• Mamá…

    “Cuando ya no escuches ni te importe lo que digo, seguiré siendo tu mamá… Cuando dices que soy exagerada, sigo siendo tu mamá… 

    Cuando respondes, te quejas y discutes, sigo siendo tu mamá… Cuando te imaginas que sabes más que yo, sigo siendo tu mamá… Cuando te vas y te llevas un pedazo de mi corazón contigo, sigo siendo tu mamá… 

    Y te seguiré amando tanto como el primer día que te tuve en mis brazos, porque sigo siendo tu mamá… Y oraré por ti y me aseguraré de que tus alas sean lo suficientemente fuertes para volar.  Siempre querré lo mejor para ti y sacrificaré mis planes por los tuyos porque, sigo siendo tu mamá… 

    Siempre tendré espacio para ti y un abrazo para darte la bienvenida.  Sigo siendo tu mamá… Y hasta mi último aliento, seguiré llevando tu amor conmigo.  Y agradeceré a Dios todos los días por el privilegio y la alegría de ser llamada TU MAMÁ. 

    Por siempre y para siempre te amo con mi vida. ¡¡¡Dios te bendiga!!! No te prometo que estaré el resto de tu vida, pero si estaré por el resto de la mía y mientras tenga el privilegio de estar, siempre contarás conmigo porque siempre seré TU MAMÁ.”🦋

  • AMISTAD ES…

    ¿QUÉ ES LA AMISTAD?

    Preguntó la vida.

    – Es no hablar mal de esa persona aunque no esté, dijo la lealtad.

    – Es permanecer con ella en las buenas y en las malas, dijo el apego.

    – Es hablar claro y sin mentiras, dijo la sinceridad.

    – Es reír con esa persona y llorar con ella cuando se necesita, dijo el sentimiento.

    – Es saber que está contigo hasta con los ojos cerrados, dijo la confianza.

    – Es extrañarle cuando sale de viaje y alegrarte de volverla a ver, menciono la memoria.

    – Es desear que siempre esté bien, dijo el deseo.

    – Es darle la mano cuando la necesita, dijo el apoyo.

    – Es respirar profundo cuando se equivoca, dijo la paciencia.

    – Es no conocerme, dijo la traición.

    – Es saber perdonar cuando es necesario, dijo el perdón.

    – Es la que está contigo en vida, te acompaña en tu enfermedad, y llora en tu agonía, dijo la muerte.

    – Es querernos, contestó el amor.

    ¡Eso y más, mucho más… es la Amistad!

    • “Mi mejor amigo es el que saca lo mejor de mí mismo.”

    • “Los amigos son la familia que eliges.”

    • “La amistad sólo puede tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad.”

    “La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos personas es cómodo. El verdadero amigo ama en todo momento y es un hermano en tiempos de angustia.”

    ~Créditos a su autor

  • No se puede trascender el dolor, sin la presencia del dolor.

    El dolor emocional, es inconsciencia pura dentro del círculo vicioso de emoción y pensamiento… la emoción busca el pensamiento para justificarse, y el pensamiento busca el equilibro doloroso con la emoción, en un ciclo nefasto que pareciera interminable.

    En medio de ese dolor, sacar a la luz la consciencia, el testigo que todo lo ve y que en nada interviene, es el trabajo más poderoso que existe para liberar el Ser, y colocarlo sobre el condicionamiento, especialmente aquel que conlleva sufrimiento.

    Para trascender el dolor, se necesita de él, sin importar la forma que tome… desánimo, tristeza, ansiedad, ira, pánico, resentimiento, etc. …se necesita además, disposición, perseverancia, paciencia y aunque resulte difícil de aceptar, MUCHAS OPORTUNIDADES para pararse frente a él, EN CONSCIENCIA, hasta llegar a verlo con seguridad y confianza, como una energía que, aunque duele, es descabezada, herrante y está condenada a morir de inanición, por escasez de pensamiento… se trata de un trabajo serio, aspero, que requiere de práctica, voluntad y mucha disposición.

    Bienaventuradas las personas que sufren, porque guardan dentro de sí un inmenso tesoro… la oportunidad de mirar el dolor a la cara, las veces que sean necesarias, para poder trascenderlo y devolverlo al lugar donde pertenece… y es que el dolor, es la puerta más directa a la libertad del Ser y a la disolución de todas las jaulas mentales… este es el mayor logro que puede alcanzar el ser humano…

    …quien ha tocado el infierno con sus pies, puede alcanzar el cielo con sus manos.

    Con cariño Eladio.

    ******************

    Natharet Castellanos

  • Razón de vida

    Una joven fue evacuada durante el bloqueo de Leningrado. Su nombre era Lenochka.

    Era tan pequeña y estaba tan agotada que olvidó su apellido. Perdió a toda su familia: su madre, su abuela, su hermano mayor…

    Un grupo especial de chicas delgadas la encontró durante un terrible invierno de bloqueo. Iban de apartamento en apartamento buscando niños cuyos padres habían muerto o estaban muriendo…

    Así descubrieron a Lenochka y lograron evacuarla. No recordaba haber sido transportada a través del hielo con otros niños en un camión tembloroso, ni haber llegado al orfanato; era muy pequeña. Como una niña flaca con una cabeza grande y un cuello delgado…

    Se negaba a comer. Esto es lo que sucede con la distrofia. Estaba acostada en la cama o sentada en una silla junto a la estufa. Era buena. Y mantenía la boca cerrada. Pensaron que Lenochka iba a morir. Muchos niños ya habían muerto durante la evacuación; estaban exhaustos y sin fuerzas para vivir, comer, jugar… ni respirar.

    Kolja, un tío veinteañero, veterano de guerra, hizo una muñeca con una toalla vieja. La cortó, la dobló, la cosió y resultó ser una muñeca fea. Dibujó los ojos y la boca con un lápiz permanente. Y una nariz torcida.

    Le dio la muñeca a Lenochka y le dijo seriamente:

    «Tú, Lenochka, cuida de la muñeca. ¡Enséñale a comer bien! Ahora eres una mamá muñeca. Cuídala bien.»

    Lenochka de repente agarró la muñeca y la abrazó. Comenzó a acariciarla con sus delicadas manos. Durante la cena le dio papilla a la muñeca y le susurró algo cariñoso. Finalmente, ella misma comió gachas y un trozo de pan…

    Luego, Lenochka se acostó con la muñeca, la calentó junto a la estufa, la abrazó y se preocupó por ella. Por una muñeca fea hecha de una servilleta vieja, con los ojos pintados…

    La niña sobrevivió. Porque no podía morir; tenía que cuidar de la muñeca, ¿sabes?

    Tener alguien a quien cuidar es una razón enorme para vivir en algunas personas.

    Para personas como esta niña, que luego se convirtió en enfermera y vivió una larga vida. Sus manos siempre estaban ocupadas. Y tenía un corazón lleno de amor.

    Tomado de la Red.

  • AMAR y ser amado

    crónicas para el despertar de la consciencia. 

    El santuario de las hormigas

    Se me antoja que muchas personas, tal vez la mayoría desgraciadamente, van por el mundo como las hojas en otoño cuando las mueve el viento, hormigas con su carga a cuestas, tratando que no las sorprenda un temporal terrible e imaginario que nunca llega, o que cuando llega resulta que no es como habían imaginado.

    ¿Dónde irán tantas personas con sus vestimentas estrafalarias y sus marcas exclusivas en la piel, como si temieran que un tsunami, un diluvio universal o un terremoto apilara todos los cadáveres en una montaña y tuvieran que ser identificados por un juez implacable, que los condenará o salvará, según su concordancia con la moda?

    ¿Dónde habrán aprendido el egoísmo y el egocentrismo con tan alta nota en los exámenes?

    ¿Cuál será el motivo del empeño en sufrir tanto?

    Porque a veces, siento bajo las plantas de mis pies, el río subterráneo de personas que despiertan de un largo sueño, almas que se han cansado del letargo doloroso de tantos milenios y son los que no dicen ni una palabra, los que se han cansado de batallas estériles y separaciones involuntarias.

    Y uno los ve, fluyendo en el río de la existencia, más interesados en ser que en tener, gozando del misterio de estar vivos, confiados en la vida, comprometidos con su esencia y persistiendo en sincronizar corazones para que la paz los alcance.

    Entonces todas las piezas del puzzle parecen encajar de repente y con cada cabo que atamos, crece una ola de regocijo en el mar de la confianza.

    Recuerdo cuando era pequeño que me encantaba el tiro al blanco en el circo que llegaba al pueblo.

    Primer disparo y la ilusión de la separación vuela por los aires. Somos hojas del mismo árbol y lo que hago por mí, lo hago por todos, a la vez lo que hago por todos, lo hago por mí.

    Segunda munición y despedazo los apegos a las cosas materiales, a todo lo manifestado, incluyendo el apego a la existencia en este plano denso y limitado.

    Tercer disparo y le vuelo la cabeza al miedo que me mantiene esclavizado, miedo al cambio y al más grande de todos, absurdo y descabellado: el miedo a la muerte, que es líder indiscutible de esa manada de sombras enjauladas.

    De repente me doy cuenta que cada amanecer es una nueva oportunidad para amar y ser amado, no desde la niebla que a veces envuelve esa palabra, sino desde la claridad para ser paciente con mis seres queridos, aceptarlos, ser compasivo, respetarlos profundamente y si me dejan, sólo si me lo permiten, darles ese golpecito en el hombro y decirles:

    Estás dormido hijo, padre, hermana, pareja, amigo, desconocido. Detente por un segundo y respira, detente y percibe el aliento de la vida, detente y observa, detén la loca carrera del ego y haz un pequeño espacio en tu zurrón, para que anide la semilla de la consciencia, allí donde reside el santuario de las hormigas.

    Créditos a quien corresponda. Tomado de la Red.

  • Pérdida y duelo

    16 cosas que nadie te dice sobre perder a un ser querido y que deberías saber:

    1. Jamás superas la pérdida. Aprendes a vivir con el dolor, pero recordando siempre los buenos momentos.

    2. A veces no te agradarán los comentarios que te hagan, pero solo tratan de ayudarte. Nadie quiere hacerte daño.

    3. Puede que tus seres queridos se unan, como jamás lo habían hecho antes.

    4. No necesitarás que te digan que quienes se marchan se quedan en tu corazón. Lo sentirás así siempre.

    5. Jamás sabrás qué habría pasado si todo hubiese sido diferente, pero a veces es mejor que las cosas pasen tal como sucedieron.

    6. Nadie te culpa, ni nadie lo hará.

    7. Es normal que sientas ira o quieras estar a solas por algunos momentos, tienes todo el derecho a hacerlo.

    8. Quédate con los momentos que viviste junto a esa persona y deja de enfocarte en los “si hubiese tenido más tiempo”.

    9. La muerte saca a la luz lo mejor de las personas, o lo peor, y hay que estar preparado para ambos.

    10. Te encontrarás con distintas profundidades de amor que jamás habías conocido.

    11. Quizá tus prioridades se reordenen y tus expectativas en la vida cambien.

    12. A veces tendrás incluso más fuerza que antes para lograr tus sueños, pues tienes un motivo de inspiración.

    13. No volverás a ser la misma persona de antes, y eso es normal.

    14. Aprenderás a vivir desde el corazón y a aprovechar mejor tu tiempo con los que más quieres.

    15. Aquello que se siente como el final de todo, en realidad es un nuevo comienzo.

    16. Jamás olvides que el amor siempre se mantiene intacto, incluso después de la muerte.

    Asi que AMA, AMA como solo tu sabes hacerlo

    Créditos a quien corresponda

  • La MAESTRA

    “El primer día de clase, la maestra doña Tomasa les dijo a sus alumnos de quinto grado, que ella siempre trataba a todos por igual, que no tenía preferencias ni tampoco maltrataba ni despreciaba a nadie. Muy pronto comprendió lo difícil que le iba a resultar cumplir sus palabras. 

    Había tenido alumnos difíciles, pero nadie como Pedrito. 

    Llegaba al colegio sucio, no hacía las tareas, pasaba todo el tiempo molestando o dormitando, era un verdadero dolor de cabeza. 

    Un día no aguantó ya más y se dirigió a la dirección.

    – Yo no soy maestra para soportar la impertinencia de un niño malcriado. 

    Me niego a aceptarlo por más tiempo en mi clase. 

    Ya casi son las vacaciones de Navidad, espero no verlo cuando volvamos en enero.

     La directora la escuchó con atención, y sin decirle nada, revisó los archivos y puso en las manos de doña Tomasa el libro de vida de Pedrito. 

    La profesora lo comenzó a leer por deber, sin convicción. Sin embargo, la lectura le fue arrugando el corazón:

     La maestra de primer grado había escrito: “Pedrito es un niño muy brillante y amigable. Siempre tiene una sonrisa en los labios y todos le quieren mucho. Entrega sus trabajos a tiempo, es muy inteligente y aplicado. Es un placer tenerlo en mi clase”.

     La maestra de segundo grado: 

    “Pedrito es un alumno ejemplar con sus compañeros. Pero últimamente se encuentra triste porque su mamá padece una enfermedad incurable”

     La maestra de tercero: “La muerte de su mamá ha sido un golpe insoportable. 

    Ha perdido el interés en todo y se pasa el tiempo llorando. 

    Su papá no se esfuerza en ayudarlo y parece muy violento. 

    Creo que lo golpea.”

     La maestra de cuarto: “Pedrito no demuestra interés alguno en clase. Vive cohibido y cuando intento ayudarle y preguntarle qué le pasa, se encierra en un mutismo desesperanzador. 

    No tiene amigos y está cada vez más aislado y triste”

     Por ser el último día de clase antes de las Navidades, todos los alumnos le llevaron a Doña Tomasa unos hermosos regalos envueltos en fino y coloridos papeles. También Pedrito le llevó el suyo pero envuelto en una bolsa de papel.! Doña Tomasa fue abriendo los regalos de sus alumnos y cuando mostró el de Pedrito, todos los compañeros se echaron a reír al ver su contenido: 

    Un viejo brazalete al que le faltaban algunas piedras y un frasco de perfume casi vacío.! Para cortar por lo sano con la risa de los alumnos, Doña Tomasa se puso con gusto el brazalete y se echó unas gotas de perfume en cada una de las muñecas. 

    Ese día, Pedrito se quedó el último al salir de clase y le dijo a su maestra: 

    “Doña Tomasa, hoy usted huele como mi mamá”

    Esa tarde, sola en su casa, Doña Tomasa lloró un largo rato. 

    Y decidió que en adelante, no solo iba a enseñar a sus alumnos lectura, escritura, matemáticas… sino sobre todo, que los iba a querer y les iba a educar el corazón. Cuando se reincorporaron a clase en enero, Doña Tomasa llegó con el brazalete de la mamá de Pedrito y con unas gotas de perfume. 

    La sonrisa de Pedrito fue toda una declaración de cariñoso agradecimiento. 

    La siembra de atención y cariño de Doña Tomasa fue fructificando en una cosecha creciente de aplicación y «cambió» de conducta de Pedrito. Poco a poco, fue volviendo a ser aquel niño aplicado y trabajador de sus primeros años de la escuela. 

    Al final del curso, a Doña Tomasa le costaba cumplir sus palabras de que, para ella, todos los alumnos eran iguales, pues sentía una evidente predilección por Pedrito.!

     Pasaron los años, Pedrito se fue a continuar sus estudios en la universidad y doña Tomasa perdió contacto con él. 

    Un día recibió una carta del doctor Pedro Altamira, en la que le comunicaba que había terminado con éxito sus estudios de medicina y que estaba a punto de casarse con una muchacha que había conocido en la universidad. 

    En la carta le invitaba a la boda y le rogaba que fuera su madrina de boda.

     El día de la boda, Doña Tomasa volvió a ponerse el brazalete sin piedras y el perfume de la mamá de Pedrito. Cuando se encontraron, se abrazaron muy fuerte y el Doctor Altamira le dijo al oído: “Todo se lo debo a usted, Doña Tomasa”. Ella, con lágrimas en los ojos, le respondió: “No, Pedrito, la cosa sucedió al revés, fuiste tú quien me salvaste a mí y me enseñaste la lección más importante de la vida, que ningún profesor había sido capaz de enseñarme en la universidad

    «Me enseñaste a ser maestra”.!!

  • Estamos Distraídos

    «Estamos Distraídos» 

    Una genialidad de: ROBERTO FONTANARROSA 

    Mi amiga Colette solía decir, y hace ya mucho tiempo, ‘Estamos entrando en la edad del nunca me había pasado’…

    Y es así. 

    Decimos: ‘Es curioso. Nunca me había pasado, me agaché a recoger un tenedor y se me trabaron cuatro vértebras de la columna.

    Escuchamos: ‘Es notable. Nunca me había pasado. Mordí un caramelo de limón y un premolar se me partió en ocho pedazos.

    Es que, así como se habla de un Primer Mundo y de un Tercero sin que nadie conozca a ciencia cierta cual es el Segundo, nosotros hemos pasado de la Primera Edad a la Tercera sin recalar por la Segunda y el cuerpo acusa recibo de tal apresuramiento.

    El tiempo mismo, incluso, ha tomado una consistencia gelatinosa, plástica, mutante.

    Calculamos: – ‘Cuánto hace que se mudó Ricardo a su nueva casa?’.

    Y arriesgamos: – ‘Tres, cuatro años’. Hasta que alguien, conocedor,

    nos saca de la duda: ‘Catorce’.

    Suponemos ante el amigo encontrado ocasionalmente en la calle: -‘Tu pibe debe andar por los seis, siete años’.

    – ‘Tiene diecinueve – nos contesta el amigo

    – Vení Tacho!’. Y nos presenta a una bestia de un metro ochenta, pelo verde, un clavo miguelito clavado en la ceja y un cardumen de granos sulfurosos en la mejilla.

    Se corrobora entonces aquello que, dicen, decía John Lennon: ‘El tiempo es algo que pasa mientras nosotros estamos distraídos haciendo otra cosa‘. Y suerte que estamos distraídos haciendo otra cosa. Mucho peor es aburrirse.

    Es dulce rememorar ciertos momentos, pero más me entusiasma pensar en las cosas que tengo para hacer. Es que muchos de esos ciertos momentos son muy viejos.

    Y por lo tanto vale recordar el consejo dado por Javier Villafañe cuando alguien le preguntó cómo hacía para conservarse tan joven pasados los ochenta años. – ‘No me junto con viejos’, respondió el maestro.

    Yo quiero agregar lo que un día dijo Jean Louis Barrault, famoso mimo francés: ‘La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo‘. 

    Por: Roberto Fontanarrosa

  • «Resignifícalo»

    Dejalo ir…. así dicen, y si yo te sugiero todo lo contrario.

    te invito a leer esta historia quizás te pueda ayudar a entender eso de DEJALO IR

    El banco de la plaza

    Don Julio solía ir cada tarde a la plaza con su nieta, Sofía. 

    Se sentaban en el mismo banco de madera, bajo la sombra de un árbol antiguo. 

    Allí compartían risas, historias y helados. 

    Pero un día, Sofía ya no estaba. 

    La vida, con sus giros inesperados, había decidido llevársela demasiado pronto.

    Desde entonces, Don Julio iba solo al banco. 

    Se quedaba en silencio, mirando las hojas caer y sintiendo el peso de la ausencia. 

    La gente que pasaba solía decirle:—Don Julio, ya déjela ir…Es hora de seguir adelante.

    Él asentía con una sonrisa débil, pero su corazón se resistía. ¿Cómo podía dejar ir a alguien que había llenado tanto espacio en su vida?

    Una tarde, una mujer mayor se sentó junto a él. 

    Era una desconocida, pero sus ojos parecían entender su dolor. 

    Después de un rato de silencio, le dijo:—Don Julio…No necesita dejarla ir……. Quédese  con ella.

    Él la miró con sorpresa, y ella continuó:—No me malinterprete, Soltar no significa olvidarla…. Soltar es aceptar que ya no está aquí físicamente, pero que siempre estará con usted. 

    Quédate con su risa, con las historias que compartieron, con todo lo que te enseñó. 

    Aprende a vivir sin su compañía, pero nunca sin su amor.

    Don Julio se quedó pensando en esas palabras. 

    Al día siguiente, volvió al banco, pero esta vez llevó un cuaderno. 

    Allí empezó a escribir las historias que había vivido con Sofía: cómo le enseñó a jugar a las escondidas, cómo se reían hasta que les dolía el estómago, cómo ella lo llamaba «mi abuelo favorito».

    Cada tarde, mientras escribía, sentía que Sofía seguía viva en él. 

    No la había dejado ir. 

    La había soltado para que siguiera en paz, pero se había quedado con todo lo que ella le había regalado.

    Y así, el banco de la plaza ya no era solo un lugar de recuerdos tristes, sino un espacio donde el amor y la memoria de Sofía vivían en cada palabra que Don Julio escribía.

    Soltar no es olvidar, es resignificar.

    En la vida, las pérdidas nos enfrentan a un dilema emocional complejo: el mundo parece insistir en que debemos «dejar ir». Pero, ¿qué significa realmente «dejar ir»?

     ¿Es acaso olvidar lo que fue importante? 

    ¿Renunciar al amor, al impacto, a los recuerdos?

    La historia de Don Julio nos recuerda que no se trata de dejar atrás lo que hemos perdido, como si nunca hubiera existido. Soltar, en realidad, significa algo más profundo: es aprender a vivir sin la presencia física, pero manteniendo viva la esencia de aquello que amamos.

    Cuando soltamos, resignificamos. 

    Esto implica:

    * Reconocer lo vivido: No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos honrarlo. 

    Cada experiencia compartida con nuestros seres queridos nos ha formado, y esa riqueza es un regalo que no se pierde.

    * Aceptar la ausencia física: Soltar no significa negar la tristeza o el vacío, sino darles un espacio en nuestro corazón. Es aceptar que aunque la persona no está aquí, su amor sigue presente.

    * Integrar el recuerdo: Cada historia, cada risa, cada enseñanza puede convertirse en parte de quienes somos. Escribirlas, compartirlas, o simplemente recordarlas es una forma de mantener viva la conexión.

    * Agradecer: En lugar de enfocarnos en lo que ya no tenemos, podemos dar gracias por lo que sí tuvimos: por el tiempo compartido, por el amor que se dio y se recibió.

    Soltar es un proceso que no sucede de la noche a la mañana. 

    Requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, disposición para mirar el dolor y encontrar en él la transformación. 

    Como el banco de la plaza, podemos transformar un lugar de pérdida en un espacio de amor y memoria.

    No te exijas «dejarlo ir» como si fuera una solución rápida. 

    Si no sabes cómo soltar, no estás solo. 

    Permítete aprender. 

    Hablar, reflexionar y pedir apoyo son actos de valentía que te acercan a resignificar tu relación con lo perdido.

    Hoy, te invito a dar un pequeño paso: escribe, habla o simplemente reflexiona sobre aquello que amas de lo que has perdido. Porque soltar no es olvidar, es transformar.

    El duelo no se mide en tiempo, se mide en cómo nos permitimos vivirlo. 

    Así que si hoy tu tristeza te acompaña, abrázala. 

    Déjala enseñarte el poder de lo que sientes, porque ahí, entre las lágrimas, también hay una fuerza que te sostiene y que, poco a poco, te guía hacia un lugar donde el dolor coexiste con la esperanza.

    El duelo no es fácil, pero no tienes que enfrentarlo solo. 

    En mi página Duelo Sano con Hector Haro encontrarás apoyo, reflexiones y herramientas para acompañarte en este proceso. 

    Mi objetivo es ayudarte a sanar el dolor de la ausencia y encontrar sentido a tu vida.

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    Paz y Bien, Héctor Haro

  • Sigo siendo yo

    No me da miedo la vejez, no. No me asustan las arrugas, ni los cabellos blancos, ni los achaques del cuerpo. Es natural. El tiempo pasa para todos, y yo lo he visto pasar con mis propios ojos, como quien observa un río correr. Al principio lento, tranquilo; luego, más rápido, más vertiginoso. No, eso no me da miedo.

    Lo que me asusta de verdad es no poder valerme por mí misma. Que un día mis manos, que tanto han trabajado, no respondan. Que mis piernas, que me han llevado a tantos lugares, se queden inmóviles. Que mi cabeza, siempre curiosa, se pierda en su propio laberinto. Eso sí me aterra.

    No quiero ser una carga. No quiero que mi independencia, mi bien más preciado, se escape de mí como arena entre los dedos. Porque he sido fuerte, toda mi vida. He resuelto mis problemas, he cuidado de los míos, he construido mi camino. Y ahora, cuando la vida se acorta, lo único que pido es conservar lo que soy, lo que siempre he sido: una mujer capaz, firme, dueña de sí misma.

    No es orgullo, no. Es la necesidad de sentir que todavía puedo decidir, que mi voluntad sigue intacta. Que si quiero levantarme a preparar un café, lo haré. Que si decido salir al jardín, caminaré hasta donde pueda. Que si se me antoja un libro, mis ojos seguirán abrazando las palabras.

    La vejez en sí no es mala. Tiene su belleza, su calma. Pero perder el control, depender de otros, eso sí me duele. Porque sé que no es fácil para ellos tampoco. Nadie quiere ver a una madre, una abuela, postrada, frágil, necesitada.

    Y sin embargo, también pienso que si ese momento llega, si un día mi cuerpo o mi mente fallan, tendré que aprender a aceptarlo. A aceptar que así como una vez fui niña y me cuidaron, tal vez la vida me devuelva a ese estado de vulnerabilidad. Y tal vez no sea tan malo si hay amor, si hay paciencia, si hay dignidad.

    Pero mientras pueda, mientras el tiempo me lo permita, seré yo. Independiente, libre. Porque eso es lo que me mantiene viva. No la juventud que ya se fue, no los años que me quedan, sino la certeza de que sigo siendo dueña de mi vida.

    De la RED (Créditos a quien corresponda).