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¡VIVAN LOS VIEJOS! Por STÉPHANE LAPORTE
Una colaboración especial de La Presse
▪︎ Lo tenemos todo mal. Los mayores no están detrás de nosotros. Están delante. Los mayores no son nuestro pasado. Son nuestro futuro. Ya han llegado a donde nosotros vamos. Nos han precedido. Han caminado antes que nosotros. Hablado antes que nosotros. Bailado, cantado, amado, volado, ganado antes que nosotros. Traicionado, caído, perdido antes que nosotros, también.
▪︎ No son los últimos. Son los primeros. Son nuestros Neil Armstrong. Nuestros descubridores. Nuestros pioneros. Lo que sabemos, ellos nos lo enseñaron. Leer, contar, interesarse, dar. Ignorar, herir y tomar, también. Según quiénes fueron en nuestro camino, podemos deberles todo o reprocharles todo. Son buenos o tontos, como nosotros. O, más bien, somos tontos o buenos, como ellos.
▪︎ Lo que ellos son hoy, eso seremos nosotros mañana. Las cremas, la cirugía estética y los filtros de Instagram no cambiarán nada. No rejuvenecemos. Envejecemos. Todos nosotros. Los jóvenes también. En el tiempo de una coma, ya son menos jóvenes. Envejecemos cada segundo de nuestra vida. Porque envejecer es vivir. Y morir es dejar de envejecer.
▪︎ Entonces, ¿por qué, nosotros que estamos tan llenos de promesas para el futuro, nos preocupamos tan poco por el destino de los mayores?. Lo que les hacemos, nos lo harán. Lo que no les hacemos, no nos lo harán. Si no actuamos hacia ellos por altruismo, actuemos, al menos, por egoísmo.
▪︎ Incluso pueden hacerlo por sus hijos. Porque, ojalá, sus hijos serán viejos algún día. ¿Por qué tantos sacrificios para que tengan una buena vida, si su final será triste y desgraciado? Todos los viejos son los hijos de alguien.
▪︎ La sociedad ha dejado de lado a las personas mayores. No solo desde el virus. Desde hace una eternidad. Porque no queremos vernos en ellos. La sociedad vive muy bien en la negación. La sociedad cree que tiene 18 años y hace creer que se divierte todo el tiempo.
▪︎ Lo más perturbador de esta historia es cuando leemos la cifra de las muertes y nos tranquiliza constatar que las víctimas son sobre todo personas de 70 años o más. Como si fuera menos grave. Vergüenza para nosotros. Una vida es una vida. Un ser humano no es un coche. No pierde valor con el tiempo. Sé que la muerte de un niño nos rompe el corazón. La muerte de un niño viejo debería romperlo también. Siempre nos vamos demasiado pronto cuando podríamos habernos ido más tarde.
▪︎ Nos consolamos demasiado rápido por la muerte de los mayores. Eso explica por qué su existencia no es nuestra prioridad. Eso explica su destino de abandonados. ▪︎ No basta con decir “todo irá bien” para que todo vaya bien. Hay que hacerlo ir bien. Hay que cambiar nuestra relación con la vejez. Permitir envejecer con dignidad. Dejar de apartar a las personas mayores. Todo el mundo forma parte del grupo de 0 a 200 años.
▪︎ La edad no es una derrota. La edad es un logro. Podemos estar orgullosos de ella. ¡Tengo 40 años, eso significa 40 años aquí! ¡Tengo 50 años, eso significa 50 años resistiendo! ¡Tengo 60 años, eso significa 60 años saliendo adelante! ¡Tengo 70 años, eso significa 70 años amando este mundo!
▪︎ Pasa así de rápido. Ayer mirabas a Pierre Elliott Trudeau decir “se acabaron las locuras” en tu comuna. Un parpadeo después, ves a su hijo decirte que no salgas de tu residencia.
▪︎ La vida es demasiado corta. Cada segundo cuenta. Tanto los del principio como los del final. Hay comienzos interrumpidos y finales interminables; no importa en qué parte del libro estemos, la página más importante es la del presente. Y el presente pertenece a los vivos. A todos los vivos. De todos los orígenes, de todos los sexos y de todas las edades.
▪︎ Han hecho falta demasiadas atrocidades para despertar las conciencias sobre el racismo; esperemos que esta atrocidad despierte nuestras conciencias sobre el edadismo. Siempre estamos equivocados cuando categorizamos a las personas. Todos nacimos en el mismo lugar, en la Tierra. Y todos somos de la misma época. Todos contemporáneos. El resto son miles de millones de diferencias. Los mayores no son todos iguales. Tampoco los jóvenes. Por eso no se puede decir “los mayores son así, los mayores son asá”. No existe el bloque de los mayores. Lo que existe es tu padre, tu madre, el abuelo de tu amigo, la abuela de tu vecina. En resumen: seres humanos.
▪︎ ¿Y por qué mi título “¡Vivan los viejos!”? Porque reúne a todos. Todos somos viejos. Cuando tenía 5 años, mi hermano tenía 12, y lo encontraba tan viejo. Todos somos los viejos de alguien, ya seamos viejos de un día o viejos de doce mil días.
▪︎ Aceptémoslo. Sobre todo porque la edad no mide nada. Porque lo que nos identifica está a salvo de eso. No es la edad la que hace quiénes somos, sino una palabra que se le parece. El alma. Esa pequeña voz en nosotros. Que nos hace reír, llorar, pensar y estremecernos. Invisible y omnipresente. Sin edad. Por eso siempre nos sorprende escribir nuestra fecha de nacimiento en un formulario. ¡No estoy realmente tan lejos!
▪︎ Nuestra alma siempre tiene la impresión de que acaba de llegar. Permanece intemporal hasta el día en que hay que devolverla.
▪︎ Si queremos conservarla el mayor tiempo posible, debemos ocuparnos de quienes nos permitieron tenerla.
▪︎ Porque, ya que estamos jugando al Scrabble, reemplacemos la v de “viejos” y no estaremos lejos de la verdad. Son ellos quienes nos han creado… 🤔
📖 Texto original de Stéphane Laporte, publicado en La Presse (Canadá), abril de 2020.
De la red

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