• Yo era ateo…

    Yo era ateo hasta que entendí que yo era Dios… Déjame explicarte: 

    En la era moderna nos han inculcado qué Dios es una identidad fuera de nosotros qué es todopoderoso y omnipresente y en muchas religiones lo ven cómo el creador y lo ponen cómo ésta figura de padre.

     Cómo quién dice cómo a mucho a mí nunca me tuvo esto sentido. Más cuando aprendí de física y del Universo me era evidente que no hay necesidad de tener un creador o de un Dios como lo conocemos. 

    La ciencia es para describir lo que pasa en la realidad que existimos o sea todo lo que pasa en el exterior de nosotros y la espiritualidad es para describir lo que pasa al interior de nosotros. O sea me refiero a esa a esa voz qué tú tienes en la cabeza todo el tiempo.

     Lo que conocemos como la «conciencia». Esta premisa fue lo que me ayudo a llegar a esta conclusión. Cuándo vamos a los ingredientes fundamentales de lo qué tú y yo estamos compuestos son los mismos materiales de lo que está hecho el universo. 

    Es decir que todo los seres vivientes son en esencia él Universo expresándose de diferentes formas y en la parte de la espiritualidad Dios se comporta de la misma manera 

    Dios es energía, es amor, es ese pensamiento que te da dices «um aquí hay algo mal» Dios es lo que nos da la paz mental prácticamente para poder existir en esta realidad simulada qué estamos. En fin Dios es el universo y el universo somos tú y yo. 

    Tomado de la RED

  • NO

    Una de las cosas más difíciles en la vida es decir «no» a las invitaciones, las solicitudes, las obligaciones… a las cosas que todos los demás están haciendo. Es aún más difícil decir «no» a las emociones que consumen mucho tiempo: la ira, la agitación, la distracción y la lujuria. Ninguno de estos impulsos parece pernicioso por sí mismo, pero fuera de control se convertirá en una condena.

    Si no tienes cuidado, esas son precisamente la clase de imposiciones que oprimirán y consumirán tu vida. ¿Alguna vez te has preguntado cómo puedes recuperar parte de tu tiempo, cómo puedes sentirte menos ocupado? Comienza por aprender el poder de decir «¡no!». Por ejemplo: «No, gracias», «No, no me involucraré en esto», «No, ahora no puedo». Es probable que hieras los sentimientos de alguien o que ciertas personas se molesten. Implicará mucho esfuerzo. Pero, cuanto antes renuncies a las cosas que no son importantes, más podrás dedicarte a las que importan. Esto te permitirá vivir y disfrutar tu vida: la vida que quieres.

  • MUJERES MADURAS

    MUJERES MADURAS

    Van por ahí, las encuentras en cualquier parte, cultas, viajadas, leídas, sensibles, atrevidas, con sus miedos bien guardados y sin posibilidad de olvido, pisando fuerte.

    Vienen de vuelta de la vida, ya criaron hijos, regalaron alas y vuelven a desplegar las suyas guardadas tanto tiempo, listas para el vuelo, ya saben del amor incondicional y sus matices.

    Ya saben de la vida, de su valor, se saben expertas, ya conocen los secretos de sus cuerpos, saben lo que quieren, cómo y cuando lo quieren.

    Van por la vida con profundidad en la mirada, con el corazón repleto de amores y secretos, con versos tatuados en el alma, y seguridad al caminar.

    A ellas por favor, no les vendas imagen, no les mandes mensajes de texto, no les hagas promesas, no les mientas, están de vuelta a todo eso.

    Ahora son libres a costa de la vida misma, no se dejan encadenar si no es su deseo, ya fueron capaces de dejar atrás sueños, viejas pretensiones, viejos reproches, y solo están dispuestas a lo posible si les apetece.

    A ellas ofréceles un café con tiempo de sobra, hazles una llamada para que puedan oír tu voz, toma sus manos, abrázalas, siéntelas, muéstrate humano, imperfecto, auténtico, con ellas escucha y habla con el corazón.

    Quizá descubras que la recompensa vale la pena

     Porque ya no le tienes que enseñar nada.

    Ella, ya lloró, ya sufrio, le han desgarrado la piel, cayó, se levantó y con las  rodillas rotas camino…

    TEN CUIDADO CON ELLAS. PORQUE SABEN AMAR Y TAMBIÉN A OLVIDAR!!!

    Anonimo (tomado de la red)

  • Aqui y ahora

    Hoy estuve pensando en la mala costumbre que tenemos los seres humanos de valorar algo solamente en su ausencia.

    Valoramos el dinero cuando nos falta.

    Valoramos el tiempo cuando estamos muriendo.

    Valoramos la familia cuando la perdimos.

    Valoramos el frío cuando hace calor…y deseamos que haga calor cuando hace frío.

    Solamente cuando recibimos un golpe bajo…dejamos de posponer la vida para después.

    Vivimos de recuerdos del pasado…o anhelando un futuro que ni sabemos si vamos a alcanzar…mientras sufrimos el presente como si nos encontráramos en una prisión sin salida.

    Nos quejamos de nuestros hijos pequeños…y luego cuando crecen deseamos que vuelvan a ser niños.

    Vivimos discutiendo con nuestros padres, y luego cuando mueren…anhelamos con todo nuestro ser poder retroceder el tiempo y darles tan solo un abrazo más.

    Nos quejamos de todo lo que nos falta…y nos olvidamos de disfrutar de lo que nos sobra.

    El ayer ya pasó…y el futuro es incierto.

    Solamente nos queda vivir aquí…y ahora…y sembrar lo mejor que tengamos, confiando en que vamos a cosechar lo mejor después.

    ¿Por qué esperar para decir Te Amo?

    ¿Por qué no luchar hoy por lo que deseas?

    ¿Por qué guardarte sonrisas…abrazos…y besos?

    ¿Por qué no pedir perdón?

    Nunca creemos que se nos puede acabar el tiempo…hasta que se nos acaba.

    Nunca creemos que podemos perder algo…hasta que lo perdemos.

    Nunca creemos que vamos a morir…hasta que estamos muriendo.

    ¿Por qué no mejor disfrutar del sol…cuando está brillando?

    ¿Por qué no mejor dejar que la lluvia nos moje…cuando está lloviendo?

    ¿Por qué no reír cuando estamos felices…y llorar cuando sufrimos?

    Sufrir…también es vivir. Que duela también es señal de que puedes Sentir. Sentir, todavía es señal de que hay Esperanza.

    No esperes a enterarte de que estás muriendo…para empezar a vivir. La vida es solo esto…el Aquí y el Ahora.

    ¡Todo lo demás es ilusión….!»

  • A ti, mujer…

    —¿Entonces qué haremos?

    El Amor.

    —¿Seguro?

    Sí.

    —Bien, me voy desnudando.

    ¿Y para qué te estás quitando la ropa?

    —Pues para hacerlo.

    ¿Quién te dijo que tienes que hacer eso para HACER EL AMOR?

    —Pues que yo sepa así se hace.

    No, eso no es Amor. Es posesión. Eso no es Amor, es invasión.

    —¿Y cómo se hace?

    Sólo déjate puesta la ropa y conversemos hasta cansarnos, riámonos por nada y por todo, mirémonos despacito hasta intentar descifrarnos. Conmigo no necesitas desnudarte de cuerpo, sino de alma, sólo mirémonos hasta quedarnos sin palabras, y allí, en ese instante en que las palabras sean insuficientes para explicar lo que sentimos, en ese silencio infinito al fin podremos tocarnos. ¿Comprendes?

    —¿Tocarnos?

    Sí, tocarnos con la dócil ternura de una caricia que se expanda dulcemente hasta morir en un abrazo.

    —Ay, qué bonito.

    Mira, ¿me dejas sostener tu mano?

    —Sí.

    ¿Sientes?ESO ES UNA DE LAS FORMAS DE HACER EL AMOR. De eso se trata. Tú sólo déjate puesta la ropa y hablemos hasta cansarnos, sólo mirémonos la boca, las pestañas, los labios por un rato y si el beso es necesario vendrá sin pedir permiso. Hablemos hasta saber todas nuestras memorias, hasta saber nuestros más hondos secretos, tan sólo déjame mirarte hasta el deleite más extremo y exquisito, déjame verte el ALMA hasta el cansancio, hasta que estos ojos se rindan y baldados, derrengados me obliguen a bajar los parpados incitándome a dormir.

    —¿Y vas a forzarlos a permanecer abiertos?

    —Sí, para mirarte toda la noche… Solamente a ti.

    Tomado del muro de remy ovstrosky

  • EL PERDÓN DE FIN DE AÑO

    1.- Yo, consciente de mis actos y asumiendo el control de todo lo que “Yo Soy”, borro de mi subconsciente y mi registro etérico, todo récord y memoria de cada suceso discordante que haya vivido este año.

    2.- Perdono de todo corazón, y olvido para siempre, todo disgusto, deuda, agravio, desamor, irritabilidad, agresión, traición, maledicencia y odio que me haya causado cualquier ser humano, situación o cosa.

    3.-  A todos aquellos que se hayan ido de mi lado para otro grupo, trabajo, partido o círculo de amistades, los suelto y los dejo ir sin reclamarles nada, dándoles la plenitud de mi amor para Bendecirlos y prosperarlos dondequiera que hayan ido y donde estén.

    4.-  Renunció con toda la entereza de mi ser a todo apego a objetos, situaciones, posesiones y sobre todo a personas, Declaro que nada ni nadie me ata a nada, y yo soy libre, pero completo y absolutamente libre, para entregarme, ampararme y refugiarme en Dios y solamente en Dios, para siempre.

    5.- Borro, borro y borro todo aquello que me haya sucedido este año, que no sea un escalón dentro de mi proceso de Ascensión, y hago desaparecer de mi vida todo obstáculo que me impida volar hacia la libertad, que es el estado natural de mi ser.

    6.- Cubro cada segundo, minuto, hora, día, semana y mes de este año, que concluye con la fulgurante y resplandeciente sustancia de la Llama Violeta, para borrar toda energía mal calificada, y ahora lo envuelvo todo con la incandescente brillantez del Fuego Blanco de la Ascensión.

    7.- Libre de personalidad, ego, pasado, memoria y mal Karma, entrego mi Corriente de Vida al Servicio Único de la Luz, para que, de ahora en adelante, solo oiga la Luz, sienta la Luz, vea la Luz, saboree la Luz, huela la Luz y piense en la Luz hasta alcanzar la Eternidad La Luz y el Perdón.💕

    🙏✨ Namaste✨🙏

    Autor: Desconocido 

    #5MinutosdeReflexionypensamiento

  • Decepción

    Pensé no estar decepcionada, pero lo estoy. Porque no estoy enfadada, no estoy enojada, no lo estoy, pero sí decepcionada.

    Cuando una persona está enfadada, grita, llora, se pelea, se enfrenta y ese no es mi caso. Porque estoy en paz y en calma y sé que pasa, todo pasa.

    Cuando se está decepcionada, se grita por dentro, se llora por dentro. Se muestra una calma aparente que no es la que realmente quieres. Quizás por expectativas altas sí. Pero tarda en pasar, aún más. Te desgasta mucho y te cambia, sí, te llega a cambiar. Porque aprendes, aprendes de ese dolor que no dejas que te llegue a ahogar.

    Ante esa decepción es mejor soltar, entender, fluir, y aceptar que las cosas no van a cambiar, no van a ser diferentes y que ha llegado el momento de partir o quizás de girar 180 grados lo que hacías porque sólo te hacías daño a ti nada más.

     Patri G.

     DI NO AL PLAGIO

     Patricia Girol

  • Cúrate

    Consejos de María Sabina, curandera mexicana y poeta.

    Cúrate con la luz del sol y los rayos de la luna.  Con el sonido del río y la cascada.  Con el vaivén del mar y el aleteo de los pájaros.

    Cúrate con menta, neem y eucalipto. Endulza con lavanda, romero y manzanilla. Abrázate con el grano de cacao y un toque de canela. Pon amor en el té en lugar del azúcar  y tómalo mirando las estrellas.

    Cúrate con los besos que te da el viento  y los abrazos de la lluvia. Ponte fuerte con los pies descalzos en la tierra  y con todo lo que de ella nace. Sea más inteligente cada día  escuchando su intuición, mirando el mundo con el ojo de su frente. Salta, baila, canta, para que vivas más feliz.

    Cúrate a ti mismo, con hermoso amor, y recuerda siempre …  tú eres la medicina «.

    Mural por: Joel Merino

    #BesarteelAlma

    #TuPuntoDeEncuentro

  • El reloj y el tiempo

    ¡TÚ TIENES EL RELOJ, YO TENGO TIEMPO!

    Los Tuareg o  los hombres azules del desierto es un pueblo bereber de tradición nómada del desierto del Sáhara. Su población se extiende por seis países africanos: Argelia, Libia, Níger, Malí, Mauritania y Burkina Faso. Cuando se desplazan, cubren tanto sus necesidades como las de sus animales, debido a que viven en unidades familiares extensas que llevan grandes rebaños a su cargo. Tienen su propia escritura, el tifinagh, y su propio idioma, el tamashek.

    Esta es la sencilla y profunda reflexión de Moussa Ag Assarid, escritor y defensor del pueblo tuareg, publicada por  La Vanguardia de España, en el 2019

    -Cuántos años tienes Moussa?

    -No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!

    -Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

    – ¡Qué turbante tan hermoso…!

    – Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a través de ella. Es de un azul intenso. A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

    – ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

    – Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

    – ¿Por qué?

    – Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

    – ¿Quiénes son los tuareg?

    – Tuareg significa «abandonados», porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: «Señores del Desierto», nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

    – ¿Cuántos son?

    – Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… «¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!», denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

    – ¿A qué se dedican?

    – Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio…

    – ¿De verdad tan silencioso es el desierto?

    – Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

    – ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

    – Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

    – ¿Sí? No parece muy estimulante. …

    – Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.

    – Saber eso es valioso, sin duda…

    – Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

    – Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

    – Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!

    – ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

    – Vi correr a la gente por el aeropuerto.. .. ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…

    – Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…

    – Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.

    – Qué abundancia, qué derroche, ¿no?

    – ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…

    – ¿Tanto como eso?

    – Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.

    – ¿Qué pasó con su familia?

    – Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi madre estaba ayudándome…

    – ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

    – De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…

    – Y lo logró.

    – Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.

    – ¡Un tuareg en la universidad. ..!

    – Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.

    – Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

    – Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

    – Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

    – Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde…

    – Fascinante, desde luego….

    – Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…

    – Qué paz…

    – Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

  • El titán

    Mi encuentro con el titán

    Creí que aquel sería mi último día. Con las alas tiesas y la mirada borrosa, pocas esperanzas quedaban en mi alma sobre contemplar un nuevo amanecer.

    El sol, contrario a su comportamiento habitual, se mostraba reacio a calentar el aire y el suelo. Solo el viento helado persistía alrededor, cruel, indemne, estático…

    A merced pues, de los infames y voluntariosos elementos, cerré los ojos y aguardé paciente por la muerte.

    Me entristecía sobremanera abandonar este mundo sin haber usado mi aguijón, y recordé al menos tres veces en que pude haber hecho gala de mi poderosa pero fugaz fuerza.

    No obstante, sabía bien que navegar entre mis memorias no era más que un vano intento de negar la penosa realidad: nada habría de apartarme del infame destino que me esperaba.

    De pronto, una sombra enorme cubrió el terreno. De dimensiones colosales, el oscuro manto me sumió en la más densa y gélida penumbra, socavando aún más —si eso todavía era posible— mis ya mermadas esperanzas.

    La muerte, pensé, había llegado al fin…

    Para mí sorpresa, el dueño del frío y turbio abrigo no arremetió contra mí, sino al contrario: me tendió su pata para ayudar a levantarme.

    El ciclópeo espécimen, ajeno a las costumbres de su raza —a la cual había visto antes aplastar insectos con pies y manos sin atisbo alguno de piedad— extendía confiado su deforme miembro para que subiera en él y abandonara el peligroso suelo.

    Debo confesar que dudé si confiar en él; nunca había visto a uno de esos gigantes ayudar a uno de los míos —ya fuera rastrero, trepador o volador— y causaba en mí cierto recelo su actitud amable y conciliadora.

    Para mi pésima fortuna, pocas elecciones había ante mí en aquel momento, y el rechazar su ayuda equivalía a aceptar la más cruel sentencia de muerte.

    Fue así como subí lentamente a uno de los cinco extremos de su peculiar extremidad y me aferré a él con todas mis fuerzas.

    El poderoso pero afable titán me alzó con lentitud y nuestros ojos se encontraron por un brevísimo momento. Fuimos uno mismo por un instante. Luego todo volvió a su lugar. Y me alegro…

    La pata del coloso se acercó a una flor del color del sol. Descendí con tiento y me posé sobre los pétalos con una ola de ánimos renovados. 

    Una vez más la suerte me favorecía. Agradecida, pensé en hacer una sentida reverencia en honor a mi benefactor.

    Pero así como apareció, el gigante se fue. No tuve oportunidad de agradecer su ayuda, ni mucho menos de despedirme. Su recuerdo, sin embargo, vivirá en mí por y para siempre…

    Sé que muchos en la colmena dicen que yo lo inventé todo y nada de lo que cuento sucedió en realidad… No los culpo; si esto le hubiera sucedido a otra obrera y me tocara a mí escuchar la curiosa anécdota,  puedo jurar con certeza que ni loca la creería…

    ***

    —¡Una abeja!

    —¿Dónde?

    —¡En el piso! ¡No la vayas a aplastar!

    —No… deja la agarro y la subo a esa florecita…

    —¿Así con la mano? ¡Te va a picar!

    —No, para nada; se ve que está agotada… ¡Mira! ¡Ya se me subió al dedo!

    —¡Te va a picar!

    —No. Ni siquiera ha de tener fuerzas para defenderse o atacar … Ya está; ahí en la flor la alcanza el sol y no va a tardar en volar.

    —Pobrecilla… ¿Crees que entienda lo que acaba de pasar?

    No creo; después de todo, es solo una abeja…

    #JDAbrego2022