Papa

«Papá, hoy me arrodillo ante tu memoria con el alma desgarrada y los ojos humedecidos por un arrepentimiento que llega demasiado tarde…»

Porque solo ahora, cuando el tiempo ha limpiado mi ceguera, logro verlo:  

Tus manos… agrietadas de tanto trabajar en silencio.  Tu espalda… doblada bajo el peso de deudas que no eran tuyas, pero que cargaste por mí.  Tu voz… que nunca se quebró, ni siquiera cuando la ingratitud te rompía por dentro.  

Yo solo veía mis heridas, mis caprichos, mis «yo, yo, yo»… mientras tú, en la sombra,  intercambiabas sueños por pan,  cambiaste juventud por paciencia,  regalaste pedazos de tu salud… y todo, por un hijo que no supo decir «gracias».  

¡Perdóname!. Perdón por no haber visto que cada cana en tu cabeza era un temblor que escondiste,  que cada arruga en tu frente guardaba noches en vela por mis errores.  

Hoy sé que tu amor era un milagro cotidiano:  me amaste cuando no lo merecía,  me protegiste cuando no lo pedí,  y me diste raíces tan fuertes, que incluso mi ingratitud no pudo secarlas.  

Si el cielo me diera un minuto más contigo,  no te soltaría.  Te miraría a los ojos y dejaría que vieras todo lo que callé:  «Eres mi héroe. El hombre más grande que he conocido.  Y aunque no supe decírtelo a tiempo,  llevo tu nombre, tu sangre y tu ejemplo tatuados en lo más hondo de quien ahora soy».  

Descansa en paz, viejo luchador.  

Tu amor fue mi primer perdón… y hoy,  entre lágrimas y memorias, juro honrarte siendo la persona que tú siempre creíste que podía ser. Porque hasta en el silencio de tu ausencia… sigues siendo mi sustento.

( Que estas palabras no se queden en el papel. Conviértelas en acciones: ayuda a alguien que lo necesite hoy, perdona como él te perdonó a ti, y cuando sientas cansancio, recuerda que llevas su fuerza en la sangre).

Facundo Cabral -Tomado de la red

Posted in

Deja un comentario