A VECES DIOS NO CAMBIA LO QUE ESTÁS VIVIENDO; CAMBIA LA MANERA EN QUE LO ATRAVIESAS.
Pedimos que desaparezca el problema.
Que regrese alguien.
Que algo suceda.
Que una puerta se abra.
Que el dolor termine.
Y cuando nuestra oración no recibe la respuesta que esperábamos…
podemos sentir que nadie nos escucha.
Pero con los años quizá descubrimos algo.
Algunas de las oraciones más importantes de nuestra vida no cambiaron inmediatamente las circunstancias.
Nos cambiaron a nosotros.
Nos dieron paciencia.
Claridad.
Fortaleza.
Aceptación.
Valor para tomar una decisión.
O simplemente la capacidad de atravesar un día que creíamos imposible.
La fe no siempre significa esperar un milagro.
A veces significa caminar sin entender todavía todo el camino.
Hacer nuestra parte.
Soltar lo que no podemos controlar.
Y confiar.
Quizá hoy no necesites pedir:
“Dios, quítame esto.”
Quizá puedas decir:
“Dios, acompáñame mientras lo atravieso y ayúdame a comprender qué puedo aprender de este momento.”
A veces la respuesta no llega cambiando el camino. Llega fortaleciendo a quien lo está caminando.
— Pedro Lanzagorta
Arquitectura Espiritual®

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