Tu mismo…

¿Quién te crees que eres?

Soy tu mismo pero con mas edad.

Y…¿Qué pretendes?.

Descargarme. De alguna manera justificar lo injustificable, dejar constancia de que ahora, y tras estos años de experiencia pienso distinto y me gustaría rectificar el boceto que en su día hice de mi mismo y que visto desde aquí no termina de convencerme.

-¿A estas alturas de tu vida?.

Que quede claro que me arrepiento de muchas cosas, especialmente del tiempo perdido, he perdido demasiado tiempo en cosas que ahora me parecen intrascendentes y que de haberlas prestado atención en su momento, hubieran logrado una mejor versión de mi mismo.

-¿No te parece un poco tarde?.

Sin duda. Un poco no. Es muy tarde y me cuesta saber que podía haber hecho mucho mas por mi y por todos los que me rodean. Duele comprobar que ese tiempo… ya pasó. Duele y duele mucho. Es triste comprender lo fácil que hubiera resultado sòlo con haber pensado un poco mas en ella.

-¿Me estas diciendo que una de las cosas de las que te arrepientes viéndote desde aquí, desde este espacio-tiempo, ha sido el daño causado a tu madre?.

Claro. ¿Cómo iba yo a pensar?, ¿Cómo se me iba a ocurrir a mi semejante planteamiento?. En aquel entonces bastante tenía yo con pensar en mi y en mi mundo. ¿Mi madre?, yo la veía como alguien lejano que no podía dejar de estar preocupada por mi, hiciera lo que hiciese. Era su problema y no el mío. Se convirtió en un mantra continuo. Aprendí a retraerme.

Siento como que terminé viéndola de lejos, sin conexión con mi mundo. Como un mal necesario que había que soportar. Me faltó la empatía necesaria para haber hecho su vida un poco mas feliz. Ya no hay tiempo de enmendar eso y soy consciente de todo ese dolor gratuito.

  • ¿Llegaste a verla alguna vez orgullosa de ti?.

Nunca. Nunca confió demasiado en mi ni en mis posibilidades, ni siquiera casado y con rumbo. Al contrario que yo, que desde muy pequeño siempre he tenido la seguridad de salir adelante. Solía enfadarla con una de mis frases favoritas : «Mira Mama, no te preocupes por mi porvenir, a mi me pones de barrendero y termino siendo su jefe».

Aun me siento incomodo cuando recuerdo las veces que me menospreciaba con quien quiera que hablase. No recuerdo haberla oído hablar bien de mi, nunca.

¿Y…?

Aun así fue una buena madre hizo lo que le cabía hacer según el tiempo que la toco vivir, sus limitados conocimientos y sobre todo mi conducta, fui un adolescente muy cabrón. Aun me enternece recordar como siendo yo muy niño, ella se comía los restos de algún raro trozo de carne previamente estrujada hasta la última gota para sobrealimentarme, pues me faltaba apetito o pretendía llamar su atención. ¿El síndrome del hijo único tal vez…?. Esa carne era de caballo y había que comprarla en una carnecería especial que se encontraba lejos de casa.

Me pude perdonar y te quiero mama.  Que tu comprensión y tu amor me amparen

Nando

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