Futuro y presente

Así como el reloj acaba gastando el amor de las horas, los días y los años, nuestra paciencia y nuestra aceptación acabarán con todas las fechas y todos los espacios venideros donde puedan albergar restos de pandemias como esta.

Entonces, como ahora, oraremos y meditaremos y en los descansos que tengan el alma y el cuerpo, hilvanaremos escaleras que nos comuniquen con lo divino y planificaremos unas vidas diferentes, con madrugadas más respetuosas contemplando el despertar de la Luz y repartiendo alegrías en campos y ciudades y evitando embarazos de egoísmos. Las diferencias las marcará cada alma en estado de clara consciencia abierta al amor de los demás, plasmado todo con claros caracteres … salvo los garabatos que se quiera inventar cada alma para guardar sus cuitas.

Así como el reloj acaba gastando el amor de las horas, los días y los años, nuestra paciencia y nuestra aceptación acabarán con todas las fechas y todos los espacios venideros donde puedan albergar restos de pandemias como esta.

Entonces, como ahora, oraremos y meditaremos y en los descansos que tengan el alma y el cuerpo, hilvanaremos escaleras que nos comuniquen con lo divino y planificaremos unas vidas diferentes, con madrugadas más respetuosas contemplando el despertar de la Luz y repartiendo alegrías en campos y ciudades y evitando embarazos de egoísmos. Las diferencias las marcará cada alma en estado de clara consciencia abierta al amor de los demás, plasmado todo con claros caracteres … salvo los garabatos que se quiera inventar cada alma para guardar sus cuitas.

Cuando todo lo futuro sea presente, no seremos los mismos y, necesariamente, nos tendremos que mirar y remirar con amor y calma al espejo, para reconocernos y pedir fuerzas a nuestro niño interior, a nuestros guías, quizá al universo mismo y al grupo del que formemos parte en esta tarea del crecimiento.

Cuando todo esto sea pasado tendremos que aprender un nuevo abecedario, una manera distinta y diferente de contar las horas, los días y engarzarlos con un lenguaje, ahora oculto y olvidado, donde el alma se acomode y aprenda a conjugar el verbo “AMARNOS TODOS COMO HERMANOS

Ángel Díaz

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