• Vete Mami…

    EL AMIGO IMAGINARIO DE MI MADRE

    Dicen que los niños, suelen tener amigos imaginarios. Dicen también que algunos ancianos llegan a comportarse como niños. Mi madre ya muy ancianita, era como una niña, amable, tierna y cariñosa, por esa misma razón, siempre creí que ella había inventado a un amigo imaginario.

    Desde que sufrió aquella caída y se fracturó la cadera, mi madre ya no fue la misma. Por su fortaleza y ánimo de vivir, logró caminar un mes después, pero apoyada en ese tipo de bordón de cuatro patas. La mayor parte del tiempo se la pasaba en su cama, mirando televisión o bordando.

    Madre de ocho hijos, todos ausentes. Tuve que sacrificar mi trabajo y familia para estar con ella por temporadas. Yo era el único de los ocho que podía hacerse cargo de ella. Esos tres años viajé constantemente para estar con ella.

    En uno de esos viajes, me encontré con una sorpresa. La visitaba todos los días un niño.

    __ A vaya ¿Así que te visita un niño? __ Le pregunté divertido.

    __ Sí, viene todos los días a que le cuente cuentos __ me dijo mi madre emocionada. Mi madre había sido una excelente contadora de cuentos.

    __ ¿Y cómo se llama tu niño?

    __ Ah, pues no sé. No le he preguntado. Pero al rato que venga le pregunto.

    Me platicó que es rubio y muy bonito. Siempre llega corriendo, sonriendo y salta a la cama donde está acostada. A veces le esconde los hilos de su costura. Es porque quiere que le cuente un cuento. Cuando ella come, siempre le pide, dame, dame, dame…por eso ella come bien, porque nunca come sola. Cuando se duermen, se abrazan mutuamente y ella ya no siente frío porque el cuerpecito de su niño le brinda calor. Ambos se dan mucho cariño.

    Por la tarde me dijo mi madre.

    __ Hace rato que vino mi niño, le pregunté cómo se llama. Me dijo que Manuel.

    __ Muy bien por Manuelito ¿Y ahora en dónde está?

    __ Pues mira. Aquí lo tengo, bien dormidito, mira que chulo se ve __ Tenía su cobija arropándolo según ella.

    __ A vaya, sí que está hermoso __ Le dije siguiéndole el juego __ ¿Cuál le cuento le contaste?

    __ Torcuato y Canuto. Ese también era tu favorito, ¿te acuerdas?

    __ Sí madre, como olvidarlo. Bueno, ahora yo te voy a leer otro capítulo de LAS ROSAS NO APRENDEN GEOGRAFÍA __ Todas las tardes le leía.

    __ Muy bien, te quedaste en donde el profesor Mario Luján, por fin se va a enfrentar a Ramiro el comisario en un duelo de dominó, bien que le da lata siempre que jueguen, a ver quién gana.

    Y le leí en voz baja para no despertar a su niño. Ese niño que en su imaginación, vino a suplir a todos los hijos ingratos que no la acompañaron cuando más los necesitaba.

    Pero ¡EL ÁNGEL DE MI MADRE ERA REAL!

    Mi madre, por un problema en los riñones requería de hemodiálisis para que me durara un poco más de tiempo. Ella le tenía miedo a esa curación, me suplicó que por nada del mundo la fuera a torturar con ese proceso. Obvio le obedecí. Se me fue acabando poco a poco. Ya no pudo caminar y si íbamos a cualquier parte, tenía que ser en una silla de ruedas. Se le acabaron las fuerzas.

    Una tarde me sentía muy cansado. Mi madre ya no abría los ojos y pedía constantemente agua. En su cuarto estaba una hermana de ella y su hija. Le pedí que la cuidaran un rato, yo tenía que mandar una tarea a la universidad donde estudio literatura.

    Me fui a un cuarto contiguo y abrí mi computadora, apenas iba a empezar a leer cuando escuché aquella vocecita.

    __ Hola.

    Volteé a la puerta para ver quien era y ahí en el dintel estaba aquel niño, muy hermoso, vestido de blanco. Me miraba sonriente. “Seguramente ha llegado alguien a visitar a mi madre y este niño viene con ellos” fue lo que pensé, en ese pueblito toda la gente es muy solidaria y visitan mucho a los enfermos.

    __ Hola __ le respondí, no pasaría de tener tres años de edad, pero hablaba con mucha claridad.

    __ ¿Me cuentas un cuento? __ me dijo entrando al cuarto y parándose junto a mí.

    __ ¿Te gustan los cuentos? __ Le respondí divertido.

    __ Si, Cuquita me cuenta muchos, pero ahorita está dormidita, ella no me lo puede contar ¿Me cuentas un cuento?

    __ ¿Así que mi madre te cuenta cuentos? ¿Cómo te llamas?

    __ Me llamo Emanuel, y si, ella me ha contado muchos cuentos. Todos sobre su vida.

    __ Ah vaya, cuentos sobre la vida de mi madre. Por ejemplo ¿Cuál? __ Conozco a la perfección el enorme repertorio de cuentos que contaba mi madre.

    __ Por ejemplo, mmmm, el príncipe Amed, Cuquita fue igual de viajera, le gustaba mucho conocer otras partes del mundo. También Torcuato y Canuto, ella lograba superar todos los problemas aunque a veces se sintiera ciega. Aaaah la cenicienta, como trabajó toda su vida para que nada le faltara a sus hijos… así fue Cuquita, una historia de fantasía.

    Yo lo escuchaba asombrado. Vaya que aquel niño sabía expresarse para su edad.

    __ Mira nada más, si sabes las historias de mi madre. Bien, dime, ¿cuál cuento quieres?

    __ Por ahora ninguno. Pero ya volveré un día para que me lo cuentes.

    __ ¿Por ahora ninguno? Entonces ¿Cuándo? O ¿Por qué?

    Me contempló con una mirada muy profunda, en sus ojos había un brillo especial cuando me dijo.

    __ Porque ahora… aún te escucha la gente, voy a volver, cuando ya seas una sombra, cuando necesites de consuelo y compañía, cuando los seres que amas ya no te hagan caso, cuando tu voz no sea escuchada, cuando tu soledad sea tan abrumadora que te será lo mismo si es de día o es de noche. Entonces vendré y te daré la alegría de volver a ser un cuenta cuentos. Entonces me contarás sobre tu vida y te volverás a sentir importante, siempre es importante, saber que eres importante.

    __ ¿Quién eres? __ Le pregunté sumamente intrigado.

    __ Soy el niño que doña Cuquita ha visto desde hace tiempo y que ustedes consideran una fantasía de ella. Soy real, soy esperanza, soy compañía en la triste soledad, soy el recuerdo de la infancia de sus hijos, soy alegría en su cansado corazón.

    No tenía palabras para responder a aquello. Un nudo se atoró en mi garganta y empecé a llorar.

    __ ¿Por qué puedo verte hoy? __ Pregunté temeroso.

    __ Porque vengo a decirte que hoy doña Cuquita tomará camino con rumbo a la ciudad de Irás y no Volverás __ Sentí como un golpe en el pecho __ Te voy a pedir que ya no se lo impidas. No quiero que ella siga sufriendo, porque ahí donde la ves, está sufriendo. Su destino ya está escrito, igual que el pájaro que habla, el árbol que canta, ella es la fuente de oro. ¿Recuerdas el cuento de la capa que hacía invisible a la gente? Pues así estará ella, como si tuviera la capa puesta, no la vas a poder ver, pero siempre estará presente.

    Ella no se irá, pues seguirá estando en ti mientras sigas contando cuentos, mientras en tu mente haya un halo de fantasía, mientras ella viva en tu recuerdo.

    Ahora ve, ella te necesita, ve como el príncipe que le da un beso a la reina, solo, que ella no va a despertar, sino al contrario, con tu beso iniciará ese camino que ya no tiene regreso.

    Cerré la computadora y corrí al cuarto de mi madre. Ahí seguía su hermana y otros familiares que habían llegado. Todos callados contemplaban a mi viejita que con la boca abierta respiraba difícilmente. Me acerqué a ella y sentándome en la orilla de su cama la abrace con mucho cariño. Le dije al oído __Vino Emanuel a verte __ luego tomé un algodoncillo y lo empapé de agua, mojé sus labios, ella seguía respirando con mucha dificultad. Le di un beso en su frente y luego la abrace mientras le decía __ Vete mami, vete a gozar del reino de los cuentos, vete a conocer la montaña del imán y el mundo de las princesas, vete a donde seguirás siendo una reina, porque aquí y allá, para mí siempre serás una reina.

    Su respiración se fue tranquilizando.

    __ Vete mami, ya cumpliste y cumpliste muy bien. Vete mi reina, es fácil, vuela como vuelan las hadas. Vete a su mundo.

    Simplemente lanzó un suspiro largo, muy largo y ella, la contadora de cuentos, la mejor contadora de cuentos del mundo, se fue a la ciudad de Irás y no volverás.

    Yo me sentí muy tranquilo. Con tanta paz en mi alma que no salió ni una lágrima de mis ojos. Escuché los llantos angustiados de mis familiares al darse cuenta que ella moría, sus gritos desesperados, pero ni eso me hizo salir de mi letargo, pues tenía mi conciencia cien por ciento tranquila, hasta el último momento estuve con mi viejita. No existía dolor ni remordimiento alguno, simplemente la ley de la vida estaba cumplida.

    Autor: Francisco Rodríguez López

  • Los regalos no hablan.

    Sentado a la entrada del granero, desgranaba mazorcas un campesino.

     Hasta ahí́ llegó su pequeño hijo y preguntó:

    –        ¿»Tata,” le ayudo?

    Sin levantar la vista el papá contestó con preguntas:

    – ¿Ya hizo su tarea?

    – «Sí, Tata».

    – ¿Metió los chivos?

    – «Sí, Tata».

    – ¿Recogió los huevos?

    – “Sí, Tata”, tres canastas…

    – ¿Acarreó el agua?

    – «Sí, Tata», llené tres baldes…

     – ¿Llevó la leña que corté a su mamá?

     – «Sí, Tata», dos viajes de burro…

    – Está bueno, ándele pues, desgrane.

    Sentado y en silencio el niño comenzó́ a desgranar. Casi terminaban y el pequeño preguntó:

    – ¿Tata, me da permiso de hablar con usted?

    – Claro «Mijo». ¿Para que soy bueno?

    El niño le dijo con tristeza:

    – «Tata» Es que mi amigo Remigio le regaló a su Tata una camisa linda…

    – Mmm, ¿El que no ayuda en nada a sus Tatas?

    – «Sí, Tata».

    – Mmm, ¿Y luego?

    – Mi amigo Jacinto le dio a su Tata un sombrero de piel negra, muy bonito…

    – Mmm ¿El que no lleva tareas?

    – «Sí, Tata», ese…

    – Mmm, ¿Y luego?

    – Toribio le regaló a su Tata unos zapatos de piel…

    – Mmm, ¿El que lo agarraron robando huevos?

    – ¡Sí “Tata” ese!

    Y así́ el niño le fue diciendo lo que sus amigos habían comprado a sus papás.

    Al final el papá preguntó:

    – ¿Y cuál es su preocupación «Mijo»?

    – Es que yo estuve juntando para darle un regalo a usted, pero al cruzar por el puente colgante, se me cayó al rio la bolsita con el dinero y pues, no tengo para su regalo…

    – ¿Y eso le preocupa «Mijo»?

    – «Sí, Tata», porque hoy es el día del Tata y yo quería darle a usted un regalo…

    Aquel hombre de manos duras y piel tostada por el sol, se levantó el sombrero, rascándose un costado de la cabeza dijo:

    – Despreocúpese «mijo», los regalos no hablan, no obedecen, no ayudan.

     Se desgastan y se tiran, yo no soy su «Tata» porque me dé un regalo.

     ¡No!,»Tata» soy porque lo tengo a usted.

     ¿Para qué quiero regalos?

     Yo le aseguro que todos esos «Tatas», quisieran tener un hijo así como usted, obediente, respetuoso, cariñoso.

     Pero no lo tienen, ¡lo tengo yo y es mío!

    Y no lo tengo por un día.

     ¡Lo tengo por muchos años!

     ¿Para que quiero regalo de un día, si usted es mi mejor regalo?.

    Aquel niño conmovido se acercó y lo abrazó. Empezó a llorar diciendo:

    – “Tata, Tata… Gracias por ser mi Tata»…

    – No “Mijito”, Gracias a usted por ser «Mijo»…

    Los regalos no hablan.

  • Te deseo un huerto

    Te deseo un huerto.

    Un huerto que te recuerde

    cómo cosechar lo que se siembra.

    Un huerto que te enseñe que cuidar

    es sinónimo de cuidarse.

    Te deseo un huerto.

    Un huerto que te recuerde el por qué

    de los ciclos y de las estaciones.

    Que no te permita olvidar, por ejemplo,

    que la primavera

    sólo existe gracias a -y después de-

    el invierno.

    Te deseo un huerto.

    Para que te manches de barro,

    para que no te falte nunca

    el alimento

    ni los motivos para levantarte

    de la cama.

    Por ejemplo, para regar,

    o sembrar

    o para cualquier otra manera

    de preservar la vida.

    Te deseo un huerto.

    Sobre todo para que comprendas

    que reciprocidad, en la gran mayoría de ocasiones,

    no es

    dar lo mismo que recibes.

    Que reciprocidad es recibir lo que necesitas

    y dar lo que le hace falta al otro.

    Te deseo un huerto,

    un huerto que te explique

    la complejidad de lo sencillo

    y lo sencillo de la complejidad.

    Te deseo un huerto.

    Para que comprendas

    que la reciprocidad

    se resume, en esencia,

    a dar agua y luz

    y recibir tomates.

    Poema: Ad Libitum – Cénix C. Callejo

    Tomado de la red

  • Le decían loca

    LE DECÍAN LOCA.

    A mi abuelita le decían loca, pero no era loca, era una mujer muy sabia, y por supuesto hablaba diferente. Solía decir: «Los ojos sirven para escuchar». Y la gente se reía. 

    Yo tenía diez años de edad, un niño no comprende el lenguaje vertical, pues yo al igual que todos, creía que mirábamos con los ojos, y pensaba que quizá mi abuelita de verdad estaba loca. 

    Pero lo que decía se me grabó en el corazón y un día le pregunté: abuelita…¿Con qué miramos?(esperaba que me dijera, con los ojos) pero ella me respondió: «Con el corazón».

    Pasaban los días y yo siempre la observaba y notaba que cuando mi abuelita se levantaba de buen humor, cantaba: Un día la escuché decir: «Hoy me he puesto mi vestido de veinte años». Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar? Si mi abuelita estaba triste decía estar vestida de niebla.»Hoy tengo ochenta años» la escuché decir.

    Al fin, con mucho esfuerzo pude terminar la educación primaria, (porque éramos muy pobres y para poder ir a la escuela, yo tenía que madrugar mucho para ayudar a mi abuelita y dejar todo listo) El día de la clausura llegó y fué un día muy triste para mi, porque todos mis compañeritos pasaban de la mano de sus padres, pero yo nunca conocí al mío, mi abuelita me decía que siendo muy niño abandonó a mi mamá , y por eso ella se había tenido que ir a la ciudad a buscar la vida. 

    Cuando cumplí los 14 años, mi abuelita ya cansada por la edad, enfermó de gravedad y cayó en cama, yo lloraba mucho porque no quería que se muriera, ella me llamó a su lado, tomó fuerte mis manos y me dijo: «No tengas miedo ni te pongas triste, la muerte no es para siempre». Entre lágrimas la vi sonreír y pensé: mi abuelita no se da cuenta de lo que dice, yo sabía que si uno muere es para siempre. 

    Era niño y no entendía sus palabras, y ése día, que ha sido desde entonces el más triste de mi vida, murió mi abuelita, la mujer más hermosa que vieron mis ojos y a quien quise con toda mi alma , porque fué quien me crió desde niño, y alentó mis sueños. 

    Ha pasado mucho tiempo, y la vida me llevó por mil senderos buscando mi destino, ahora tengo más años, y comprendo perfectamente las enseñanzas de mi abue… Sí, abuelita, podemos tener 20 años y al día siguiente podemos tener 80, todo depende de nuestro estado de ánimo: y tienes razón… los ojos sirven para escuchar, porque debemos mirar con atención a quien nos habla, (para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón). Y la muerte no es para siempre… sólo muere lo que se olvida, y yo te recuerdo con mucho cariño, porque te quiero, porque siempre fuiste la mujer más amorosa y sabia de este mundo, y porque siempre pusiste tu corazón en todo lo que hacías y lo que decías, y mientras viva, tú siempre estarás en mi corazón, ayudándome a ver la vida a través de ti. 

    Ahora, en sueños platicamos, nos reímos de su método de enseñanza. 

    Aprendí a mirar con el corazón y a escuchar con la mirada. 

    Una noche me dijo: «He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco, y eso no está bien, es natural que el nieto de una loca sea loco». Entonces, por primera vez le repliqué y le dije: Abue, te equivocas… no siempre el nieto de una loca tiene que ser loco; (…a veces…ES POETA…)., » Grande o pequeño , todo hombre es poeta si sabe ver el ideal más allá de sus actos » Henrik Ibsen.

    Por eso hoy puedo decir con orgullo: Soy un loco, y soy poeta, y no me molesta si me llaman loco, porque a través de mi locura he aprendido a descubrir la vida, y lo más hermoso de este mundo. 

    Aprendí a mirar con el corazón, y a escuchar con la mirada. 

    A mi abuelita le decían loca, pero no era loca… era maestra… Me enseñó a descubrir las cosas más hermosas de este mundo, pero sobretodo: me enseñó a descubrir la vida… Después de la muerte.

    AUTOR: 

    El poeta triste y el loco soñador de siempre.

    Bendiciones, un fantástico día estimados lectores!

  • Pide Permiso

    *Pon atención*…

    *PIDE PERMISO SIEMPRE*.

    Antes de cortar la rama de un árbol o quitar una flor pedile permiso a su espíritu, del árbol o de la plantita, así puede retirar su energía de ese lugar y no sentir tan fuerte el corte.

    Si quieres medicina solo cortale hojitas, no te lleves toda la planta déjala que siga sanando a otros.

    Cuando vayas a la naturaleza y quieras tomar una piedra que estaba en el río, preguntale a la madre del río, Yakumana, si te permite llevar una de sus piedras sagradas y escucha tu corazón.

    Si vas a subir una montaña o peregrinar por la selva pide permiso  a los espíritus y guardianes de las montañas, Apus.

    Es muy importante que te comuniques aún si no sientes, no escuchas o no ves. Ingresá con respeto a cada lugar, ya que toda la Naturaleza te escucha, te ve y te siente.

    Cada movimiento que realizás en el microcosmos, genera un gran impacto en el macrocosmos.

    Cuando te acerques a la vegetación agradece por la medicina que tiene para ti.

    Honra la vida en sus múltiples formas y sé consciente que cada Ser está cumpliendo su propósito, nada fue creado para llenar espacios.

    Todo y todos estamos aquí recordando nuestra misión, recordando quiénes somos y despertando del sueño sagrado para regresar al Hogar.

    Cuando hablamos con la naturaleza desde nuestro corazón con el tiempo la escucharás y la sentirás más.

    Recuerda que todo tiene espíritu.

  • Lectura versus libertad

    Me recuerda a la fabula de la caverna de Platón

    Una hormiga llamada Horacio tenía la inusual afición de leer. Pero en su colonia, la lectura estaba prohibida para las hormigas, considerada una actividad inútil y peligrosa que alejaba a los individuos de sus labores diarias.

    «Una hormiga debe trabajar, no perder el tiempo con tales frivolidades», le decía el carcelero hormiga, siempre vigilante, siempre siguiendo las directrices de la Reina.

    Horacio fue finalmente descubierto y encerrado en una pequeña cárcel de tierra y piedras, con un carcelero hormiga asignado para asegurarse de que no leyera.

    —Te quedarás aquí hasta que comprendas el valor del trabajo y el peligro de la lectura —le espetó el carcelero.

    Sin embargo, Horacio fue ingenioso. Le dijo al carcelero que había leído en un libro, que también se encontraba en la biblioteca de la colonia, sobre una antigua ley que prohibía actuar en contra de la lectura.

    —¿Una ley? ¿En contra de la lectura? —preguntó el carcelero, incrédulo pero curioso.

    —Sí —respondió Horacio—. Al final de ese libro, hay un párrafo que puede liberarme y permitirme leer nuevamente.

    Intrigado y un poco preocupado por la posibilidad de estar infringiendo una ley ancestral, el carcelero permitió que Horacio tuviera acceso a otro libro de la biblioteca para verificar su afirmación.

    Esa tarde, el carcelero se acercó nerviosamente. —¿Y? ¿Dónde está el párrafo?

    Horacio, que acababa de llegar al final del libro, levantó la mirada y dijo: —Oh, lamento el error. Parece que en este libro no era. Pero acabo de empezar con otro. No desesperes, encontraré la respuesta que me hará libre.

    El carcelero, ahora inquieto y curioso, decidió concederle más tiempo. Y así, día tras día, libro tras libro, Horacio seguía leyendo, siempre con la promesa de que el próximo libro contendría el párrafo liberador.

    No solo logró Horacio seguir con su amada afición, sino que, con el tiempo, el carcelero empezó a preguntarle sobre las historias que leía, y poco a poco empezó a cuestionar las estrictas reglas de la colonia.

    Nadie sabe si Horacio encontró alguna vez ese párrafo, pero una cosa era segura: había ganado su libertad, y quizás algo más valioso, había sembrado la semilla de la duda y el cuestionamiento en la mente de quien debía ser su verdugo.

    El poder de la lectura había triunfado de nuevo.

    Feliz día, amigos.

    libreroenandanzas.com

  • Si no quiere ver…

    Cuántas veces hemos querido que los que amamos «vean» lo mismo que nosotros estamos viendo…

    Debemos aprender y entender que para Amar hay que dejar de «querer».

    “Si no quiere ver,

    no le enciendas la luz,

    dañarás sus ojos.

    Si no quiere escuchar,

    no levantes la voz,

    lastimarás su conciencia.

    Si no quiere caminar,

    no proporciones apoyo,

    sangrarán sus pasos.

    Su despertar no es tuyo,

    es exclusivamente suyo.

    Si en algún momento hiciste

    de su dolor tu dolor, suelta,

    no te pertenece.

    Sé amorosamente egoísta,

    silenciosamente paciente,

    amigablemente distante.

    No te pierdas en ello.

    Reencuéntrate y alégrate,

    porque tú sigues siendo tú.”

    ¡Respetemos el camino de cada ser humano!

    Corazones, cada uno está en una etapa vibratoria diferente, no podemos exigir que los demás actúen o sean iguales. Posiblemente también en alguna época nosotras estuvimos así. Sigue tu camino

    De la red.

  • Educación

    Un ingeniero argentino entró en una estación del metro de Estocolmo, capital de Suecia.

    Allí notó que había, entre muchos molinetes normales y comunes, uno que daba paso libre gratuito.

    Entonces le preguntó a la vendedora de ticket el porqué de aquel molinete permanentemente libre para pasar y sin ningún agente de seguridad en las cercanías.

    La dama, entonces, le explicó que ese paso estaba destinado a las personas que, por cualquier motivo, no tuviesen dinero para pagar su pasaje.

    Incrédulo, acostumbrado a la manera Argentina, no pudo evitar hacerle la pregunta que, para él era obvia:

    – Y si la persona tuviese dinero, pero simplemente no quisiese pagar?

    La vendedora entrecerró sus ojos azules y con una sonrisa de pureza sobrecogedora, le respondió:

    – Pero por qué haría eso?

    Sin poder acertar una respuesta, el ingeniero pagó su pasaje y pasó por el molinete, seguido de una multitud que también había pagado por sus ticket.

    El paso libre continuó vacío.

    La honestidad es uno de los valores más liberadores que un pueblo puede tener.

    Una sociedad que ha logrado transformar ese valor en algo natural, está en un estado de desarrollo, sin duda, superior.

    Eso es educación… También y antes que nada!

    Cultive este valor y transmítaselo a sus hijos, a sus nietos, a sus alumnos, a la sociedad.

    Su mundo cambia cuando usted cambia. No premiemos las prácticas fraudulentas, los negocios mal habidos, la corrupción…

    Hagamos de la honestidad y buena fe un hábito..

  • Mi loca abuela

    Mi abuela está loca. Tiene el pelo largo, suelto, teñido de colores, siempre está inventando canciones y bailando. Le encantan las computadoras, que maneja a la perfección. Su buzón de Internet, está permanentemente plagado, de mensajes de personas, de todos los países y de todas las edades, amigos que ha ido encontrando en sus múltiples incursiones por el mundo cibernético. 

    Ella dice que nosotros, los niños del siglo XXI, tenemos en nuestras manos el planeta y no debemos permitir, que los adultos nos lo dejen hecho un estropajo. 

    Mi abuela piensa también, que los animales son más racionales que los hombres y por ello quiere, que miremos al mundo animal y lo imitemos en sus comportamientos.

    Que nos metamos en el mar y nademos como los delfines, que seamos tan leales como los perros, tan independientes como los gatos, que cantemos como los pájaros, que defendamos a nuestros hijos como los leones, que descansemos como los osos cuando estemos cansados y corramos como los lobos cuando tengamos ganas de sentirnos libres.

    Que trabajemos como las hormigas en grupo, que saltemos como los canguros para intentar alcanzar las estrellas, que nos subamos a los árboles y nos colguemos boca abajo como el oso perezoso para así, ver las cosas desde otra perspectiva. 

    Que nos adaptemos a nuestro hábitat y, como además somos inteligentes, que intentemos cambiarlo para poder vivir mejor. 

    Para ello nos propone reír siempre, que estemos contentos, hacer felices a los que nos rodean y llorar a moco tendido cuando tengamos un mal momento, sin ningún complejo, porque las lágrimas te limpian el alma y un alma limpia, es el mejor remedio, contra la tristeza y el mejor aliado de la paz. 

    Mi abuela está chiflada, se viste con zapatos de bailarina, sus colores preferidos los saca del arco iris y se los pone para alegrar la ciudad, usa carteras enormes, que llena de dulces, para quien los necesite, se mueve con libertad, mientras pasea por las calles, caminando como la niña que aún sigue siendo, mientras tararea alguna cancioncita de su propia cosecha y saluda con una sonrisa a las personas solas. 

    Mi abuela me anima para que estudie y para que aprenda todo lo que puedan enseñarme, dice que la sabiduría no se puede imponer, que tiene que adquirirse con el paso de los años.

    Dice que son los ancianos, (los que están más cerca de la otra vida) de los que tenemos que aprender a vivir, porque ellos han conseguido llegar a la vejez, y hoy en día llegar a viejo ha dejado de ser el propósito de los mas jóvenes, que creemos que es mejor morir antes de tener arrugas, sin darnos cuenta que detrás de cada arruga se puede esconder un pensamiento mágico. 

    Y también dice que son los niños a quienes debemos proteger, porque ellos aún no han aprendido a vivir, que deben conocer el mundo de a poquito, porque lo que tendrán para ver es » mucho». 

    Mi abuela se ríe de si misma cuando tropieza o se cae, porque dice que en la vida lo mejor es » volver a ponerse de pie». 

    Qué loca está mi abuela, sueña despierta, ¡y en cada cumpleaños rejuvenece! 

    Me gusta verla sonreírle al sol, y hablarle a las flores.

    Dice que nunca va a dejarme, y que cuando yo sea grande y la necesite solo tendré que cerrar los ojos muy fuertes y podré verla.

    Mi abuela aspira a convertirse en lluvia, para abrazarme cuando yo quiera, y en viento para acariciarme cuando quiera ella.»

    (Desconozco su autor.)

  • Adiós abuelos

    CUANDO SE CIERRA LA CASA DE LOS ABUELOS.       👵🏽👴🏽 SE CIERRA LA PARTE MÁS IMPORTANTE DE LA VIDA . . .

    Uno de los momentos más tristes de nuestras vidas llega cuando se cierra para siempre la puerta de la casa de los abuelos , y es que, al cerrarse esa puerta, damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que en ocasiones especiales cuando se juntan, enaltecen los apellidos, como si de una familia real se tratase, y llevados siempre por el amor a los abuelos, cual bandera. 

    Cuando cerramos la casa de los abuelos , damos por terminado las tardes de alegría con tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, e incluso, novios pasajeros que se enamoran del ambiente que allí se respira. 

    Ni siquiera hace falta salir a la calle, estar en la casa de los abuelos es lo que toda la familia necesitaba para ser feliz. 

    Los reencuentros en navidad que cada año que llegan piensas si será la última vez… Cuesta aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo estará cubierto de polvo y las risas serán un recuerdo ido de tal vez tiempos mejores.

    El año pasa mientras esperas estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser niños abriendo regalos, a sentarnos junto a los adultos en la misma mesa, jugando desde el postre del almuerzo, hasta el cafecito de la cena, porque cuando se está en familia, el tiempo no pasa y ese café es sagrado.

    Las casas de los abuelos siempre están llenas de sillas, nunca se sabe si un primo traerá a la novia, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo es bienvenido. Siempre habrá una ollita con café, o alguien dispuesto a hacerlo. 

    Saludas a la gente que pasa por la puerta, aunque sean desconocidos, porque la gente de la calle de tus abuelos es tu gente, es tu pueblo.

    Cerrar la casa de los abuelos, es decir adiós a algunos de los mejores momentos de la vida!