• Ser ejemplo

    ¿Quién se queda con mamá este fin de semana?

    ¡Yo noooooo! Contesto _ Javier, este fin de semana voy a salir de viaje con mi esposa y los niños.

    Ana María _ dijo, pues yo menos hace dos semanas estuvo conmigo y no puedo este fin de semana, tengo tantas labores en casa por terminar y ¡mamá es una labor más!

    José de reojo vio a su madre sentada en un rincón, con la mirada de lado escondiendo sus lágrimas, él corrió hacia ella y le dijo mamita mejor para mí, pues te puedo tener para mí solo.

    La hija de José se acercó, una joven de 19 años le tomo las manos diciendo _ abuela, ves que tus hijos no quieren estar contigo, pero tú sí, tú estás mejor aquí en casa, con papá y mamá.

    Vamos abuela a jugar con las muñecas, cuéntame esas historias que dice mi tía Ana María que son tan aburridas y que ya se sabe de memoria, pero a mí me encantan.

    Hagamos los pastelitos favoritos de tío Javier y la sopa de fideos con pollo que le preparabas cuándo él, enfermaba de pequeño y que ahora, solo cuándo está enfermo, te busca para que se los prepares.

    Péiname el pelo y trénzalo con los listones de colores que aunque mi tía Ana María aborrece, porque dice que la peinabas todo el tiempo así, yo en mi cabello los veo tan lindos.

    Abuela, quédate aquí, con nosotros y en las noches al dormir danos a papá, a mamá y a mí la bendición.

    ¡Que importa que se te olviden las cosas, o que se te caiga la comida de la boca, o que repitas mil veces la misma frase, o qué tus manos tiemblen!

    Si a papá y a mamá eso, no les importa, nosotros somos felices contigo…

    Aunque tío Javier y tía Ana María digan que ahora eres una niña y que hay que llevarte a un lugar donde te cuiden mejor, papá no lo hará, pues dice que ahora a él le toca cuidar de ti, ayudarte a caminar, a limpiar tu boca, a escucharte sin cansancio, a ponerte los zapatos cómo tú lo hacías cuándo él era pequeño.

    ¡Abuela, ahora tú eres nuestra niña y te cuidaremos con todo el amor y cariño que tú nos entregaste a nosotros!

    Todos se quedaron sumergidos en un gran silencio

    La abuela de pronto dijo _ haya en los años de 1920 mi padre … Y todos se sentaron al rededor de ella, Javier y Ana María, con lágrimas en los ojos, arrepentidos de lo ingrato que habían sido con su madre.

    Y José, como siempre atento y amoroso, a todo lo que su madre hacía y decía.

    Es bueno pensar y reflexionar que ejemplo y enseñanza le estamos dando a nuestros hijos, con el trato que le damos a nuestros padres, pues el tiempo nos alcanzará y también nosotros, nos convertiremos en niños.

    La abuela murió al año rodeado de amor y cariño, pero en la casa de José, cada día sin faltar uno llega una hermosa paloma blanca, se queda con ellos hasta el atardecer y después la ven marcharse, volando muy alto hacia el cielo y la hija de José le dice:

    ¡Abuela no te preocupes yo cuidare de mi padre, como él lo hizo contigo!

    Bendiciones, un maravilloso y feliz día estimados lectores!

  • Reflexiona…

    Escrito por una persona de 90 años!

    42 lecciones que la vida me enseñó.

    ¡Es algo que todos deberíamos leer al menos una vez a la semana! ¡Asegúrate de leer hasta el final!

    Escrito por Regina Brett, de 90 años, del Plain Dealer, Cleveland, Ohio. Para celebrar mi edad adulta, una vez escribí las 42 lecciones que me enseñó la vida. Es la columna más solicitada que he escrito. Mi odómetro llegó a 90 en agosto, así que aquí está la columna una vez más:

    1. La vida no es justa, pero sigue siendo buena.

    2. En caso de duda, simplemente da el siguiente paso.

    3. La vida es demasiado corta, disfrútala.

    4. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familiares sí.

    5. Paga tus tarjetas de crédito todos los meses.

    6. No tienes que ganar todas las discusiones. Sé fiel a ti mismo.

    7. Llora con alguien. Es más sanador que llorar solo.

    8. Ahorra para la jubilación desde tu primer sueldo.

    9. Cuando se trata de chocolate, resistirse es inútil.

    10. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.

    11. Está bien dejar que tus hijos te vean llorar.

    12. No compares tu vida con la de los demás. No tienes ni idea de cómo es su camino.

    13. Si una relación tiene que ser secreta, no deberías estar en ella…

    14. Respira hondo. Calma la mente.

    15. Deshazte de todo lo que no sea útil. El desorden te agobia de muchas maneras.

    16. Lo que no te mata, te hace más fuerte.

    17. Nunca es tarde para ser feliz. Pero todo depende de ti y de nadie más.

    18. Cuando se trata de perseguir lo que amas en la vida, no aceptes un no por respuesta.

    19. Enciende las velas, usa sábanas bonitas, ponte lencería elegante. No lo guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.

    20. Prepárate de más y luego déjate llevar.

    21. Sé excéntrico ahora. No esperes a la vejez para vestirte de morado.

    22. El órgano sexual más importante es el cerebro.

    23. Nadie está a cargo de tu felicidad excepto tú.

    24. Enmarca cada supuesto desastre con estas palabras: «¿Importará esto en cinco años?».

    25. Elige siempre la vida.

    26. Perdona, pero no olvides.

    27. Lo que piensen los demás de ti no es asunto tuyo.

    28. El tiempo lo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo.

    29. Por muy buena o mala que sea una situación, cambiará.

    30. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.

    31. Cree en los milagros.

    32. No audites la vida. Preséntate y disfrútala al máximo ahora.

    33. Envejecer es mejor que la alternativa: morir joven.

    34. Tus hijos solo tienen una infancia.

    35. Al final, lo único que realmente importa es que amaste.

    36. Sal todos los días. Los milagros aguardan en todas partes. (Me encanta esta).

    37. Si todos amontonáramos nuestros problemas y viéramos los de los demás, recuperaríamos los nuestros.

    38. La envidia es una pérdida de tiempo. Acepta lo que ya tienes, no lo que necesitas.

    39. Lo mejor está por venir…

    40. No importa cómo te sientas, levántate, vístete bien y preséntate.

    41. Cede.

    42. La vida no está atada con un lazo, pero sigue siendo un regalo.

    Tomado de la red.

  • VOLVER A TI

    Estamos atravesando un momento planetario intenso, revelador y Profundamente transformador.

    Las energías que nos rodean —tanto a nivel astrológico como energético y colectivo— están desencadenando procesos de purificación, despertar y reconfiguración interna. Viejos sistemas se desmoronan, estructuras internas se sacuden, y el alma nos pide claridad, verdad y presencia.

    Lo que no está alineado, colapsa.
    Lo que está listo para florecer, comienza a abrirse.
    Lo que dolía, sale a la superficie para ser visto, sentido y sanado.

    Muchas personas sienten cansancio, ansiedad, vacío, confusión o una sensación de “no saber quién soy ahora”… y es normal. Estás renaciendo desde dentro.

    Y quizá te preguntes, vale, ¿y qué puedo hacer? Te dejo algunas claves:

    Volver al centro.
    Más que buscar fuera, es momento de escucharte. El alma no grita, susurra. Crea espacios de silencio para oírte.

    Limpiar el campo.
    Tus pensamientos, tus vínculos, tu casa, tu alimentación… todo es energía. Elige depurar y simplificar.

    Elegir conscientemente.
    Este es un tiempo de decisiones sagradas. No es tiempo de sobrevivir en automático, sino de crear desde el alma.

    Elevar la vibración.
    Ora, canta, respira, baila, conecta con la tierra y el cielo. Cuanto más vibres alto, más claro será tu camino.

    Recordar que no estás sol@.
    Somos muchas almas despertando, sanando, liberándonos del miedo. Tu despertar suma al despertar del mundo.

    Este es un momento para volver a ti.
    No es el fin de nada, es el principio de todo lo nuevo que viene si tienes el valor de mirar dentro y elegir diferente.

    Estoy contigo en este viaje de luz, verdad y transformación.
    Feliz día, corazones!!

    Tomado de la Red

  • Agradecer

    UNA MUJER REGALABA LAS SOBRAS DE SU RESTAURANTE A UN NIÑO POBRE — UN DÍA DECIDIÓ SEGUIRLO…

    Hace ya varios años, un niño llamado Martín solía pasar cada tarde por un pequeño restaurante en una calle tranquila del centro. 

    El local era propiedad de Doña Elena, una mujer de carácter firme pero de corazón generoso. Martín no pedía dinero, solo esperaba pacientemente a un lado, hasta que Elena salía con una bolsita de comida que le entregaba sin decir palabra.

    Durante semanas, esta escena se repitió como un ritual silencioso. Martín tomaba la comida con una sonrisa agradecida, inclinaba la cabeza en señal de respeto y se alejaba con paso ligero.

    Una tarde, Elena, impulsada por una intuición que no la dejaba en paz, decidió hablarle:

    —Dime, Martín… ¿por qué no comes en casa? ¿Tu madre está enferma?

    El rostro del niño se endureció por un momento, como si sus recuerdos pesaran demasiado. Luego forzó una sonrisa rápida:

    —Gracias, señora. Le agradezco mucho. Pero debo irme…

    Y sin esperar más, echó a correr.

    Aquella noche, la inquietud no dejó dormir a Elena. Al día siguiente, cuando Martín volvió a aparecer, ella se mantuvo a distancia y decidió seguirlo discretamente.

    Para su sorpresa, el niño no se dirigió a ningún refugio, ni se quedó a comer. 

    En cambio, caminó hasta una casita humilde al final de una calle polvorienta, dejó cuidadosamente la bolsa de comida en el porche y se marchó corriendo antes de que alguien pudiera verle.

    Elena se quedó observando desde lejos, oculta entre las sombras. Minutos después, la puerta de la casa se abrió, y una niña pequeña salió al umbral. 

    Al ver la bolsa, su rostro se iluminó de alegría. Corrió hacia adentro gritando:

    —¡Mamá, mamá, mira!

    El corazón de Elena se encogió. ¿Por qué Martín dejaba la comida ahí y se marchaba sin esperar nada?

    Al día siguiente, cuando volvió a verlo, no pudo evitar acercarse.

    —Martín —le dijo con voz suave—. Ayer te seguí. Vi lo que hiciste.

    Él bajó la cabeza, con la vergüenza pintada en los ojos.

    —No quería que nadie supiera —murmuró—. Esa era mi casa… Antes de que mi madre muriera. 

    La familia que vive ahí nos acogió un tiempo. No tienen mucho, y ahora que puedo dar algo, intento ayudarlos… pero no quiero que me vean. Solo quiero agradecerles.

    Elena sintió un nudo en la garganta.

    —Eres un muchacho noble, Martín. Y si me lo permites… quiero ayudarte a ayudar.

    Desde entonces, ella no solo siguió preparando comida para él, sino que comenzó a enviar paquetes más grandes, con pan, frutas y algo dulce para los niños. 

    Con el tiempo, ofreció empleo en su restaurante a la madre de la familia, y ayudó a los más pequeños con los estudios.

    Gracias a la generosidad de Doña Elena y al gran corazón de Martín, esa familia pudo salir adelante.

    Y Martín aprendió que a veces, cuando uno actúa con amor verdadero, la ayuda llega… incluso sin buscarla.

    OFICIO DE POETA

    tomado de la red

  • El Jardín de las Lágrimas

    El Jardín de las Lágrimas

    Un anciano cultivaba el jardín más hermoso del pueblo. Las flores resplandecían con colores imposibles y aromas que curaban el alma. Cada mañana, los aldeanos pasaban frente a su casa solo para admirar aquella maravilla.

    Una niña curiosa, llamada Lucía, se atrevió a preguntarle:

    «Abuelo, ¿cuál es tu secreto? ¿Qué abono usas para que tus flores sean tan especiales?»

    El anciano sonrió con ternura mientras sus ojos, gastados por el tiempo, brillaban con una chispa de juventud.

    «Ven mañana al amanecer y te lo mostraré.»

    Cuando el primer rayo de sol acarició el horizonte, Lucía llegó puntual. El anciano estaba de rodillas entre las flores, con un pequeño frasco en las manos.

    «Acércate», le dijo. «Este es mi secreto.»

    La niña observó cómo el anciano derramaba una sola lágrima sobre cada flor marchita.

    «¿Lágrimas?», preguntó sorprendida.

    «Sí, pequeña. Cada lágrima contiene una historia, un dolor que he transformado en belleza. Cuando mi esposa partió, lloré sobre los lirios blancos, y desde entonces florecen todo el año. Cuando mi hijo se fue a la guerra, mis lágrimas cayeron sobre las amapolas rojas, que ahora nunca se marchitan.»

    Lucía miró el jardín con nuevos ojos, entendiendo que cada flor había nacido de un momento de dolor.

    «Pero… ¿no es triste recordar tanto sufrimiento?»

    El anciano negó suavemente con la cabeza.

    «El dolor es inevitable, pequeña, pero sufrir es opcional. Podemos guardar nuestras lágrimas en botellas oscuras donde se vuelven amargas, o podemos derramarlas sobre la tierra para que florezcan en algo bello.»

    Años después, cuando el anciano se había convertido en recuerdo, Lucía mantenía vivo el jardín más hermoso del pueblo. Los aldeanos, asombrados, le preguntaban su secreto.

    Ella solo sonreía, sosteniendo un pequeño frasco lleno de lágrimas, y respondía:

    «Las heridas que no se transforman en flores se convierten en espinas. El secreto no está en evitar el dolor, sino en darle un propósito.»

    Y así, gota a gota, transformaba su historia en un jardín donde otros encontraban consuelo.

    Tomado de la red

  • El Milagro

    Un hombre estaba sentado en la acera, encorvado, con las manos escondiendo su rostro y los hombros cubiertos por una manta sucia. Era un mendigo. Nadie sabía su nombre, solo lo llamaban «viejo Silas». La mayoría pasaba por él como si fuera parte del paisaje.

    Pero en aquella mañana fría, una hermosa mujer se detuvo frente a él. Vestía un vestido ajustado que abrazaba su silueta con elegancia. Los tacones altos de la misma color resonaban con firmeza a cada paso. Los cabellos largos bailaban con el viento de la ciudad, y un perfume discreto que parecía pertenecer a otro mundo.

    Silas levantó los ojos, desconfiado.

    —No tengo cambio —murmuró, intentando alejarla con la mirada.

    Ella sonrió. Una sonrisa que no juzgaba.

    —No vine a darte cambio. Vine a ofrecerte un almuerzo.

    Él se rió, sin humor:

    —Excelente. Después del banquete que tuve con el presidente, voy a querer postre también. Ahora déjame en paz.

    Ella no se movió. Solo extendió la mano.

    —Por favor. Solo acompáñame.

    Un guardia municipal que observaba desde lejos se acercó.

    —¿Todo bien aquí, señora?

    —Sí —respondió ella, con firmeza dulce—. Quiero solo llevar a este señor a comer conmigo.

    El guardia la reconoció.

    —¿Está segura? Ese es Silas. Vive por aquí hace años. No es mala persona, pero… es complicado.

    Ella asintió.

    —Justamente por eso.

    Contra su propia voluntad, Silas fue convencido. Los tres entraron juntos en un restaurante elegante, con ventanas amplias y camareros alineados. El gerente vino inmediatamente.

    —Señora, con todo respeto… ese hombre… él no puede… eso perjudica el ambiente.

    Ella miró al gerente con gentileza firme.

    —¿Conoce la empresa Allure & Co.?

    Él dudó.

    —Claro… es una de nuestras mayores clientes en eventos cerrados.

    —Pues bien. Soy Helena Diniz. Directora ejecutiva.

    El rostro del gerente palideció.

    —Lo siento, no sabía…

    Ella interrumpió con un leve gesto.

    —Ahora sabe. Y espero que sepa una cosa más: la humanidad no se mide por la apariencia de quien entra, sino por la forma en que somos tratados al salir.

    Se sentaron a la mesa. El viejo Silas seguía en silencio, sin saber dónde poner las manos. Helena lo miró a los ojos.

    —¿Se acuerda de mí?

    Él entrecerró los ojos.

    —No… su voz me suena familiar, pero…

    Ella sonrió de nuevo.

    —Hace veinte años, una chica hambrienta entró en este mismo restaurante. Estaba acurrucada en un rincón, temblando de frío, y sin valor para pedir nada. Usted era camarero aquí. Y fue el único que me vio.

    Él se quedó inmóvil.

    —Usted trajo un plato escondido de la cocina. Pagó con lo que tenía de propina. Y dijo: «Hoy es por mi cuenta. Pero no se olvide: solo siga adelante.»

    Silas bajó los ojos. Lentamente, lágrimas se formaron.

    —¿Era usted?

    —Sí. Y ahora soy yo quien está aquí… para recordar que el bien que hacemos, incluso olvidado por nosotros, es recordado por Dios.

    Ella sacó un sobre de su bolso.

    —Aquí tiene una tarjeta. Vaya a esa dirección. Hable con el Sr. Murilo. Él ya lo está esperando. Tiene un cuarto arreglado, un baño caliente y una oportunidad.

    Silas lloraba en silencio.

    —¿Por qué…? ¿Por qué haría esto por mí?

    Helena apretó su mano con delicadeza.

    —Porque usted ya lo hizo por mí. Y porque… no olvidé el sabor de aquel plato ni la dignidad con que fui tratada.

    Antes de salir, ella miró al guardia y dijo:

    —Gracias por permitir que esto sucediera.

    Él sonrió, emocionado:

    Señora… quien agradece soy yo. Acabo de ver un milagro. 

    Tomado de la red

  • Péinate…

    Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.

    Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

    Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña, aún si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…

    Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

    Paola Klug

  • Algo difícil…

    PAUTAS PARA DOMAR TU EGO Y REALIZAR TU ALMA por Alejandro Jodorowsky

    1.-No conviertas un dolor en sufrimiento: déjalo venir, déjalo pasar, no te aferres a él…

    2.-Sé lo que eres en el presente, deja atrás el pasado, no cargues culpas.

    3.-Elimina toda ansiedad por el futuro.

    4.-Prepárate a trabajar por tu evolución hasta el último instante de tu vida…

    5.-No le rindas cuentas a nadie: sé tu propio juez.

    6.-Aprende a criticarte a ti mismo y también a felicitarte.

    7.-Cada noche, antes de dormir, repasa tu día y juzga tus acciones con objetividad…

    8.-Si quieres triunfar, aprende a fracasar.

    9.-No te definas por lo que posees…

    10.-Nunca conviertas una actividad u otro ser en el motivo de tu existencia: entrégate a tu propia vida, no delegues tu poder.

    11.-Cuando hables con alguien no lo interrumpas hasta que haya expresado su idea. Mientras lo escuchas no lo contradigas o apruebes mentalmente: óyelo sin tener opiniones. Cuando se calle, tú, libremente, considera lo que ha dicho y reacciona como tu conciencia te lo dicte.

    12.-No te comprometas con ideas en las que no crees, ni siquiera por necesidad de obtener un trabajo…

    13.-No des consejos sin advertir antes: “Según lo que yo creo y hasta donde yo sé, arriesgando equivocarme”.

    14.-Nunca afirmes algo sin decir al final “Hasta cierto punto, en tal fecha y en tal sitio”…

    15.-Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.

    16.-Nunca hables de ti como si fueras un ente limitado, siempre que actúes piensa que no existes individualmente, que lo que haces se hace impulsado por fuerzas colectivas…

    17.-Sólo aceptando que nada es tuyo serás dueño de todo.

    18.-Conviértete en una total ofrenda…

    19.-Cesa de hablar mal de los otros o del mundo: cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien di sólo sus cualidades. Si no le encuentras cualidades, calla…

    20.-Haz lo más frecuente posible actos positivos para el otro y el mundo en forma gratuita y anónima…

    21.-Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu Maestro…

    22.-Acepta sin envidia los valores del otro…

    23.-No hables haciendo resonar tu voz en la cabeza o en la nariz o en tu garganta, hazla resonar en tu pecho: usa la voz del corazón…

    24.-No toques el cuerpo del otro para tomarle algo o para rebajarlo: tócalo para acompañarlo…

    25.-No mires con disimulo, mira siempre directo…

    26.-Da, pero no obligues a recibir…

    27.-No hagas sentir culpable a nadie y acepta que eres cómplice de todo lo que te sucede…

    28.-No olvides a tus muertos queridos, pero dales un sitio limitado que les impidan invadir toda tu vida.

    29.-En el lugar donde habitas consagra un pequeño sitio a lo sagrado…

    30.-Que nunca en tu cocina haya suciedad o desorden…

    31.-Cuando rindas un servicio no te quejes ni hagas resaltar tus esfuerzos: si decides ayudar o trabajar para otro, hazlo con placer sin esperar agradecimientos…

    32.-Si prometes, cumple…

    33.-Si dudas entre hacer o no hacer, arriésgate a hacer, aceptando la posibilidad de fracasar…

    34.-No definas a alguien ni por su raza, ni por su sexo, ni por su profesión, ni por sus ideas, simplemente no lo definas…

    35.-No imites ni copies, absorbe y transforma…

    36.-Deja de pedir y comienza a agradecer…

    37.-No trates de ser todo para alguien: concédele la libertad de buscar en otros lo que tú no puedes darle. Otórgate a ti mismo ese derecho…

    38.-Cuando te hagan una pregunta no te obligues a dar una respuesta: puedes callar, hacer un gesto, o reemplazar la respuesta por otra pregunta…

    39.-Para obtener algo, desea de verdad obtenerlo…

    40.-Trata al otro como quisieras que te trataran a ti…

    41.-Si no quieres cometer errores, nunca lograrás la perfección…

    42.-Si no tienes la fe y la quieres obtener, imítala…

    43.-Cuando alguien esté triunfante delante de un público no vayas a su territorio para contradecirlo con el objeto de robarle ese público.

    44.-Crea tu propio sitio y tu propio público…

    45.-En casa ajena come con moderación.

    46.-A donde te han invitado, llega siempre con un regalo…

    47.-Vive de un dinero ganado por ti mismo con placer…

    48.-No te adornes con ideas ajenas.

    49.-No te fotografíes junto a personajes famosos.

    50.-No te jactes de aventuras amorosas…

    51.-Abandona tus hábitos físicos, sexuales, emocionales y mentales, busca constantemente el cambio…

    52.-No te vanaglories con simpatía de tus debilidades…

    53.-Nunca veas a alguien sólo para llenar tu tiempo…

    54.-En las conversaciones trata de no hablar de ti y ni de acontecimientos temporarios, habla de temas…

    55.-Por lo menos una vez al día siéntate inmóvil, deteniendo tus palabras, tus emociones y deseos: observa tu acontecer interior como si estuvieras sentado en una orilla viendo pasar un río…

    56.-No impidas que tus hijos vayan más lejos que tú, acepta el camino que ellos elijan.

    57.-Nunca les critiques a sus seres amados.

    58.-Déjalos crecer como y hacia donde ellos quieran…

    59.-No te disfraces con personalidades falsas para que te admiren…

    60.-Actúa por el placer de actuar y no por lo que esta acción puede hacerte ganar…

    61.-Obtiene para repartir…

    62.-Si alguien te dice que has cometido una falta y tiene razón, no le discutas y reconoce de inmediato esa falla…

    63.-Nunca des un regalo preocupándote después de lo que el que lo recibió hizo de él…

    64.-Si hablas con personas de las que desconfías, no respires por la boca. Tenla cerrada e inhala sólo por la nariz.

    65.-No respondas “No es verdad”, dile mejor “Yo creo otra cosa”.

     #EnergíaSanadora

  • Ser madre

     Un águila aconsejó a una mujer sobre la mejor forma de criar a los hijos. 

    —¿Estás bien, madre humana? —preguntó el águila.

    ` La mujer, sorprendida, la miró fijamente.

    —Tengo miedo, mi bebé está por nacer y tengo tantas dudas. Quiero darle lo mejor, quiero que su vida sea fácil y bonita, pero ¿Cómo sabré si lo estoy criando bien?

    ` El águila observó a la mujer y se posó cerca de ella.

    —Criar a un hijo no es fácil. No es cuestión de que todo sea cómodo. De hecho, es todo lo contrario. Cuando mis aguiluchos nacen, el nido está lleno de plumas y hierbas suaves, tienen un lugar donde pueden descansar, donde se sienten seguros. Pero cuando llega el momento en que deben aprender a valerse por sí mismos, saco todo eso. Solo dejo las espinas.

    La mujer frunció el ceño, confundida.

    —¿Espinas? ¿Por qué hacerlo tan difícil?

    El águila la miró con seriedad.

    —Porque las espinas incomodan. Y esa incomodidad es necesaria. Ellos no se quedan allí esperando que todo les sea servido. Las espinas los obligan a buscar un mejor lugar, a crecer. La comodidad no les enseña nada.

    La mujer pensó en las palabras del águila, pero aún tenía dudas.

    —¿Y qué haces cuando caen? —preguntó, intrigada.

    El águila respondió:

    —Los lanzo al aire. Al principio, caen porque el viento les gana, pero yo los rescato. Los levanto con mis garras y los lanzo de nuevo. Una y otra vez, hasta que aprenden a volar por sí mismos. ¿Sabes qué hago después? Los dejo ir. Ya no los ayudo más.

    La mujer la miró, con los ojos abiertos, sin entender por completo.

    —No solapo la dependencia —continuó el águila—. «Mis hijos deben aprender a volar, deben aprender a ser fuertes por sí mismos». ‘La vida no se trata de mantenerlos en un nido suave y seguro todo el tiempo. Si los cuido demasiado, si los mantengo en mi nido por siempre, no les estaré enseñando nada’ Ellos deben encontrar su camino, y sé que lo harán.

    La mujer, mirando al águila, respiró profundo.

    —Entonces, ¿debo dejar que mi hijo sufra un poco? —dijo la mujer, un poco temerosa.

    El águila asintió.

    —No es sufrir. Es aprender. Y aunque te duela, madre humana, lo mejor que puedes hacer es enseñarle a ser fuerte. No lo retengas, no lo apapaches todo el tiempo. Hazlo volar.

    La mujer asintió, acarició su vientre, miró al águila por un largo momento y luego, con una sonrisa, se despidió del ave.

    —Gracias, madre águila —susurró, mientras se alejaba—. Tus consejos son muy valiosos.

    La mujer siguió su camino, dispuesta a ser la madre que su hijo necesitaba: firme, valiente, una madre que le  enseñe a volar.

    Si quieres que tu hijo vuele alto… No lo hagas todo por él. No lo mantengas en un nido de comodidad. Las águilas empujan a sus crías fuera del nido, las dejan enfrentarse a las espinas, porque saben que solo así aprenderán a volar.

    No tengas miedo de verlos caer. Tú, como el águila, estarás ahí para levantarlos, pero no los mantengas bajo tu ala por siempre. Déjalos enfrentar el viento. Déjalos aprender a ser fuertes.

    El amor verdadero no es protegerlos de todo, «es enseñarles a volar, aunque eso signifique dejar que caigan»  ‘Déjalos encontrar su camino, incluso si tropiezan en el proceso’.

    Nena Catalán

  • Toma el control

    Quiero traerle hoy en vez de una historia una hermosa reflexión para meditar en ella. Espero sea de su agrado para poder seguir escribiendo reflexiones como estás.

    En las vastas llanuras de América del Norte, donde el cielo se extiende hasta el infinito, el búfalo y la vaca enfrentan las inclemencias del tiempo de manera muy diferente.

    Cuando una tormenta se acerca, la vaca, en su instinto de supervivencia, huye despavorida, alejándose del peligro. Al hacerlo, corre junto con la tormenta, prolongando su sufrimiento y exponiéndose a sus embates durante más tiempo. Cada relámpago que ilumina el horizonte, cada ráfaga de viento helado, la alcanza de lleno, aumentando su angustia.

    El búfalo, en cambio, adopta una estrategia opuesta. Con su imponente presencia, se planta firme y encara la tormenta de frente. No huye, no se esconde. Se adentra en el corazón del temporal, en el ojo del huracán. Y, aunque el camino sea duro y desafiante, lo atraviesa rápidamente, saliendo al otro lado con mayor celeridad. La tormenta pasa sobre él, pero no lo persigue.

    Esta diferencia en el comportamiento animal nos ofrece una poderosa metáfora sobre cómo afrontar los desafíos de la vida.

    La vaca representa la tendencia humana a evitar el dolor y las dificultades. Huimos de los problemas, posponemos las decisiones difíciles y tratamos de escapar de las situaciones que nos generan incomodidad. Sin embargo, al hacerlo, a menudo prolongamos nuestro sufrimiento. El problema, la tormenta, nos sigue, nos alcanza y nos castiga una y otra vez.

    El búfalo, por su parte, nos muestra el camino de la valentía y la determinación. Nos enseña que la mejor manera de superar un obstáculo es enfrentarlo directamente, adentrarnos en él y atravesarlo. Sí, el proceso puede ser doloroso y desafiante, pero es más corto y efectivo a largo plazo. Al encarar nuestros miedos y dificultades, tomamos el control de la situación y acortamos el tiempo de sufrimiento.

    En la vida actual, esta metáfora nos invita a reflexionar sobre nuestra propia forma de afrontar los problemas. ¿Somos como la vaca, que huye y prolonga su sufrimiento, o como el búfalo, que encara la tormenta y la supera con rapidez? La enseñanza es clara:

    Enfrenta tus problemas: No huyas de las dificultades. Afrontarlas directamente es el camino más rápido para superarlas.

    Sé valiente: Se requiere coraje para adentrarse en la tormenta, pero la recompensa es la liberación.

    Toma el control: No dejes que los problemas te dominen. Toma las riendas de la situación y decide cómo vas a superarlos.

    Al igual que el búfalo, podemos elegir encarar las tormentas de la vida con valentía y determinación, sabiendo que, al hacerlo, acortaremos nuestro sufrimiento y saldremos fortalecidos al otro lado.