• Aquí estaré

    Para Reflexionar:

    ¿Qué pasa mami?

    No pasa nada cielo, necesito sentir los latidos de tu corazón; voy a contarte algo que ahora no entenderás, pero que cuando seas mayor y lo leas, quizás entonces me comprendas bien.

    Dime mami.

    Quiero que sepas que pase lo que pase, yo siempre estaré aquí, que siempre podrás volver a mis brazos. Cuando tengas miedo, cuando te asuste el mundo, cuando necesites que te diga lo muchísimo que te quiero, aquí estaré.

    Cuando la vida se complique, cuando te equivoques, cuando escojas un camino erróneo, aún en esos momentos, aquí estaré.

    Cuando alguna de tus primaveras no veas salir el sol, cuando anheles mi calor, aquí estaré, cuando te sientas diferente, extraño.

    Cuando alguien te rechace por ser excepcional, cuando quieras encontrar un refugio, aquí estaré, cuando tus pies se cansen de caminar, y necesites que te sujete en mi regazo.

    Cuando quieras que te acompañe en tu viaje, aquí estaré, cuando tu memoria te lleve a tu infancia, y quieras recordar lo especial que fuiste para mí, aquí estaré.

    Cuando yo me haya ido, cierra los ojos y piensa en mí, esté donde esté: aquí estaré siempre…

    😢😢😢

    Yo soy Mexicano 100%

    Tomado de la Red

  • «CALMA»

    «SE LLAMA CALMA»

    «Se llama calma y me costó muchas tormentas. 

    Se llama calma y cuando desaparece salgo otra vez a su búsqueda. 

    Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar. 

    Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.

    Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.

    Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.

    Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.

    Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

    Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.

    Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.

    Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.

    Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…»

    Autor: Dalai Lama

  • CHAPLIN

    Se dice que escribió este poema, “As I began to love myself “, cuando tenía 70 años. 

    CUANDO ME AMÉ DE VERDAD

    «Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta, y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.

    Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima

    Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia, y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades.

    Hoy sé que eso es… Autenticidad

    Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a aceptar todo lo que acontece, y que contribuye a mi crecimiento.

    Hoy sé que eso se llama… Madurez

    Cuando me amé de verdad, comencé a percibir que es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, sólo para realizar aquello que deseo, aun sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.

    Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto

    Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.

    Hoy sé que se llama… Amor Propio

    Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero, y a mi propio ritmo.

    Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez

    Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón, y así erré menos veces.

    Hoy descubrí que eso es… Humildad

    Cuando me amé de verdad, desistí de quedarme reviviendo el pasado, y preocupándome por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.

    Y eso se llama… Plenitud

    Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado.

    Todo eso es… Saber Vivir

    No debemos tener miedo de cuestionarnos, de hecho hasta los planetas chocan, y del caos suelen nacer la mayoría de las estrellas.»💗

  • LA COLA DEL GATO

    LA COLA DEL GATO

       Cierto día, un gato anciano observaba en medio de una plaza cómo un inquieto gatito trataba de cazar su propia cola. Lo intentaba una y otra vez y siempre fracasaba. Cuando se detenía era por puro agotamiento, después volvía y enlazaba otras vueltas en círculo. Cansado de ver al pobre minino frustrado en su propósito, el viejo gato le preguntó: «Gatito, ¿por qué intentas perseguirte la cola incesantemente? ¿No ves que es imposible?». «¿Imposible? No lo creo. Yo busco la felicidad y para un gato la felicidad es su cola, por eso la persigo. Y sepa que algún día lo lograré y seré feliz». Entonces, el gato viejo y, por ende, más sabio, dijo: «Hijo mío, aunque me ves aquí tan tranquilo y reposado, cuando era joven como tú yo también pensé que mi cola era la felicidad, pero cada vez que la perseguía se escapaba. Por eso, llegué a una conclusión: yo voy haciendo mi camino y, ¿sabes qué? ¡Ella me sigue a mí! Y puedo asegurarte que así soy feliz».

       Esta historia nos enseña que la felicidad está muy cerca de ti, a tu alcance, y que tienes todo lo necesario para conseguirla. Tan solo debes dejar de obsesionarte con perseguirla, pues así jamás llegarás al horizonte.

    FUENTE: REVISTA PRONTO

    [el rincón del pensamiento].

    Ilustración: Alberto Vázquez

    Edición y arreglos: Marian Gómez

  • “Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza…” ‘Frecuentemente me preguntan cuántos años tengo…¡Qué importa eso!

    Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello. Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

    Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

    Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás. Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.

    Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.

    Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

    ¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso. ¡Qué importa si cumplo cuarenta, sesenta o noventa! Lo que importa es la edad que siento.

    Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

    Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿Qué cuántos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

    Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.’

    “Mañana es la única utopía”, José Saramago

    José Saramago (1922 – 2010), novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués. Recibió numerosos premios y, en 1998, el Premio Nobel de Literatura. En: “Poesía completa» (2005).

  • Sueño…?

    Interior y Agricultura

    Juan José Millás 

    04·06·16 | 00:42

    Me paró un individuo en la calle y me preguntó por favor cuántas eran ocho por cinco. Cuarenta, le dije. El sujeto me dio las gracias y seguimos cada uno nuestro camino. Al llegar a casa se lo conté a mi mujer y me dijo que a ella, el día anterior, le habían preguntado quién era el autor de La divina comedia. Le describí al tipo del ocho por cinco, por si se trata de la misma persona, pero no se parecía nada al de Dante. Me fui a la cama asombrado por la situación. Al día siguiente estaba en un bar, tomándome un café con una ensaimada, cuando la mujer que desayunaba a mi lado me preguntó por las propiedades del sustantivo. En mi mundo, hasta entonces, los desconocidos te abordaban para preguntar por la hora, por una dirección, o para pedirte fuego. Estas demandas me parecieron completamente nuevas.

    Al salir a la calle, me acerqué a una parada de autobús y pregunté a una adolescente por la composición del agua.

    —Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno —me respondió con naturalidad, sin mostrar extrañeza alguna por mi interés. Comprendí que el mundo había cambiado sin que yo, dado como soy al ensimismamiento, lo hubiera advertido. Ese mismo día, después de comer, encendí la tele para ver las noticias y salió el  ministro del Interior, que, según dijo, acababa de leer una novela de Dostoievski de la que se deshizo en elogios. También apareció el de Agricultura para recomendar De «rerum natura», el célebre poema de Lucrecio sobre la naturaleza del universo. Cuando llegó el momento de la información deportiva, el capitán de Real Madrid, después de felicitarse brevemente por los últimos éxitos de su equipo, recomendó a los espectadores que acudieran al Museo del Prado para visitar la exposición recién inaugurada sobre El Bosco.

    Como ya habrán adivinado ustedes, todo esto no fue más que un sueño. Lo portentoso es que al salir a por la prensa pasé por un colegio en cuya puerta había un crio haciendo a toda prisa los deberes. Al verme, se dirigió a mi para preguntar cuántas eran ocho por cinco. Cuarenta, respondí con la sorpresa que cabe imaginar, y continué mi camino en la esperanza de que se reprodujera también el resto del sueño.

  • —Mamá, cuéntame un cuento —pidió Sergio mientras se arropaba.

    —Uno sólo, y luego te duermes, que es muy tarde.

    —¡Bien!

    —Voy a contarte el cuento del ciego egoísta.

    —¿Hay cuentos de ciegos egoístas?

    —Sí. Verás… Érase una vez una habitación de hospital en la que un día ingresó un hombre llamado Lucas que se quejaba amargamente de que, por unos días, iba a estar ciego. ¡No podría ver nada porque lo habían operado de los ojos! El hombre se lamentaba de su mala suerte. ¡Unos días sin poder ver nada!

    —No se preocupe, señor —le dijo la persona que compartía su misma habitación—. Yo le contaré lo que desee ver.

    —¿Hay una ventana?

    —Sí.

    —Entonces cuénteme lo que ve usted por ella.

    —Y el compañero de habitación le contó que a través de la ventana veía un parque, y niños jugando, y sus mamás, y un pedazo de cielo azul, y casas, y calles. Y le describió con detalle como era todo, cómo iban vestidas las mamás, el color de las hojas de los árboles. No se dejó nada. Lo hizo con minuciosa precisión ese día, y el siguiente, y el otro. Todos sin faltar ni uno. Hasta que llegó el día en que a Lucas, le quitaron las vendas.

    —¡Ah, vuelvo a ver! —suspiró feliz, recorriendo con la vista el consultorio del cirujano.

    Entonces quiso ir a darle las gracias al hombre que durante aquellas jornadas tan duras y amargas había hecho de su ceguera temporal algo más agradable.

    Cuando llegó a la habitación que habían compartido, lo primero que vio fue que la ventana no daba un parque, ni se veía el cielo, ni nada que no fuera una horrible pared de ladrillos muy sucia. Enfadado, se volvió a la cama de su compañero y entonces descubrió… ¡que estaba ciego!

    —¡Pero si usted no puede ver nada! —protestó Lucas.

    —Hay muchas formas de ver las cosas —dijo el hombre—. A veces una persona con los ojos abiertos no ve nada mientras que otra con los ojos cerrados sí lo hace, porque es capaz de sentir la vida que le rodea. Lo único que hice yo, para paliar su enfado y tristeza, fue contarle lo que siempre veo en mi corazón cuando me asomo a una ventana, porque eso es lo importante, lo que se siente. No sé cómo es un parque, ni de qué color es el cielo. No lo sé, pero lo veo en mi corazón. Nací ciego. Pero le juro que aquí dentro, en mi interior, cada día lo imagino todo, y nunca me ha hecho falta más.

    —Lucas le abrazó, y lloró, y le pidió perdón. Desde aquel día lo vio todo distinto, más hacia dentro que hacia afuera. Y jamás olvidó al hombre de la habitación en el hospital. Sobre todo cuando paseaba por un parque.

    —Gracias, mamá —suspiró Sergio sintiendo ya la llegada del sueño.

    —Buenas noches, hijo.

    Cuando ella salió de la habitación no tuvo que apagar la luz. No la había encendido. No era necesario…

    Tomado de – El cuento del ciego temporal – de Jordi Sierra

  • Un beso azul…

    Todas las mañanas antes de irse al trabajo, la madre de Violeta, mientras su hija aún duerme, le deja un beso sobre la almohada.

    Un beso azul en los días soleados, más azul todavía en los días nublados y siempre, siempre, un beso azucarado para endulzarle el desayuno.

    Aquel día la madre de Violeta tenía prisa, pero ¡claro que no olvidó dejar el beso en su lugar! . Cuando Violeta se levantó, cogió el beso y se lo puso en la mejilla. Era un beso tan fuerte que estuvo a punto de tirarla de espaldas, tan inquieto que saltó de su mejilla a la nariz, de su nariz a su frente, de su frente a su cuello y después de besuquearla por todas partes, escapó por la ventana.

    Y voló, voló, voló hasta aterrizar en las ramas de un almendro. Como era invierno, el árbol estaba desnudo y medio dormido, pero al sentir el bailoteo del beso sobre sus ramas, floreció y al instante se llenó de albaricoques listos para comer y chuparse los dedos.

    Uno tras otro, todos los árboles del barrio fueron contagiándose de su olor a primavera. Los cerezos se llenaron de naranjas, los ciruelos de peras y los limoneros de manzanas maduras.

    Después de saltar de rama en rama, el beso, sonriente y feliz, cayó de la copa del árbol y voló, voló, voló hasta que un pájaro que pasaba por allí lo llevó en el pico. El beso de Violeta se acurrucó entre sus plumas y éstas cambiaron de color, volviéndose azules, verdes y amarillas.

    El gorrión estaba tan contento que surcaba el cielo haciendo piruetas mientras cantaba y cantaba sin parar… Su alegría invadió a todos los pájaros con los que se cruzaba y cada uno de ellos entonaba hermosas melodías mientras sus plumas se teñían de colores brillantes

    *Fragmento del libro “Un beso antes de desayunar” de Raquel Díaz Reguera.

  • Arena y piedra

    LEYENDA ÁRABE:

    Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y discutieron. 

    Uno acabó dando al otro una bofetada. El ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”.

    Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. 

    El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. 

    El otro se lanzó a salvarlo. 

    Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. 

    Al acabar, se podía leer: “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”.

    Intrigado su amigo, le preguntó:

    ¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

    Sonriente, el otro respondió:

    Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. 

    En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo.»

    (Autor Anonimo)

  • ¡Soy pobre…?

    PAPI, ¿QUE SIGNIFICA SER POBRE…????????????

    Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina. Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo.

    En el automóvil, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:

    – ¿Qué te pareció la experiencia?..

    – Buena – contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.

    – Y… ¿qué aprendiste? – insistió el padre…

    El hijo contestó:

    1.- Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.

    2.- Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos.

    3.- Que nosotros importamos linternas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con las estrellas, la luna y velas sobre la mesa.

    4.- Nuestro patio llega hasta la cerca.y el de ellos llega al horizonte.

    5.- Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.

    6.- Nosotros oímos CD’s… Ellos escuchan una perpetua sinfonía de golondrinas, pericos, ranas, sapos, chicharras y otros animalitos….todo esto a veces dominado por el sonoro canto de un vecino que trabaja su monte.

    7.- Nosotros cocinamos en estufa eléctrica… Ellos, todo lo que comen tiene ese sabor del fogón de leña.

    8.- Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas…. Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.

    9.- Nosotros vivimos conectados al teléfono móvil, al ordenador, al televisor… Ellos, en cambio, están «conectados» a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.

    El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo…y entonces el hijo terminó:

    – Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!

    Cada día estamos más pobres de espíritu y de apreciación por la naturaleza que son las grandes obras del universo. Nos preocupamos por TENER, TENER, TENER y nos olvidamos del SER, SER, SER…. todos aquellos ricos en amor, en naturaleza y en libertad