• ¡Como te quiero mujer!

    *Como te quiero mujer*

    Te quiero tranquila, deseo que dejes de cargar el mundo sobre tus hombros. Deseo que dejes de poner todo encima tuyo, así sean tus padres, tus hijos, tus amigos o tus jefes.

    Que dejes de comerte lo que sobra para que no vaya a la basura. Necesito que entiendas que no podrás cambiar el mundo. No podras ayudar a todos los que te necesitan y estar para los que te aman sino empiezas a amarte.

    Necesito que te Ames como amas a todos los demás, que te vuelvas tu principal prioridad y que no te trates como una opción más. Que dejes de posponer el salón de belleza y de ofrecerte a tomar la foto para no salir en ella.

    Yo te quiero tanto que podría sentarme a  escucharte en un parque, en una banca, ni el café me haría falta. Yo no te quiero a dieta, ni delgada, ni loca de fitness: Te quiero sana, te quiero guapa, te quiero así, divina, pero con ganas de hacer las paces contigo, con esa mujer que ya se dejó el cabello desatendido y no recuerda cuando fue la última vez que estrenó algo.

    Porque pararte frente al espejo a ponerte linda, no te hace menos mamá, menos tía, menos abuela, menos mujer, menos esposa o menos profesional.

    Porque mientes al decir que nadie te mira, te miras tú. Tú, tu primer, verdadero y leal amor. Tú, tu juez más duro. Tú, tu gran saboteador. Tú, quien no se perdona. Tú, la persona más importante en tu vida.

    Yo quiero que te dediques un momento a hacer algo para ti, una lectura, un proyecto, una caminata, una visita que te ayude a ti. A sacar el dulce y confrontar lo amargo y vas a ver que la palabra PERDÓN cuando viene de una misma para consigo misma es una gran bendición.

    Crece una como la mujer independiente, sabía y feliz que eres. El mejor y único compromiso es amarse y respetarse a sí misma.

    *Te quiero así grande, única y feliz.*

    De Adrian Gazano:

  • Leticia y el …

    maravilloso poder de las palabras.

    Leticia fue mi alumna en la escuela ‘Justo Sierra», en plena Sierra. Tenía once años de edad. Once años conociendo las carencias y la mugre de la vida. Siempre con la misma ropa, heredada por una tradicional necesidad familiar. Once años batallando con los bichos de día y de noche. Con una nariz que como vela escurría todo el tiempo. Con el pelo largo y descolorido sirviendo de tobogán a los piojos. 

    Aun así, era de las primeras en llegar a la escuela. Tal vez iba por los momentos necesarios para soñar aquello que le era imprescindible aunque tuviera que enfrentar el rechazo y el asco de los demás. A la hora del trabajo en equipo nadie la quería. No la dieron la oportunidad de demostrar qué tan inteligente era, el repudio fue lo que Leticia conoció.

    Me desconcertaba el hecho de ver que algunos varones con características semejantes a las de Leticia eran aceptados por el resto de las niñas y los niños, pero no ocurría lo mismo con Leticia y las niñas.  A mí sólo se me ocurría hacer recomendaciones que nunca fueron atendidas. En ese tiempo me preguntaba: ¿de qué sirve leer cuentos a esos niños que no han comido?; ¿serviría de algo alimentarlos con fantasías? Yo creía que sí, pero no sabía hasta dónde. Constantemente les brindaba relatos, sobre todo en la mágica hora de lectura, dos veces por semana. Un día conté «La Cenicienta» y cuando llegué a la parte en que el hada madrina transformó a la jovencita andrajosa en una bella señorita de vestido vaporoso y zapatillas de cristal, Leticia aplaudió frenéticamente el milagro realizado. 

    Había una súplica en su rostro que provocó la burla de los que no tenían la misma capacidad ni la misma necesidad de soñar.  Esta vez hubo recomendaciones y regaños.

    En otra ocasión, pregunté a mis alumnas y alumnos: ¿qué quieren ser cuando sean grandes?  Y el cofre de sus deseos se abrió ante mí: alguien quería ser astronauta, aunque al pueblo ni el autobús llegaba; otros querían ser maestros, artistas o soldados. Cuando le tocó el turno a Leticia, se levantó y con voz firme dijo: 

    “¡Yo quiero ser doctora!» 

    Una carcajada insolente se escuchó en el salón. Apenada, se deslizó en su banca invocando al hada madrina que no llegó.

    Mi labor en esa escuela terminó junto con el año escolar. La vida siguió su curso y después de quince años, regresé por esos rumbos, ya con mi nombramiento de base. Hasta entonces encontré algunas respuestas y otras preguntas. 

    Las buenas noticias me abordaron en autobús, antes de llegar al crucero donde trasbordan los pasajeros que van al otro poblado. Llegaron en la presencia de una señorita vestida de blanco.

    -¡Usted es el maestro Víctor Manuel!… , Usted fue mi maestro! –me dijo- sorprendida y sonriente.  El que podía encantar serpientes con las historias que contaba.

    Halagado, contesté: -Ése mero soy yo.

    – ¿No me recuerda, maestro? -preguntó, y continuó diciendo con la misma voz firme de otro tiempo- yo soy Leticia … y soy doctora …

    Mis recuerdos se atropellaban para reconstruir la imagen de aquella chiquilla que en otro tiempo nadie quería tener cerca. Se bajó en el crucero dejando, como La Cenicienta, la huella de sus zapatillas en el estribo del autobús … Y a mi con mil preguntas.  Todavía alcanzó a decirme: – Trabajo en Parral … búsqueme en la clínica tal… y se fue …

    Un día fui a la clínica que me dijo y no la encontré.  No la conocían ni la enfermera ni el conserje.  ¡Era demasiada belleza para ser verdad! «Los cuentos son bellos pero no dejan de ser cuentos», me lamentaba. Arrepentido de haber ido, y casi derrotado, encontré a la directora de la clínica y hablé con ella. Lo que me dijo, revivió mi fe en la gente y en la literatura:

    -La doctora Leticia trabajaba aquí -me contó-.

     Es muy humana y tiene mucho amor por los pacientes, sobre todo con los más necesitados.

    -Ésa es la persona que yo busco -casi grité.

    – Pero ya no está con nosotros-dijo la directora.

    -¿Se murió? -pregunté ansioso.

    -No. La doctora Leticia solicitó una beca para especializarse y la ganó … ahora está en Italia.

    Leticia sigue aprendiendo más y enseñando sus secretos para luchar. 

    Yo sigo queriendo saber hasta dónde llega el poder de las palabras; ¿cuál es el sortilegio para encantar a las serpientes que jalan a los descobijados?; como profesor, ¿qué puedo hacer para equilibrar la balanza de la justicia social ante casos parecidos?; ¿cuándo empezó el despegue de los sueños de Leticia en cuanto al resto de sus compañeras y compañeros?; ¿dónde radica la fortaleza de las mujeres que superan cualquier expectativa?

    Ya no quiero ser el maestro de Leticia: Ahora quiero aprender

    Quiero que me enseñe cómo evoluciona una oruga hasta convertirse en ángel y, sobre todo, quiero descubrir cuál fue la varita mágica que la convirtió en la Princesa del Cuento.

    Del muro:Enseñanza 

    Alas y Raíces 

    La vida es como te la cuentas 🌻

  • Si se pudiese…

    Si se pudiese transformar en letras, todo lo que un corazon encierra, no podrias ni mirarlas si quiera, sin que el amor, te besara el alma…

    Ni tan siquiera con las llemas de tus dedos, podrías rozarlas. Pues es fuego que arde, que quema y, a llama viva prenderia en fuego a todo tu cuerpo.. 

    Si se pudieran hacer letras, los nudos que ahogan y aprietan… Vencidos y vencedores seriamos todos por amor, de nuestra paz y nuestra guerra. Desatariamos los caudales de nuestro ser, dejando salir los huracanes de nuestra garganta y todo aquello que nos aflije transformarlo en amor al hacerlos palabras… 

    Ay! Si se pudiese, si fuese tan fácil, no existiria la distancia que hay entre un te amo y un, no te olvido, ya que entre verso y verso se fundirian en un abrazo, alma con alma, sin mentes, sin cuerpos… 

    La muerte de un te quiero, en el grito mudo de un silencio… Ay!… 

    …dibujarlo?…

    …hacerlo palabra?…

    Si se pudiera, ya no seria un fonema, una palabra, ni un verso, ni sueño, ni esa bella melodía que crea el amor entre el alma y el cuerpo…

    El destino ata y desata el camino del cual a veces no eres dueño y, en este mundo de kimeras, quien pudiera, amigo, quien pudiera…. 

    mda…

  • RESUCITAR A LA ALEGRÍA DE VIVIR

    Hoy me he levantado y me he puesto a escribir no sé por qué. Bueno, en realidad sí sé por qué. Pero me lo quiero ocultar no vaya a ser que al final encuentre que lo que quiero es quitarme esta manta tonta y absurda que me regaló la dichosa pandemia, el bichito ese al que todo el mundo le teme a fuerza de tanto escuchar cifras de muertos y de contagiados. Como si eso y sólo eso diera en ser el mundo. Periodistas, políticos, sanitarios, etc., etc., se han unido a los avaros del poder que da el dinero, y nos están machacando con mensajes subliminales con la sana intención de que escribamos en el libro oculto de nuestra vida, que el fin justifica los medios, que todo cuanto hagamos es correcto y que la vida es como un soplo en manos de terceros.

    Tanto mensaje con ristras de muertos colgadas de sus bocas y cifras nunca vistas de contagiados, ocultamientos generosos que se convierten en verdades por el mero hecho de venir desde el poder, que a uno se le ocurre pensar si todo es como un capricho absurdo de alguien, nos han llevado a un estado muermo en el que todo te invita a no querer seguir viviendo no fuere a resultar que todo esto sea el obsceno deseo de que la Humanidad desaparezca.

    Antes podías salir a pasear, sentarte en una terraza y entre sorbo y sorbo, contemplar la sonrisa y la alegría de la gente al pasear sacando pecho a su alegría. Hoy si osas sentarte en cualquier mirador o terraza, observarás el devenir triste de la gente de mirada huidiza y ausente, de paso, sin alegría y con la viveza de antaño guardada o tal vez olvidada de tanta ausencia.

    Y es que las vidas, nuestras vidas, han perdido caché en la pasarela de la vida. Hemos ido de la alegría al paso triste de mirada ausente con el miedo por bandera. Sí. Eso, el miedo. Eso, el miedo es el pinchazo que han querido dar a la Humanidad los deshumanizados. Los incalificables. Y de tanto machacar en el mismo yunque tenemos una población algo más que triste, tenemos unas gentes abocadas a la muerte sin sentido, una muerte por tristeza, miedo y soledad.

    Todo es como decir prepárate …. y la alegría pasa de luto como en un desfile de modelos. También pasan la tristeza y las ausencias, como vestidas de carnaval incitando a no vivir, siempre temerosos, metidos entre las casas las cuatro paredes que ocultan la vergüenza de malvivir entre el hambre y la mirada de los hijos que piden pan desde la tristeza de sus ojos.

    Hoy me he levantado y SI sé por qué me he puesto a escribir: Escribo porque quiero resucitar o si me lo cuestionas, te diré que quiero escribir y escribo para constatar la fuerza que aún persiste y que va en aumento hoy impulsando la Alegría de Ser y Estar. La Alegría de Vivir …. que nos la están robando.

    Hoy escribo y suelto lo que escuché ayer tomando un café sólo y largo en una cafeteria cerca del Estadio Bernabeu ¿Por qué se fueron tantos miles?, ¿Por qué se decretó la ausencia de las autopsias?, ¿Quién y por qué ordenó la incineración obligatoria, esa que no deja rastro de identidad?

    Hoy queremos reconocer el tiempo que nos mantuvieron mudos mas no ausentes de nuestro trabajo interior, un tiempo para hacer balance, tiempo de silencio, tiempo de crecimiento. El tiempo y la alegría de vivir, resucitó hoy porque estaba trabajando. Resucitó porque estaba germinando. Aquí: En tu Corazón, en el mío y en todos los corazones humanos. Bien es verdad que el miedo se paró dentro de muchos hogares y en muchos corazones y que ello tiene que leerse en otro tono superior: el tono que marca el diapasón de tu vida interior. Y es que rebeldía también se escribe con equilibrio, serenidad, crecimiento interior y libertad se conjuga con la fuerza que deposites generosamente en el pentagrama opositor a los secuestradores de la Alegría.

    Estepona, 28 de Octubre de 2021

  • Necesito parar

    Lo de jugar a ser fuerte a veces deja de ser divertido. Tenemos días malos también y no hay porqué pintarse una sonrisa si no se tienen ganas de reír.
    Por mucho que digan tú puedes con todo, no es cierto.
    Hay muchas nubes y tormentas que oscurecen los días aunque haga sol. Y tenemos todo el derecho de sentirnos mal, de estar cansados, tristes.
    Hay que aprender a decir: 
    – No.
    – Espera.
    -Necesito parar, necesito respirar, me ahogo. Quiero un momento 
    para mi.

    Y aunque al día siguiente sepas que será igual tienes que robar momentos para ti, esos que son tuyos, solo tuyos.

    Autor: desconocido

    IMPORTANTE: se aplica a hombres y mujeres

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  • Por si el mañana no…

    Por si el mañana no llega querido amigo, abraza a quien ames hoy,  construye puentes donde haya olvido…

    Por si el mañana no llega, dejame regalarte la melodia de esta poesía mía, que nace de un suspiro… 

    Por si el mañana no llega, por que Dios se hartó de tanto y tanto, o la misma tierra te escupe fuera de ella o te pasa factura el cuerpo, por los estupidos excesos vividos… 

    Por si el mañana no llega, ama, perdona y olvida…

    Por si el mañana no llega o puede que hasta el mismo hoy, hoy se termina…

    Por eso, solo por eso, dejame que entre el abrazo de esta amistad que tenemos, te regale mi absurda poesía. Para que comprendas que el pasado es una trampa y el futuro una mentira, que tan solo tienes el hoy y ese, ese también se termina…

    Asi que ama, ama, perdona y olvida…

    mda…

  • Abandono

    Abandono…

    A todos nos abandonaron un día.
    Y cuando digo abandonar, no me refiero sólo a un acto extraordinario o traumático del pasado. Es más simple, pero duele igual.

    A todos nos abandonaron en el medio de un bullicio.
    En el inicio de un proyecto.
    En el placer del logro cumplido.
    En el momento menos pensado.
    En el momento más esperado.

    A veces pasa, que te das vuelta y no tienes quien te limpie las lágrimas, quien te de una palmada en la espalda, quien te guiñe el ojo cuando algo te salió bien y quien te limpie las rodillas si llegas a caer al pasto.

    Todos sabemos de la soledad que se siente cuando nos sentimos solos.
    Porque todos fuimos abandonados un día.
    Y entonces, encontramos un secreto tristísimo, un acto paliativo, para tapar ese pozo.

    Vemos gente que se come la angustia tragándose un paquete de cigarrillos,
    el otro que corre y corre como un loco a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho.
    Personas que se comen las uñas junto con los nervios y la ansiedad paralizante.
    Paquetes de galletitas que van a parar a la boca sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre.
    O por lo menos, no ese.
    Niños que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas.
    El otro se pone a jugar lo que no tiene.
    Tú comprarás compulsivamente cosas que no necesitas, para sentirte un poco vivo por un instante.
    Y yo me quedaré mirando una película, que me habilita disimuladamente a llorar mirando afuera, lo que no tengo ganas de mirar adentro.

    Es que somos tan jodidos con nosotros mismos que cuando peor estamos, es cuando más nos castigamos.
    Porque todo eso que te comes, te come a ti.
    Te pone peor.
    Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabés que no es genuino.
    Que no es lo que quieres.

    No comes así por hambre.
    No te intoxicas por placer.
    No te acuestas con esa mujer por amor.
    Tapas.
    Escondes.
    Tiras abajo de la alfombra.
    Cierras los ojos.
    Te pones un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón.

    Date cuenta.
    Te estás comiendo a ti.
    Y quizá, el secreto esté en frenar.
    En sentir.
    En recordar, que en ese abandono lo que te falta, es lo que tienes que buscar: amor.

    Quizá sea hora de pedir ese abrazo.
    De acostarte en las rodillas de tu mamá.
    De poner la cara y llamar diciendo, sí, te juro que te necesito.
    Es ahora.
    Después no.
    Ahora.

    Anda a esa casa.
    Habla con quién te escucha.
    Llora, grita, di, pide y da.
    ¡Ahora!

    Hacer malabares, en medio del desvorlote, no tiene más que un resultado.
    Resultado que no va a curar la herida que te sangra, porque le estás tapando con un curita.
    Y las curitas no curan.
    Las curitas tapan.
    Y tú sabes muy bien que el dolor tapado no es dolor sanado.

    Para un poquito.
    Mira en el espejo de tu alma.
    Frena.
    Mira lo que te falta y sal a buscarlo en dónde creas que lo puedas encontrar de verdad.

    No revolotees como mosca en platos vacíos.
    Pide lo que necesitas si ves que solo no puedes.
    Porque no hay peor abandono que el que se hace a uno mismo.
    Con eso no se juega.
    No tienes derecho.

    Autoría: Lorena Pronsky 

  • Dicen que…

    Katharine Hepburn, en sus propias palabras:
    “Una vez, cuando era adolescente, mi padre y yo estábamos haciendo fila para comprar entradas para el circo. Finalmente, solo había otra familia entre nosotros y el mostrador de entradas. Esta familia me causó una gran impresión.
    Había ocho niños, todos ellos menores de 12 años. De la forma en que estaban vestidos se podía decir que no tenían mucho dinero, pero su ropa era limpia, muy limpia. Los niños eran muy bien educados, todos ellos parados en la fila, de dos en dos detrás de sus padres, tomados de las manos.
    Estaban emocionados por los payasos, los animales y todos los actos que verían esa noche.
    Por su emoción, podías percibir que nunca antes habían estado en un circo. Sería un punto culminante en sus vidas.
    El padre y la madre estaban a la cabeza de la manada de pie, orgullosos como podría ser. La madre estaba sosteniendo la mano de su marido, mirándolo como si dijera: ‘Eres mi caballero en armadura brillante’.
    El estaba sonriendo y disfrutando viendo a su familia feliz.
    La señora de la taquilla le preguntó cuántos boletos quería, y él respondió con orgullo ‘quiero ocho entradas para niños y dos para adultos’. Entonces la señora declaró el precio.
    La esposa del hombre soltó su mano, se le cayó la cabeza, el labio del hombre comenzó a temblar. Entonces se acercó un poco más y preguntó ‘¿cuánto dijiste?’
    La señora de taquilla volvió a declarar el precio.
    El hombre no tenía suficiente dinero.
    ¿Cómo se suponía que iba a girar e iba a decirle a sus ocho hijos que no tenía suficiente dinero para llevarlos al circo?
    Viendo lo que estaba pasando, mi papá metió la mano en su bolsillo y sacó un billete de $20 y lo dejó caer al suelo. No éramos ricos en ningún sentido de la palabra.
    Mi padre se inclinó, recogió el billete de $20, tocó al hombre en el hombro y dijo: “Disculpe, señor, se le cayó este de su bolsillo”.
    El hombre entendió lo que estaba pasando. No estaba pidiendo una limosna, pero sin duda agradeció la ayuda en una situación desesperada, desgarradora y vergonzosa. Miró directamente a los ojos de mi papá, tomó la mano de mi padre en sus manos, apretó el billete y con el labio temblando y una lágrima cayendo por su mejilla, respondió: “Gracias señor, esto realmente significa mucho para mi y para mi familia”.
    Mi padre y yo volvimos a nuestro coche y condujimos a casa. Los $20 dólares que regaló mi papá es con lo que íbamos a comprar nuestros propios boletos.
    Aunque no pudimos ver el circo esa noche, ambos sentimos alegría dentro de nosotros que fue mucho mayor que ver el circo.
    Ese día aprendí el verdadero valor de dar.
    El Dador es más grande que el Receptor.
    Si quieres ser grande, más grande que la vida, aprende a dar.
    El amor no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, solo con lo que esperas dar, que es todo.
    La importancia de dar, bendecir a los demás, nunca se puede hacer más hincapié porque siempre hay alegría en dar.
    Aprende a hacer feliz a alguien con actos de dar”.
    Katharine Hepburn 

  • Mantente en Paz

    Deja que las cosas se rompan. Muchas veces el Universo bondadosamente lo permite aunque nuestro ego no lo entienda. Deja de esforzarte por mantenerlas pegadas si ya su ciclo terminó.
    Mantente en paz.

    Deja que la gente se enoje.
    Deja que te critiquen… total, son seres diferentes y la reacción de ellos no es tu problema.
    Mantente en paz.

    Deja que todo se derrumbe, y no te preocupes por el después. Todo es un constante ir y venir, tomar y soltar… aprende sabiamente de la naturaleza; de las olas del mar… y aprende de tí mismo; de tu respiración…
    Mantente en paz.

    Es la mente inquieta quien fustiga ¿A dónde iré? ¿Qué hacer?
    Nadie se ha perdido nunca por el camino, nadie se quedó sin refugio. En el Universo siempre existe un sendero, una guía, un rutero.
    Mantente en paz.

    Lo que está destinado a irse se irá de todos modos.
    Lo que tenga que quedarse, seguirá siendo.
    Tenlo presente.
    Mantente en paz.

    Por más que intentes retener todo el aire en los pulmones tendrás que soltarlo o de lo contrario el mismo aire retenido te ahogará.
    Mantente en paz.

    Demasiado esfuerzo, demasiada turbulencia, nunca es buena señal… demasiado esfuerzo y turbulencia es signo de conflicto con el Universo.
    Mantente en paz.

    Relaciones, trabajos, casa, familia, amigos y grandes amores… Entrega todo a la Tierra y al Cielo. Cuando puedas cuida y protege, riega con amor, asiste y alimenta, contempla y disfruta, ora y baila pero luego… deja que florezca lo que debe y que las hojas secas se arranquen solas.
    Mantente en paz.

    Lo que se va, siempre deja espacio para algo nuevo: son las Leyes Universales…Y nunca pienses que ya no hay nada bueno para ti, solo que tienes que dejar de contener lo que hay que dejar ir.
    Mantente en paz.

    Recuerda que todo proceso es un aprendizaje para tu vida. Aunque algunos sean menos agradables que otros, siempre su objetivo será dejarte una enseñanza. Recibe toda lección con AMOR.
    Mantente en paz.

    Solo cuando tu viaje termine, entonces terminarán las posibilidades, pero sólo hasta ese momento.

    Así que deja que todo se derrumbe, deja ir, deja ser. Nada es estático… el Universo está en constante movimiento… TÚ TAMBIEN.
    Mantente en paz. 🙏💕

    Tomado de la red 

  • Llega un momento

    Llega un momento en esta vida en el que te cansas, dices basta, porque te hartas.
      Sí, todo tiene un límite y por mucho que lo intentas, de nada sirve cuando todo se repite, cuando el bucle te persigue.
     
      Llega un momento en el que tienes que decidir que no vas a regalar ni una milésima de tu tiempo a nadie que no lo aprecie, pero a nadie. Que no vas a ir detrás de personas que luego se olvidan de ti. De aquellas que sólo se acuerdan cuando le pasa algo malo o cuando te quieren decir algo bueno, pero ni te preguntan cómo estás. O si lo hacen es sólo para justificar la manera de meter esa conversación que sólo les importa a ellos y nada más.
     
       Llega un momento en el que es mejor gritar que el silencio, que es mejor decir cuatro verdades que mantener la compostura. Porque no, no te oyen, no te comprenden, no se ponen en tu lugar y puede, sólo puede que por un momento lo finjan, pero no, jamás cambiarán.

      Llega un momento en el que tienes que soltar a aquellas personas que te humillan y desprecian por mucho que las quieras y las sepas valorar, pues ellas a ti no, y sólo te pisan y te dañan el alma. No, no hay que soportar lo insoportable por querer cuando te dañan, porque eso es que no te quieren de verdad.

      Se acabó de dar la razón a sin razones, de callar cosas injustas, de poner por delante a quien no debe ni estar. Porque esas personas no te tendieron la mano cuando estabas en el fondo del océano, esas personas no te sacaron de la más profunda oscuridad, no te ayudaron a salir a flote, así que pasa página, pero esta vez hazlo de verdad. Créeme que no te arrepentirás.
    Patri G.
    (No borres el autor)
    DI NO AL PLAGIO
    Patricia Girol