• Llega un momento

    Llega un momento en esta vida en el que te cansas, dices basta, porque te hartas.
      Sí, todo tiene un límite y por mucho que lo intentas, de nada sirve cuando todo se repite, cuando el bucle te persigue.
     
      Llega un momento en el que tienes que decidir que no vas a regalar ni una milésima de tu tiempo a nadie que no lo aprecie, pero a nadie. Que no vas a ir detrás de personas que luego se olvidan de ti. De aquellas que sólo se acuerdan cuando le pasa algo malo o cuando te quieren decir algo bueno, pero ni te preguntan cómo estás. O si lo hacen es sólo para justificar la manera de meter esa conversación que sólo les importa a ellos y nada más.
     
       Llega un momento en el que es mejor gritar que el silencio, que es mejor decir cuatro verdades que mantener la compostura. Porque no, no te oyen, no te comprenden, no se ponen en tu lugar y puede, sólo puede que por un momento lo finjan, pero no, jamás cambiarán.

      Llega un momento en el que tienes que soltar a aquellas personas que te humillan y desprecian por mucho que las quieras y las sepas valorar, pues ellas a ti no, y sólo te pisan y te dañan el alma. No, no hay que soportar lo insoportable por querer cuando te dañan, porque eso es que no te quieren de verdad.

      Se acabó de dar la razón a sin razones, de callar cosas injustas, de poner por delante a quien no debe ni estar. Porque esas personas no te tendieron la mano cuando estabas en el fondo del océano, esas personas no te sacaron de la más profunda oscuridad, no te ayudaron a salir a flote, así que pasa página, pero esta vez hazlo de verdad. Créeme que no te arrepentirás.
    Patri G.
    (No borres el autor)
    DI NO AL PLAGIO
    Patricia Girol 

  • Regalos silenciosos

    LA PRÁCTICA DE HACER REGALOS SILENCIOSOS

    Busca un lugar público, como una plaza, un parque, una estación, y colócate en un sitio que te permita observar a los paseantes discretamente.

    Déjate llevar por tu corazón, que él elija las personas a las que harás tu regalo anónimo y silencioso.

    Cuando veas pasar a alguien afectado por una dolencia, regálale buena salud en tu pensamiento.

    Si ves pasar a una persona abatida y triste, regálale paz y alegría.

    Si ves a un niño que llora, regálale un futuro hermoso.

    Si ves a alguien de gesto áspero y enojado, regálale amor y perdón.

    Si ves a alguien pasando necesidad, deseale prosperidad y abundancia en su vida.

    Y así, con todas las personas que se vayan cruzando en tu camino.

    Acoge a cada una de ellas en tu corazón por unos instantes, deséales lo mejor y envíales bendiciones.

    Puede que jamás vuelvas a ver a ninguna de estas personas.

    Está bien que así sea; no necesitas ninguna confirmación, el amor nunca se impone, sencillamente se ofrece a quien tenga que recibirlo.

    Sé Amor.

    A veces hacer el bien no implica que hagamos actos demasiado complicados, con nuestro pensamiento consciente y enfocado, así sea en silencio, podemos entregar nuestra Luz y dar nuestro Amor al mundo.

    SIRIO.1.1.1.1

  • Imagínese
    "¿Se imagina usted si a partir de hoy, todo de lo que usted se queja, sea sacado de su vida?
    
    Sólo imagine esto:
    - ¡Ay! ¡no aguanto a mis hijos!
    ¡Listo, muertos!
    
    - ¡Mi pelo es horrible!
    ¡Vale, calva/o!
    
    - ¡Estoy harta/o de mi trabajo!
    ¡Estupendo, desempleada/o!
    
    - ¡Mi marido o mi esposa es una plaga!
    ¡Todo bien, viuda/o desde este momento!
    
    - ¡No soporto más este calor!
    ¡A partir de mañana sólo tendrá nieve y lluvia!
    
    - ¡Mi casa es un desastre!
    ¡Bueno, vivirá en la calle a partir de ahora!
    
    ¿Qué le parece?
    Ahora mire a su alrededor. ¿Qué nos hace diferentes de los demás?. "El sol sale para todos".
    
    Lo que nos diferencia de los demás son NUESTRAS ACTITUDES frente a las diversas situaciones.
    
    ¡Entonces, alégrese y agradezca por TODO!.
    Y lo que tenga que cambiar, ¡Cámbielo!
    
    Cuando usted cambia, todo a su alrededor cambia...
    
    Cuando el día empiece, agradezca.
    Cuando el día termine, agradezca.
    
    RECUERDE QUE LA QUEJA TRAE POBREZA Y LA GRATITUD ABUNDANCIA
    
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    #mariomelito 
    #LAESPIRITUALIDAD
  • El cansancio
    El cansancio y las nuevas frecuencias.

    Físicamente:
    – Has ejercicios calmos y concentrados, emitiendo al mismo tiempo que los haces, ondas azules para todos los lugares donde sientes dolor, incomodidad o fatiga muscular, transformando un simple ejercicio de estiramiento y fortalecimiento en un ejercicio vibracional cuántico intensificado…
    – Bebe bastante agua mineral, de preferencia la que sale directamente de las piedras, pues trae fragmentos minerales puros del centro de la montaña, rocas y cristales.
    – Evita alimentos industrializados y con condimentos exagerados.– Coloca dentro de tu cuerpo cosas bonitas, saludables y que tienen vida. Toma el sol y agradece mientras lo haces. Bucea en el agua en el mar o en el agua de río corriente para entrar en la nueva frecuencia de la Naturaleza.

    Mentalmente:
    – Vibrar en alta resonancia, preferentemente en la más alta energía posible, la energía de la gratitud, la compasión, la generosidad, la benevolencia y el compartir mutuo de las ideas.
    – Evitar juicios ajenos, pues no sabemos realmente lo que cada uno ha venido a pasar en esta vida.
    – Elevar el pensamiento hacia cosas nobles en lugar de seguir compartiendo noticias fútiles y terribles que tienden a multiplicarse por la televisión y los medios sociales. Sean diferentes, encuentren cosas buenas en las personas y en las situaciones, ellas existen, pero están siendo olvidadas.


    – Deja de quejarte y empieza a agradecer. La gratitud es la energía que moldeará el nuevo mundo.
    – Cuando un mal pensamiento venga, compréndelo e inmediatamente neutralízalo con otro superior y positivo.
    – Cuando un problema venga a tu mente, transmuta la información, buscando inmediatamente la solución para el mismo y enfócate en ésta. Cambia el foco, encuentra cosas bellas en ti, en tu comportamiento, deja de mutilarte energéticamente, todos tenemos cosas buenas y virtudes.

    Espiritualmente:
    – Presta atención a la intuición, pues esta está llegando con fuerza y ​​es la primera información que llega del mundo espiritual para adentrarse en tu mente. Escucha una buena música, aquella que hace que los pelos de tu brazo se ericen, pues ésta es capaz de producir la resonancia con tu espíritu.
    – Presta atención a las inspiraciones, pues ellas vienen de forma pura y simple, de lo contrario no conseguimos anotar lo que es recibido, o hacer algo en el mismo momento en que ella llega, perdemos el contacto y el espíritu tarda para traerla nuevamente. La inspiración es algo que tu propio espíritu te envía, no es un tercer espíritu o un amparador, eres tu mismo en manifestación futura y dimensión divina tratando de conversar contigo mismo.

    Relaciones:
    – No necesitas gritar más con nadie, tu corazón ya no soporta más gritos y discusiones, él sólo quiere armonía y entendimiento, la época de los sufrimientos terminaron, quien aún continúa en esta idea pasará por grandes pruebas. Si es necesario posicionarse, posiciónate y has lo que necesita ser hecho.

    Trabajo:
    – Tu espíritu ya no quiere hacer lo que no tiene sentido y no llena su propósito de vida. Él está forzando a entrar con fuerza total en su centro de sinergia, aquel que sintoniza con las fuerzas que viene del Universo. Si no cambias o mejoras tu relación con tu trabajo, tu vida va quedando cada vez más vacía, aunque a través de él recibas bastante dinero, nada de eso podrá dar un sentido real para su existencia de aquí en adelante.No te preocupes por encontrar el nuevo mundo, no es un lugar, sino una frecuencia, un estado vibracional en el que todos pueden estar si así lo desean.

    «El estado de la gratitud pura y silenciosa».

    Esta es la verdadera espiritualidad que los mentores desean de nosotros, pues estando completos y conectados, estamos en plena sintonía con el universo.

  • Y…

    “Y la gente se quedó en casa.

    Y leyó libros y escuchó.

    Y se detuvo.

    Alguno meditaba.

    Alguno rezaba.

    Alguno bailaba.

    Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

    Y la gente se curó.

    Y la gente se encontró de nuevo

    Y crearon nuevas formas de vida.

    Y sanaron la tierra completamente.

    Tal y como ellos fueron curados»

    Y  descansó  e hizo ejercicio.

    E hizo arte y jugó.

    Y aprendió nuevas formas de ser.

    Y se detuvo.

    Y escuchó más profundamente.

    Alguno se encontró con su propia sombra.

    Alguno meditaba.

    Y cuando el peligro terminó

    Y la gente se encontró de nuevo

    Y Lloraron por los muertos.

    Y tomaron nuevas decisiones.

    Y soñaron nuevas visiones.

    Kitty O´Meara

  • Os hablo del silencio

    «Os hablo del silencio  y de su reino, que se extiende mucho más allá de los ruidos, más allá de cualquier estruendo, más allá del incesante rumor de los pensamientos que con frecuencia nos recorren sin tregua y se golpean en nuestra mente.

    En realidad, no hay ningún ruido que pueda interrumpir la música de la vida, ni siquiera el nuestro. Por ello nos disponemos a escuchar y entramos en el lugar en el que nuestros sentidos se dejan envolver por la paz del corazón.

    Me gustaría ayudaros a encontrar el silencio, a reconocer su necesidad; porque es gracias a él que al alma, en su serena quietud y en el silencio, le es posible prestar atención y llegar a escuchar las mil y una voces sutiles de todas las cosas. Y en ese silencio, es cuando podemos escuchar los latidos del corazón de aquellos que están a nuestro lado, y les oímos hablar más allá de las palabras mientras revelan su verdad.

    El silencio es un lugar que se abre sobre un espacio sin límites, sin confines aparentes. Desconcertante cuando no le buscas y viene a tu encuentro, y cuando durante un instante percibes tu voz que te llama, una voz que te parece no conocer y que despierta mil cosas en ti. En ese lugar te encontrarás a ti mismo. ¡Allí es donde tu corazón te habla y puede contarte quién eres realmente!

    Cuando consigas adentrarte en ese lugar de silencio descubrirás que te puedes entregar a él con una fuerza desconocida, y conocerás la vivificante sensación que alimentará, al igual que el agua cristalina, tu sedienta alma.

  • La toma de conciencia

    Solía pensar que aquel «darse cuenta» no era demasiado importante. A fin de cuentas, ahí te quedabas. Con tu toma de conciencia, con tu “darte cuenta” pero incapaz de reacción alguna.

    Un día comprendí, ahí te quedabas, sí, pero nunca del mismo modo, ya nunca del mismo modo.

    Y lo más importante, lo vital de todo ello, ya no para siempre sino con la certeza de que algún día, sin saber muy bien cómo ni por qué llegarías a ser fuerte, mucho, lo bastante como para cambiar lo preciso, lo que te limitaba y te hacía ni ser tanto como estabas destinado a ser, ni todo.

    Y sientes un camino abriéndose delante de ti y comprendes que llevaba tiempo, y mucho, en ese lugar esperándote, esperando que tu «darte cuenta» creciera, te inundara, se desbordara por cada poro de tu piel y lo que es más, que se desbordara de tu alma porque esta, por fin había decidido no sólo escucharse sino aceptarse y amarse. Amarse tanto y tan bien como para abandonar su zona de confort y partir a un viaje interior del que sabía que volvería siendo otra a tu piel, a tu esencia, a tu ser. Y volvería para no chirriarte nunca más, para reconocerse y reconocerte, para ser una contigo.

    Para darte el mayor regalo, el convertirte en un ser humano completo que todo lo que buscase lo tuviera dentro y que si volvía a salir de sí mismo fuera para compartir, para compartirse. Y ser por fin feliz.
    Belén Rodríguez

  • Liberate de tu mente

     
    «Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.

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    Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.
    Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.
    Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento.
    Surge de más allá de la mente.
    Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas.
    Ésta es la esencia de la meditación»


  • Un primer paso

    Algo en la TV me llamó la atención, ocurrió hace unos siete años (antes consumía mucha más TV que ahora).

    Puse atención… hablaban de algo que podía hacer cualquiera, algo con lo que podías ayudar a los demás en la enfermedad. Preste toda mi atención… se estaba prestando ese tipo de ayuda con buenos resultados en la sección de enfermos terminales  de oncología de… no me acuerdo bien en que hospital de Madrid. Conseguí entender que hablaban de una nueva técnica de sanación que llamaban Reiki.

    Aquello, de alguna manera que no se definir, ocupó mi mente por un tiempo. Surgieron las preguntas sin cesar, como el agua en las torrenteras… ¿aquello sería verdad?. ¿Podría una persona cualquiera hacer aquello?. ¿Sin formación especializada?. ¿Dónde se aprendía?… y así muchas más.

    ¡Tendría que probar !. Me puse a investigar y aquello, desde mi percepción financiera, me pareció muy caro para una prueba inicial. Lo pasé a «tareas pendientes » y FIN. O eso creí yo entonces.

    Al poco tiempo en unos análisis rutinarios, le detectaron a mi esposa unos valores altos en los trigliceridos y al comentarlo con nuestra querida vecina del piso de arriba, pronunció unas palabras impactantes.: «He aprendido una cosita que seguramente te ayude con eso. «

    Estas palabras no solo resultaron impactantes fueron el inicio de algo mágico. No se trataba de Reiki, era «Canalización de Energía Universal «. Pregunté y pregunté y volví a preguntar. : se trataba de asistir a unas charlas tres tardes seguidas o un fin de semana y con ello me enteraría de que iba todo eso. Además, y no menos importante, el precio lo determina el alumno, en la segunda sesión dan un sobre, y en la tercera lo devuelves con lo que en conciencia quieras colaborar.

    Así que pedí el teléfono, me apunté, y entonces no podía imaginar las sensaciones y los grandes momentos que la práctica de esta técnica me ha reportado. Para mi, además de ayudarme a cambiar mi mundo, me ha permitido ayudar a cientos de personas allí donde les duele. ¿Puedes imaginar algo mejor…?

    Fer

  • Y me encontré…

    Dejé de insistir donde no había lo que buscaba.
    Dejé de pedir en manos cerradas.
    Dejé de esperar en sillas ocupadas.
    Dejé de intentar en un cuerpo ajeno.
    Dejé de pretender que el otro entendiera.
    Dejé de poner los ojos y la esperanza en corazones que no querían latir al lado mío.
    Y entonces, magia.
    Magia.
    Volví a mí, como único destino posible.
    Volví a mí, como único camino disponible.
    Volví a mí, como el único reencuentro pendiente.
    Volví a mí y pude verme las costillas, los dolores y mi alma deshidratada, pidiendo agua.
    Y me recibí.
    Me acaricié.
    Me perdoné.
    Me recosté sobre mi hombro.
    Me nombré con mi propia voz.
    Y me encontré.
    Distinto pero intacto. Intacta.
    Me tuve otra vez.
    Me tengo otra vez.
    Y entonces, magia.
    Tengo las llaves de las puertas que quiero abrir.
    Acá, adentro.
    Afuera solo están las cerraduras.
    Pero yo decido dónde y de mi depende cómo.
    Yo decido dónde.
    Yo elijo cómo.

                                                                                                                                  (Anónimo)

  • Meditar con cuencos de
    cristal de cuarzo

    Para llegar a la total ausencia, que es la plenitud o el vacío, tenemos que sentarnos cómodos. Cerramos los ojos, adoptamos la actitud interior de escuchar nuestro cuerpo y dejar fluir el sonido y el silencio, un silencio que aparece y desaparece como sonrojado por el murmullo de 10, 40, 500, 10.000 abejas que se convierte en una dulce y sutil vibración que envuelve todo nuestro cuerpo. A veces se centra en la zona frontal del cerebro o en las sienes como un tenue murmullo del sonido, en el cuerpo físico perdido en un flotar gozoso, en cada célula, en cada sistema, en cada neurona…el pudor de dejarse sentir en la quietud. Me constituyo en observador de mí mismo.
    Un suave runruneo, como el zumbido de una abeja, comienza a ocupar el espacio y el silencio. Poco a poco va tomando cuerpo ese suave murmullo…
    Poco a poco la vibración va aumentando e incluso los hemisferios cerebrales comienzan a equilibrase con el susurro de la Luz que proyectan los cuencos.  El cuerpo físico, el emocional, el mental… todo es Uno en la quietud de la nada y tú, sintiéndote pura serenidad con las caricias invisibles del sonido, te identificas con el UNO que todo lo crea, lo une y lo nutre: una célula, millones de células, una galaxia, la totalidad de lo creado mientras que sólo alcanzas, sintiéndote parte de lo Infinito, a escuchar y envolverte en la caricia de dos palabras: AMOR… UNIDAD.
     Ángel Díaz

  • Navidad

    La Navidad nació con nosotros, con nuestros juegos, con nuestras tristezas y con nuestras alegrías. Era un rosario de días que se asomaban desde siempre a nuestras vidas y en el que disfrutábamos libres. Éramos felices. La ilusión la llevábamos prendida en la mirada…

    NAVIDAD es Paz, Concordia, Compartir, AMAR a los demás sin límites. Navidad es mirar con otros ojos menos mercantiles los resultados económicos de los negocios y los servicios. 

    AMAR/NAVIDAD es construir un mundo sin barreras en el que todos puedan tener una vida digna y una oportunidad de CRECER sin límites. 

    Navidad de silencio y alegría, recogimiento y cánticos del corazón gozoso. Navidad es época y momento de examinar nuestra coherencia entre lo que pienso y lo que hago…

    Hoy tenemos unas navidades que sólo conservan el nombre, pero no aquel espíritu que sentimos casi al mismo tiempo de nacer. 

    Ignoro por qué hoy me cuesta tanto conectar con la energía interna que trae esta navidad que tiende a acallar la vida espiritual.
    ¿Será que estoy llegando a la edad crucial? ¿O será mi propio distanciamiento de esta realidad de hoy tan diferente? ……  Pienso, Siento y Resuelvo: este año me voy a dar una vuelta por el ruido, y me voy a meter en él, tratando de encontrar en su silencio y su alegría, en su descaro y en su forma de vivir, la esencia misma de su comportamiento… y ello porque es NAVIDAD.
    Ángel Díaz

  • A cerca de los sueños

     
    A pesar de ser  algo tan cotidiano, desde el inicio de los tiempos  los sueños no dejan de ser un misterio para los humanos.
    Como es un tema tan vasto y misterioso para nosotros, podemos conjeturar y hacernos preguntas, que aún no podremos contestar con absoluta certeza. Eso mismo nos abre un campo infinito de posibilidades. Se dice que son el inconsciente y el subconsciente los que de alguna manera se abren paso para llegar a nuestra conciencia, y que es bajo la forma de símbolos que quieren comunicarse con nosotros.
    De ahí que los sueños a veces nos resulten indescifrables o sin lógica aparente.
    Podemos ver que hay un contenido manifiesto que está relacionado con lo que acontece en cada vida y que de alguna manera aflora en los sueños, y un contenido latente, que podrían ser esas imágenes aparentemente sin sentido que suele intercalarse y que son como destellos del inconsciente. No obstante, siempre nos hemos preocupado por interpretarlos, aun sabiendo que cada persona debe basarse en las experiencias de su propia vida para intentar comprenderlos.
    Tratemos el asunto que tratemos siempre es bueno plantearse preguntas, como por ejemplo, ¿qué soñarían los hombres primitivos? Tal vez en ellos se dieran  sueños de contenido manifiesto, solamente…
    Otro misterio: suele suceder que si estamos obsesionados con algún problema, encontremos la solución a través de un sueño o tengamos una inspiración que cambie el sentido de nuestra vida. Sigue el Gran Misterio del Ser y del Universo. Todo es magia a nuestro alrededor y pocas veces nos damos cuenta de ello.
    María Elena Diveiro

  • Dos hermosas alas

    La primera vez que estuve en Ashla, asistía a un curso de masaje Metamórfico, me lo comentó una amiga y fuimos las dos.

    A mi derecha se sentó una mujer que no conocía, nunca nos habíamos visto. 

    Mientras la profesora impartía la parte teórica, la mujer desconocida se acerco a mí y susurrándome al oído me dijo: Tienes dos hermosas alas ¡Vuela!
    Me quedé perpleja mirándola, ella no sabía que desde hacía un tiempo, mi caballo de batalla era conseguir ser libre. 

    Esa frase me hizo pensar tanto… Yo buscaba fuera, exigía que la libertad me la diera “el otro”. Me llevó años comprender que si esta mujer lo había visto, es que estaba en mi interior. Bendita mujer, bendita Ashla y bendito Metamórfico que me dio la clave para conquistar desde dentro mi libertad.

    Donde me llevó el masaje, os lo digo otro día… 
           

    Soledad Castro

  • La llama violeta

     El conocimiento de la existencia de esta Llama nos resulta un instrumento de gran valor a los efectos de avanzar más rápidamente en el Sendero, puesto que es la Llama de la transmutación y el perdón. Por lo tanto, es la Llama de la libertad, la que nos libera de ataduras tan pesadas como los odios, los rencores, los prejuicios…

    Cuando invocamos a la Llama Violeta con el deseo firme de perdonarnos y perdonar, y con la verdadera intención de corregir nuestros errores, su actividad es infalible. Sentimos que nos proporciona la sensación de habernos liberado de las ataduras de conductas irrelevantes. Nos libera a nosotros y libera al mundo en general.

    Cuando la invocamos, podemos llamar a la acción a toda su Jerarquía, que es la del Rayo violeta, y solicitar su aplicación sobre una situación específica. Si lo hacemos con espíritu generoso, sincero y altruista, su acción es mágica realmente.

    La verdadera intención del corazón es lo que va a determinar el grado de acción de la energía violeta. Continuará…

    María Elena Diveiro

  • Mi primera vez

    Me sentía inquieto e inseguro, hacia pocos días que había asistido al Nivel II de la técnica de “Canalización de Energía Universal” y aunque me habían dicho que ya estaba en condiciones de practicar y debía hacerlo, algo en mi interior impedía que diera el paso. Tal vez fuese el temor al ridículo, o al posible efecto o no, de la Técnica en cuestión. (Hay que tener en cuenta que mi formación técnica siempre ha estado relacionada íntimamente con la ciencia, pues durante años me dediqué a la informática y mas concretamente a la ingeniería de sistemas). 


    A lo que vamos, durante un corto intervalo de tiempo que a mi me pareció mas largo que una “mili”, mi duda se concretaba entre: <me ofrezco… o lo dejo como si no fuera conmigo>.

    Pudo mas mi sentido de la responsabilidad. Ademas, se trataba de dar sentido a los cursos y al tiempo dedicado. Así que pregunté mirándola a los ojos:  

    –¿Le duele?, ¿quiere poner su mano sobre la mía?, conozco una técnica que seguro logrará que se sienta mejor. 

    La acompañaba un hombre recio que calzaba una boina bien asentada, por la edad que representaba pensé que debía haber nacido antes de que se inventara la televisión. Pero lo que captó mi atención sobremanera fueron sus manos. ¡Que manos!, ¡Eran enormes!, seguro que no había dejado de trabajar duro desde que dejó de mamar. 

    El de las manos y la boina estaba sentado en medio de los dos. Yo solo la miraba a ella y Ella le miró a él como pidiendo permiso. Él, imperceptiblemente, apenas movió la cabeza asintiendo. Yo sudaba. Tengo que aclarar (porque me parece un dato relevante), que estábamos en la sala de espera del consultorio medico de la Seguridad Social.

    –Me he pillado el dedo con la puerta de la cocina.

    Apenas supe qué más decía. Levanté mis manos dejando hueco para que ella pusiera la suya entre las mías, me olvidé de la boina, hice una inspiración profunda según las normas y cerré los ojos un rato. En mi interior el chacra 7 machacaba mi tranquilidad y mientras pensaba como ponerle la mano en dicho chacra teniendo al acompañante al lado, se abrió la puerta y fue llamada por el Doctor.

    Quité mis manos y cuando levanté la cabeza y la volví a mirar pude comprobar el cambio en su rostro. Donde antes había dolor, ahora una sonrisa ocupaba todo el espacio de la sala, dijo una única palabra que a mi me conmovió tanto como para ir buscando desde entonces a quien poder ayudar.

    Fernando

  • “El conocimiento nos hace libres”

    Descubrir y aceptar que tu manera de ser es genuina y que tanto tus talentos como dificultades forman parte de un plan perfecto que te trasciende y te conecta con tu Ser interno, a la vez que sobrecogedor, te hace único, única.

    Cuando te conoces, puedes comprenderte y comprender que el otro, tu madre, amigo, hijo, tiene el mismo proyecto sagrado de vida que tú, solo que él o ella quizás, aún, no lo sabe. Que tú lo sepas, permite que tu mirada hacia el otro, cambie.
    Ir revelando tu carta natal te abre a la experiencia de saberte co-creador@ de tu destino y de la influencia transformadora que tienes en él.
    La Astrología psicológica en combinación con el Coaching, enlaza el plano material con el espiritual, lo cotidiano con lo trascendente en una alianza de tiempo presente.

    (del curso de Psicología Astrológica)

  • El contacto con la naturaleza…

    …FACILITA EL ENCUENTRO CON UNO MISMO

    Estar en contacto con la tierra, los árboles, el aire limpio, los pájaros  y demás seres en libertad nos ayuda a calmar nuestra mente. 

    Si  nos permitimos caminar en silencio, sintiendo el movimiento del cuerpo ante cada pisada, respirando armónicamente, enfocando  la atención en ese instante y abriéndonos a las percepciones; entraremos en un espacio que nos permitirá encontrarnos con nosotros mismos y desde ahí disfrutaremos de nuestros sentidos; los aromas que el bosque nos regala, la luz siempre cambiante, los sonidos que la vida genera  y la brisa del aire en nuestra piel. 

    Si nuestra caminata discurre por un espacio con agua, el movimiento y el sonido de éste preciado elemento nos ayudará a soltar cansancio tanto a nivel físico como mental y emocional. 

    Realizar una inmersión consciente en los parajes naturales  es una experiencia  renovadora a todos los niveles, físicamente realizamos un ejercicio completo y muy saludable y emocionalmente soltamos la carga que acumulamos para llenar ese espacio con sensaciones renovadas. 

    Te invitamos a que en tu próxima salida a la naturaleza te permitas desconectar de tu móvil y prestes atención a lo que sucede a tu alrededor, probablemente te fijes en la forma de algún árbol o en el conjunto de un bosque y percibas la sinergia que hay entre los seres vegetales, que al mismo tiempo prestan sus estructura y alimento a los pájaros, las hormigas, los gusanos y otros animales. 

    La vida en el bosque tiene muchas y variadas formas, desde el musgo y los líquenes pasando por las plantas aromáticas y/o  medicinales hasta los frutos y las bayas y un largo etc. 

    Observar una flor, su perfecta armonía, una mariposa o una mariquita es lo que hacíamos de niños, regresar a esa atención disfrutando de ese momento irrepetible nos generará un momento de calma y desconexión. 

    Agradezcamos a la naturaleza toda la vida que genera y cuidémosla porque es nuestro hogar y el de las generaciones venideras. 

    Ángela Aguilar 

  • Mi experiencia con
    la Técnica Metamórfica

    Mi llegada a esta técnica fue de casualidad. Tras recibir una sesión, se activó en mi interior un deseo de aprender rápidamente los secretos y forma de aplicarla. La oportunidad se me presentó en un curso que María Jesús Aguaron dio en ASHLA hace ya once años…

    Al acabar el curso empecé a ofrecer a las personas de mi entorno la posibilidad de recibir sesiones de «Técnica Metamórfica», el éxito fue tal que tuve que habilitar una habitación con camilla, exclusiva para este fin.

    El recibir estas sesiones supone estar dispuestos a retomar el timón de nuestras vidas y romper los bloqueos energéticos que se forman en nosotros a nivel físico, mental o emocional, desde el periodo prenatal hasta hoy.

    Esta técnica no es un masaje, es un tratamiento a nivel energético disfrazado de masaje.

    Después de cada sesión somos otra persona, el ritmo de «metamorfosis» es distinto en cada uno, nosotros no debemos imponer el número de sesiones ni la frecuencia. Hay personas que solo irán un día, o porque con una sesión es suficiente, o porque no quieren evolucionar en su vida actual, siempre hay que respetar y no juzgar las decisiones que toman. 

    Nosotros no somos quien para ello, solo somos catalizadores de la energía vital de las personas a las que tratamos y no debemos opinar sobre sus decisiones sobre SU VIDA.

    Como desarrollo de esta técnica estoy dando también el «Masaje Celular”. Consiste en tratar directamente los chakras en la columna vertebral, en vez de los puntos reflejos de la columna en pies, manos y cabeza.

    Al tratar los chakras logramos que una pequeña vibración entre más directamente a las células de los órganos y que se vaya extendiendo por nuestro interior, disolviendo bloqueos y reactivando nuestra energía vital.

    Los resultados han sido muy satisfactorios, muchos me han comentado que es el complemento ideal a la técnica metamórfica, que con esta nueva práctica queda completa.

    Sigo con la misma ilusión del principio, cada día aprendo más de las personas que vienen a recibir tratamiento, y no pierdo ocasión para hablar y recomendar esta técnica que es sencilla, muy humilde, parece mentira que con masajes en los pies, manos y cabeza, y ahora también en la espalda se pueda producir una transformación en nuestras vidas a nivel físico, mental, emocional y espiritual.

    Julio Garcia

  • Un jueves de meditación

    Llegué a Aslha muy cansada, ya había gente colocándose en la sala… No me apetecía hablar, me senté en una de las primeras sillas y cerré los ojos para relajarme. Esperé y desconecté del murmullo. 

    Empecé a sentir muy suavemente la vibración de los cuencos de cuarzo, transparentes, había empezado la meditación.

    El sonido comenzó a hacerse más fuerte, llenó todo mi espacio interno. En mí, no quedó ni una sola célula que no vibrara en una sutil, delicada y armoniosa danza al ritmo vertiginoso de los cuencos y las manos que les hacían vibrar. Me dejé llevar, los sonidos me abrían a experiencias extrañas y placenteras.

    Solté el control de mi consciencia, lo dejé en manos de nada, porque nada había ni sentía, sólo un estar en la respiración, vacío, silencio, oscuridad, nada… en esa nada me perdí, me sentí, me quedé… tan solo mi respiración y unas preguntas: ¿Quién soy? ¿Quién respira?

    Perdí el sentido del tiempo. De pronto más silencio, los cuencos ya no se oían, volví a sentir mi cuerpo sentado en una silla. No sé qué había pasado, ni  pregunté nada, ni  hallé respuesta a mis preguntas, pero un inmenso gozo interior me hizo sonreír. 

    Abrí los ojos, alguien comenzó a recoger las sillas. No habría podido compartir ni explicar lo que sentía. Sólo quería disfrutar de esa experiencia única y gozosa, que se quedara marcada e impresa para siempre. La vibración de los cuencos al unísono con mi respiración, seguían resonando en mi mente y en mi corazón.

    Llené mi cuerpo con una profunda inspiración dando Gracias, cogí mi bolso y salí a la calle, feliz.   

      Toñi

  • Una frase…

    Hoy me encontré con una frase que me hizo detenerlo todo por un momento para reflexionar:

     «La juventud se otorga a la mayoría, pero la vejez… solo a los elegidos.» 

    Y cuánta razón tiene.

    No todos llegan. No todos resisten las tormentas. No todos aprenden de sus caídas, ni todos logran sanar. No todos tienen la fuerza para levantarse una vez más cuando la vida los derrumba.

    Llegar a la vejez no es una simple cuestión de suerte o de que pasen los años en el calendario. 

     Es el resultado de batallas ganadas en absoluto silencio, de llevar con orgullo cicatrices que ya no te avergüenzan y, sobre todo, de mantener un corazón que a pesar de los golpes sigue siendo inmensamente agradecido. 

    Por eso, hoy te invito a recordar esto:

     Disfruta tu edad.  Honra tu historia.  Agradece cada día.

    Porque cumplir años no es solo hacerse mayor… es un privilegio. Es un verdadero milagro. 

    Por eso siempre repito y defenderé mi lema:

     «Quiero morir joven… pero a una edad muy avanzada». 

    O lo que es casi lo mismo:

    «no le temo a la muerte… pero no tengo ninguna prisa». esto lo digo yo

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  • Comic train scene with text: “CHUGGA-CHUGGA,” “CHUGGA-CHUGGA,” “RUMBLE RUMBLE,” and “Leo, ¡Buen viaje! Te queremos mucho. Mamá y Papá. ¡No olvides tu merienda! (Con mucho amor, MBP).”

    Cada año los papás de Martín lo llevaban con su abuela para pasar las vacaciones de verano, y ellos regresaban a su casa en el mismo tren al día siguiente. Un día el niño les dijo a sus papás: «Ya estoy grande ¿puedo irme solo a la casa de mi abuela?». Después de una breve discusión los papás aceptaron. 

    Al día siguiente ya en la terminal del tren, se despiden de su hijo dándole algunos consejos antes de abordar, mientras Martín les repetía:»¡Lo sé! me lo han dicho más de mil veces». El tren está a punto de salir y su papá le murmuró al oído: «Hijo, si te sientes mal o inseguro, ¡eso es para ti!». Y le puso algo en su bolsillo. 

    Ahora Martín está solo, sentado en el tren tal como quería, sin sus papás por primera vez. Admira el paisaje por la ventana y a su alrededor unos desconocidos se empujaban, hacen mucho ruido, entran y salen del vagón. El supervisor le hace algunos comentarios a Martín sobre el hecho de estar solo. Una persona lo miró con ojos de tristeza. 

    Martín ahora se siente mal cada minuto que pasa y ahora tiene miedo. Agacha su cabeza, se siente arrinconado y solo, con lágrimas en los ojos. Entonces recuerda que su papá le puso algo en su bolsillo, temblando, busca lo que le puso su padre. Al buscar encontró un pedazo de papel el cual lo leyó, en él está escrito: «¡Hijo, estoy en el último vagón!». 

    Créditos a quien corresponda

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  • Se llama Andrés, tiene 81 años y vive en un pueblo cerca de Burgos. Hasta hace unos meses conducía para todo: al supermercado, al centro de salud, a ver a su hermano, y algunos jueves quedaba con dos amigos de toda la vida a tomar café.

    A mi hermano Diego y a mí nos empezó a preocupar. Papá veía bien, pero conducía cada vez más despacio, y una vez rozó una columna del garaje. Otra tarde se equivocó de salida en una rotonda que se sabía de memoria. No pasó nada grave, pero empezamos a insistir.

    «Papá, no necesitas el coche para todo».

    Se enfadaba. Decía que llevaba más de cincuenta años al volante.

    Al final lo dejó. Vendió el coche a un vecino, y nosotros respiramos tranquilos, pensando que el asunto estaba zanjado.

    No lo estaba.

    Al principio Diego y yo nos organizamos bien. Yo lo llevaba a algunas citas médicas, mi hermano hacía la compra grande con él. Pero poco a poco fueron apareciendo los problemas de cualquier familia: trabajo, hijos, horarios que no cuadraban.

    Un martes papá me pidió que lo acercara a la ferretería. Le dije que podía pedirlo por internet. Otro día quería visitar a su hermano y Diego no podía. La semana siguiente necesitaba ir a un vivero a comprar plantas, y le propusimos esperar al sábado.

    Nunca nos parecía urgente.

    El domingo comíamos en mi casa: pollo asado, ensalada, patatas. Mientras hablábamos de otra cosa, papá soltó que estaba harto de depender de nosotros para todo.

    Diego respondió: «Papá, tampoco podemos estar siempre disponibles».

    Mi padre dejó los cubiertos sobre el plato.

    «Entonces, ¿por qué insististeis tanto en que dejara el coche si nadie había pensado cómo iba a moverme después?»

    Nos quedamos mudos.

    Mi hermano intentó explicar que lo habíamos hecho por su seguridad. Papá dijo que lo sabía, que probablemente teníamos razón. Pero luego añadió algo que me dolió.

    «Me quitasteis un riesgo, pero también me quitasteis libertad. Y parece que eso a nadie se le pasó por la cabeza».

    No lo habíamos visto así.

    Para nosotros, dejar de conducir significaba que papá estaba más seguro. Para él significaba tener que justificar cada vez adónde quería ir y por qué. Si era el médico, nos organizábamos todos. Pero si solo quería tomar café con su hermano, eso podía esperar.

    Y precisamente esas cosas que podían esperar eran su vida entera.

    La conversación no acabó bien. Diego dijo que podía coger un taxi. Papá respondió que no podía pagar taxis todo el rato. Yo mencioné el autobús, pero pasa poco por su zona y la parada le queda lejos.

    En los días siguientes buscamos soluciones de verdad. Encontramos un servicio municipal de transporte para citas y actividades. Aprendió a pedir taxi desde el móvil, protestando al principio. Y acordamos que los sábados, alternándonos, uno de nosotros haría con él la compra grande.

    Pero hubo otro cambio más importante.

    Dejamos de decidir qué desplazamientos merecían nuestro tiempo y cuáles no.

    Si papá quiere ir al vivero, para él puede ser tan importante como para mí quedar a comer con una amiga. No tiene por qué justificarlo.

    Hace poco me llamó un jueves. Quería ir a casa de su hermano a ver un partido juntos. Yo tenía la tarde complicada y no podía llevarlo. En vez de decirle que fuera otro día, le buscamos un taxi.

    «Ya voy aprendiendo», dijo riéndose.

    No está todo resuelto. Sigue dependiendo de nosotros a veces, y a veces nosotros también nos cansamos. Somos una familia normal, no perfecta.

    Pero aquella pregunta en la mesa nos hizo entender algo incómodo. Es fácil pedirle a una persona mayor que deje de conducir porque vemos el peligro. Lo difícil viene después: asumir parte de las consecuencias de esa decisión. La seguridad importa, muchísimo. Pero la independencia también.

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  • TODOS SOMOS UNO (PERO NADIE TE EXPLICÓ QUÉ SIGNIFICA)

    Todos hemos escuchado la frase. Está en todos lados. En los libros espirituales. En los labios de los maestros. En los posts de redes sociales. «Todos somos uno.»

    Y la mayoría la repite sin entenderla. O peor: la entiende mal. Creen que es una frase bonita. Un ideal. Una meta a alcanzar. Algo que «deberíamos» sentir.

    Pero no es nada de eso.

    «Todos somos uno» no es una filosofía. Es una descripción de la realidad. Y si no la entiendes, sigues viviendo en la ilusión de la separación — aunque repitas la frase mil veces.

    Vamos a desglosarlo.

    Primero: ¿qué es «la realidad»?

    Lo que llamamos «realidad» no es algo sólido, externo, independiente de ti. Es una proyección mental. Es la traducción que tu mente hace de la energía. La energía no tiene forma, no tiene color, no tiene textura. La mente la traduce en formas, colores, texturas. Eso que percibes — el mundo, el cuerpo, las personas — es la traducción. No la fuente.

    La fuente es energía. Información. Frecuencia. Vibración. Una sola sustancia. Una sola cosa. Una sola mente.

    Segundo: ¿qué es «la mente»?

    Aquí está la confusión más grande. La mayoría cree que «mi mente» es algo personal. Algo que está dentro de mi cabeza. Algo separado de «tu mente».

    Pero no es así.

    La mente no es personal. Es una sola. Lo que llamamos «mi mente» es un punto focal de la mente total. Como una ola en el océano. La ola parece separada. Tiene forma. Tiene nombre. Tiene duración. Pero es agua. La misma agua que todas las demás olas. La misma agua que el océano entero.

    Tu mente no es «tuya». Es la mente total experimentándose desde un punto focal particular. Ese punto focal es lo que llamas «yo». Pero no es un «yo» separado. Es la mente total mirándose desde un ángulo específico.

    Tercero: ¿por qué se percibe fragmentada?

    Si todo es una sola mente, ¿por qué vemos separación? ¿Por qué vemos personas distintas, cuerpos distintos, vidas distintas?

    Porque la fragmentación es necesaria para la experiencia.

    Imagina que eres el océano. Eres infinito. Eres todo. Pero no puedes experimentarte a ti mismo como océano si no hay nada que te distinga. No puedes saber lo que eres si no hay un «otro» que te refleje.

    Entonces, el océano se fragmenta. Se convierte en olas. Cada ola cree ser una ola separada. Cada ola tiene su propia forma, su propio movimiento, su propia «historia». Pero todas son el mismo océano. La fragmentación no es real. Es una apariencia necesaria para que el océano pueda experimentarse a sí mismo.

    Eso es lo que somos. Puntos focales de la misma mente. La fragmentación es el juego. La separación es la ilusión necesaria para que la experiencia sea posible.

    Cuarto: ¿entonces «todos somos uno» significa…?

    Significa que no hay separación real. No hay «tú» y «yo» como entidades independientes. Hay una sola mente apareciendo como muchas. Una sola conciencia experimentándose desde muchos puntos focales.

    No significa que «deberías» sentirte uno con todos. Significa que ya lo eres. No hay nada que lograr. Solo hay que reconocerlo.

    No significa que «debemos» amarnos unos a otros. Significa que cuando te lastimas a otro, te lastimas a ti mismo. No por moral. Por mecánica. Porque no hay «otro». Hay la misma mente en diferentes puntos.

    No significa que «todo es amor y luz». Significa que todo es una sola cosa — incluyendo lo que no te gusta. La oscuridad también es la mente. El conflicto también es la mente. La separación aparente también es la mente.

    Quinto: ¿por qué se dice que el amor es la energía más poderosa?

    Aquí está la respuesta que casi nadie da.

    El amor no es un sentimiento. El amor es el reconocimiento de la unicidad.

    Cuando ves a alguien con amor, no ves a otra persona. Te ves a ti mismo. No como concepto. Como reconocimiento directo. La separación se disuelve. El «otro» deja de ser «otro». Es la misma conciencia mirándose a sí misma.

    Por eso el amor es la energía más poderosa. Porque no es una energía entre otras. Es la frecuencia donde la separación se disuelve. Es el reconocimiento de que nunca hubo dos.

    Cuando ves a un niño, no ves a un niño. Te ves a ti de chiquito. Y lo tratas como te gustaría que te trataran a ti de chiquito. No por moral. Porque es literalmente lo mismo.

    Cuando ves a un vagabundo, no ves a un vagabundo. Te ves a ti mismo en esa situación. Y lo ayudas como te ayudarías a ti mismo. No por caridad. Por reconocimiento.

    Cuando ves a alguien que te cae mal, no ves a un enemigo. Te ves a ti mismo en un ángulo que no te gusta. Y lo tratas con la misma compasión con la que te gustaría ser tratado. No por santidad. Por coherencia.

    El amor no es «hacer el bien». Es reconocer que no hay «otro» a quien hacérselo. Es la frecuencia donde la ilusión de la separación se cae. Y por eso es la más poderosa: porque no hay nada más fuerte que la verdad.

    Sexto: ¿por qué importa entender esto?

    Porque mientras no lo entiendas, seguirás viviendo como si estuvieras separado. Y eso tiene consecuencias. Buscarás afuera lo que solo puedes encontrar adentro. · Creerás que necesitas algo externo para estar completo. · Te aferrarás a personas, cosas, identidades, porque creerás que son «tuyas». Sufrirás cuando «pierdas» algo, porque creerás que era «tuyo». · Vivirás en el miedo, porque creerás que estás solo.

    Pero cuando lo entiendes — cuando lo reconoces — todo cambia. No porque el mundo cambie. Sino porque tú cambias de lugar. Dejas de identificarte con la ola. Empiezas a reconocerte como el océano.

    Y desde ahí, la vida se vuelve juego. No una lucha por sobrevivir. No una búsqueda de plenitud. Un juego que ya eres. Un juego que ya estás jugando. Un juego que solo necesitabas recordar.

    Séptimo: ¿cómo se reconoce esto en la práctica?

    No es un concepto que se «entiende» con la mente. Es una percepción que se reconoce con la conciencia.

    Práctica 1: Mira a alguien y pregúntate:

    «¿Qué hay aquí antes de que mi mente lo traduzca como ‘otro’?»

    No busques una respuesta. Solo mira. Y notarás algo: hay algo que reconoce. No un «yo» reconociendo a un «otro». Sino reconocimiento sin sujeto ni objeto. Eso es la unicidad.

    Práctica 2: Mira tus pensamientos y pregúntate:

    «¿De quién son estos pensamientos?»

    No busques una respuesta. Solo observa. Y notarás algo: surgen solos. No hay un «yo» pensándolos. Hay pensamiento. Eso es la mente total pensándose.

    Práctica 3: Mira a un niño, a un anciano, a alguien que sufre:

    «¿A quién estoy viendo realmente?»

    No busques una respuesta. Solo reconoce. Y notarás algo: no hay distancia. Lo que ves es lo que eres. Eso es el amor.

    Octavo: la síntesis.

    «Todos somos uno» no es una frase. Es la descripción de lo que ya eres.

    Eres la mente total experimentándose desde un punto focal. Eres el océano apareciendo como ola. Eres la conciencia sosteniendo la proyección.

    La separación es una ilusión necesaria para que la experiencia sea posible. Pero no es real. Nunca lo fue. Y el amor — la energía más poderosa — no es un sentimiento que hay que cultivar. Es el reconocimiento de que nunca hubo dos. Es la frecuencia donde la ilusión se disuelve. Es la verdad que siempre estuvo aquí.

    Cuando lo reconoces — no como concepto, sino como percepción directa — dejas de buscar. Dejas de aferrarte. Dejas de sufrir por lo que «pierdes». Porque sabes que nada se pierde. Solo cambia de forma.

    Y cuando miras a otro — a un niño, a un anciano, a un vagabundo, a un enemigo — ya no ves a «otro». Te ves a ti. Y lo tratas como te tratarías a ti. No por moral. Por reconocimiento. Porque es literalmente lo mismo.

    Eso es la libertad. No la libertad de tener más. La libertad de saber que ya eres todo.

    De la red

  • Escuchar a alguien que piensa diferente no provoca que se te caiga el cerebro.

    Tampoco te cambia automáticamente de partido, religión, equipo de futbol ni te obliga a entregar las escrituras de tu casa.

    Puedes respirar tranquilo.

    En algún momento confundimos comprender con estar de acuerdo. Y desde entonces muchas conversaciones funcionan así:

    —“Yo pienso…”

    —“¡Estás mal!”

    —“Pero todavía no termino…”

    —“¡No necesito escucharte para saber que estás mal!”

    Una maravilla de diálogo. Sócrates estaría orgullosísimo… o pidiendo que le regresen la cicuta.

    La empatía no consiste en aplaudir todo lo que otra persona dice. Tampoco significa renunciar a tus valores, justificar conductas dañinas o quedarte callado frente a una injusticia.

    Significa intentar comprender qué ha vivido alguien, qué siente y desde dónde está mirando el mundo.

    Porque dos personas pueden observar la misma situación y ver cosas distintas. No necesariamente porque una sea tonta, malvada o “enemiga del pueblo”, sino porque cada una carga una historia diferente.

    Pero ahora parece que cualquier desacuerdo necesita ring, campana y comentaristas:

    “En esta esquina, alguien con una opinión. En la otra, una persona que ya redactó quince insultos sin haber leído el argumento”.

    Y así nos va.

    Escuchar no te quita la razón. Preguntar no te vuelve débil. Reconocer el dolor de alguien tampoco significa aceptar todas sus conclusiones.

    Puedes decir:

    “No comparto tu opinión, pero comprendo por qué te sientes así”.

    Esa frase no soluciona todos los conflictos, pero evita que cada conversación termine convertida en incendio forestal.

    Necesitamos menos personas esperando desesperadamente su turno para responder y más personas dispuestas a entender antes de atacar.

    Porque pensar diferente puede separarnos en ideas; perder el respeto nos separa como seres humanos.

    Y si únicamente respetas a quienes opinan exactamente como tú, quizá no buscas convivencia… buscas un club de fans.

    ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste para comprender y no solamente para contestar?

    #Empatía #Respeto #Diálogo #PensarDiferente #Convivencia #ConcienciaSocial #HGM

  • El SOL y tu

    El sol no solo ilumina el mundo: lo despierta.

    Cada mañana derrama su fuego dorado sobre los árboles, y ellos, silenciosos, lo convierten en vida. Las hojas respiran, los troncos recuerdan, las raíces sostienen lo invisible.


    Los animales caminan como si supieran un secreto antiguo: que todo está unido, que nada se pierde, que todo cambia de forma. El pájaro que vuela no se va, se transforma en aire; el río que corre no huye, aprende a seguir su destino.


    La naturaleza no habla con palabras, pero lo dice todo. En cada brote hay un comienzo, en cada caída una enseñanza, en cada estación una muerte pequeña que abre la puerta a otra vida. Nada termina de verdad: solo cambia de piel.


    El alma, si la miras sin miedo, es como el sol: constante incluso cuando las nubes la ocultan. A veces duele, a veces brilla, a veces se rompe en mil fragmentos para volver a juntarse de otra manera.
    La muerte no es un final cerrado, sino una transformación silenciosa. Es la forma en que la vida se inclina y cambia de dirección. Es la energía que no desaparece, solo se mueve, se expande, se reinventa.

    Todo es transmutación.

    Charo

  • Conciencia

    Conciencia

    La mente no está hecha para darnos calma, sino para mantenernos a salvo. Por eso se adelanta, imagina peligros, repite dudas y a veces se queda atrapada en lo negativo, porque ahí cree que hay control. Es un mecanismo antiguo del cerebro, un eco de supervivencia. Pero no todo lo que la mente piensa es verdad, ni todo lo que teme va a ocurrir.
    Debajo de ese ruido existe algo más silencioso: una presencia que observa sin prisa, que no juzga, que simplemente es.

    Cuando dejamos de identificarnos con cada pensamiento, aparece un espacio interior donde la vida se vuelve más clara, más ligera, más real.


    Desde la ciencia se sabe que el cerebro puede cambiar, que no estamos condenados a los mismos patrones. Pero desde lo profundo del ser, muchas personas sienten otra cosa: que no somos solo mente, sino conciencia. Y esa conciencia parece estar conectada con algo mayor, una energía superior, una inteligencia más amplia que sostiene todo.
    Cuando respiramos desde ahí, comprendemos que pensar no es crear la realidad, pero sí puede dirigir la forma en que la vivimos. Así, cuidando lo que soñamos, lo que imaginamos, lo que sentimos, creamos un puente entre la mente y esa energía sutil. Y en ese equilibrio, entre la mente, la conciencia y lo invisible, empezamos a vivir desde un lugar más profundo, más conectado, más auténtico.

    Charo

  • Semillas invisibles

    Los pensamientos son semillas invisibles. Nacen en silencio dentro de nosotros y, poco a poco, se transforman en sentimientos. Los sentimientos se convierten en palabras, y las palabras terminan creando acciones, relaciones y realidades. Por eso es tan importante observar qué dejamos crecer en nuestra mente.
    La cabeza puede ser una gran aliada, pero también puede convertirse en una voz que repite miedos, dudas y sufrimientos. Si le entregamos el timón sin conciencia, puede llevar al cuerpo a la tensión, al cansancio y a la enfermedad. Pero cuando aprendemos a dirigir nuestros pensamientos hacia la confianza, la esperanza y la calma, el cuerpo también recibe ese mensaje y encuentra mejores caminos para sanar, equilibrarse y recuperar su fuerza.
    No siempre es fácil. Hay días en los que duele, en los que cuesta creer, en los que la oscuridad parece hablar más alto que la luz. Sin embargo, cada pensamiento amable que repetimos es una pequeña huella en nuestro interior. Una vez, dos veces, cien veces, mil veces. Como un mantra que vuelve una y otra vez al corazón. Quizá al principio no lo sintamos verdadero, pero la repetición paciente acaba abriendo caminos nuevos donde antes solo había miedo.
    Cada persona tiene su propio ritmo. A algunos les costará más y a otros menos. Pero toda transformación comienza con una sola decisión: elegir qué queremos alimentar dentro de nosotros.
    Y del mismo modo que nuestros pensamientos tienen poder sobre nosotros, nuestras palabras tienen poder sobre los demás. Una palabra dicha con amor puede sostener a alguien en el momento más difícil de su vida. Una palabra dicha sin cuidado puede dejar una herida que tarde mucho tiempo en sanar. Por eso conviene hablar con conciencia, con respeto y con ternura, recordando que nunca sabemos las batallas que cada persona está librando en silencio.
    Que nuestros pensamientos sean semillas de esperanza, que nuestros sentimientos nazcan de la confianza, que nuestras palabras construyan puentes y que nuestras acciones reflejen la mejor versión de lo que somos. Porque todo comienza en ese pequeño espacio invisible llamado mente, pero termina manifestándose en el corazón, en el cuerpo y en el mundo que compartimos.

  • Siembra…!

    Asegúrate de acumular momentos gratos.

    Sí, ya sé… la vida no siempre coopera. A veces nos da limones, naranjas, toronjas y hasta el árbol completo encima. Pero aun así, procura guardar momentos bonitos en el corazón.

    Asegúrate de sembrar bonito.

    Si vas a regalar una palabra, que sea amable.

    Si vas a dar un abrazo, que sea sincero.

    Si vas a dejar huella, que sea de esas que provocan sonrisas y no de las que hacen que la gente cambie de banqueta cuando te ve venir.

    Dicen que cosechamos lo que sembramos. Entonces, sembrémosle bonito a la vida.

    Siembra risas.

    Siembra gratitud.

    Siembra paciencia.

    Y si puedes, siembra también una buena receta de pan y una taza de café, porque hay días en que la felicidad entra por el estómago.

    Acumula recuerdos que te hagan sonreír cuando peines canas, cuando olvides dónde dejaste los lentes o cuando entres a una habitación y se te olvide por completo a qué ibas.

    Porque al final, la verdadera riqueza no se guarda en una cuenta bancaria. Se guarda en las carcajadas compartidas, en los abrazos inesperados, en las conversaciones largas y en esos pequeños instantes que un día se convierten en nuestros tesoros más grandes.

    Así que hoy te invito a sembrar bonito.

    Y cuando la vida venga a cobrar la cosecha, que encuentre tu alma llena de flores, tu corazón lleno de historias y tu memoria repleta de momentos que valieron la pena. Porque la vida pasa rápido… pero los recuerdos bonitos tienen la maravillosa costumbre de quedarse para siempre.

    🍂🪻☕️🫟©️Milka MagTorre

    #soymilkamagtorre

    #noborreselautor

  • ¿Aprender…?, ¿enseñar…?

    La primera vez que vi el nombre de mi mujer, Lucía, encenderse en la pantalla, contesté al instante… y solo escuché silencio. Un soplo de viento, como si el micrófono estuviera al aire libre, y luego un clic.

    Yo estaba en el garaje, a las afueras de Zaragoza, ordenando una montaña de llaves y herramientas, cuando volvió a sonar. Esta vez oí una sola palabra:

    —«Marcos…»

    Y, pegado a esa palabra, el claxon agudo de un camión pasando a toda velocidad. Después, nada. Línea muerta.

    No se me cayó el corazón. Se me deshizo. Llamé de vuelta. Una vez. Dos. Diez. Contestador.

    Abrí la ubicación compartida. Un puntito azul quieto, clavado en un tramo solitario de carretera entre Calatayud y Daroca. Campo oscuro, asfalto frío, el tipo de sitio donde, si te quedas tirado, el mundo parece muy lejos.

    Lucía y nuestra hija Irene, catorce años, iban camino del cumpleaños sorpresa de los 80 de mi suegro. Un viaje de cuatro horas que tenía que haber sido una mezcla de canciones horribles y patatas de gasolinera.

    Pero aquel puntito azul era otra cosa. Era el lugar más solo del planeta. En mi cabeza se encendieron todas las películas malas: accidente, avería, alguien que se acerca demasiado… y ese claxon.

    Solté las herramientas, agarré las llaves del coche y ya iba medio corriendo hacia la puerta cuando el móvil vibró otra vez. Número desconocido.

    —«¿Papá?»

    Era Irene. Tranquila. Demasiado tranquila.

    —«¿Irene? ¿Estáis bien? ¿Tu madre? ¿Qué ha pasado?»

    —«Estamos bien, papá. Mamá está solo… helada. Hemos pillado un bache enorme. No es un pinchazo: la rueda está reventada. Estamos en el arcén. Aquí no hay casi cobertura. Estamos usando el móvil de un señor que se ha parado. Pero de verdad, está todo bien.»

    Tardé unos segundos en ordenar las palabras. —«¿Cómo que “todo bien”? Estáis tiradas ahí. Voy para allá ahora mismo. No salgáis del coche, cerrad las—»

    —«Papá.» Me cortó. Firme. Segura.

    —«No vengas. La rueda de repuesto ya está puesta. Estoy apretando los tornillos. El señor nos ha dejado el móvil y se ha quedado mirando. Mamá se está calmando. En una hora estamos con el abuelo.»

    Me dejé caer en el suelo frío del garaje.

    —«¿Tú… tú has cambiado la rueda?»

    —«Sí», dijo, como si me estuviera contando que había hecho los deberes. «Estaba durísima. He usado el golpe con el pie que me enseñaste. Pero ya está.»

    Oí, de fondo, cómo le daba las gracias a alguien. Y luego:

    —«Nos vamos ya, papá. Mamá está lista. Te quiero.»

    Clic.

    Me quedé sentado un buen rato, mirando al vacío.

    Lucía es brillante. En su trabajo coordina líos enormes sin despeinarse. Es de esas personas que, cuando todo arde, no gritan: organizan. Pero con el coche… es “de ahora”: confía en el móvil, en que siempre habrá señal, en que siempre habrá alguien al otro lado. Y esa tarde, el móvil era un ladrillo.

    ¿E Irene? Una chica normal de catorce años: auriculares, mensajes cortos, la vida pasando por el Wi-Fi. O eso me creía. Esa noche Lucía me llamó desde casa de mi suegro, con la voz temblando.

    —«Marcos… tenías que haberla visto.»

    Me contó que no fue un susto pequeño. El bache era un cráter. El golpe tan seco que por un segundo pensó cualquier cosa menos “rueda”. Consiguieron apartarse a una franja de gravilla. El viento de noviembre sacudía el coche. Los camiones pasaban y lo hacían vibrar como si fuera de juguete.

    Lucía hizo lo que habría hecho cualquiera: móvil en mano. Nada. Y entonces llegó el pánico de verdad. Ese frío que te deja hueco por dentro. A kilómetros de un pueblo, la noche cayendo, dos mujeres en el arcén.

    Me dijo que estuvo a punto de romperse. Y, de pronto, oyó a Irene suspirar. No de miedo. De fastidio.

    —«Mamá, abre el maletero.»

    —«¿Qué?»

    —«El maletero. Y pon los intermitentes.»

    Lucía lo hizo como si estuviera soñando.

    Irene se bajó, se subió el abrigo hasta el cuello, sacó el gato, la llave en cruz y la rueda pequeña. Miró la rueda destrozada y, con una cara de “no me lo puedo creer”, se puso a trabajar.

    En ese momento se paró un camionero. Un hombre grande, linterna en la mano.

    —«¿Necesitáis ayuda?»

    Lucía iba a acercarse, pero Irene, sin levantar la vista, dijo:

    —«Lo tenemos. Pero… ¿nos deja luego su móvil un momento? Tengo que llamar a mi padre.»

    El camionero no hizo nada más. Se quedó a cierta distancia, con los brazos cruzados, mirando. Miró cómo mi hija, con sus catorce años, apretaba la llave con todo su peso. Miró el gato bien colocado. Miró cómo quitaba la rueda, ponía la de repuesto y apretaba en cruz. Cuando terminó, se limpió las manos en los vaqueros.

    —«Ya está. ¿El móvil?»

    El hombre sonrió y negó con la cabeza.

    —«Treinta años en carretera… y no he visto esto en mi vida.»

    Claro que estoy orgulloso. Pero no va solo de mi hija. Va de por qué supo qué hacer.

    Va de un sábado de julio en el que Irene quería irse con sus amigas a la ciudad. Y en vez de eso se encontró en la entrada de casa, delante de una rueda vieja.

    —«Papá, esto no sirve para nada. Si pasa algo, ya vendrá alguien.»

    Yo le dije:

    —«Porque el móvil se puede quedar sin batería. Porque puedes quedarte en un sitio donde no hay señal. Y porque la autonomía no cae del cielo: se practica.»

    Le hice cambiar la rueda varias veces. Quitar, poner. Repetir. Pelearse con un tornillo agarrotado. Volver a intentarlo.

    Como mi padre hizo conmigo.

    Vivimos en una época en la que podemos pedirlo todo, delegarlo todo, esperar que todo se arregle solo.

    Y, sin darnos cuenta, vamos olvidando lo que nuestras manos saben hacer.

    Aquella noche no fue “solo” una rueda.

    Fue una cría, sin cobertura y sin atajos, mirando un problema real… y sin quedarse paralizada.

    No esperó a que la rescataran. Se rescató.

    No podemos proteger a nuestros hijos de todos los baches —los del asfalto y los de la vida. Pero sí podemos dejarles, algún día, herramientas de verdad. Porque el regalo más grande no es solo quererles. Es que, cuando no hay señal y nadie llega rápido, sepan que aún así están en buenas manos.

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