Pórtense bien…

 Lo vieron acercarse con paso lento, cansado, desde lejos se notaba la ropa raída, la barba crecida, un señor ya entrado en años, les extraño porque a leguas se veía que no era del lugar, en ese pequeño rancho donde todos se conocían, ellos estaban en la milpa cuatro  o cinco chiquillos de 12 o 13 años, escardando el maíz, pero más atentos al camino por si veían llegar al abuelo que los había mandado.

– Por eso, es que vieron acercarse a ese extraño personaje, al principio disimularon, no quisieron verlo de frente, pero el camino cruzaba por la milpa, además ellos, niños al fin, aprovechaban cualquier  cosa para poder descansar, entonces el señor se fue acercándose poco a poco con su paso cansado y con voz gastada los saludo con un –

 – !Tardessss !” – y ellos le contestaron como los habían enseñado.

– Buenas tardes señor

-¿ Como se llama aquí ?- preguntó

 -Al tiempo que se paraba, bajo la sombra del único árbol que había al borde de la milpa.

-Aquí es Santa Rosa, 

-Ha entonces voy bien -dijo el trasijado señor y se sentó sobre una piedra y les pregunto que si eran peones porque eran muy chicos para ese trabajo, pero ellos le explicaron que no, que era la milpa de la familia y todos ayudaban en las labores del campo.

-Agradeciendo la pausa le dijeron que ellos sabían manejar la coa, reconocer la yerba mala de las comestibles y que a veces se quedaban a cuidar en la noche por que los animales del monte, ardillas , tlacuaches y las ratas hacían daño en la milpa y hasta le contaron, que su deseo era saber manejar la yunta cuando crecieran,  y sin darse cuenta ya habían formado un circulo ahí bajo la sombra del árbol y el más grande se animó a preguntar 

¿Y de dónde usted de donde viene, que hace aquí ?, 

-Y les empezó  a contar,

-Es que voy a las Islas Marías.

¿A las islas Marías? -dijeron con asombro.

-Sí, yo soy de San Luis Potosí, de un pueblo de allí y voy a las Islas Marías .

 ¿Y se va caminando?

 -A veces me da un aventón, pero las más veces camino, y el más grande que algo sabia de la escuela le dijo: 

¿Sabe usted hasta donde están las Islas Marías? 

-Sí,  mi patrón me dijo que estaban muy lejos, cuando me dio algo de dinero y comida, pero con el favor de Dios tengo que llegar, asombrados y respetuosos ante la fórmula de :

“Con el favor de Dios” -le preguntaron 

– ¿Y a que va a las Islas Marías ?(niños curiosos al fin y al cabo)

-Es que tengo un hijo, mi hijo Ernesto el más chico, se fue a la ciudad quesque ‘pa ser dinero ‘pa hacerme una casita y allá en la ciudad se juntó con gente mala, de esos catrines mariguanos, dicen que se pelearon y que hubo muertos, le echan la culpa a mi hijo, yo creo que él no fue, porque él no tiene esas mañas, su mamá y yo lo enseñamos bien, pero le echaron la culpa y estuvo ahí en esa cárcel grandota ahí en mero México y antes de que lo cambiaran pudo mandarme una misiva con un paisano, me decía que no me preocupara que lo iban a mandar a las Islas Marías y que él estaba bien.

-Condenado muchacho, como no voy a preocuparme, sí  es mi hijo, como no, la preocupación si es sangre de mi sangre, y entonces quiero ir a verlo,  sé que está lejos, pero con Dios que todo lo puede sé que voy a llegar un día, quiero abrazarlo ya que él no es malo y por eso agarro estos caminos, la gente me ayuda, las personas son buenas y me dan el rumbo me dicen por dónde y me dan el norte cuando algún camión me puede llevar, y

-¿Ustedes, no me pueden ayudar con algo?,  con lo que sea ‘pa comer, 

-Los niños se vieron entre sí, no tenían dinero y la comida del taco de medio día todavía no llegaba,  pero uno dijo, si quiere le damos algo de maíz que está ahí en la troje, el señor dijo, po’s si es su voluntad si me ayuda porque a veces lo cambio por alguna cosa o lo coso y me lo como entonces cayeron en la cuenta de que llevaba una lata colgando, una lata de esas medianitas como de chiles, un pocillo viejo desportillado un morral de ixtle y una bolsa de esas rayadas que hacían como de mecate, y se fueron a la troje por el maíz.

-Los niños contentos de poder hacer algo por ese señor,  le daban mucho maíz, al fin entre tanta mazorca ni se iba a notar la falta, pero el viejo, precavido solo tomo lo que podía cargar sin que le estorbara, estuvo otro rato con ellos, le dieron que tomara agua de sus guajes y los niños deseaban que ya llegara el taco, para compartirlo con ese señor, pero el taco no llego  y el señor se despidió diciéndoles:

“Gracias, son ustedes unos buenos niños, gracias” y cuando se iba alejando volvió la cabeza y les dijo, pórtense bien, para que sus papás no tengan  que sufrir estos caminos como yo.

-Y se fue, con su paso cansado poco a poco, hasta que se perdió de vista en un recodo del camino, los niños quedaron  impresionados, nunca supieron más de él , nunca supieron cómo se llamaba, pero se les quedo muy gravado en su cerebro, la idea de ese viejito que iba a caminar «muuuucho» tiempo,  con tal de ver a su hijo que estaba en  las Islas Marías.

-Ahora ya de grande pensaba: tal vez, quizá , tal vez, por eso nunca se había metido en líos grandes, nunca tuvo líos gordos, y al ver la vieja foto pensó:

-Ellos le habían dado a aquel señor unas cuantas mazorcas que le duraron unos pocos días y él al decirles:

“Pórtense bien para que sus papás no tengan  que andar estos caminos”

-Les había regalado un sabio consejo para toda la vida

Texto: Sixto Torres

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