• CUANDO LA VIDA TE SACUDE.

    Vas caminando con tu taza de café y de repente alguien pasa, te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes.

    -¿Por qué se te derramó el café?
    -Porque alguien me empujó.

    Respuesta equivocada:
    Derramaste el café porque tenías café en la taza. Si hubiera sido té, hubieras derramado el té.

    Lo que tengas en la taza, es lo que se va a derramar.

    Por lo tanto, cuando la vida te sacude (qué seguro pasará muchas y repetidas ocasiones a lo largo de tu existencia aquí) lo que sea que tengas dentro de ti, vas a derramar.

    Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes, pero cuando la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior.

    Eventualmente sale la verdad a la luz.

    Así que habrá que preguntarse a uno mismo. ¿Qué hay en mi taza?

    Cuando la vida se ponga difícil, ¿qué voy a derramar? ¿Alegría, agradecimiento, paz, humildad? ¿O coraje, amargura, palabras o reacciones duras? ¡Tú eliges!

    Ahora, trabaja en llenar tu taza con gratitud, perdón, alegria, palabras positivas y amables, generosidad y amor para los demás.
    De lo que esté llena tu taza, tú eres el responsable.

    Y ten en cuenta que la vida sacude, sacude más veces de las que puedes imaginar.

    Web
    Desconozco autoría. Comparto con respeto

  • EL ÁRBOL TRISTE

    EL ÁRBOL TRISTE

    Había una vez un jardín muy hermoso en el que crecían todo tipo de árboles maravillosos.
    Algunos daban enormes naranjas llenas de delicioso jugo, otros riquísimas peras que parecían azucaradas de tan dulces que eran. También había árboles repletos de dorados melocotones que hacían las delicias de todo aquel que se llevaba uno a la boca.

    Era un jardín excepcional y los frutales se sentían muy felices. No sólo eran árboles sanos, robustos y bellos, sino que además, producían las mejores frutas que nadie podía imaginar.

    Sólo uno de esos árboles se sentía muy desdichado, porque aunque sus ramas eran grandes y muy verdes, no daba ningún tipo de fruto. El pobre siempre se quejaba de su mala suerte.

    – Amigos, todos ustedes están cargaditos de frutas estupendas, pero yo no. Es injusto y ya no sé qué hacer.

    El árbol estaba muy deprimido y todos los días repetía lo mismo. Los demás le apreciaban mucho e intentaban que recuperara la alegría con palabras de ánimo. El manzano por ejemplo, solía hacer hincapié en que lo importante era centrarse en el problema.

    – A ver compañero, si no te concentras, nunca lo conseguirás. Relaja tu mente e intenta dar manzanas, ¡a mí me resulta muy sencillo!.

    Pero el árbol, por mucho que se quedaba en silencio y trataba de imaginar verdes manzanas naciendo de sus ramas, no lo conseguía.

    Otro que a menudo le consolaba era el mandarino, quien además insistía en que intentara dar mandarinas.

    – A lo mejor te resulta más fácil con las mandarinas ¡Mira cuántas tengo yo!.
    Son más pequeñas que las manzanas y pesan menos, ¡vamos, haz un esfuerzo a ver si lo logras!.

    Pero fué inútil, el árbol era incapaz, y se sentía fatal por ser diferente y nada productivo.

    Un mañana un búho lo escuchó llorar amargamente y se posó sobre él. Viendo que sus lágrimas eran tan abundantes que parecían gotas de lluvia, pensó que algo realmente grave le pasaba. Con mucho respeto, le habló:

    – Perdona que te moleste, mira, yo no sé mucho acerca de los problemas que tienen los árboles, pero aquí me tienes por si quieres contarme qué te pasa. Soy un animal muy observador y quizá pueda ayudarte.

    El árbol suspiró y confesó al ave cuál era su dolor.

    – Gracias señor búho por interesarte en mi problema. Como podrás ver, en este jardín hay cientos de árboles, todos bonitos y llenos de frutas increíbles y deliciosas, excepto yo, todos mis amigos insisten en que intente dar manzanas, peras o mandarinas, ¡pero no puedo!, me siento frustrado y enfadado conmigo mismo por no ser capaz de crear ni una simple aceituna.

    El búho, que era muy sabio comprendió el motivo de su pena y le dijo con firmeza:

    – ¿Quieres saber mi opinión sincera? ¡El problema es que no te conoces a ti mismo!, te pasas el día haciendo lo que los demás quieren que hagas y en cambio no escuchas tu propia voz interior.

    El árbol puso cara de extrañeza.

    – ¿Mi voz interior?, ¿qué quieres decir con eso?.

    – ¡Sí, tu voz interior! -le dijo el buho-, tú la tienes, todos la tenemos, pero debemos aprender a escucharla. Ella te dirá quién eres tú y cuál es tu función dentro de este planeta. Espero que medites sobre ello porque ahí está la respuesta.

    El búho le guiñó un ojo y sin decir ni una palabra más alzó el vuelo y se perdió en la lejanía.

    El árbol se quedó meditando y decidió seguir el consejo del inteligente búho. Aspiró profundamente varias veces para liberarse de los pensamientos negativos e intentó concentrarse en su propia voz interior.

    Cuando consiguió desconectar su mente de todo lo que le rodeaba, escuchó al fin una vocecilla dentro de él que le susurró:

    «Cada uno de nosotros somos lo que somos, ¿cómo pretendes dar peras si no eres un peral?. Tampoco podrás nunca dar manzanas, pues no eres un manzano, ni mandarinas porque no eres un mandarino.
    Tú eres un roble y como roble que eres estás en el mundo para cumplir una misión distinta pero muy importante, por ejemplo… Acoger a las aves entre tus enormes ramas y dar sombra a los seres vivos en los días de calor.
    ¡Ah, y eso no es todo!, tu belleza contribuye a alegrar el paisaje, sin contar que eres una de las especies más admiradas por los científicos y botánicos.
    ¿No crees que todo eso es suficiente para sentirte orgulloso de quien eres?».

    En ese momento y después de muchos meses, el árbol triste se alegró. La emoción recorrió su tronco porque al fin comprendió quién era y que tenía una preciosa y esencial labor que cumplir dentro de la naturaleza.

    Jamás volvió a sentirse menos que los demás y logró ser muy feliz el resto de su larga vida.

    Moraleja: Cada uno de nosotros tenemos unas capacidades diferentes que nos distinguen de los demás. Trata de conocerte a ti mismo y de sentirte orgulloso de lo que eres en vez de tratar de ser lo que los demás quieren que seas.

    De la Red

  • Ni tan dura, ni…

    No todo es lo que parece.

    Ni fui tan dura, ni tan valiente, ni tan segura.

    ¡Si supieran cuántas veces necesité un abrazo para seguir!. ¡Cuántas veces deseé retornar a mi infancia y confesar libremente mis miedos!

    ¡Cuántas veces soñé que tenía alas y podía alejarme de lo que me hacía sufrir!

    ¡Cuántas veces ansié no ser yo!. Aún así, de las guerras salí airosa, de las tormentas solo mojada y después de ellas, tal como debía suceder, el sol volvió a salir. Siempre hubo pan en la mesa, no me tapó el agua y elegí los caminos. La música de mi corazón siguió sonando, el amor me visitó y cuando lo pedí, el olvido llegó.

    Todo sucedió como debía suceder, en todo este tiempo, mi espíritu como el junco se dobló pero, nunca se quebró. Me preparo para una nueva aventura. Renuevo mis sueños. Dejo a un lado lo que ya no sirve y con la mejor de mis sonrisas me apresto a salir. 🦋✿ღ﹏✍

    ꧁*lα fϴrϯαlϵϟα δϵ ῠͷα ϻῠjϵr*꧂

    ♡───※ ·❆· ※──※ ·❆· ※───♡

  • Aprendo lentamente

    EL TAMAÑO DE TU DRAMA, ES PROPORCIONAL AL TAMAÑO DE TU EGO.

    Aprendo lentamente que no tengo que reaccionar a cualquier cosa que me moleste.

    Aprendo lentamente que la energía necesaria para reaccionar a cada cosa «mala» que me sucede, me agota y me impide ver las otras cosas buenas de la vida.

    Aprendo lentamente que no voy a ser el consuelo de todos y que no voy a poder llevar a todos a tratarme como quiero que me traten y no es para tanto.

    Aprendo lentamente que tratar de ′′ganar′′ a cualquiera es solo una pérdida de tiempo, energía y que solo me llena de vacío.

    Aprendo lentamente que no reaccionar no significa que esté de acuerdo con las cosas, simplemente significa que elijo elevarme por encima.

    Elijo aprender la lección, me sirvió y aprendo de ella. Elijo ser la persona más grande.
    Elijo mi tranquilidad mental porque eso es lo que realmente necesito.
    No necesito más drama.
    No necesito que la gente me haga sentir que no soy lo suficientemente buena.
    No necesito peleas, argumentos y conexiones falsas.

    Aprendo lentamente que a veces, no decir nada, lo dice todo.
    Aprendo lentamente que reaccionar ante cosas que me molestan, le dan poder a alguien sobre mi y sobre mis emociones.

    No puedo controlar lo que hacen los demás, pero puedo elegir cómo reaccionar, cómo lo manejo, cómo lo percibo y cuánto de ello me lo tomo personal.

    Aprendo lentamente que la mayor parte del tiempo, estas situaciones no dicen nada sobre mí y mucho sobre la otra persona.

    Aprendo que todas estas decepciones están ahí para enseñarme a amarme y me servirá de escudo.

    Aprendo que aunque reaccione, no cambiará nada, no hará que la gente me quiera y me respete de repente, no cambiarán mágicamente sus mentes.

    A veces es mejor dejar ir las cosas, dejar ir a la gente, no luchar por el cierre, no pedir explicaciones, no perseguir las respuestas y no esperar que la gente entienda desde donde tú lo ves.

    Aprendo lentamente que la vida se vive mejor cuando no la centras en lo que pasa a tu alrededor y la centras más bien en lo que sucede dentro de ti.

    Trabaja en ti mismo, en tu paz interior y te darás cuenta que no reaccionar a cada pequeña cosa que te molesta es el primer ingrediente para vivir una vida feliz y saludable.

    Louise HAY & Wayne

  • El tanque vacio

    EL TANQUE VACÍO…

    El mundo entero se detuvo esta mañana. ¿Sabes por qué? Porque el tanque de un niño de 8 años estaba vacío.
    Los niños ya habían comenzado su día yo me estaba preparando para irme al trabajo cuando noté que mi pequeño estaba parado en el baño limpiándose la cara.

    Me detuve en la puerta y le pregunté si estaba bien. Miró hacia arriba con lágrimas goteando silenciosamente y sacudió la cabeza. Cuando le pregunté si había pasado algo, volvió a negar con la cabeza.

    Así que me senté en el borde de la bañera y lo puse en mi regazo. Le dije que a veces los tanques de nuestro corazón se sienten vacíos y necesitan ser rellenados.
    Lloró en mi pecho y lo sostuve fuerte.
    Le pregunté si podía sentir mi amor llenándolo.
    Asintió y las lágrimas se detuvieron…

    Esperé un minuto…
    «¿Ya te ha llegado a los dedos de los pies?» Le pregunté
    Él negó con la cabeza…

    ‘Vale hombre. Tardaremos el tiempo que necesites. El trabajo no importa ahora. La escuela tampoco es importante ahora tu eres lo que importa. Lo abrazé estrechamente y le volví a preguntar
    «¿Y ahora te sientes mejor?» Asintió con la cabeza

    Unos minutos más tarde le pregunté…
    «¿Tu corazón está lleno de amor ahora?»
    «Sí»…
    Lo miré a los ojos y los ví brillar, estaba lleno hasta el tope y estaba sonriendo!’
    Su semana estuvo tan ocupada,tan llena y su pequeña alma estaba simplemente seca…

    Puede que no tengas 8 años, puedes tener 28, 38, 48, o lo que sea, pero TODOS a veces corremos con las manos vacías como él.

    ✨Todos tenemos que hacer una pausa y tomarnos un momento para volver a llenarnos de cosas buenas. Meditación, sol, risas, amigos, abrazos. Hay que volver a llenar ese vacío o encontrarás esas emociones (lágrimas, ira, palabras cortantes) desbordadas y sin razón alguna.

    🌟Toma un descanso y vuélvete a llenar…Esa será la parte más importante para ¡volver a sonreír!

    • Desconozco el autor
      • Laura Lavalle
  • No tuvo importancia

    Se le pidió a un hombre que pintara un bote. Trajo su pintura y pinceles y comenzó a pintar el barco de un rojo brillante, como le pidió el dueño.
    Mientras pintaba, notó un pequeño agujero en el casco, y lo reparó tranquilamente. Cuando terminó de pintar, recibió su dinero y se fue.
    Al día siguiente, el dueño del barco acudió al pintor y le presentó un cheque, mucho más alto que el pago por la pintura. El pintor se sorprendió y dijo:
    «Ya me ha pagado por pintar el barco, señor!» Pero esto no es por el trabajo de pintura. Es por reparar el agujero en el barco.
    Ah! Pero fue un servicio tan pequeño… ciertamente no vale la pena pagarme una cantidad tan alta por algo tan insignificante.
    Mi querido amigo, no lo entiendes.
    Déjame decirte lo que pasó:
    «Cuando te pedí que pintaras el barco, olvidé mencionar el agujero.»
    Cuando el barco se secó, mis hijos tomaron el barco y se fueron a pescar.
    «No sabían que había un agujero». Yo no estaba en casa en ese momento. Cuando regresé y noté que habían tomado el barco, estaba desesperado porque recordé que el barco tenía un agujero.
    Imagina mi alivio y alegría cuando los vi regresar de la pesca. Entonces, examiné el bote y descubrí que habías reparado el agujero! » Ves, ahora, lo que hiciste?
    Salvaste la vida de mis hijos! No tengo suficiente dinero para pagar tu «pequeña» buena acción»
    Así que no importa quién, cuándo o cómo, continúa ayudando, sosteniendo, limpiando lágrimas, escuchando atentamente, y reparando cuidadosamente todas las «fugas» que encuentres.
    Nunca se sabe cuando necesitan de nosotros, o cuando Dios tiene una agradable sorpresa para que seamos útiles e importantes para alguien.
    A lo largo del camino, es posible que hayas reparado numerosos “agujeros de barco” sin darte cuenta de cuántas vidas has salvado.»

  • El regalo

    El regalo:
    Un muchacho pobre, de alrededor de doce años de edad, vestido y calzado de forma humilde, entró en una tienda, eligió un jabón común y le pidió al propietario que se lo envolviera para regalo.
    «Es para mi madre», dijo con orgullo.
    El dueño de la tienda se conmovió ante la sencillez de aquel regalo.
    Miró con piedad a su joven cliente y, sintiendo una gran compasión, tuvo ganas de ayudarlo.
    Pensó que podría envolver, junto con el jabón tan sencillo, algún artículo más significativo. Sin embargo, estaba indeciso: miraba al muchacho, miraba los artículos que tenía en su tienda, pero no se decidía. ¿Debía hacerlo o no?.
    El corazón decía que sí, pero la mente le decía no.
    El muchacho, notando la indecisión del hombre, pensó que estuviera dudando de su capacidad de pagar. Llevó la mano al bolsillo, retiró las moneditas que tenía y las puso en el mostrador.
    Continuaba el conflicñto mental. ya había concluido que, si el muchacho pudiera, le compraría algo mucho mejor a su madre.
    Recordó a su propia madre.
    Había sido pobre y muchas veces, en su infancia y adolescencia, también había deseado regalarle algo a su madre. Cuando consiguió empleo, ella ya había partido para el mundo espiritual.
    El muchacho, con aquel gesto, estaba tocando lo más profundo de sus sentimientos.
    Del otro lado del mostrador, el chico empezó a ponerse ansioso.
    En el campo de la emoción, dos sentimientos se entrecruzaban: la compasión del hombre, la desconfianza por parte del muchacho.
    Impaciente, le preguntó: «¿señor, falta algo?» – «No», contestó el propietario de la tienda. «Es que de repente recordé a mi madre.
    Ella se murió cuando yo todavía era muy joven. Siempre quise darle un regalo, pero, desempleado, nunca logré comprar nada.»
    Con la espontaneidad de sus doce años, el muchacho le preguntó: –
    «¿Ni un jabón?»
    El hombre se calló.
    Envolvió el sencillo jabón con el mejor papel que tenía en la tienda, le puso una hermosa cinta de colores y se despidió del cliente sin hacer ningún comentario más.
    A solas, se puso a pensar. ¿Cómo nunca se le había ocurrido darle algo pequeño y sencillo a su madre? Siempre había pensado que un regalo tenía que ser algo significativo, tanto que, minutos antes, sintiera piedad de la humilde compra y había pensado en mejorar el regalo adquirido.
    Conmovido, entendió que ese día había recibido una gran lección.
    Junto al jabón del muchachito, lo acompañaba algo mucho más importante y grandioso, el mejor de todos los obsequios:
    SU AMOR .
    NO IMPORTA EL REGALO SINO EL AMOR CON QUE SE DA

    ..tomado de la red

  • A la niña que…

    A la niña que un día fui le daría las gracias por el tamaño de sus sueños, por no cansarse jamás de soñar, por confiar en sus propias aspiraciones.
    A la niña que un día fui le diría que tuviera menos miedo, porque las peores cosas de la vida llegan sin avisar y no son aptas para cobardes.
    Que mirara la vida de frente y en presente, que se preocupara un poquito menos por lo que pasará y mucho más por lo que -le- pasa.
    A aquella niña que un día fui le diría que le diera todavía más besos a sus abuelos, que aprovechara el tiempo para crear recuerdos, porque jamás tendría mayor patrimonio que ése.
    A esa niña le aconsejaría que volviera a confiar ciegamente en el amor, a entregarse a la pasión y escuchara, por encima de todo, los consejos de su propio corazón.
    La vida duele mucho más por todo aquello que queda pendiente que por lo que se disfrutó.
    Le confesaría que la adulta que ahora soy jamás se ha arrepentido por amar con todo el alma, ni por querer con la fuerza arrolladora de un huracán, que nunca se sintió tan viva como aquellas noches de escarcha y miradas cómplices.
    A la niña que un día fui le diría que se esforzara al máximo, cada día, y que nunca se creyera experta en nada. También le recordaría que la vida es y será una carrera de fondo constante por superarse a sí misma, pero jamás una competición contra nadie ni a costa de los demás.
    Le diría que las personas nunca son medios para conseguir un fin y que los triunfos deben venir de la mano del sacrificio y el talento.
    Le insistiría en que puede ser lo que le dé la gana de ser, que no caiga en prejuicios ni se encasille y que siempre tenga presente que la vida es diversidad, tolerancia y respeto.
    A la niña que un día fui le haría ponerse delante del espejo y decirse lo mucho que se gusta a sí misma, para que con los años no se le llenara la cabeza de complejos y dolor.
    A la niña que un día fui le aconsejaría que intentara ser más capaz de pedir ayuda y de decir más veces te quiero. Que nunca perdiera el tiempo odiando a nadie y que jamás se quedara a esperar a quien no supo andar a su lado.
    Pero, sobre todo, si pudiera ponerme delante de la niña que un día fui, le daría un abrazo y le confirmaría que lo está haciendo bien.
    Le diría que el futuro está lleno de gente que la quiere por lo que es, por cómo es, y que tiene que estar tremendamente orgullosa de sus propios méritos.

    Anda tranquila, pequeña, el mundo es tuyo.

    Dinamita en los ojos.

  • Reflexión

    Reflexión    

    Un día, un niño entró en su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.

    Su padre lo llamó, pero él siguió diciendo irritado:

    «¡PAPÁ! ¡TE JURO QUE TENGO MUCHA RABIA!… Pedro NO debió hacer eso conmigo; por eso, espero que todo le vaya mal! !LO ODIO!»

    Su padre, un hombre muy sabio, escuchaba con calma a su hijo, quien continuaba diciendo:

    «Imagínate que el estúpido me humilló frente a mis amigos ¡NO ACEPTO ESO! Ojalá que NO vaya más a la escuela».

    El padre siguió escuchando; se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa de donde cogió un saco lleno de carbón que llevó hasta el final del jardín y le propuso a su hijo lo siguiente:

    – «¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero?

    Hazte la idea de que es Pedro y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él.

    TÍRALE TODO EL CARBÓN QUE HAY EN EL SACO, HASTA EL ÚLTIMO PEDAZO.

    Después, yo volveré para ver cómo quedó.»

    El niño se lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como el tendedero estaba lejos, pocos carbones acertaron la camisa.

    Cuando el padre regresó, le preguntó:

    – Hijo ¿QUÉ TAL TE SIENTES?

    – Cansado, ¡pero mejor, papá!… Mira, acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

    El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

    – Ven conmigo, quiero mostrarte algo.

    Lo colocó frente a un espejo en el que pudiera ver todo su cuerpo…

    ¡QUÉ SUSTO ! Estaba todo manchado y sólo se le veían los dientes y los ojos.

    En ese momento el padre dijo:

    – «HIJO, como pudiste observar, la camisa quedó un poco sucia, pero NO es comparable con lo sucio que quedaste tú. El mal que deseas a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que quieras o puedas perturbar la vida de alguien con tus pensamientos, los residuos y la suciedad siempre quedan en ti.

    – CUIDA TUS PENSAMIENTOS, porque se transforman en palabras… 

    – CUIDA TUS PALABRAS, porque se transforman en acciones… 

    – CUIDA TUS ACCIONES, porque se transforman en hábitos…

    – CUIDA TUS HÁBITOS, porque moldean tu carácter.

    – ¡Y CUIDA TU CARÁCTER, PORQUE DE ÉL DEPENDERÁ TU DESTINO!

  • Hecha de retazos. 

    Estoy hecha de retazos

    Pedacitos coloridos de cada vida que pasa por la mía y que voy cosiendo en el alma.

    No siempre son bonitos, ni siempre felices, pero me agregan y me hacen ser quien soy.

    En cada encuentro, en cada contacto, voy quedando mayor..

    En cada retazo una vida, una lección, un cariño, una nostalgia …

    Que me hacen más persona, más humana, más completa.

    Y pienso que es así como la vida se hace: de pedazos de otras gentes que se van convirtiendo en parte de la gente también.

    Y la mejor parte es que nunca estaremos listos, finalizados …

    Siempre habrá un retazo para añadir al alma.

    Por lo tanto, gracias a cada uno de ustedes, que forman parte de mi vida y que me permiten engrandecer mi historia con los retazos dejados en mí. Que yo también pueda dejar pedacitos de mí por los caminos y que puedan ser parte de sus historias.

    Y que así, de retazo en retazo podamos convertirnos, un día, en un inmenso bordado de “nosotros”.

    Estoy hecha de retazos. Gracias por cada retazo.💕

    Cora Coralina .

    #5MinutosdeReflexionypensamiento