Amor propio

Ella estaba por cumplir más de setenta años y, entre sorbo y sorbo de café, me dijo casi en voz bajita:

—Me da vergüenza envejecer…

No lo dijo riéndose. Lo dijo con esa tristeza que muchas mujeres esconden detrás del maquillaje, del cabello arreglado y de la sonrisa social. Porque hay un momento en la vida en que una mujer deja de pelear contra el calendario… y empieza a pelear contra el espejo. Entonces le dije:

“Cuando llegues a tu casa quítate la ropa. Toda. Y párate frente al espejo así… en la forma que llegaste al mundo 

Me miró sorprendida. Pero continué:

“No te acomodes.

No metas la panza.

No levantes el pecho.

No busques el mejor perfil.

No te pongas bonita para verte.

Sólo mírate.”

Porque qué difícil es para una mujer verse de verdad. Verse el pecho caído.

La piel floja.

Las estrías.

Las cicatrices.

Las rodillas envejecidas.

La cintura que ya cambió.

Los brazos blanditos.

La celulitis.

Las manchas.

Las venas.

La tristeza que a veces también se refleja en el cuerpo.

Y aún más difícil… aceptar que todo eso también eres tú.

Vivimos en un mundo que nos enseñó a esconder el paso del tiempo. A disimularlo. A pedir perdón por él. Como si envejecer fuera un fracaso.

Y no. Fracaso sería llegar al final de la vida odiando el cuerpo que te sostuvo todos estos años. Porque ese cuerpo que hoy criticas… ha sobrevivido. Tal vez dio vida. Tal vez perdió hijos. Tal vez cargó enfermedades. Tal vez pasó noches enteras llorando. Tal vez fue tocado con amor… o lastimado con crueldad.

Y hay mujeres a las que la vida les arrebató partes del cuerpo.

Un seno.

El cabello.

La firmeza.

La movilidad.

La salud.

La vida no sólo arruga… a veces también mutila. Y aun así… siguen aquí.

Por eso le dije: “Párate frente al espejo y agradécelo.” Agradece el cuerpo completo… y si ya no está completo, agradece lo que quedó.

Porque incluso las ausencias cuentan historias.

Mira cada marca. Cada caída. Cada línea. Las estrías hablan. La flacidez habla. Las cicatrices hablan. El cuerpo entero habla. Dice:

“Viví.” “Resistí.” “Sobreviví.”

Y quizá ya no eres aquella muchacha de piel firme y cintura pequeña. Quizá el tiempo dejó huellas profundas. Quizá hay partes de ti que duelen cuando las miras. Pero no te observes con desprecio.

Obsérvate con ternura. Porque nadie sale intacto de la vida.

Nadie.

Todos terminamos siendo una mezcla de recuerdos, heridas, alegrías y pérdidas reflejadas en la piel. Y hay algo profundamente valiente en una mujer que puede mirarse desnuda frente al espejo… sin poses… sin filtros… sin aprobación de nadie… y aun así… decir:

“Éste es mi cuerpo. Ésta soy yo. Y merezco quererme así.” Porque el verdadero amor propio no aparece cuando todo es perfecto. Aparece cuando eres capaz de abrazar incluso aquello que el tiempo cambió para siempre.

🍂🪻☕️🫟©️Milka MagTorre

#soymilkamagtorre

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