Envidia

Cuando la envidia nos hace ser crueles y egoístas con los demás. Los invitó a leer este cuento que se llama. 

UN PAVO REAL EN LA GRANJA

Había una vez en un pequeño pueblo, una granja que pertenecía a la señora Rosita Pérez, ahí se encontraba todo tipo de animales propios del lugar.

Había vacas, cerdos, caballos, conejos, patos y demás. Un día como cualquier otro llegó a la granja un hermosísimo pavo real que sobresalía de entre todos los animales.

El pavo real, animalito noble y amigable, con todos quería hacer amistad, pero muchos no le dieron oportunidad pues, por los múltiples y llamativos colores de su plumaje, causó envidia ya que opacaba a todos con su hermosura y para colmo, Rosita Pérez, sin querer, ponía más empeño en la crianza del noble animal y esto a los demás los ponía furiosos pues, todos los días llegaban personas de diferentes pueblos y ciudades para admirar tan hermoso animal. En sus plumas se dibujaban corazones entrelazados que causaban admiración y curiosidad a quien lo viera, todos querían comprar al pavo real, pero, Rosita siempre se sostuvo en su negativa, lo único que permitía era que le tomaran fotos y de lejos, ya que alegaba que lo podían dejar ciego.

Todos los animales se propusieron hacer de la vida del pobre pavo real una pesadilla, y empezaron a causar problemas: Los patos se comían su comida cuando Rosita se metía a la casa, los cerdos se metían al abrevadero y le ensuciaban tanto el agua que el pobre pasaba sed, y que decir de las vacas que, con toda intención, se echaban en los lugares en que el pavo real solía descansar; pero, el que más coraje y envidia le tenía, era el gallito.

Un día el gallito le picoteó tan fuerte las patitas, que el pavorreal se fue cojeando, a refugiarse en el lugar más oscuro y alejado del gallinero, pues, al menos ahí, las gallinas no lo molestaban, eran más tolerantes y comprensivas. Se daban cuenta que el pavo real estaba solito, era el único en su especie.

Mamá gallina, que había presenciado el acoso del gallito, recriminó a su hijo diciendo:

_ ¿Por qué hiciste eso? ¿No te da vergüenza aprovecharte de alguien indefenso? ¿Qué te parecería que el perro te mordiera una alita y te dejara mal herido? 

El gallito contestó:

_ ¡Eso nunca va a pasar porque él es mi amigo!

El perro que se encontraba dormitando en el porche de la casa y que había escuchado la conversación, desde ahí, dijo:

 _ ¡Gallito, soy tu amigo porque te creí diferente, pero ahora veo que eres aprovechado y envidioso!

El gallito saltó y dijo enojado:

_ ¿Envidia yo? ¡No confundas! ¡Lo que pasa es que se cree mucho y yo soy más valiente y no le tengo miedo!

_ Eso es mentira –intervino mamá gallina-. Es de lo más tierno, amigable, humilde y no me excedo en elogios para con él. Es verdad, hijo, fuiste aprovechado y envidioso; no sé por qué eres así si yo siempre te he dicho que no es más valiente el que busca pelea si no el que sabe cómo evitarla.

Al ver el perro que el gallito no entendía razones dijo compungido.

_ ¡Está bien gallito! Veo con tristeza que no te vamos hacer cambiar de opinión, pero ten siempre presente lo que te voy a decir: ¡a veces la vida nos presenta situaciones que jamás imaginamos que tendríamos que vivir, y esos a quien ahora agredes y desprecias son los que algún día te harán un gran favor!

El gallito se carcajeó y dijo presuntuoso: 

_ No… Es más fácil que yo le dé la ayuda a él, a que yo se la pida. -Y se alejó a buscar lombrices.

Al paso del tiempo muchos animales fueron vendidos, pues ya eran demasiados y el pueblo estaba creciendo en habitantes convirtiéndose en ciudad, por lo tanto, muchos vecinos de Rosita empezaron a molestarse y quejarse de los ruidos y olores del lugar.

Una tarde en que el perro dormitaba como era su costumbre en el porche de la casa, se cruzó la cerca un zorro. El animalillo era tan feo, que en verdad asustaba e intimidaba a quien lo viera.

El gallito, que ya era todo un gallo, lo miró y se asustó ya que nunca en su vida había visto un zoorro. Se quedó paralizado sintiendo cómo un sudor frío recorría su espinazo.

El pavo real, al ver la reacción del gallo, con horror vio al intruso que iba dispuesto a entrar al gallinero con la intención de comerse los huevos de sus amigas. Se abalanzó furioso, y extendiendo sus alas, dio de picotazos al sorprendido zorro que no supo qué hacer más que echarse a correr al monte perseguido también por los perros de los vecinos.

El perro, al escuchar el alboroto, despertó de su letargo y preguntó presuroso:

_ ¿Qué pasó aquí? 

Las gallinas le contaron lo que había sucedido. El gallo, que aún sentía recorrer el miedo en su cuerpo, dijo al pavo real.

_ Te doy las gracias pues, sin tu ayuda, el zorro se hubiera comido los huevos. Te pido me perdones todo el mal que te hice cuando tú ni siquiera me molestabas. Me avergüenza decirlo, pero era la gran envidia que sentía de ti. -Y le preguntó: ¿Quieres ser mi amigo?

El pavo real, que era muy noble, contestó: 

_ Siempre te he admirado pues tu canto es lo más hermoso que escuchaba al despertar, y siempre le pedí al cielo que algún día fuéramos amigos; y veo feliz, que el cielo me lo ha concedido, y sí, acepto de corazón ser tu amigo -dijo jubiloso.

Todos los animales se acercaron para saber qué había pasado. Al enterarse de la hazaña del pavo real, dijeron apenados.

_ Perdona todo el mal que te causamos por no ser tolerantes y comprensivos cuando tú lo que buscabas era nuestra amistad, pero, de ahora en adelante, te compensaremos. Las cosas van a cambiar para bien; ya no habrá envidias, rencores ni peleas y viviremos en paz. 

Y de ahí en adelante, así fue. Se respiró paz y tranquilidad en la granja de Rosita Pérez, que conservó a sus animalitos por muchos años más.

AUTORA:

PERLA CONCEPCIÓN ROJAS DE LEÓN.

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