LA ESCULTURA DEL MAMMELOKKER: CUANDO LA LEYENDA SE TALLA EN PIEDRA
En el corazón de Gante, Bélgica, hay un edificio que no pasa desapercibido.
Se trata del Mammelokker, una pequeña estructura barroca adosada a la parte trasera del majestuoso campanario de la ciudad, el Belfort.
Lo que más llama la atención no es su arquitectura, sino el sorprendente relieve esculpido sobre su entrada: una mujer joven amamantando a un anciano dentro de una celda.
Este impactante conjunto escultórico no es una escena vulgar ni provocativa.
Representa una de las leyendas más conmovedoras y antiguas de la civilización occidental: la historia de “la Caridad Romana”.
La leyenda tiene su origen en la antigua Roma y fue recogida por el escritor Valerio Máximo en su obra Facta et dicta memorabilia (Hechos y dichos memorables), escrita en el siglo I d.C.
Narra el caso de Cimón, un hombre condenado a morir de hambre en prisión por una falta grave (a veces se dice por robo, otras por motivos políticos).
La única persona a la que se le permitía visitarlo era su hija, Pero, una joven que acababa de ser madre.
A pesar de los estrictos controles que le impedían llevarle comida, Pero decidió hacer lo impensable: amamantó en secreto a su propio padre para mantenerlo con vida.
Durante semanas, el anciano logró sobrevivir sin mostrar signos de debilidad, lo que despertó sospechas entre los guardias.
Al ser vigilada, se descubrió la verdad.
Lejos de castigarla, los jueces romanos se conmovieron profundamente por el acto de amor y devoción filial.
Como resultado, Cimón fue perdonado y liberado.
Esta historia, aunque no histórica sino moralizante, fue celebrada durante siglos como un símbolo de piedad filial, sacrificio y amor incondicional y ha sido representada por artistas como Caravaggio, Rubens y Artemisia Gentileschi y ha inspirado esculturas como la de David ‘t Kindt, quien esculpió esta escena en piedra en 1741 sobre la entrada de lo que entonces era la prisión municipal de Gante.
El nombre «Mammelokker», que significa literalmente “el que chupa el pecho” en dialecto flamenco, se convirtió en el apodo popular de este anexo carcelario.
La escultura no solo marcaba la entrada al edificio, sino que también servía como un poderoso recordatorio de que incluso entre muros de castigo, la compasión y la humanidad pueden sobrevivir.
Hoy, «el Mammelokker» es una de las joyas ocultas de Gante, un rincón donde la piedra guarda viva una antigua leyenda, y donde el arte se convierte en memoria de los valores eternos del amor y la misericordia.
Fuente: Misterios del mundo

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