Un día, un aguilucho cayó del nido durante una tormenta. Rodó por la ladera hasta terminar en un gallinero.
Las gallinas, sorprendidas, lo rodearon. Una de ellas, con corazón de madre, lo arropó bajo su ala. Y así, el aguilucho creció entre gallinas.
Aprendió a escarbar la tierra, a picotear el maíz, a correr agachado cada vez que pasaba una sombra. Nunca voló. Nunca alzó la vista. Nunca nadie le enseñó a hacerlo.
Porque todas a su alrededor solo sabían caminar. Pasaron los años y aquel aguilucho, ahora grande, fuerte, con alas inmensas y mirada intensa…vivía como una gallina más.
Creía que eso era. Porque eso le dijeron. Porque eso veía.
Hasta que un día, volando muy bajo, pasó un águila vieja. Majestuosa. Libre. Con la vista aguda y las alas abiertas de par en par.
El aguilucho la vio y algo dentro de él se estremeció. No sabía qué era… pero la envidia le ardía en el pecho.
Quería volar así. Quería ser eso. Aunque no supiera por qué.
El águila vieja lo observó desde arriba. Y al verlo entre gallinas, le gritó:
—¡¿Qué haces ahí?!
—¡Baja la voz! —le dijo él—. ¡Soy una gallina!
El águila descendió. Lo miró fijo. Y con firmeza le dijo:
—Mírate bien. —Mira tus alas. —Mira tu sombra.
Lo llevó hasta un charco, y le hizo ver su reflejo. Ahí, por primera vez… se reconoció.
No era una gallina. Nunca lo fue. Era un águila. Y siempre lo había sido.
Ese día, el aguilucho abrió las alas. Las sintió temblar. Las batió una vez. Dos veces. Y en la tercera… se elevó.
Dejó atrás el suelo, el miedo y el corral. Y no volvió a mirar abajo. Porque cuando uno descubre quién es en realidad… ya no se conforma con vivir entre lo que lo limita.
Moraleja:
A veces, a nosotros también nos pasa. Nos acostumbramos a vivir en lo seguro. A andar agachados. A escondernos del viento. A caminar entre otros que, aunque nos cuidan, no nos enseñan a volar.
Y se nos olvida que fuimos hechos para cosas más grandes. Para mirar lejos. Para alcanzar lo alto. Para tocar el cielo.
Si te has sentido fuera de lugar toda tu vida… quizá no estás roto. Quizá solo estás en el corral equivocado.
Despierta. Abre tus alas. Y vuela. Porque tú no naciste para quedarte en el suelo. Naciste para volar alto.
-Susana Rangel 🦅☕️✍️💬
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