ANGEL

Transcribimos a continuación el mensaje pronunciado por Manuel sumándonos a su cariño :

«Buenos días,

Os hablo como presidente de Ashla y es un honor para mí el poder hacerlo.

Ángel siempre hizo honor a su nombre, no se me ocurre una mejor manera de expresar quién era.
Él fue uno de los principales motores de Ashla, predicando siempre con el ejemplo, escuchando y ayudando a quien lo necesitara cuando debía hacerlo. No le importaba que fueran las 12 de la noche, si alguien llamaba para pedirle ayuda, él se la daba en ese momento porque era cuando lo necesitaba quien lo llamó.
Ángel ha dejado su sello en la asociación impregnándola de su energía de ayuda al prójimo, una ayuda desinteresada y con un trasfondo de amor por lo que hacía y hacia quien lo hacía. Siempre fue generoso y me consta que llegó a sacrificar temas personales para poder priorizar su labor dentro de Ashla. Él siempre me dijo que si me veía en una situación similar que eligiera el ayudar a los demás, que luego la vida me compensaría con el tiempo. Si hay aquí algún familiar al que pudo afectar esto que digo, espero que la vida también os haya compensado.

Una de las facetas que más me gustaba de él era su capacidad para sacar una sonrisa a cualquiera en cualquier momento. Recuerdo hace unas semanas en octubre, el último día que estuve con él, cómo con un hilo de voz casi inaudible consiguió hacernos sonreír a los que estábamos allí en ese momento. Siempre tenía una visión optimista. No exento de carácter, él procuraba sacar siempre su lado más bondadoso. Él era muy sensible y muy amante de los gestos de afecto y cariño. Le llenaba compartir abrazos.

No me equivoco si digo que en la asociación él lo ha sido todo y los que ahora nos quedamos debemos seguir su ejemplo, para que, con la mejor vocación de servicio, podamos seguir ayudando a quien lo necesite, tal cual aprendimos de él, tal cual él nos mostró cómo se hacía.

Tuvo la fortaleza para, con la ayuda de su mujer, superar una enfermedad que le tuvo postrado en la cama y totalmente dependiente, y con esa fortaleza pudo restablecerse hasta llegar a impartir algún curso. Mari Ángeles, recuerdo tus lágrimas de alegría al verle impartir un curso de nuevo, quédate con ese recuerdo para siempre. Le tocó luchar contra la enfermedad y para ello tuvo la mejor ayuda que podía tener, nada menos que una gran profesional de enfermería a su lado. Quiero darte las gracias Mari Ángeles en nombre de todos por tu enorme y encomiable labor durante toda su enfermedad. Tu generosidad, tu sacrificio, tu paciencia, tu entrega, tu férrea voluntad, tus cuidados, tu cariño, tu presencia y tu buen hacer sé que le han ayudado mucho. Espero que pronto te restablezcas de todo este sobreesfuerzo que has hecho, especialmente estos últimos cuatro años. De nuevo gracias Mari Ángeles.
Así pues Ángel se nos ha marchado de este plano físico, aunque conociéndole, estoy seguro de que seguirá acompañándonos allí desde donde esté para, en la medida de sus posibilidades, seguir ayudándonos como siempre ha hecho.

Y ahora que estoy aquí como presidente de Ashla no quiero dejar pasar la ocasión para hablaros no como presidente, sino como Manuel el hombre que iba a pasar alguna tarde o alguna mañana con el para hablar y compartir vivencias, leer poesía o compartir un café y un dulce con una buena conversación. A veces los dulces eran más de dos dado que él era muy goloso. Tuve la fortuna de congeniar con él y de que se abriera a mí y de ir un poco más allá y conocer al ser humano que habitaba en él detrás del maestro espiritual que fue, y pude comprobar que era un hombre muy sensible, con un gran sentido del humor, optimista y con un profundo gusto por las cosas mundanas, especialmente con un profundo amor hacia su familia y seres queridos, especialmente por sus hijos, sus queridísimos nietos y su mujer. Recuerdo Mari Ángeles un día que algo había pasado entre vosotros, no sé el qué, y él trataba de hablarme de lo que había pasado y sólo sabía decir cosas buenas de ti, intentaba desahogarse y lo único que decía eran cosas buenas.

A mí, Ángel me ayudo en el momento más difícil de mi vida dándome apoyo, cariño, consejo y algún que otro tratamiento que me ayudó muchísimo en esos momentos. Ese trato que él me dio dejó en mí una impronta de cómo hay que tratar a los demás. De cómo ayudar a quien lo necesita sin preguntar, sin cuestionar. Él me enseñó el valor que tiene que te ayuden cuando más lo necesitas. Esto que acabo de comentar, esa vocación de servicio desinteresada es lo que a mí, a día de hoy, me impulsa en mi día a día, no solo en mi labor dentro de Ashla, sino a todos los niveles en mi vida personal. Ayudar a quien lo necesita porque lo necesita. Creo que este es el principal legado de Ángel. Y con su permiso, hago mío este valor para que ayudándonos podamos hacer un mundo mejor, tal como él siempre quiso hacer.

Gracias a todos, os acompaño en el sentimiento.

D.E.P Ángel»

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