• DEBES BRILLAR

    Cierto día, el fósforo le dijo a la vela: – Hoy te encenderé.

    -¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad de esas.

    -¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.

    -¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.

    -Entonces respondió el fósforo. Tienes toda la razón!. Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida, yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.

    Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.

    Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo.

    -¡Por favor, enciéndeme! Y así produjo una linda y brillante llama. Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.

    Recuerda que «mar calmado no hace buenos marineros», los mejores son revelados en las aguas agitadas.

    Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que servir y compartir el amor es el combustible que nos mantiene vivos.

    ¡Eres la luz del mundo y tu misión es irradiar esa luz! Nunca olvides que siempre debemos ser luz. Una luz que guíe, no que opaque o ciegue. Brilla, para dar mucho brillo dónde quieras que vayas. Y a quien le moleste que se tape los ojos!💕

    Créditos a quien corresponda.

  • Amor de madre

    Una gata robó un pescado en la cocina, y la dueña de la casa le rompió un palo de escoba encima. La gata cayó al suelo, retorciéndose, tratando de recuperar el aliento.

    — ¡Ladrona! ¡Fuera de mi casa! — gritó la mujer, furiosa.

    La gata no pudo correr porque sus patas le fallaron, así que salió arrastrándose, jadeando, sintiéndose fracasada por no haber conseguido comida para su hijo.

    Se escabulló hasta un callejón oscuro, donde su pequeño maullaba bajito, con su cuerpecito delgado temblando de hambre y mojado por el rocío de la noche. 

    Cuando vio a su madre llegar sin el pescado, sus ojitos inocentes se llenaron de lágrimas.

    — Mamá, dijiste que traerías pescado. ¡Tengo hambre!

    La gata sintió un nudo en la garganta y sonrió forzadamente para que su hijo no notara que estaba herida.

    — Perdóname, mi amor… Pero te prometo que nunca dejaré que mueras de hambre.

    Pero ahora, la casa donde antes vivían estaba cerrada herméticamente. Puertas con llave, ventanas selladas. No había manera de volver. 

    Así que la gata salió arrastrando a su hijo por las aceras de la ciudad, sobre el rocío de la fría noche. No tenía idea de lo que haría a partir de ese momento.

    Sin otra opción, la madre colocó al pequeño debajo de unos cartones en una acera y le dijo:

    — Espérame aquí. Mamá irá a buscar comida.

    Pero cuando se dio la vuelta, lo hizo para siempre. Nunca regresó. No tenía manera de mantenerlo. 

    Cada vez que intentaba robar algo, la golpeaban. Para no morir a golpes, decidió abandonarlo.

    El gatito, débil de hambre, cuando se dio cuenta de que su madre no volvería, llenó sus ojos de lágrimas y empezó a maullar muy bajito, con el maullido de la resignación y el miedo, porque sabía que su fin era seguro.

    Pero entonces, una sombra se acercó. Una mano humana le extendió un pedazo de pan.

    — Eh, pequeñito… ¿Tienes hambre?

    Era un joven de mirada amable. El gatito olfateó el pan y, aunque estaba débil, lo devoró de una sola vez. El joven sonrió y lo llevó a su casa.

    En su nuevo hogar, encontró una cama caliente y comida abundante. Pizza, pan, mortadela, sardina… Todo lo que nunca había tenido. 

    Pero por la noche, cuando todo quedaba en silencio, sus lágrimas mojaban su rostro. Recordaba a su madre, la crueldad que había cometido, y también sentía la esperanza de que regresara.

    Catorce días pasaron, y todas las noches miraba por la ventana, esperando verla. Hasta que un día, mientras caminaba por la calle, escuchó gritos desesperados. 

    Corrió y vio a tres perros atacando a una gata delgada y maltratada.

    — ¡Por favor! — ella suplicaba. — ¡Tengo un hijo que criar!

    El corazón del gatito latió con fuerza. ¿Será mi madre?

    Saltó sobre los perros y luchó con todas sus fuerzas junto a esa gata famélica, hasta que lograron ahuyentarlos. La gata se encogió, asustada. Él la miró a los ojos y la reconoció.

    — ¿Por qué me abandonaste, mamá?

    — Prometiste que no me dejarías morir de hambre y, sin embargo, me dejaste en una acera para morir solo.

    La gata bajó la cabeza.

    — Hijo, confía en mí. Nunca te abandoné.

    El gatito sintió que el suelo desaparecía bajo sus patas y gritó furioso:

    — ¡Mentira! ¡Te fuiste y nunca regresaste! ¡Fueron catorce días, mamá! ¡Catorce días sin ti!

    La gata respiró hondo.

    — Hijo, volví. Pero ya no estabas ahí. Vi cómo un humano te llevaba. Vi que te dio todo lo que yo no podía darte.

    Miró hacia el árbol frente a la casa del joven y dijo:

    — Los seguí. Y desde entonces, todas las noches subí ahí y te observé por la ventana. Catorce veces subí al árbol. Catorce veces te vi bien.

    Furioso, el gatito se dio la vuelta y dijo:

    — ¡Mentirosa!

    Y regresó a casa, dejando a su madre en la calle. Pero al llegar, una tórtola se posó en la rama del árbol frente a su casa. Subió para atraparla y, al llegar a la primera rama, vio algo que le rompió el corazón. 

    Había catorce marcas de las garras de su madre. Durante los catorce días que había estado ahí, ella pasó todas las noches en el árbol, observándolo por la ventana, viéndolo comer bien y recibir cariño del humano.

    El gatito corrió de regreso y abrazó a su madre, perdonándola.

    Por primera vez, la vio llorar. Nunca antes lo había hecho. La golpeaban mientras intentaba robar comida para él, pero nunca lloraba. 

    Pero esta vez, sus lágrimas eran de amor y gratitud al ver a su hijo sano y bien cuidado.

    Nunca dudes del amor de una madre. Nunca dudes cuando ella te diga que te ama. Porque, después de Dios, el único amor que se asemeja y se acerca al suyo es el de una madre.

    Comparte esta historia. Muchos hijos necesitan escucharla. Muchas madres merecen ser reconocidas.

    De la red

  • Y se fue…

    En una colonia de hormigas vivía una pequeña hormiga. No era la más fuerte, la más rápida ni la más inteligente, pero tenía una cualidad que la hacía diferente a las demás: no podía ignorar el sufrimiento de los otros.

    Si alguien se cansaba y no podía llevar un grano hasta el hormiguero, ella lo ayudaba. Si alguien tropezaba y caía, ella ayudaba a levantarse. Si la lluvia desmoronaba los túneles, ella era la primera en empezar a repararlos.

    Las hormigas se acostumbraron a que siempre estuviera cerca. Sabían que si dejaban caer una carga, ella la recogería; si no terminaban un pasadizo, ella lo terminaría; si se cansaban, ella les prestaría su hombro.

    Y nadie le preguntaba:  ¿no estará ella misma cansada?

    Día tras día, no solo cumplía con su trabajo, sino también con el de los demás. Nunca tenía tiempo para descansar, pero se convencía a sí misma:  «Sólo un poco más, y todo mejorará. Lo importante es que los demás lo tengan más fácil».

    Un día, la hormiga notó que sus patas comenzaban a temblar por el cansancio. No podía llevar granos tan rápido como antes. Le dolía la espalda, y sus ojos miraban cansados el interminable flujo de trabajo.

    Pero ella  no podía fallarle  al hormiguero.

    Cuando una hormiga le pidió ayuda con una carga, reunió sus últimas fuerzas y aceptó.

    Cuando una segunda hormiga le pidió terminar su trabajo, apretó los dientes y asintió.

    Cuando una tercera hormiga dijo:  «Siempre tienes tiempo, ayúdame también», una vez más no se negó.

    Y entonces ocurrió lo que ni ella misma esperaba.

    Bajo el peso de todas las preocupaciones que llevaba encima,  sus patas se doblaron.

    Cayó al suelo.

    Las hormigas que pasaban apuradas ni siquiera se dieron cuenta de que ya no se movía.

    Al principio, nadie le dio importancia a su ausencia.

    — Seguro que pronto regresará, — decían.

    Pero pasaron los días, y el trabajo empeoró. Ya nadie recogía los granos caídos. Nadie prestaba su hombro. Nadie ayudaba con los túneles.

    La situación en el hormiguero se volvió más difícil.

    Una tras otra, las hormigas empezaron a entender:  ella hacía mucho más de lo que pensaban.

    La buscaron, pero no estaba en ninguna parte.

    Y solo una vieja hormiga que vivía al borde del hormiguero, un día suspiró y dijo:

    — Se fue. Comprendió que nadie apreciaba su trabajo hasta que desapareció.

    — ¡¿Pero por qué no nos dijo?! — se indignaron las hormigas.

    — ¿Acaso alguna vez le preguntaron cómo se sentía?

    Las hormigas guardaron silencio.

    Entendieron:  daban por sentado su ayuda.

    Ella siempre estuvo allí, siempre apoyando, siempre sacando de situaciones difíciles. Y cuando a ella misma le costó,  nadie siquiera se dio cuenta.

    ❗Moral:

    En cada sociedad hay personas que llevan sobre sí las preocupaciones de los demás.

    Ellos ayudan, apoyan, trabajan más que todos. Dicen «sí» incluso cuando están cansados. Hacen que la vida de otros sea más fácil, pero  nadie les pregunta cómo están ellos.

    Y un día, cuando sus fuerzas se agoten y se vayan, solo entonces los demás comprenderán  lo importantes que fueron.

    ¿Pero habrá oportunidad de que vuelvan?

    Si en tu vida hay alguien así, no esperes hasta que caiga. Pregúntale ahora: „¿Te cuesta? ¿Puedo ayudarte?“

    Algún día esa pregunta puede cambiarlo todo.

  • DAME TIEMPO

    DAME TIEMPO

    (Por Fernando D’Sandi )

    No me apures… No me mires con esos ojos que reclaman mi regreso, como si yo pudiera deshacer este incendio con una cubeta de voluntad. No es flojera. No es drama. No es victimismo. Es duelo…

     Y el duelo no se mide en días… se mide en respiraciones que arden.

    Dame tiempo… Y no para ser quien era, sino para descubrir quién soy ahora con este hueco adentro.

    Estoy aprendiendo a caminar con un peso invisible, tratando de ordenar el alma mientras el mundo me exige que llegue a tiempo. ¿A tiempo a dónde? Si ni siquiera sé si quiero ir.

    No me pongas fecha de caducidad al llanto.

    No me preguntes “¿aún sigues así?” como si el amor tuviera un botón de apagar.

    No hay un “ya debería”, porque cada quien carga su duelo con el cuerpo que tiene, y yo… yo a veces no puedo con el mío.

    Dame tiempo para entender que la vida sigue sin sentir que eso es traición.

    Dame tiempo para volver a reír sin que la culpa me jale del alma.

    Dame tiempo para que mi silencio no te incomode, sino te enseñe a estar conmigo sin tener que arreglarme.

    No quiero que me entiendas, quiero que me respetes.

    No necesito alguien que me rescate, necesito alguien que se siente a mi lado en este naufragio, sin cronómetro, sin juicio, sin prisa.

    Y si un día vuelvo a florecer —porque volveré, de alguna forma— quiero que sepas que no fue gracias a tu apuro, sino a tu paciencia. Así que no me salves. Solo… dame tiempo.

  • El AMOR, si.

    Hay hombres que piensan que la paternidad dura lo que dura un coito. Y mujeres que creen que la maternidad se resume en haber parido. Pero engendrar no es lo mismo que criar, y parir no es lo mismo que quedarse.

    Ser padre no es dejar un apellido:

    Es quedarse a pronunciar el nombre del hijo cuando nadie más lo hace. Es estar presente, aun cuando duela, aun cuando canse.

    Es ser refugio, no sombra. Ser guía, no espectador.

    Ser madre no es dar a luz:

    Es alumbrar el camino con tu amor. Es amar en días oscuros, sin garantía de gratitud.

    Es aprender a soltar sin dejar de cuidar, y sostener sin asfixiar.

    Hay quienes confunden biología con responsabilidad, y presencia física con compromiso emocional.

    Pero la verdad es otra:

    Los hijos no necesitan héroes perfectos, necesitan adultos presentes que no huyan cuando el mundo se pone difícil.

    La sangre no hace familia.

    El amor, sí.

    El tiempo, sí.

    La intención, sí.

    Porque criar no es un acto de un día, es una elección que se repite cada amanecer.

    Tomado de la red.

  • Hermana del Alma

    «Hermana de alma»

    Es esa amiga que no necesita compartir la misma sangre para ser tu familia elegida, esa que conecta contigo de una forma que trasciende el tiempo, el espacio y la distancia. Una hermana de alma es la que te escucha sin juzgar, te comprende sin necesidad de soluciones, y sabe exactamente las palabras que necesitas o el gesto que te levanta el ánimo. Comparte contigo momentos pequeños, como postres o secretos, y siempre te recuerda lo hermosa que eres, tanto por dentro como por fuera. Es la amiga que, no importa cuánto tiempo pase o qué tan lejos estén, siempre estará ahí, en espíritu y corazón, porque su vínculo contigo es eterno

  • Sobre el dolor y mas.

    Esto no te lo dirá nadie… y si es tu caso, te prometo que te servirá…

    Quiero aclarar que lo que viene, no tiene mucho que ver con los problemas reales, los cuales deben ser atendidos, sino más bien, con aquellos que nos inventamos y nos generan mucho dolor.

    Si tengo algo bueno que enseñar, lo enseñaré… si espero a estar listo para enseñar, esperaré toda la vida…

    Vamos !!…

    ¿Has pasado mucho tiempo soportando tu dolor?, ¿toda la vida quizás?, ¿será que se basa en problemas que no están ocurriendo?, ¿imaginarios tal vez?, ¿dolores del pasado que deprimen?, ¿miedo al futuro que intimida?… ¿nada que ahora exista?

    Si es tu caso, fíjate bien…

    No sería extraño que hayas consumido parte de tu vida tratando de quitarte esos dolores… quizás te has tratado clínicamente, con psiquiatría, psicología u otra alternativa similar… quizás has probado con medicina alternativa… …quizás has seguido un camino espiritual, o más de uno…

    …si es así, por tu dolor, es muy probable que te hayas embarcado en una batalla campal, larga y agotadora, una batalla que nunca rinde frutos, o quizás los rinde, pero solo por un tiempo …

    …atención…

    …la lucha prolongada contra el dolor, aunque sea por nuestro bien, puede llegar a colocarlo como un objetivo de vida… si es así, sin tu quererlo, lo has puesto en el centro de tu vida, tal vez como lo más importante a lograr, con la esperanza de que luego de alcanzar ese alivio que esperas, puedas vivir la vida como te gustaría, en un futuro que anhelas …no obstante, al contrario de lo que puedas creer, con la misma lucha y la atención que le das, incluso con ayuda clínica, lo has transformado en algo fuerte, rígido, con raíces profundas, tanto, que siempre vuelves a tu dolor, porque ya representa tu base y tu esencia…

    …el dolor prolongando también se fortalece por una razón hormonal… tus células se han expuesto tanto tiempo a las hormonas del estrés, que se han vuelto adictas a ellas… si por alguna razón no las tienen disponibles, generarán dolores DE LA NADA, exigiendo pensamientos a tu mente, que ayuden a suplir sus urgentes necesidades de esa drogas… como un drogadicto, odian cualquier período de abstinencia.

    Lamento que hasta acá el panorama no sea muy alentador… pero existen muchas cosas por hacer para mejorar… grábate la siguiente frase:

    «Donde pones tu atención pones tu energía»

    De forma indirecta, le has dado tanta atención al dolor, que este se ha energizado… este es un hecho empírico, demostrado incluso con la física cuántica… el observador de un electrón, influye en su comportamiento, solo por el acto de observar y poner su atención en él… hay energía que influye en ello… y si emoción y pensamiento son energía en movimiento, no te extrañe que tu prolongada atencion en este par, los haya influido…

    …otra frase interesante…

    …»Cuando miras largo tiempo el abismo, el abismo te devuelve la mirada»…

    …eso sucede cuando te centras tanto en algo… aquello que observas de forma prolongada, termina por atraparte…

    … …nos hemos enfocado tanto en destruir lo que no deseamos, nuestro dolor, que lo hemos hecho crecer, y nos atrapa una y otra vez… … …mira esta otra frase simpática:

    «No es lo mismo querer eliminar la guerra que querer construir la paz»…

    No te obsesiones por destruir aquello que no deseas de ti… desde ese plano todo es costoso, duro, agotador… y con un resultado poco alentador… te cuento algo mil veces mejor… construye!!!… repito, ¡¡ construye  !!… crea, camina un camino de esperanza diaria, logra pequeños pasos en la dirección correcta, la positiva, y ve obteniendo pequeños triunfos… esos pequeños triunfos, serán gotas de esperanza que te animarán a seguir… … mira otra frase linda…

    «Actúa como quieres ser, y pronto serás como actuas»…

    Dicho todo lo anterior… Ok, tomemos un compromiso de palabra… seguiremos con nuestras terapias o lo que estemos haciendo para sanar (no suspendas nada, clínico o no)… pero, a partir de hoy, construiremos amor por nosotros mismos… le daremos toda nuestra atención y energia a ello, porque con ello crecerá… nos merecemos ese amor… nos merecemos felicidad… nos cuidamos, nos queremos a más no poder, nos abrazamos… ¡¡ literalmente nos abrazamos !!… nos perdonamos por el auto daño, nos aceptamos con nuestra hermosa vulnerabilidad, la cual nos hace humanos… dedicamos tiempo a imaginar nuestra libertad, sonreímos al soñar despiertos cómo nuestras jaulas mentales se transforman en cenizas… nos acostamos y nos levantamos rezando el inmenso amor por nosotros mismos… pensamos en ello, escribimos sobre ello, vivimos en ello… ponemos ambas manos en el pecho, cerramos los ojos y visualizamos a nuestro niño interior… secamos sus lágrimas, tomamos con cariño su carita y le decimos que esté tranquilo, que todo acabó, que llego el momento de que sea feliz, que abra su ventana y sienta la brisa, que sienta el olor de la hierba mojada, que vea el sol, el cielo azul, porque las nubes negras ya se fueron, que ahora es el momento de la felicidad… y a partir de ahora, deja a tu niño siempre con una sonrisa… … salimos a darnos gustos, hacemos lo que tanto disfrutamos, nos damos tiempo para abrazar a nuestra familia, agradecemos a Dios por tenerla, escuchamos con atención a nuestros hijos, nos interesamos en sus hazañas, respondemos con esmero sus dudas… hacemos nuestro trabajo de la mejor forma posible, y con el mejor de los gustos (lo que se pueda), llenamos nuestros días solo con amor a nosotros y a los demás… ayudamos al pobre, empatizamos con el dolor ajeno, tendemos una mano para ayudar a otros con su negro dolor… recostados en el pasto disfrutamos del cielo lleno de estrellas y sonreímos por haber descubierto el camino correcto, pensamos tanto en nuestro amor, que literalmente nuestro corazón sonríe, se emociona, salta, se exita, nos envuelve con su energía, por este pensamiento positivo y lleno de vida… no nos quejamos de nada, hacemos lo que haya que hacer, cuando haya que hacerlo y punto…. …comemos lo que nos gusta, comemos rico, hacemos nuestro hobbie favorito, nos vestimos como queremos, disfrutamos de buena música, salimos con amigos, escuchamos con atención sus historias, y nosotros contamos lo positivo de las nuestras (jamás hablamos de nuestros pesares), etc. etc. etc. etc. etc. etc. etc… 

    Notarás que el párrafo anterior, es el más largo de este escrito, porque construye… todo los anteriores hablan de la destrucción, y de como se ha creado… … creo que ya vas entiendiendo…

    …¿bueno y nuestro dolor?… ¿qué hacemos con él?, porque esta por ahí mirando, de seguro lo sientes… pues que haga lo que quiera, no es nuestro problema… nosotros estamos en algo más importante, nos estamos dando lo que merecemos, nos estamos dando lo que lo que siempre debimos darnos… amor… nos estamos amando sin medida… …evidentemente a él no le parecerá, querrá volver al sitio al cual se acostumbró y que según él, le corresponde por su basta experiencia… quiere volver a ser el centro de tu vida…  quiere recuperar su trono de rey… insistirá en ello, te jalará, una otra vez… bien, pues que lo haga… nosotros estamos en algo mejor… nosotros estamos construyendo amor…

    …pon aprueba todo esto, porque a esto vinimos a esta vida…

    …me despido con mucho cariño y con mi deseo favorito para Uds… 

    «medita y practica la atención plena, como si tu vida dependiera de ello… y hazlo hasta que la muerte se robe tu último aliento»

    …una última cosa para humanizar todo esto y para poner las cosas donde corresponde… yo también tengo problemas imaginarios que me generan dolor, y evidentemente también tengo problemas reales, como todos… soy un humilde aprendiz inconforme, que busca seguir sanando como tu.

    Mucho amor para ti…

    Con cariño, Eladio.

    Carpe Diem.

  • Me hago el muerto

    Transcribo aquí lo que alguien me dijo una vez: «Si quiere pelea…, yo me hago el muerto».

    Helen Mirren dijo una vez: «Antes de discutir con alguien, pregúntate, ¿es esa persona lo suficientemente madura mentalmente como para entender el concepto de una perspectiva diferente?» Porque si no, no tiene sentido.

    No todos los argumentos valen tu energía. A veces, no importa lo claramente que te expreses, la otra persona no está escuchando para entender—están escuchando para reaccionar. Están atrapados en su propia perspectiva, no están dispuestos a considerar otro punto de vista, y comprometerte con ellos solo te agota.

    Hay una diferencia entre una discusión saludable y un debate sin sentido. Una conversación con alguien que es de mente abierta, que valora el crecimiento y la comprensión, puede ser esclarecedora, incluso si no estás de acuerdo. ¿Pero tratando de razonar con alguien que se niega a ver más allá de sus propias creencias? Eso es como hablar con una pared. No importa cuánta lógica o verdad presentes, retorcerán, desviarán o descartarán tus palabras, no porque estés equivocado, sino porque no están dispuestos a ver ningún otro lado.

    La madurez no se trata de quién gana una discusión, sino de saber cuando una discusión no vale la pena. Es darse cuenta de que tu paz es más valiosa que demostrarle algo a alguien que ya ha decidido que no va a cambiar de opinión. No todas las batallas necesitan ser peleadas. No toda persona merece tu explicación.

    A veces, lo mejor que puedes hacer es alejarte, no porque no tengas nada que decir, sino porque reconoces que algunas personas no están listas para escuchar. Y esa no es una carga que tengas que llevar.

    De la RED

  • Sabiduría

    Palabras de sabiduría para desafiar tu mente

    1. «Una persona que nunca cometió un error nunca intentó nada de nuevo. «— Albert Einstein

    2. «Nunca discutas con un tonto; los espectadores pueden notar la diferencia. «— Mark Twain

    3. «Un león nunca pierde el sueño por las opiniones de las ovejas».- Desconocido

    4. «Las cadenas que te unen a menudo son las que se niegan a romperse. ”—Jean-Paul Sartre

    5. o “Si quieres conocer el verdadero carácter de alguien, observa cómo trata a aquellos que no pueden hacer nada por él. ”—Jones Wolfgang von Goethe

    6. o «No todo lo que enfrentamos puede ser cambiado, pero nada puede ser cambiado hasta que se enfrenta. ”—— James Baldwin

    7. «Tu silencio no te protegerá. «——Audre Lorde

    8. o «Algunas personas son pobres, todo lo que tienen es dinero. ”— Patrick Meagher

    9. o “Un hombre sabio escucha más de lo que habla. ”—Proverbios

    10. o «Nunca dejes que la lealtad se convierta en esclavitud. ”—Desconocido

    11. «La mayoría de la gente muere a los 25 y es enterrada a los 75. «— Benjamín Franklin

    12. las «Las peores prisiones son las que construimos en nuestras mentes. ”—Desconocido

    13. o «Las personas más fuertes no son aquellas que muestran fuerza frente a nosotros, sino aquellas que luchan batallas de las que no sabemos nada. ”—Desconocido

    14. o «Antes de curar a alguien, pregúntale si están dispuestos a renunciar a lo que les enfermó. «— Hipócrates 

    15. «La soledad es peligrosa. Es adictivo. Una vez que veas lo tranquilo que es, ya no quieres tratar con la gente. «—Desconocido

    16. «El hombre que hace una pregunta es tonto por un minuto, el hombre que no pregunta es tonto por el resto de su vida. «—Confucio

    17. «Ten cuidado cuando sigas ciegamente a las masas. A veces la ‘M’ está en silencio. «—Desconocido

    18. el «Cuanto más sabes, más te das cuenta de que no sabes. «—Aristóteles

    19. «Si quieres entender la mente de alguien, escucha sus palabras. Si quieres entender tu corazón, mira tus acciones. «—Desconocido

    20. «No te ahogas cayendo al agua. Se ahoga solo quedándose allí. «—Desconocido.

    21. Yo nunca pierdo, o gano, o aprendo.—Desconocido.

    22. Los vacíos tienden a llenarse. —Desconocido.

    23. «Si usted  siempre hace lo que ha hecho siempre, siempre obtendrá lo que siempre a obtenido. Si lo que está haciendo no funciona haga otra cosa».—John Grinder.

    24. «La virtud está en medio» o más precisamente: “la virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto” — Aristóteles.

    De la RED

  • Otros Maestros

    ( ENSAYO ) Los mejores maestros de la vida. Un corazón roto, los bolsillos vacíos, el fracaso, la soledad y el tiempo.

    ¿Por qué son tan importantes? 

    ¿Qué nos enseñan y cómo ayudan a mejorar la vida humana? 

    ¿Por qué si se persiven como cosas negativas, la enseñanza final pueda ser tan positiva para el ser humano que sepa interpretar sus lecciones?

    ***. Los Mejores Maestros de la Vida

    Un corazón roto, los bolsillos vacíos, el fracaso, la soledad y el tiempo

    La vida es una escuela sin paredes ni horarios fijos, donde las lecciones más importantes no se aprenden en libros, sino a través de la experiencia directa. 

    Entre sus mejores maestros se encuentran el dolor de un corazón roto, la carencia material, la derrota, la soledad y el paso del tiempo. 

    A primera vista, todos ellos parecen adversarios despiadados, sombras que se ciernen sobre la existencia humana. Sin embargo, para quien sabe interpretarlos, cada uno de estos elementos se convierte en un guía invaluable hacia el crecimiento, la resiliencia y la sabiduría.

    El corazón roto: La lección del amor y la fortaleza

    El amor es una de las fuerzas más poderosas que mueven al ser humano, pero cuando se fractura, cuando la pérdida, la traición o la separación irrumpen en la vida, el dolor puede parecer insoportable. 

    Sin embargo, un corazón roto no es más que un corazón que ha amado intensamente y, por lo tanto, ha vivido plenamente.

    El sufrimiento emocional enseña a valorar lo verdadero, a distinguir entre lo efímero y lo esencial. Además, fortalece el carácter y nos ayuda a conocernos mejor.

     Con el tiempo, quien ha sanado un corazón roto desarrolla una nueva capacidad para amar, una visión más clara de lo que realmente necesita y un respeto más profundo por sí mismo. 

    Es en este proceso de reconstrucción donde la enseñanza se vuelve invaluable: el dolor del amor perdido se transforma en el arte de amar mejor.

    Los bolsillos vacíos: La lección de la gratitud y la creatividad

    La falta de dinero es un maestro cruel, pero sumamente eficaz. Enseña humildad a quien se creía invulnerable y obliga a desarrollar habilidades que, en tiempos de abundancia, podrían permanecer dormidas. Cuando los recursos escasean, la creatividad florece. 

    Se aprende a valorar lo que antes se daba por sentado, a ser ingenioso, a trabajar con lo que se tiene en lugar de lamentarse por lo que falta.

    Más allá de la carencia material, la pobreza es también una prueba de carácter. 

    ¿Nos rendiremos o buscaremos soluciones? ¿Nos volveremos amargos o aprenderemos a ser agradecidos por lo poco que tenemos? 

    Quien ha pasado por la prueba de los bolsillos vacíos y ha salido adelante, rara vez vuelve a subestimar el valor del esfuerzo, del ahorro y de la generosidad.

    El fracaso: La lección de la persistencia y la reinvención

    Desde la infancia, la sociedad enseña a temer el fracaso como si fuera un enemigo, cuando en realidad es un maestro implacable pero justo. Fallar duele, avergüenza y frustra, pero también ofrece la oportunidad más valiosa de todas: la de aprender y mejorar.

    Cada caída trae consigo una enseñanza sobre lo que no funcionó, lo que se debe mejorar y cómo replantear el camino. 

    Los grandes inventores, artistas y emprendedores del mundo han construido su éxito sobre montañas de fracasos. 

    Thomas Edison falló más de mil veces antes de dar con la bombilla eléctrica; Walt Disney fue rechazado múltiples veces antes de crear su imperio. 

    Lo que diferencia a quienes triunfan de quienes se rinden no es la ausencia de fracasos, sino la capacidad de aprender de ellos y seguir adelante con más fuerza.

    La soledad: La lección del autoconocimiento y la independencia

    La sociedad nos inculca el miedo a la soledad, como si estar solo fuera sinónimo de fracaso o vacío.

    Sin embargo, la soledad no es un castigo, sino una oportunidad de conexión con uno mismo. Quien aprende a estar solo nunca dependerá de otros para sentirse completo.

    El aislamiento permite el autoconocimiento, la introspección y el desarrollo de una fortaleza interna que no se consigue en la compañía constante. Los grandes pensadores y creadores de la historia han buscado la soledad para escribir, meditar y descubrir verdades profundas. Aprender a disfrutar de la propia compañía es una lección que solo la soledad puede enseñar.

    El tiempo: La lección de la paciencia y la transformación

    El tiempo es el maestro supremo, aquel que pone todas las cosas en perspectiva. Nos enseña que el dolor pasa, que las heridas sanan, que lo que hoy parece insoportable, mañana será solo un recuerdo. 

    También nos muestra que nada es eterno, que la vida es cambio constante y que resistirse a ese cambio solo genera sufrimiento.

    Con el tiempo aprendemos a aceptar, a perdonar, a dejar ir. Nos damos cuenta de que cada experiencia, buena o mala, tenía un propósito, y que todo lo que alguna vez nos hizo daño contribuyó a nuestra evolución.

    Conclusión: De lo negativo a lo positivo

    Si estos maestros de la vida parecen oscuros y crueles es porque su enseñanza no es inmediata ni sencilla. Requieren paciencia, reflexión y una mente abierta para extraer su sabiduría. 

    Un corazón roto puede llevar a un amor más maduro, la pobreza a una mayor gratitud, el fracaso a la perseverancia, la soledad al autoconocimiento y el tiempo a la aceptación.

    Al final, lo que define a una persona no es lo que le ha sucedido, sino cómo ha interpretado sus experiencias. 

    Aquellos que saben leer entre las líneas del sufrimiento descubren que los momentos más duros no fueron castigos, sino regalos disfrazados, enviados por los maestros más exigentes, pero también los más sabios de la vida.

    Su amigo de siempre.

    Un Ser común y silvestre.

    John F Bisner Ureña 

    «No dejes para mañana lo que puedas escribir y leer hoy,

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