Saludos amigos, mi nombre es Ariel y les voy a contar mi segundo relato que no fue algo extraño sino todo lo contrario.
Esto me sucedió en el año 2002 ( época del corralito ) me levanté esa mañana para ir a trabajar pensando que tenía que terminar un trabajo de pintura que era lo único que en ese momento tenía para mantenerme.
En esa época tenía una motocicleta pero casi que no la usaba porque era tan mala la situación económica del país, que trataba de ahorrar hasta el combustible, así que me iba a trabajar caminando ya que más o menos me quedaba unas 30 cuadras.
Salí de mi domicilio y mi madre me comenta que en acción social entregaban una caja de comestible a los que estaban desocupados o con poco trabajo ( hasta el día de hoy soy reacio a los políticos ) pero decidí llegarme igual.
Cuando iba llegando a acción social, para el transporte público a lado mío, miro y veo una abuelita de más o menos 80 años queriendo bajar del colectivo.
Rápidamente me llegó y le digo: ¿le ayudo abuela ?
La abuela con una sonrisa me dice:
Bueno hijo, la acerco a la vereda y le preguntó ¿hacia dónde va abuela ?
Ella me contesta a acción social, vamos la acompaño yo también voy para ahí..
Le extiendo mi brazo y comenzamos a caminar y me doy cuenta que caminaba muy lentamente…
Le pregunté si tenía algún problema. Me contesta que tenía artrosis en las piernas, Me contó que vivía solita.
Desde la vereda a acción social había como 70 metros.
Llegamos, abro la puerta y era un mundo de gente. Entonces le digo: abuela yo acá no me quedo, no se que quiere hacer usted ?. Y me responde que tampoco quería quedarse y que si la podía acompañar hasta la parada del ómnibus.
Regresamos al lugar muy lentamente, siempre ella agarrada de mi brazo.
Llegamos al lugar y me dice :
-Hijo no me acompañarías hasta la oficina de Telecom quiero recargar mi celular, -lo pensé porque donde estábamos había una distancia de 200 metros sabiendo las limitaciones de la abuela.
Pero dije vamos abuela no hay problema, mientras caminábamos me contaba de su vida sus hijos, de donde era. Llegamos al local de Telecom y la abuela saca su celular Nokia de los primeros que tenían tapa y antena, le pregunta al vendedor si tenía tarjeta para ese teléfono.
El vendedor le contesta que no, pero el que tenía era el del negocio del frente en diagonal ( unos 70 metros). Entonces le digo: abuela quiere darme la plata yo me cruzo y le compro la tarjeta?. Ella me mira y me dice: hijo, ¿me acompaña?.
Bueno vamos abuela sin dudarlo , cruzamos la calle y entramos al local. La abuela le dice al vendedor si tiene tarjeta para ese teléfono. ¿Me lo puede cargar ?.- El vendedor responde, no abuela, ese no lo sé cargar pero el que se lo puede cargar es el de enfrente ( Telecom )
En ese momento mire para todos lados, y pensé si me estarán tomando el pelo. La abuela me mira y me vuelve a decir: ¿me acompaña hijo?. -Bueno abuela, cruzamos al local y le cargan el teléfono.
Solo espere que me dijera que la llevara dónde la encontré, y así fue, ya estaba con ella no podía abandonarla, así que emprendimos viaje lento pero muy satisfactorio con la abuela porque hablábamos de todo. Llegamos a la parada del transporte y lo que me sucedió no lo voy a olvidar en mi vida: La siento a la abuela en la garita y me dice – Venga hijo deme un beso.. – acerqué mi cara, me tomo con las dos manos, me dió un beso en la frente, me hace la señal de la cruz y me da las gracias por mi paciencia, por ser noble y me dice:
A partir de hoy nunca más te faltará trabajo
Gracias le respondí a la abuela, y comencé a caminar hacia el trabajo pensando en esa abuelita lo lindo que la habíamos pasado , me hizo recordar mucho a mi abuela y con mis ojos con algunas lágrimas.
Ya eran las 14 h y había terminado de hacer mi trabajo, el que me había contratado me paga, y regreso a mi casa pensando que ya no tenía más trabajo. Con lo que había cobrado daba para pagar deudas y alimentos, pero poco mas.
Venía cruzando el centro de Carlos Paz es donde nací. Sale de un negocio un señor que lo había conocido unos años atrás, me reconoce, me saluda con un abrazo y me dice:
Ariel ¿cómo estás, tantos años, que es de tu vida?. Yo también me alegre de verlo, y le comenté que estaba trabajando pero que ya se había acabado, me dice déjame un teléfono creo que tengo algo para hacer. Y así fue, a la tarde me llamó. Desde entonces gracias a Dios y a ese ángel que nunca más vi, el trabajo nunca más me faltó..
Siempre digo esa mujer o ángel iluminó mi camino
Espero que les haya gustado mi relato las cosas bellas también existen saludos.
Tomado de la Web.
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