La vida es difícil porque los hombres aprenden a correr antes que a mirar.
Corren detrás de cosas enormes, brillantes, lejanas… como si la felicidad estuviera siempre escondida en otro sitio. Y mientras levantan edificios, relojes y fronteras, olvidan escuchar el sonido más simple: el viento atravesando las hojas de un árbol.
Hay personas que pasan años buscando amor sin darse cuenta de que alguien las mira con ternura cada mañana. Personas capaces de viajar al otro lado del mundo y no sentir nunca la lluvia sobre la piel. Gente rodeada de abrazos que se siente sola porque deja de verse reflejada en los ojos de quien tiene enfrente.
El problema del ser humano es que dejó de sentir la energía de la tierra. Antes, la gente caminaba descalza, hablaba con los ríos, descansaba bajo los árboles y entendía que la naturaleza no está fuera de ellos… sino dentro. Pero el mundo se llenó de ruido, y el ruido hizo olvidar el lenguaje silencioso de las cosas sencillas.
Por eso la vida pesa tanto.
Porque pocos miran el cielo sin pedir nada.
Porque casi nadie agradece el calor de una mano.
Porque el corazón humano se acostumbra a desear lo difícil y deja de valorar lo pequeño, que es precisamente lo que mantiene viva el alma.
Y quizá la tristeza más grande no es estar solo… sino caminar junto a otros sin llegar a reconocerse
Charo Chantal

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