• Pase lo que pase…

    «Pase lo que pase» // Magdalena S. Blesa✒📚

    Pase lo que pase me veréis erguida,
    celebrando un lunes sin ningún motivo,
    dándome un abrazo con todas mis fuerzas,
    ganando una guerra mundial al destino.


    Pase lo que pase, seguiré adelante.
    Si se acaba el mundo, pintaré un camino.
    Me veréis amable, pase lo que pase,
    tatuando esperanzas en troncos de pino.
    Me veréis soñando futuros hermosos,
    escribiendo cuentos a orillas de un río.


    Pase lo que pase, me veréis serena,
    disparando abrazos contra mi enemigo.
    Inventando estrellas en cielos desiertos.
    Frecuentando lluvias, rescatando olvidos.
    Remendando penas y amasando versos,
    fulminando rabias, calentando fríos.


    Pase lo que pase, me veréis sembrando
    sonrisas abiertas en campos baldíos.
    Me veréis cruzando desiertos eternos,
    cimentando el suelo de sus espejismos.
    Me veréis remando con el agua en contra,
    hasta el nacimiento de mi yo más íntimo.


    Pase lo que pase, tomaré mi mano,
    porque tengo ganas de salir conmigo.


    Pase lo que pase, me veréis erguida,
    me veréis de gala sin ningún motivo,
    celebrando el viento, celebrando el agua,
    danzando en mi pecho con cada latido.

    Tomado de la red

  • Actitud

    ACTITUD 🤍

    La pequeña y bien perfumada anciana de 83 años, completamente vestida como cada mañana a las 8am en punto, con su cabello arreglado a moda y el maquillaje perfectamente aplicado, se muda hoy a un asilo.

    Su esposo murió recientemente, lo que motivó la mudanza.

    Después de muchas horas de esperar pacientemente en el recibidor del asilo, sonrió dulcemente, cuando se le dijo que su cuarto estaba listo.

    Mientras se desplazaba con su andador hacia el ascensor, le di una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las cortinas que colgaban de su ventana.

    “Me encanta”, afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le acaban de entregar un nuevo juguete.

    • Sra. Jones; no ha visto el cuarto, espere.
    • Eso no importa, respondió.
    • La felicidad es algo que decides con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto, no depende de cómo estén arreglados los muebles, depende de cómo arregle mi mente. Ya decidí que me gusta.
    • Es una decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Tengo la elección; puedo pasar el día en la cama, repasando la dificultad que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las partes que sí funcionan.
    • Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos, me enfocaré en el nuevo día y los recuerdos felices que he almacenado solo por esta vez en mi vida. La FELICIDAD es como una cuenta de banco: tú retiras de ella, lo que has depositado.
    • Así que mi consejo sería que deposites una gran cantidad de felicidad, en la cuenta de tu memoria.
    • Recuerda estas cinco simples reglas para ser feliz:

    1.- Libera tu corazón del odio.

    2.- Libera tu mente de preocupaciones.

    3.- Vive sencillamente.

    4.- Da más.

    5.- Espera menos.

  • Momentos

    UNA DULCE LECCIÓN DE EMPATIA
    Cuentan que un taxista de Nueva York llegó a la dirección y tocó el claxón. Después de esperar unos minutos volvió a tocar el claxón.

    Como esa iba a ser la última carrera de su turno, pensó en marcharse, pero en su lugar, estacionó el automóvil y caminó hacia la puerta y llamó…

    • «Un minuto», respondió una fragil voz de anciana.

    El taxista oyó algo que se arrastraba a través de la puerta. Después de una larga pausa, la puerta se abrió, Una pequeña mujer de unos 90 años estaba de pie ante el taxista. Llevaba un vestido estampado y un sombrero con un pequeño velo, como alguien sacado de las películas de los años 40. A su lado había una pequeña maleta de nylon. El apartamento parecía que no había sido habitado durante años. Los muebles estaban cubiertos con sábanas. No había relojes en las paredes, ni utensilio en los mostradores. En el rincón había una caja de cartón llena de fotos y cristalería.

    • «¿Sería tan amable de llevarme la maleta al coche?», dijo.

    El taxista llevó la maleta al taxi y regresó para ayudar a la anciana, ella se agarró a su brazo y lentamente caminaron hacia la acera. La anciana no paraba de agradecer la amabilidad del taxista.

    • «No es nada», le dijo. «Solo intento tratar a mis clientes del modo en que me gustaría que trataran a mi madre».
    • «Oh, usted es un buen muchacho», dijo ella.

    Cuando se metieron en el taxi, ella le dio una dirección y entonces le preguntó al taxista:

    • «¿Le importaría llevarme por el centro?»
    • «No es el camino más corto», respondió rápidamente el taxista.
    • «Oh, no me importa», dijo ella, «No tengo ninguna prisa. Voy de camino a un asilo».

    El taxista miró por el retrovisor. Los ojos de la anciana brillaban.

    • «No me queda familia ninguna», prosiguió con una suave voz.
    • «El médico dice que no me queda mucho tiempo.»

    El taxista extendió el brazo lentamente y paró el taxímetro. «¿Qué ruta quiere que tome?», preguntó. Durante las siguientes dos horas, dieron vueltas por la ciudad. Ella le enseñó al taxista el edificio donde años atrás había trabajado de ascensorista. Pasaron por el barrio donde ella y su esposo habían vivido de recién casados. La anciana le hizo parar frente a un almacén de muebles, que una vez había sido un salón de baile en el que ella había bailado de niña.

    Algunas veces, la anciana le pedía que aminorara la marcha enfrente de algún edificio o esquina en concreto, y se quedaba mirando fijamente en la oscuridad sin decir nada.

    Cuando el primer esbozo de los rayos de sol aparecían por el horizonte, ella dijo de repente:

    • «Estoy cansada. Vámonos ya».

    El taxista condujo en silencio hacia la dirección que ella le había dado. Era un edificio bajo, como un pequeño sanatorio, con un camino de entrada que pasaba por debajo de un pórtico. Dos camilleros salieron tan pronto como pararon, eran solícitos y resueltos, observando cada movimiento de ella. Debían haber estado esperándola.

    El taxista abrió el maletero y llevó la maletita hasta la puerta. La mujer ya estaba sentada en una silla de ruedas.

    • «¿Qué le debo?», preguntó buscando en el monedero.
    • «Nada», dijo el taxista.
    • «Por favor, tiene que ganarse la vida», respondió ella.
    • «Hay más clientes», respondió el taxista.

    Casi sin pensar, el taxista se inclinó y le dio un abrazo. Ella se abrazó a él fuertemente.

    • «Usted ha dado a una vieja un pequeño momento de alegría», dijo ella. «Gracias».

    El taxista caminó hacia la tenue luz de la mañana… Detrás de él se cerró una puerta. Fue el sonido del cierre de una vida.

    El taxista no recogió ningún cliente más en aquel turno. Condujo sin dirección alguna sumido en sus pensamientos. Durante el resto de aquel día, apenas pudo hablar.

    ¿Qué hubiera ocurrido si a aquella señora le hubiese tocado un taxista furioso o impaciente por terminar el turno?

    ¿Qué hubiera ocurrido si él se hubiera negado a hacer la carrera, o si solo hubiese tocado el claxón una vez y se hubiera marchado?

    Entonces pensó que no había hecho nada más importante que aquello en su vida.

    Estamos condicionados a pensar que nuestras vidas giran alrededor de grandes momentos. Pero los grandes momentos muchas veces nos pillan desprevenidos y por sorpresa, envueltos maravillosamente en lo que otras personas considerarían un momento sin importancia.

    Tomado de la red

  • DIME QUÉ TE DUELE…

    Y TE DIRÉ QUE AMAR…

    LA GARGANTA, mi garganta se cierra por el dolor y la tristeza, entonces cantaré con alegría, entonando notas que alegren mi corazón y devuelva vitalidad y energía a mis días.

    EL PECHO, el pecho a veces duele por desamor, por decepciones entonces me abrazo más fuerte y decido aceptarme y amarme cada vez más recordando que soy lo más importante y que estaré hasta el último instante de esta vida conmigo mismo.

    LOS OÍDOS, los oídos duelen entonces escuchó de mi propia voz los pequeños o grandes logros que tengo, lo mucho que me amo y que si resulto incomprendida o criticada por otras personas escuchó la voz de mi alma y vuelvo a mi propia esencia.

    EL ESTOMAGO, cuando esto sucede, me nutro de las cosas más saludables, busco darme simplemente lo mejor.

    LAS MANOS, decido y suelto todo aquello que me da trabajo sostener, mis manos deben estar limpias y sin ataduras, recordando que nada nos llevaremos por ello no busco tener nada a la fuerza, suelto y fluyo.

    LAS PIERNAS, parecen cansadas por el paso de los años, por ello bailo con alegría jovial y sentimiento de gratitud, sin saber si llevo o no el ritmo el baile me transforma.

    LAS RODILLAS me inclino de todo corazón desde la humildad, la gratitud, la fe y esperanza poniendo todo mi pensamiento en Dios quien de manera milagroso me levanta cada vez que me observa caída, triste y derrumbada por ello le alabo y agradezco.

    LA ESPALDA, mi espalda se cansa por ello reposa, descansa, deja de estresarte, libérate de juicios o críticas de terceras personas y a pesar de los errores camina erguida y con la frente en alto.

    LOS PIES haz un alto en tu vida y descansa, aquiétate y llénate de silencio en donde encontraras cada una de las respuestas mientras que tus pies se refrescan y toman energía para proseguir una vez más el camino.💕

    Autor: Desconocido_

    #5MinutosdeReflexionypensamiento

  • Hago mi parte.

    Hago mi parte.


    “Imaginaros un gran incendio…, ¿si…?, todo ardiendo. Un calor insoportable. Todos los animales en desbandada, cada uno a su manera tratando de escapar de las llamas…”

    Contaba el viejo orangután a los pequeños animalitos reunidos alrededor suyo en un claro del bosque. 

    “Corrían en desbandada y muy asustados, porque… ¿sabéis…?, el fuego es algo terrible, si te alcanza te quema, y el dolor resulta insoportable.

    ¡De pronto! observé algo inaudito, algo que detuvo mi carrera en seco. Miré una y otra vez, no podía creer lo que veía, me frote lo ojos, incluso. Se trataba de un colibrí, ya sabéis que se trata de un pajarito de los más pequeños, pues he aquí que volaba hacia el fuego, justo al contrario que todos los demás animales. Pensé que el calor le había trastornado la cabeza y le había vuelto loco. Por aquel entonces, ya era yo muy mayor y mis movimientos eran tan lentos que me diò tiempo a observar, así vi como el colibrí volvía una y otra vez a la charca que alli había. Su actitud me intrigó tanto que deje de huir y me acerqué a preguntarle…

    • ¡Oye, pajarito!, ¿me puedes explicar que estás haciendo yendo y viniendo al fuego…?.
    • ¡Intento apagarlo!, contestó él mientras continuaba con su tarea.

    En ese momento me dio la risa floja, no podía parar de reír, era desternillante ver como un ser tan diminuto intentaba algo tan fuera de sus posibilidades. Una de las veces que volvió de sus idas y venidas, le dije intentando controlar la risa y con un aire ciertamente pedante…

    • ¿Es posible que no te des cuenta de lo que resulta tan evidente…?
    • No tengo tiempo que perder en dar explicaciones a quien no quiere ver la realidad. «»¡ Yo, al menos, HAGO MI PARTE!»»

    Aquella respuesta me dejo perplejo y durante mucho, mucho tiempo, me hizo reflexionar y me enseñó muchas cosas. Cosas relacionadas con el deber, la responsabilidad, la solidaridad, la autoestima etc., que si no sois capaces de intuir por vosotros mismos, podemos comentarlas en otro momento, pero mientras tanto… ¡¡¡REFLEXIONAR!!!”.

    Retazos. Fer

  • Abuela

    Hola hijo, te escribo para proponerte un trato, lo he pensado mucho y nos convendría a los dos, pero no te voy a obligar a que lo aceptes, pero déjame explicarte en qué consiste: 

    No te pongas triste, pero todos algún día vamos a dejar este cuerpo, algunos antes, otros después, pero a todos nos llegará la hora. Estoy segura que ese día tú estarás muy triste, ya te veo con tu traje de negro, viajando y llegando al lugar para despedirte, con una corona de rosas, o tal vez un ramo de rosas. Me llorarás, y así sucesivamente, y por supuesto tratarás de cumplir con todos los protocolos de un fallecimiento.

    Bueno aquí va mi trato… ¿qué te parece si en vez de llevarme rosas cuando muera me las traes ahora?  Al fin y al cabo una vez muerta qué más me da. Una vez muerta no voy a ver lo bellas que son y menos aún sentir su aroma.

    ¿Qué te parece si en vez de ese día, que seguro todos tomaréis un café en mi velatorio, vienes ahora y nos tomamos ese café juntos? Seguro que va estar más rico que el que te prepararán ese día. Tú sabes que yo tengo mi secreto para el café y lo acompañamos con esos panecillos y esos dulces que tanto nos gustan.

    ¿Qué te parece si en vez de venir en mi velatorio de traje negro elegante, vienes hoy con un traje de cualquier color, o mejor sin traje y nos vamos a comer a algún restaurante o algún bar muy bonito y poder estar juntos? No te preocupes que yo pago.

    Me imagino que ese día vendrás con tu mujer y mis nietos, y todos estarán con la cara triste. ¿Y si lo cambiamos porque vengas ahora y cocino algo rico, para tu mujer y mis nietos? Y si te apetece ponemos alguna  película todos juntos como cuando eras niño.  O si quieres salimos a pasear, y comemos helados, tú sabes que me encantan.

    ¿Qué te parece si en vez de viajar desesperado por llegar a tiempo a mi velatorio ese día, vienes ahora y estás conmigo que estoy viva? Una vez muerta para qué necesitas darte prisa para venir. Llegado ese momento no vamos a poder conversar. Ahora te podría contar tantas cosas…pero tú siempre vives con el tiempo justo para aprovechar nuestros ratitos. Qué te parece si te das una pausa y charlamos…

    Dime hijo, ¿qué te parece mi trato?, te lo cambio por el día de mi muerte, ese día no vengas, ven hoy y así disfrutamos los dos.

    De tu madre que te quiere mucho.

    tomado de la red

  • La juventud de mi vejez
    La juventud de mi vejez

    Hoy tengo que hacer un esfuerzo mayor para lucir mejor.

    La esclavitud de pintarme el pelo y cuidar mi cara, me recuerdan constantemente que mis lágrimas y mis risas no han sido en vano, que cada cana y cada arruga tienen su historia.

    He vivido, he reído y he llorado. Sin embargo, a pesar de esto, considero que el gran cambio que los años aportaron a mi vida, se ha producido en mi alma.

    Los años me enseñaron a priorizar, a conciliar con el amor, a agradecer el regalo de la amistad y a afianzar mi espiritualidad.

    Hoy confieso que un beso de mis hijos, la sonrisa de mis nietos o una celebración familiar, producen más luces en mi vida, que la más deslumbrante constelación de estrellas.

    Los años que han pasado también me han demostrado, que mis amigos han sido seres de luz que han iluminado mi camino en algún momento y en algún lugar, sin importar el tiempo y la distancia que los verdaderos siguen aquí y los que se fueron es porque simplemente cumplieron su proceso.

    Que mi Fe se ha vuelto persistente y tolerante.

    He asumido la responsabilidad de mi espiritualidad, sin fanatismo, ni obsesiones.

    Mi Fe me ha ayudado a aceptar lo que no puedo entender ni cambiar y a fortalecer mi tolerancia hacia las creencias de los demás.

    Los años han pasado y la realidad de mi vida ha ido cambiando.

    Aunque mi cuerpo físico esté envejeciendo, mi alma se está rejuveneciendo y hoy me siento más joven, que cuando era joven.

    No temo a la vida y mi época de inseguridades y de correr tras la vida ya pasó.

    He caminado lo suficiente para entender, que no puedo y no quiero vivir de apariencias, porque si lo hago, esto no me da felicidad.

    También comprendí, que no debo más que sentir agradecimiento por haber tenido el privilegio que mis amigos/as me eligieran como un acompañante del alma, en su ruta por la vida.

    Por último, he conocido a Dios y le doy las gracias de rodillas por todas sus bendiciones que me ha obsequiado.

    Con todo esto, vivo mi realidad día a día, entendiendo que es tiempo de asumir las experiencias y que no importa lo que pase con mi cuerpo físico, las circunstancias actuales de mi vida están centradas en lo que pase con la juventud de mi alma.💕

    Creditos al autor _

    #5MinutosdeReflexionypensamiento

  • Te van a llamar…

    Y te van a llamar » loca » porque lo estás , porque naciste con el don de ver las cosas de otra manera y eso les asusta …

    Te van a llamar » intensa » porque lo eres , porque naciste con el valor bien puesto para permitirte sentirlo todo plenamente y eso les intimida …

    Te van a llamar » egoísta «porque así es , porque descubriste que tu eres lo más importante en tu vida y eso no les conviene …

    Te van a llamar de muchas maneras , con muchos juicios , durante mucho tiempo , pero mantente firme en ti y en lo que quieres , y te prometo que un día te van a llamar para decirte …

    ¡GRACIAS POR EXISTIR ! 💕

    A. Jodorowsky _

    5MinutosdeReflexionypensamiento

  • Hay abrazos que…

    Hay abrazos que te transportan…otros te restauran…algunos te reinventan…hay que te acunan…te cicatrizan y te salvan.
    Hay abrazos que te resuelven…los hay que te sacuden…te curan…te llenan…te llevan…te vacían…te hacen nube y mar en calma.
    Abrazos que duran años…porque te impregnan…marcan…se quedan.
    Hay abrazos que no te tocan…ni siquiera te rozan…pero te ciñen hasta dejar huella.
    Hay abrazos que rodean…que alivian…que refrescan…que son casa y estrella.
    Abrazos que se dan con los brazos…con la voz…con los ojos…con la sonrisa…Los hay que no se dan y envuelven el alma completa.
    Ay…esos abrazos…en los que se atrapa «o escapa»…una vida entera….»💕

    Grela Bravo _

    5MinutosdeReflexionypensamiento

  • Unos zapatos…

    RECOMIENDO LEAN ESTA HISTORIA ES MUY BONITA.

    RIFA EN LA ESCUELA
    Amita es maestra en una escuela rural.
    Siempre encuentra una buena idea para motivar a sus queridos alumnos a los que tanto quiere.
    Hoy es día de evaluación.
    Para animar a sus alumnos a esforzarse y concentrarse en su trabajo, les dijo que daría un regalo al que obtuviera la mejor nota y que este regalo sería un bonito par de zapatos.
    Los alumnos comenzaron a escribir con entusiasmo y cada uno de ellos quería ser mejor.
    Después de recoger las hojas, la maestra se sorprendió al ver que todos los estudiantes habían respondido las preguntas perfectamente
    Elogió a sus alumnos por su esfuerzo y buen hacer, pero estaba confundida:
    «¿A quién le daré este regalo?»,
    …pensó para sí misma.
    La profesora pide la opinión de sus alumnos.
    Todos le ofrecen un sorteo, que además, es la mejor solución.
    Después de que todos aprobaron esta solución, la maestra les pide que escriban su nombre y apellido en una hoja de papel y luego los coloquen en la caja que esta en su escritorio.
    Los mezcla bien y le pide a un estudiante que elija uno al azar.
    La feliz y afortunada ganadora, es una niña llamada:
    «Amenan Sarah».
    Bajo los vítores y aplausos de los alumnos, la pequeña muy emocionada se adelanta a recibir su regalo, un regalo que necesita desesperadamente en este momento.
    Esta estudiante pertenece a una familia numerosa muy pobre, su padre quedó discapacitado luego de un grave accidente laboral y su madre trabaja lo más que puede como empleada de limpieza, su salario no alcanza para cubrir las necesidades de su hija y sus hermanos, es por ello que esta alumna siempre calza los mismos zapatos ya muy gastados del año pasado.
    Con lágrimas de alegría, Amenan Sarah recibe su hermoso regalo, abraza a su maestra y agradece a sus compañeros al borde de las lágrimas.
    Cuando la maestra regresa a casa, le cuenta todo a su esposo, quien la anima y le dice que está muy orgulloso de ella.
    Pero de repente, la mujer comienza a llorar.
    Sorprendido, su esposo le pregunta:

    • ¿Por qué lloras cariño?
      Limpiándose las lágrimas, ella le explica:
    • Cuando los estudiantes salieron de la clase, revisé todas las demás hojas de papel destinadas al sorteo, y encontré… ¡que todos los estudiantes habían escrito el nombre de Amenan Sarah!, en lugar de escribir el suyo propio, sabían que su compañero estaba en necesidad y eran solidarios con ella, eso es lo que me conmovió mucho.
      Solos quizas podemos hacer tan poco; pero juntos, podemos hacer mucho.💕

    Tomado de la red…