• Hablaba con papá.

    – Hijo… ¿Que tienes?

    Sale el padre por la puerta de la casa… Mientras que en su mano derecha tenía una taza de té caliente.

    – nada… 

    Responde Marcus mientras que sentado en las escaleras frente de su casa, se pasaba las manos por la cara secando sus lágrimas. El padre solo se sentó junto a él y tomó un sorbo de la taza con té.

    – hijo… Puedes confiar en mí.

    Decía mientras pasaba la taza de té a su mano izquierda y colocaba su mano derecha en el hombro de Marcus.

    – solo quería pedirte que me perdonaras, no fui lo mejor para ti y lo más probable es que jamás lo sea.

    El padre de Marcus coloca la taza de té en las escaleras, y de inmediato abre sus brazos, rodeando a Marcus dándole un fuerte abrazo. Marcus de repente empieza a llorar.

    – te extraño… ¡Te extraño tanto papá! Perdóname por favor. Solo quiero que vuelvas.

    De repente sale la madre de Marcus.

    – hijo… ¿que sucede?.

    Decía la madre un poco preocupada y con los brazos cruzados.

    – ¿con quién hablas?

    Una gota de lágrima sale del ojo derecho de la madre.

    – con papá, mamá… hablaba con papá.

    La madre no pudo contener el llanto, y se agachó a abrazarlo.

    – no puede ser hijo… El ya está muerto.

    – él estuvo aquí mamá… Pude sentirlo y escucharlo… Me pude despedir y me perdonó.

    Se levantaron y entraron a la casa.

    Mientras que en las escaleras, quedaba humeando la taza de té.

    AUTOR: Samuel Suárez  👇https://www.facebook.com/16SamuelSuarez/

  • ME ENCONTRÉ 

    Una vez me miré al espejo y no era feliz. Me faltaba algo. Y me dije;

    “Es hora de buscar paz y encontrarte”

    Y lo hice. Me alejé de muchos. Cerré puertas. Construí caminos. Y agradecí porque obtuve todo lo que necesitaba. Y comenzó a gustarme lo que veía en el espejo.

    Vi a alguien fuerte por primera vez. Y el silencio fue mi amigo. Y la soledad mi mejor aliada. Era necesaria para mi proceso

    Y aquí estoy, escogiéndome por encima de TODO. Logrando poco a poco. Soñando y cumpliendo. 

    Hoy me abraza una paz infinita que es imposible soltar. Una calma que solo llegó justo cuando estaba preparada para recibirla. Nada de lo que he obtenido es negociable. Nada cambiaría.

    ME ENCONTRÉ 

    Me tengo

    Y con eso, LO TENGO TODO

    -Glory Miranda

  • LE DECÍAN , LOCA!

    A MI MADRE LE DECÍAN , LOCA!

    A mi Madre le decían loca, pero no era loca, era profesora.

    Hablaba diferente.

    Decía: «Los ojos sirven para escuchar». Yo tenía diez años de edad.

    Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá mi madre era loca. Cierta vez me armé de valor y le pregunté: ¿Con qué miramos? Mi madre me respondió: «Con el corazón».

    Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba: «Hoy me he puesto mi vestido de veinte años». Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba, nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar?

    Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla. «Hoy tengo ochenta años» -dijo-, cuando reprobé un curso. Al fin pude terminar la educación primaria. El día de la clausura llegó tarde. Se disculpó diciendo: «Hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión, ¿No ves mi vestido de Primera Comunión?». Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión.

    Después tuvo esa enfermedad fatal.

    Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo: «No tengas pena, la muerte no es para siempre». Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre. Era niño y no entendía sus palabras. Ahora y recién comprendo sus enseñanzas.

    Sí, Madre.

    Podemos tener veinte años y al día siguiente ochenta. Todo depende de nuestro estado de ánimo. Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla.

    Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón.

    La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero. Ahora -en sueños, platicamos- nos reímos de su método de enseñanza.

    Aprendí a mirar con el corazón.

    Una noche me dijo: «He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien. Es natural que el hijo de una loca sea loco».

    Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije: «Madre, te equivocas, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco; a veces…. es poeta».

    Por eso puedo decir con orgullo: «A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora».

    Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte.

    Alfonso ixtlán.

  • CUANDO LA VIDA TE SACUDE.

    Vas caminando con tu taza de café y de repente alguien pasa, te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes.

    -¿Por qué se te derramó el café?
    -Porque alguien me empujó.

    Respuesta equivocada:
    Derramaste el café porque tenías café en la taza. Si hubiera sido té, hubieras derramado el té.

    Lo que tengas en la taza, es lo que se va a derramar.

    Por lo tanto, cuando la vida te sacude (qué seguro pasará muchas y repetidas ocasiones a lo largo de tu existencia aquí) lo que sea que tengas dentro de ti, vas a derramar.

    Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes, pero cuando la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior.

    Eventualmente sale la verdad a la luz.

    Así que habrá que preguntarse a uno mismo. ¿Qué hay en mi taza?

    Cuando la vida se ponga difícil, ¿qué voy a derramar? ¿Alegría, agradecimiento, paz, humildad? ¿O coraje, amargura, palabras o reacciones duras? ¡Tú eliges!

    Ahora, trabaja en llenar tu taza con gratitud, perdón, alegria, palabras positivas y amables, generosidad y amor para los demás.
    De lo que esté llena tu taza, tú eres el responsable.

    Y ten en cuenta que la vida sacude, sacude más veces de las que puedes imaginar.

    Web
    Desconozco autoría. Comparto con respeto

  • EL ÁRBOL TRISTE

    EL ÁRBOL TRISTE

    Había una vez un jardín muy hermoso en el que crecían todo tipo de árboles maravillosos.
    Algunos daban enormes naranjas llenas de delicioso jugo, otros riquísimas peras que parecían azucaradas de tan dulces que eran. También había árboles repletos de dorados melocotones que hacían las delicias de todo aquel que se llevaba uno a la boca.

    Era un jardín excepcional y los frutales se sentían muy felices. No sólo eran árboles sanos, robustos y bellos, sino que además, producían las mejores frutas que nadie podía imaginar.

    Sólo uno de esos árboles se sentía muy desdichado, porque aunque sus ramas eran grandes y muy verdes, no daba ningún tipo de fruto. El pobre siempre se quejaba de su mala suerte.

    – Amigos, todos ustedes están cargaditos de frutas estupendas, pero yo no. Es injusto y ya no sé qué hacer.

    El árbol estaba muy deprimido y todos los días repetía lo mismo. Los demás le apreciaban mucho e intentaban que recuperara la alegría con palabras de ánimo. El manzano por ejemplo, solía hacer hincapié en que lo importante era centrarse en el problema.

    – A ver compañero, si no te concentras, nunca lo conseguirás. Relaja tu mente e intenta dar manzanas, ¡a mí me resulta muy sencillo!.

    Pero el árbol, por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar verdes manzanas naciendo de sus ramas, no lo conseguía.

    Otro que a menudo le consolaba era el mandarino, quien además insistía en que intentara dar mandarinas.

    – A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas ¡Mira cuántas tengo yo!.
    Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos, ¡vamos, haz un esfuerzo a ver si lo logras!.

    Pero fué inútil, el árbol era incapaz, y se sentía fatal por ser diferente y nada productivo.

    Un mañana un búho lo escuchó llorar amargamente y se posó sobre él. Viendo que sus lágrimas eran tan abundantes que parecían gotas de lluvia, pensó que algo realmente grave le pasaba. Con mucho respeto, le habló:

    – Perdona que te moleste, mira, yo no sé mucho acerca de los problemas que tienen los árboles, pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa. Soy un animal muy observador y quizá pueda ayudarte.

    El árbol suspiró y confesó al ave cuál era su dolor.

    – Gracias señor búho por interesarte en mi problema. Como podrás ver, en este jardín hay cientos de árboles, todos bonitos y llenos de frutas increíbles y deliciosas, excepto yo, todos mis amigos insisten en que intente dar manzanas, peras o mandarinas, ¡pero no puedo!, me siento frustrado y enfadado conmigo mismo por no ser capaz de crear ni una simple aceituna.

    El búho, que era muy sabio comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza:

    – ¿Quieres saber mi opinión sincera? ¡El problema es que no te conoces a ti mismo!, te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y en cambio no escuchas tu propia voz interior.

    El árbol puso cara de extrañeza.

    – ¿Mi voz interior?, ¿qué quieres decir con eso?.

    – ¡Sí, tu voz interior! -le dijo el buho-, tú la tienes, todos la tenemos, pero debemos aprender a escucharla. Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta. Espero que medites sobre ello porque ahí está la respuesta.

    El búho le guiñó un ojo y sin decir ni una palabra más alzó el vuelo y se perdió en la lejanía.

    El árbol se quedó meditando y decidió seguir el consejo del inteligente búho. Aspiró profundamente varias veces para liberarse de los pensamientos negativos e intentó concentrarse en su propia voz interior.

    Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le rodeaba, escuchó al fin una vocecilla dentro de él que le susurró:

    «Cada uno de nosotros somos lo que somos, ¿cómo pretendes dar peras si no eres un peral?. Tampoco podrás nunca dar manzanas, pues no eres un manzano, ni mandarinas porque no eres un mandarino.
    Tú eres un roble y como roble que eres estás en el mundo para cumplir una misión distinta pero muy importante, por ejemplo… Acoger a las aves entre tus enormes ramas y dar sombra a los seres vivos en los días de calor.
    ¡Ah, y eso no es todo!, tu belleza contribuye a alegrar el paisaje, sin contar que eres una de las especies más admiradas por los científicos y botánicos.
    ¿No crees que todo eso es suficiente para sentirte orgulloso de quien eres?».

    En ese momento y después de muchos meses, el árbol triste se alegró. La emoción recorrió su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.

    Jamás volvió a sentirse menos que los demás y logró ser muy feliz el resto de su larga vida.

    Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos unas capacidades diferentes que nos distinguen de los demás. Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez de tratar de ser lo que los demás quieren que seas.

    De la Red

  • Ni tan dura, ni…

    No todo es lo que parece.

    Ni fui tan dura, ni tan valiente, ni tan segura.

    ¡Si supieran cuántas veces necesité un abrazo para seguir!. ¡Cuántas veces deseé retornar a mi infancia y confesar libremente mis miedos!

    ¡Cuántas veces soñé que tenía alas y podía alejarme de lo que me hacía sufrir!

    ¡Cuántas veces ansié no ser yo!. Aún así, de las guerras salí airosa, de las tormentas solo mojada y después de ellas, tal como debía suceder, el sol volvió a salir. Siempre hubo pan en la mesa, no me tapó el agua y elegí los caminos. La música de mi corazón siguió sonando, el amor me visitó y cuando lo pedí, el olvido llegó.

    Todo sucedió como debía suceder, en todo este tiempo, mi espíritu como el junco se dobló pero, nunca se quebró. Me preparo para una nueva aventura. Renuevo mis sueños. Dejo a un lado lo que ya no sirve y con la mejor de mis sonrisas me apresto a salir. 🦋✿ღ﹏✍

    ꧁*lα fϴrϯαlϵϟα δϵ ῠͷα ϻῠjϵr*꧂

    ♡───※ ·❆· ※──※ ·❆· ※───♡

  • Aprendo lentamente

    EL TAMAÑO DE TU DRAMA, ES PROPORCIONAL AL TAMAÑO DE TU EGO.

    Aprendo lentamente que no tengo que reaccionar a cualquier cosa que me moleste.

    Aprendo lentamente que la energía necesaria para reaccionar a cada cosa «mala» que me sucede, me agota y me impide ver las otras cosas buenas de la vida.

    Aprendo lentamente que no voy a ser el consuelo de todos y que no voy a poder llevar a todos a tratarme como quiero que me traten y no es para tanto.

    Aprendo lentamente que tratar de ′′ganar′′ a cualquiera es solo una pérdida de tiempo, energía y que solo me llena de vacío.

    Aprendo lentamente que no reaccionar no significa que esté de acuerdo con las cosas, simplemente significa que elijo elevarme por encima.

    Elijo aprender la lección, me sirvió y aprendo de ella. Elijo ser la persona más grande.
    Elijo mi tranquilidad mental porque eso es lo que realmente necesito.
    No necesito más drama.
    No necesito que la gente me haga sentir que no soy lo suficientemente buena.
    No necesito peleas, argumentos y conexiones falsas.

    Aprendo lentamente que a veces, no decir nada, lo dice todo.
    Aprendo lentamente que reaccionar ante cosas que me molestan, le dan poder a alguien sobre mi y sobre mis emociones.

    No puedo controlar lo que hacen los demás, pero puedo elegir cómo reaccionar, cómo lo manejo, cómo lo percibo y cuánto de ello me lo tomo personal.

    Aprendo lentamente que la mayor parte del tiempo, estas situaciones no dicen nada sobre mí y mucho sobre la otra persona.

    Aprendo que todas estas decepciones están ahí para enseñarme a amarme y me servirá de escudo.

    Aprendo que aunque reaccione, no cambiará nada, no hará que la gente me quiera y me respete de repente, no cambiarán mágicamente sus mentes.

    A veces es mejor dejar ir las cosas, dejar ir a la gente, no luchar por el cierre, no pedir explicaciones, no perseguir las respuestas y no esperar que la gente entienda desde donde tú lo ves.

    Aprendo lentamente que la vida se vive mejor cuando no la centras en lo que pasa a tu alrededor y la centras más bien en lo que sucede dentro de ti.

    Trabaja en ti mismo, en tu paz interior y te darás cuenta que no reaccionar a cada pequeña cosa que te molesta es el primer ingrediente para vivir una vida feliz y saludable.

    Louise HAY & Wayne

  • El tanque vacio

    EL TANQUE VACÍO…

    El mundo entero se detuvo esta mañana. ¿Sabes por qué? Porque el tanque de un niño de 8 años estaba vacío.
    Los niños ya habían comenzado su día yo me estaba preparando para irme al trabajo cuando noté que mi pequeño estaba parado en el baño limpiándose la cara.

    Me detuve en la puerta y le pregunté si estaba bien. Miró hacia arriba con lágrimas goteando silenciosamente y sacudió la cabeza. Cuando le pregunté si había pasado algo, volvió a negar con la cabeza.

    Así que me senté en el borde de la bañera y lo puse en mi regazo. Le dije que a veces los tanques de nuestro corazón se sienten vacíos y necesitan ser rellenados.
    Lloró en mi pecho y lo sostuve fuerte.
    Le pregunté si podía sentir mi amor llenándolo.
    Asintió y las lágrimas se detuvieron…

    Esperé un minuto…
    «¿Ya te ha llegado a los dedos de los pies?» Le pregunté
    Él negó con la cabeza…

    ‘Vale hombre. Tardaremos el tiempo que necesites. El trabajo no importa ahora. La escuela tampoco es importante ahora tu eres lo que importa. Lo abrazé estrechamente y le volví a preguntar
    «¿Y ahora te sientes mejor?» Asintió con la cabeza

    Unos minutos más tarde le pregunté…
    «¿Tu corazón está lleno de amor ahora?»
    «Sí»…
    Lo miré a los ojos y los ví brillar, estaba lleno hasta el tope y estaba sonriendo!’
    Su semana estuvo tan ocupada,tan llena y su pequeña alma estaba simplemente seca…

    Puede que no tengas 8 años, puedes tener 28, 38, 48, o lo que sea, pero TODOS a veces corremos con las manos vacías como él.

    ✨Todos tenemos que hacer una pausa y tomarnos un momento para volver a llenarnos de cosas buenas. Meditación, sol, risas, amigos, abrazos. Hay que volver a llenar ese vacío o encontrarás esas emociones (lágrimas, ira, palabras cortantes) desbordadas y sin razón alguna.

    🌟Toma un descanso y vuélvete a llenar…Esa será la parte más importante para ¡volver a sonreír!

    • Desconozco el autor
      • Laura Lavalle
  • No tuvo importancia

    Se le pidió a un hombre que pintara un bote. Trajo su pintura y pinceles y comenzó a pintar el barco de un rojo brillante, como le pidió el dueño.
    Mientras pintaba, notó un pequeño agujero en el casco, y lo reparó tranquilamente. Cuando terminó de pintar, recibió su dinero y se fue.
    Al día siguiente, el dueño del barco acudió al pintor y le presentó un cheque, mucho más alto que el pago por la pintura. El pintor se sorprendió y dijo:
    «Ya me ha pagado por pintar el barco, señor!» Pero esto no es por el trabajo de pintura. Es por reparar el agujero en el barco.
    Ah! Pero fue un servicio tan pequeño… ciertamente no vale la pena pagarme una cantidad tan alta por algo tan insignificante.
    Mi querido amigo, no lo entiendes.
    Déjame decirte lo que pasó:
    «Cuando te pedí que pintaras el barco, olvidé mencionar el agujero.»
    Cuando el barco se secó, mis hijos tomaron el barco y se fueron a pescar.
    «No sabían que había un agujero». Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando regresé y noté que habían tomado el barco, estaba desesperado porque recordé que el barco tenía un agujero.
    Imagina mi alivio y alegría cuando los vi regresar de la pesca. Entonces, examiné el bote y descubrí que habías reparado el agujero! » Ves, ahora, lo que hiciste?
    Salvaste la vida de mis hijos! No tengo suficiente dinero para pagar tu «pequeña» buena acción»
    Así que no importa quién, cuándo o cómo, continúa ayudando, sosteniendo, limpiando lágrimas, escuchando atentamente, y reparando cuidadosamente todas las «fugas» que encuentres.
    Nunca se sabe cuando necesitan de nosotros, o cuando Dios tiene una agradable sorpresa para que seamos útiles e importantes para alguien.
    A lo largo del camino, es posible que hayas reparado numerosos “agujeros de barco” sin darte cuenta de cuántas vidas has salvado.»

  • El regalo

    El regalo:
    Un muchacho pobre, de alrededor de doce años de edad, vestido y calzado de forma humilde, entró en una tienda, eligió un jabón común y le pidió al propietario que se lo envolviera para regalo.
    «Es para mi madre», dijo con orgullo.
    El dueño de la tienda se conmovió ante la sencillez de aquel regalo.
    Miró con piedad a su joven cliente y, sintiendo una gran compasión, tuvo ganas de ayudarlo.
    Pensó que podría envolver, junto con el jabón tan sencillo, algún artículo más significativo. Sin embargo, estaba indeciso: miraba al muchacho, miraba los artículos que tenía en su tienda, pero no se decidía. ¿Debía hacerlo o no?.
    El corazón decía que sí, pero la mente le decía no.
    El muchacho, notando la indecisión del hombre, pensó que estuviera dudando de su capacidad de pagar. Llevó la mano al bolsillo, retiró las moneditas que tenía y las puso en el mostrador.
    Continuaba el conflicñto mental. ya había concluido que, si el muchacho pudiera, le compraría algo mucho mejor a su madre.
    Recordó a su propia madre.
    Había sido pobre y muchas veces, en su infancia y adolescencia, también había deseado regalarle algo a su madre. Cuando consiguió empleo, ella ya había partido para el mundo espiritual.
    El muchacho, con aquel gesto, estaba tocando lo más profundo de sus sentimientos.
    Del otro lado del mostrador, el chico empezó a ponerse ansioso.
    En el campo de la emoción, dos sentimientos se entrecruzaban: la compasión del hombre, la desconfianza por parte del muchacho.
    Impaciente, le preguntó: «¿señor, falta algo?» – «No», contestó el propietario de la tienda. «Es que de repente recordé a mi madre.
    Ella se murió cuando yo todavía era muy joven. Siempre quise darle un regalo, pero, desempleado, nunca logré comprar nada.»
    Con la espontaneidad de sus doce años, el muchacho le preguntó: –
    «¿Ni un jabón?»
    El hombre se calló.
    Envolvió el sencillo jabón con el mejor papel que tenía en la tienda, le puso una hermosa cinta de colores y se despidió del cliente sin hacer ningún comentario más.
    A solas, se puso a pensar. ¿Cómo nunca se le había ocurrido darle algo pequeño y sencillo a su madre? Siempre había pensado que un regalo tenía que ser algo significativo, tanto que, minutos antes, sintiera piedad de la humilde compra y había pensado en mejorar el regalo adquirido.
    Conmovido, entendió que ese día había recibido una gran lección.
    Junto al jabón del muchachito, lo acompañaba algo mucho más importante y grandioso, el mejor de todos los obsequios:
    SU AMOR .
    NO IMPORTA EL REGALO SINO EL AMOR CON QUE SE DA

    ..tomado de la red