conciencia que permanece inmutable mientras tus pensamientos, emociones y experiencias fluyen como nubes en un cielo infinito. La mayoría de las personas viven toda su vida sin descubrir esta dimensión de su ser. Se identifican completamente con el contenido de su mente, sus pensamientos, preocupaciones, deseos.

    No se dan cuenta de que existe algo más profundo: 

    La conciencia misma que percibe todo. El observador silencioso que es quien realmente eres.

    Y cuando comienzas a reconocer esta presencia dentro de ti, algo extraordinario sucede. Los problemas que parecían tan importantes pierden su intensidad. El sufrimiento que creías inevitable comienza a disolverse. Una calma que no depende de circunstancias externas emerge naturalmente.

    No es un viaje hacia algún lugar lejano, sino un despertar a lo que ya está aquí, esperando ser reconocido.

    Eckhart Tolle | younity
  • Ahora!!!

    En una tarde silenciosa, un padre mayor estaba sentado en su sillón favorito. Sus manos, marcadas por los años, sostenían con esfuerzo un celular.

    Lo miró con ternura y esperanza. Tenía un deseo sencillo: escuchar la voz de uno de sus hijos.

    —Ojalá me conteste —dijo en voz baja, mientras marcaba el número.

    El tono comenzó a sonar.

    En otro lugar, su hijo miró la pantalla.

    La palabra “Papá” apareció con claridad.

    —Otra vez –murmuró el joven—. Solo llama para decir tonterías.

    —¿No le vas a contestar? —preguntó un amigo que estaba con él.

    —No. Qué flojera… —respondió, dejando sonar el teléfono hasta que se detuvo solo.

    Del otro lado de la línea, el padre bajó la cabeza con tristeza.

    En ese instante, una figura silenciosa se hizo presente. Era una mujer vestida de negro, de pasos suaves y voz firme. La Parca.

    —Si quieres, puedes venir conmigo —le dijo, mirándolo con compasión.

    —No… todavía no quiero irme —respondió el hombre—. Aún tengo fuerzas. Todavía quiero disfrutar de la vida, aunque sea sólo un poco más.

    La Parca guardó silencio unos segundos. Luego habló con calma, pero sin titubear. —¿Para qué quedarte? Ya nadie te espera. Tus hijos se molestan contigo. Les incomoda cuidarte. Les pesa tu lentitud, tus preguntas, tu presencia, te gritan, se impacientan, te hacen sentir invisible…

    El padre la escuchaba sin responder. Pero sus ojos hablaban por él.

    —¿Dónde quedaron los valores que sembraste? —continuó ella—.¿Dónde están tus hijos ahora que los necesitas?. Creen que la juventud es eterna, que siempre habrá tiempo… Pero no saben que el tiempo… no perdona.

    La Parca se acercó y le acarició el hombro con delicadeza.

    —Anda, ve a dormir —le susurró—. Diles que tengan una linda noche. Porque mañana… será un gran día para todos.

    Esa noche, el padre cerró los ojos sin decir una palabra más y en el último suspiro, la Parca le habló al oído con voz serena:

    —Descansa, abuelo… cuando despiertes, ya no habrá tristeza en tu corazón.

    Reflexión: No esperes a que sea tarde para abrazar, para llamar, para decir “te quiero”. No te conviertas en hijo solo de despedidas. Demuestra amor mientras puedes. Porque algún día…ya no habrá voz del otro lado para responderte.

    Hoy es el mejor momento para valorar a quien te dio la vida.

    De la red

  • Pequeños gestos

    Creo que los «pequeños» gestos nos ayudan a cambiar el mundo o por lo menos a verlo de una manera mas luminoso:

    1️⃣ Hoy por la mañana iba camino a casa. En la puerta del edificio había un anuncio:

    «Queridos vecinos: hoy, alrededor de las 9:20, se me perdieron 120 pesos cerca de la entrada. Si alguien los encontró, por favor llévelos al depto. 76 con Antonina Petrovna.»

    Subí, toqué la puerta y le entregué el dinero. Una abuelita con delantal, apenas me vio, me abrazó y comenzó a llorar de alegría:

    — Fui a comprar harina, y creo que al sacar las llaves se me cayeron los billetes…

    Pero no quiso aceptar el dinero. Porque, para ese momento, ¡yo ya era la sexta (!!) persona que le llevaba los 120 pesos!

    Y pensé: gente… qué hermosos son… ❤️

    2️⃣ Trabajo en un café. Esta mañana un señor se acercó a la caja y dijo:

    — Detrás de mí está una chica. No la conozco, pero quiero pagar su café. Dígale: “Que tenga un lindo día.”

    La chica se sorprendió… y luego hizo lo mismo por el siguiente cliente. Así siguió durante cinco turnos seguidos. Una cadena de bondad que no necesita palabras.

    3️⃣ Estuve muy enferma, en cama, completamente sola, sin poder levantarme y llorando de impotencia. Mi perrita estaba a mi lado con sus ojitos tristes. De pronto se fue y regresó con un hueso viejo que tenía guardado “para un día especial”. Chiara lo puso sobre mi almohada y me lo empujaba con el hocico hacia la cara:

    «Tómalo. Esto ayuda.» 🐾

    4️⃣ Encontré el celular viejo de mi esposo fallecido. Lo cargué. Y ahí… mensajes nuevos. Nuestra hija aún le escribe: le cuenta cómo vamos, comparte sus alegrías y preocupaciones. Tal vez eso también sea amor.

    5️⃣ En la calle vi a una abuelita vendiendo una sola violeta en maceta. Me dio tanta ternura que le pagué diez veces más de lo que pedía. Con lágrimas en los ojos, la señora dijo:

    — Voy corriendo a comprarle un poco de jamón a mi viejito…

    A la mañana siguiente la violeta floreció. 🌸

    6️⃣ Hoy hubo una tormenta terrible. En el trabajo me dijeron que alguien estaba merodeando mi coche. Salí corriendo y todo estaba como lo había dejado. Lo único diferente: alguien había tapado la ventilación del techo con una bolsa para que no se inundara el interior.

    7️⃣ En la tienda se me acercó una niñita y me pidió:

    — ¿Me cargas un ratito?

    La levanté, pensando que quizá estaba perdida. Pero la pequeña solo me abrazó y luego dijo:

    — Quería que sonrieras.

    Y sí… sonreí.

    💛 Hagamos pequeños gestos de bondad unos con otros.

    El mundo se hace más luminoso.

    Y las almas… más cálidas.

    De la Red🌿

  • ¿Delatan…?

    Qué frase tan desagradable: “las manos delatan la edad de una mujer”. O si no son las manos, es el cuello. O si no es el cuello, el escote. O si no el escote, las arruguitas alrededor de los ojos. No importa qué parte sea: lo importante es que DELATA.

    Delata un gran secreto que nadie, absolutamente nadie, debe conocer.

    Y yo me pregunto: ¿por qué deberíamos ocultar nuestra edad, como si fuera algo vergonzoso? ¿Por qué una piel lisa vale más que la bondad, las arrugas asustan más que la ignorancia, y las canas son peor que la maldad?

    Cada línea en mi rostro es una huella de mis emociones. En algún momento me reí mucho. En otros, lloré. Otras noches no dormí por amor, por mis hijos o por una novela que no podía soltar. Y todo eso… soy yo.

    Curioso, a un hombre con canas lo llaman “interesante” o “distinguido”, pero a una mujer de su misma edad la ven “descuidada”.

    Las manos temblorosas de un abuelo enternecen, pero las de una mujer de su edad… “la delatan”.

    No me da vergüenza. No quiero ser “eternamente joven”. Quiero ser real, estar viva. Quiero ser una mujer que ha tenido juventud, errores, amores, miedos y su propia historia. Una historia que no se delata — se CUENTA con orgullo.

    Tomado de la red.