No te borré… Te acomodé.
Olvidar no siempre es sano y recordar sin orden es un desastre.
Te guardé lejos de mis decisiones, lejos de mis noches largas, lejos de los lugares donde ahora quiero estar en paz.
No te exilié con rabia, te reubiqué con conciencia.
Hay recuerdos que no merecen primera fila, solo un asiento discreto donde no interrumpan la vida.
Te guardé en ese lugar donde ya no opinas, donde tu nombre no pesa, donde tu ausencia no provoca preguntas. Un lugar sin dramatismo, sin nostalgia activa, sin esa urgencia de entenderlo todo. Ahí no hay reproches ni diálogos pendientes, solo aceptación.
Porque entendí que algunas personas no se sacan del corazón, se sacan del centro. Antes estorbabas sin saberlo. Te atravesabas en mis planes, en mis ganas, en mis nuevas posibilidades. Cada recuerdo tuyo era una pausa forzada, una duda innecesaria, una conversación interna que ya no quería tener.
Pero aprendí algo importante, el pasado solo molesta cuando lo dejas caminar por el presente. Y yo decidí cerrarle la puerta sin hacer ruido. Hoy puedo pensar en ti sin que cambie el rumbo del día. Puedo nombrarte sin que se me mueva el pecho. Eso no es frialdad, es avance.
Es haber entendido que la paz no se construye borrando, sino colocando cada cosa en su lugar correcto. Te guardé en un lugar donde ya no estorbas, porque mi vida necesitaba espacio limpio. Espacio para lo nuevo, para lo posible, para lo que no exige traducción ni sacrificio.
Y aunque suene duro, es lo más honesto que pude hacer, no sacarte con violencia, sino dejarte quieta donde ya no gobiernas nada.
Texto: David “Trukutru” Peral

Deja un comentario