EN PEDAZOS
(Por Fernando D’Sandi)
Hay días en que la boca pronuncia palabras que el corazón no sostiene. Uno dice que todo está en calma, pero por dentro la tormenta no se detiene. Se intenta salir al mundo con la frente erguida, y justo antes de cruzar la puerta la verdad se desborda en los ojos.
Es extraño cómo el dolor se disfraza de sonrisa. Cómo el cuerpo se acomoda para aparentar firmeza mientras el alma tiembla por dentro. Nadie lo nota: se ve como un gesto común, pero en realidad es el retrato de una batalla silenciosa.
Así luce estar roto: avanzar con grietas, caminar con un nudo en la garganta, respirar hondo para que la pena no se note tanto. Es una forma de resistencia: no esconder la herida, pero tampoco rendirse a ella.
La fortaleza no siempre grita ni se impone. A veces se esconde en esos instantes en que, pese a la fragilidad, seguimos moviendo los pies. La verdadera valentía no consiste en no llorar, sino en salir con las lágrimas todavía tibias y decirle al día: “aquí estoy”.
Y aunque se sienta como si el corazón se hubiera convertido en un rompecabezas sin piezas completas, cada fragmento sigue brillando. Con el tiempo, los pedazos se reacomodan, y de la fractura nace un nuevo modo de habitarse: más honesto, más humano, más verdadero.
Porque incluso cuando creemos que estamos rotos del todo, seguimos teniendo la capacidad de armar vida con lo que queda.
De la red

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