• ¿Tienes miedo a morir…? y (3)

    Aquel hombre atraía mi atención como un imán a los clavos. De mediana edad, algo obeso aunque sin morbidez, aparecía sudoroso, inquieto, recorría con insistencia una y otra vez la hilera de mesas de la terracita como sopesando donde sentarse. Era evidente que le apremiaba la sed y ademas, dada mi experiencia personal, podía apostar a que la próstata también le estaba oprimiendo la vejiga.

    Ocurrió hace mucho, mucho, tiempo, en el año del “bicho” en lo que se dio en llamar pandemia. Estábamos en una preciosa mañana de primavera, pero nadie parecía darse cuenta, él tampoco, llevaba un buen rato agobiado y no se atrevía a sentarse en la mesa más retirada a la que llegaba en cada intento. Tampoco parecía que entrar en el local fuese de su agrado.

    Los transeúntes se desplazaban con mascarilla, él llevaba dos, a la mayoría del personal que como yo disfrutaba allí sentado en la terraza, había que buscársela. Podían llevarla protegiendo la barbilla, de bufanda, en el codo o colgando de una oreja. En fin, en cualquier sitio, menos donde se recomendaba.

    Él procuraba no acercarse a nadie, esquivaba a cualquier transeúnte como si se encontrara en un partido de béisbol. Tan pronto se acercaba dubitativo a la puerta del establecimiento, como de nuevo volvía al partido, se desplazaba y se situaba al borde de aquella última y apartada, mesa con aparente intención de sentarse. En una de esas veces casi lo arrolla el camarero en la misma entrada del local y a punto estuvieron de caerse con bandeja y todo.

    Les vi hablar algo, mejor diría que fue al camarero al que percibí señalando hacia el interior. Aquel hombre entró después de desinfectarse minuciosamente las manos y al rato el camarero situó un botellin de cerveza y un plato con algo que no pude distinguir, en la vacía mesa objeto de las dudas del momentáneamente desaparecido señor.

    Poco rato después, se le vio ya mas calmado y tras desinfectarse de nuevo, acudió a la mesa y una vez mas le asaltó la duda. Llamó al camarero y este pasó un paño por la mesa y la silla. Por fin se sentó, y no sin pocos aspavientos consiguió llevarse el botellin a los labios.

    Lo que pasó a continuación no os lo podríais creer ni aunque os lo afirmara bajo juramento. Menos mal que lo podéis consultar en la hemeroteca de la época. Un ruido enorme precedió al desconcierto general. Gritos, desbandada del personal, mesas y contenido por los suelos, mas gritos. Entre todo aquel ruido yo pude distinguir dos palabras: “un medico” y “112”, llamé mientras me acercaba rápidamente a lo que parecía el origen de aquel disturbio.

    La mesa y el hombre que tanto dudaba yacían rotos y esparcidos por el pavimento. Pero había algo mas, ese algo era otro hombre que al parecer había caído de no se sabe muy bien donde. Los médicos del “112” certificaron la muerte instantánea de ambos.

    Mi padre solía decir: “cada uno tenemos tatuada la fecha de caducidad en el culo. Lo que pasa es que está en tinta trasparente y por eso no la podemos ver”.

    Fer.

  • ¿Tienes miedo a morir…? (2)

    Una preciosa tarde de primavera de cualquier año por el principio del siglo XXI . Un capitán laureado, mérito que había obtenido por su valiente participación en las numerosas batallas en las que había participado a lo largo de su carrera militar en varios destinos fuera de nuestras fronteras. Batallas de esas en las que no se sabe muy bien porqué, los medios de «desinformación» Las califican de «MISIÓN DE PAZ» y que luego esos mismos medios eso si, se encargan del postureo y las fotos para propagar las muertes de nuestros soldados, acaecidas eso sí, en son paz.

    En aquella ocasión, nuestro militar, que por entonces debía rondar los 50 años, paseaba por el parque del Retiro en Madrid, empujando el cochecito en el que su hija se distraía mirándolo todo. Habían llegado con tiempo a la cita con el conocido puericultor que asistiría a la niña y que pasaba consulta en la capital. Ellos acababan de llegar de Toledo y la imagen del fresco y verde parque parecía llamarles, así que decidió cruzar la calle.

    ¡De pronto…!, en la tranquila y silenciosa vereda del parque por la que transitaban, el militar escucho un intenso crujido que parecía venir de lo alto. Sin pensárselo y sin siquiera mirar, con ese instinto que sólo se aprende en las numerosas ocasiones de peligro en las que tu vida depende de él, dio un fuerte empujón al cochecito, y con él a la niña.

    Un instante después, nuestro militar yacía sin vida debajo de una gruesa rama del árbol debajo del cual estaban paseando padre e hija. Aquel empujón salvo la vida de la niña pero no dejó ninguna

    Lo que no pudo la guerra, le sobrevino en la paz, en un tranquilo parque de una no tan tranquila ciudad, , en una sosegada y fresca tarde de primavera. ¿Quien lo podría imaginar…?.

    Fer

  • ¿Tienes miedo a morir…? (1)
    Trataré una serie de tres relatos sobre la inutilidad del miedo. Éste primero es una conocida y antiquísima leyenda que me he permitido reproducir «a mi aire». Los otras dos son casos reales que en su momento llamarón la atención de los medios de comunicación y que publicaré en breve.

    Cuenta la leyenda que un día, en el que el jefe de esclavos de un de rico comerciante árabe, estaba paseando tranquilamente por los campos recien sembrados, cuando de pronto, sin saber como ni de donde, se le apareció una figura a la que inmediatamente reconoció en seguida como “La Muerte”.

    Hasim, que así se llamaba este hombre, era conocido en todo su mundo por el miedo atroz que tenía a la muerte, siendo la superstición uno de sus rasgos de identidad, así que probablemente debido a estas influencias se quedó paralizado un buen rato durante el cual no pudo pronunciar palabra.

    Cuando pudo tomar conciencia de nuevo, noto que estaba absolutamente sólo. Muerto de miedo corrió al encuentro de su amo, quien de inmediato notó el semblante desencajado marcado por una palidez enfermiza que traía Hasim. Éste, con frases entrecortadas y temblando, apenas pudo encontrar algo de voz para relatar su experiencia y le pidió que con toda urgencia le prestase el mejor caballo, el mas veloz, pues necesitaba huir de inmediato a Teheran , ya que pensaba que allí entre tanta gente “La Muerte” no lo encontraría y quedaría a salvo.

    El comerciante accedió ante el deplorable aspecto que presentaba su esclavo, e inquieto se dejo llevar por su imaginación sobre las probables causas de éste asunto. Después de un tiempo no muy largo, vislumbró una figura femenina vestida con lo que parecían harapos negros y que portaba una guadaña. El comerciante, sin inmutarse, inició una conversación con aquella extraña figura.

    El comerciante accedió ante el deplorable aspecto que presentaba su esclavo, e inquieto se dejo llevar por su imaginación sobre las probables causas de éste asunto. Después de un tiempo no muy largo, vislumbró una figura femenina vestida con lo que parecían harapos negros y que portaba una guadaña. El comerciante, sin inmutarse, inició una conversación con aquella extraña figura.

    • Ala os guarde, ¿que puedo hacer por vos?. – pregunto amablemente el comerciante.
    • Vengo a pedirte que me acompañes, tu estancia aquí ha llegado a su fin. -Contestó aquella figura.
    • Estoy preparado, llevo tiempo esperándote. ¡Cuando quieras!. -Pronunció aquel, tranquilo y sereno.

    Poco después, cuando habían tratado ya todos los temas de interés para el comerciante, éste le comentó lo acaecido con su hombre un rato antes, ante lo cual, aquella figura le comentó.:

    • “Sí por cierto, y me ha sorprendido mucho encontrarlo aquí. Tengo que llevármelo esta noche desde Teheran”.

    Fer

  • El agua que quiso ser fuego.

    Estoy cansada de ser fría y de correr rio abajo, golpeándome con las piedras que me enervan. No me acepto como soy, le pediré a Dios que me cambie, que me convierta en aire. Mejor en aire no, que forma huracanes que arrasan con todo lo que encuentran en su camino. Tal vez mejor en tormenta. No, tampoco lo acepto, me asusta, sobre todo cuando con su fuerza hace caer los árboles sobre mi, me hace daño. Me gustaría ser árbol o flor por su belleza, por eso las tolero aunque tenga que estar regándolos y consuman parte de mi, las tolero porqué me gustan, pero no las acepto para cambiarme por ellas, pues unos tienen una larga vida y las otras muy efímera.

    Dicen que soy necesaria, pero yo prefiero ser hermosa, y roja, y cálida. Dicen que purifico todo lo que toco, pero mas fuerza purificadora tiene el fuego. ¡Eso!, quisiera ser llama y fuego, me encantan su luz y su color y cuando me calienta en invierno sobre todo si estoy helada.

    Dicen que soy necesaria, pero yo prefiero ser hermosa, y roja, y cálida. Dicen que purifico todo lo que toco, pero mas fuerza purificadora tiene el fuego. ¡Eso!, quisiera ser llama y fuego, me encantan su luz y su color y cuando me calienta en invierno sobre todo si estoy helada.

    Estoy decidida, quiero ser fuego, le escribiré una carta a Dios pidiéndole que cambie mi identidad.

    Le diré: Querido Dios, tu me hiciste agua pero quiero decirte con todo respeto, que estoy cansada de ser transparente, que prefiero el color rojo. Desearía ser fuego, ¿puede ser?. Tu mismo, Señor, te identificaste con una zarza ardiendo y dijiste que habías venido a poner el fuego sobre la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua, por eso creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho, necesito este cambio para mi realización personal.

    Salí todos los días a la orilla para ver si llegaba la respuesta y una tarde pasó una barca muy blanca de la que cayó un sobre rojo que contenía una nota en la que se podía leer : “Querida hija, parece que te has cansado de ser agua. Lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera, tu abuela fue la que bautizó a mi hijo en el Jordán, y te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Mi espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado antes en ti. Tu preparas el camino al fuego«.

    Mientras estaba embebida leyendo la carta, Dios bajó a mi lado y se quedó contemplándome en silencio. De pronto me vi a mi misma y a Dios reflejado en mi. Estaba sonriendo como esperando na respuesta.

    En ese momento comprendí que el privilegio de reflejar el rostro de Dios solo lo tengo yo cuando estoy limpia y en paz. Suspiré y acepté: «Señor, seguiré siendo agua, seguiré siendo tu espejo. Gracias.»

    Aceptar y aceptarnos es un reto

    De todas nuestras actitudes, la mas importante es aquella con la que nos miramos a nosotros mismos, porque esa visión afecta favorable o no a como nos ven los demás.

    A veces no nos conocemos o no nos aceptamos lo suficiente. No sabemos lo que sentimos y no hemos aprendido a manejar y exteriorizar nuestras emociones.

    Es imposible querer y aceptar a los demás si no te sabes querer a ti mismo. En cambio cuando te conoces, cuando te aceptas y te quieres con tus pros y contras, con tus maravillas y defectos, con tus aciertos y errores, ya es otra cosa. Solo el hecho de conocerte y aceptarte ya te sana mental y emocionalmente.

    Cuando uno no se acepta corre el peligro de intentar manejar a los demás, bien con su victimismo, imponiendo sus opiniones, o manipulando de diferentes formas, ya sea con el arma sutil de la palabra o con la comunicación no verbal.

    Para vivir el valor de la aceptación con los demás no es necesario estar de acuerdo con sus opiniones o su forma de comportarse. Es incondicional porque si ponemos condiciones no estamos aceptando sino tolerando. Tolerar es una forma de concesión pero deja reticencias.

    Es posible que a lo largo de nuestra vida nos guste ser alguien distinto al que somos, tener otras cualidades, otra profesión, otras amistades y nos hemos quejado a Dios pidiéndole que nos cambie, pero solo aceptando como somos, como Dios nos ha hecho, podemos ser el reflejo de Su rostro para los demás.

    Benja

  • A.C.O.M.P.A.Ñ.A.R
    1. Acompañar se trata de estar presente para el dolor de otra persona; no de hacer que su dolor desaparezca.
    2. Acompañar se trata de ir al desierto del alma con otro ser humano; no de creer que somos responsables de encontrar la salida.
    3. Acompañar se trata de honrar el espíritu; no de enfocarse en el intelecto.
    4. Acompañar se trata de escuchar con el corazón; no de analizar con la cabeza.
    5. Acompañar es dar testimonio de las luchas de otros; no de juzgar o dirigir esas luchas.
    6. Acompañar se trata de caminar al lado; no de conducir o ser conducido.
    7. Acompañar se trata de descubrir los dones del silencio sagrado; no significa llenar con palabras cada momento.
    8. Acompañar al que sufre se trata de quedarse quieto y en silencio; no de querer moverse frenéticamente hacia adelante.
    9. Acompañar se trata de respetar el desorden y la confusión; no de imponer orden y lógica.
    10. Acompañar se trata de aprender de otros; no de enseñarles.
    11. Acompañar se trata de tener una actitud de curiosidad y no de expertos.

    ALAN D. WOLFET.

  • LUMINOSIDAD

    Son las 3 de la mañana de este sorprendente 9 de Enero de 2021. Nieva en Madrid. Me ha despertado el estruendo del silencio y la pizca de curiosidad que coloqué, amorosamente, bajo la almohada, al acostarme.

    Se aprecia una ternura infinita en cada copo al danzar, suave y grácil, en el atrevido espacio lleno de vacíos que despiertan, soñando, momentos de sosiego. La singular nieve de esta noche aguarda y sólo pretende encontrar un remanso de paz donde posarse y esperar que otros copos encuentren el mismo camino y se aquieten para, en la unidad, proyectar su blanca luz. Madrid está resplandeciente y bella en esta noche luminosa.

    El resplandor es como un amanecer alegre que sorprende con momentos de quietud en donde la paz, el silencio y el vacío sonríen al alma … que se estremece. Es un instante donde la nada invita a la oración, al recogimiento, a la meditación. A meternos dentro de ese copo, casi ingrávido, donde encontramos el milagro de la vida, la paz, la unidad, el ser…porque el alma está pidiendo Paz y Amor y Silencio.

    A esta hora sin ruidos, sólo escuchando la voz del alma y la alegría blanca de la nieve, Madrid, la noche de Madrid, se nos antoja como más luminosa que nunca invitándonos al recogimiento, la oración y la Unidad. La Unidad como camino, como alimento del espíritu.

    Estamos inmersos en unos momentos de cambio. De Cambio o de Reafirmación. De aquíen adelante podremos percibir cómo las cosas se suceden con una inusitada rapidez. Como si el milagro del “¡hágase!” estuviera al alcance de la mano; para bien y para lo demás. Por ello os invito a Unirnos en el Espíritu, Unirnos en la Paz, Unirnos en el Amor, Unirnos en la Oración, Unirnos en la Luminosidad de SER y esperar que llegue el alba.

    Ángel Díaz Rubio

    Madrid, 9 de Enero de 2021. A las 03:00 de una noche luminosa.

  • EL CUARTO REY MAGO

    Según una una leyenda (antigua, como toda leyenda que se precie) que sin ser parte de la Revelación, nos enseña que …
    Cuenta que había un cuarto Rey Mago, llamado Artabán que también vio brillar la estrella sobre Belén y decidió seguirla. Como regalo pensaba ofrecerle al Niño un cofre lleno de perlas preciosas. Sin embargo, en su camino se fue encontrando con diversas personas que iban solicitando de su ayuda.
    Este Rey Mago las atendía con alegría y diligencia, e iba dejándoles una perla a cada uno. Pero eso fue retrasando su llegada y vaciando su cofre. Encontró muchos pobres, enfermos, encarcelados y miserables, y no podía dejarlos desatendidos. Se quedaba con ellos el tiempo necesario para aliviarles sus penas y luego procedía su marcha, que nuevamente era interrumpida por otro desvalido.
    Sucedió que cuando por fin llegó a Belén, ya no estaban los otros Magos y el Niño había huido con sus padres hacia Egipto, pues el Rey Herodes quería matarlo. El Rey Mago siguió buscándolo, ya sin la estrella que antes lo guiaba.
    Buscó y buscó y buscó… y dicen que estuvo más de treinta años recorriendo la tierra, buscando al Niño y ayudando a los necesitados. Hasta que un día llegó a Jerusalén justo en el momento que la multitud enfurecida pedía la muerte de un pobre hombre. Mirándolo, reconoció en sus ojos algo familiar. Entre el dolor, la sangre y el sufrimiento, podía ver en sus ojos el brillo de aquella estrella. Aquel miserable que estaba siendo ajusticiado era el Niño que por tanto tiempo había buscado.
    La tristeza llenó su corazón, ya viejo y cansado por el tiempo. Aunque aún guardaba una perla en su bolsa, ya era demasiado tarde para ofrecérsela al Niño que ahora, convertido en hombre, colgaba de una Cruz. Había fallado en su misión. Y sin tener a dónde más ir, se quedó en Jerusalén para esperar que llegara su muerte.
    Apenas habían pasado tres días cuando una luz aún más brillante que mil estrellas llenó su habitación. ¡Era el Resucitado que venía a su encuentro! El Rey Mago, cayendo de rodillas ante Él, tomó la perla que le quedaba y extendió su mano mientras hacía una reverencia. Jesús le tomó tiernamente y le dijo:
    “Tú no fracasaste. Al contrario, me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre, y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres que atendiste en tu camino. ¡Muchas gracias por tantos regalos de amor! Ahora estarás conmigo para siempre, pues el Cielo es tu recompensa.”
    Cada uno de nosotros somos el cuarto Rey Mago y Jesús espera que le encontremos en cada persona necesitada que se cruce en nuestro camino… deseo que la Epifanía —ese encuentro con Jesús que vive en cada hermano que sufre— nos acompañe durante todos los días de este año que acabamos de comenzar.


    Chus.

  • Muy descalzo…

    Que si nació hoy, que si nació ayer, Que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenia hermanos, que si no tenia. Que dónde está, que cuando vuelve.
    A mi me agarró la mano cuando más lo necesitaba. Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas. Me enseñó a llorar con fuerzas y soltar. Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila. A caminar muy lento y muy descalza. Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mi. Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo al lado y, de cuando en cuando, a estirarle la mano. Me enseño que siempre me esta hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón. Me enseño que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo. Me enseño que la fuerza mas grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo. Me enseño cuanto me ama a través de lo que yo amo a mis hijos. Me enseño que los milagros si existen. Me enseño que si yo no perdono, soy yo la que se queda prisionera, y para perdonar primero tengo que perdonarme. Me enseño que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. Me enseño a confiar en mi y a levantar la voz frente a la injusticia. Me enseño a buscarlo adentro y no a fuera.
    Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. A equivocarme y aprender. Y me siguió cuidando y esperando.
    Hasta me dejó aprender de otros maestros, sin ponerse celoso. Porque es de necios no escuchar a todo el que hable de amor. Y porque hoy, más que nunca, entiendo que todos hablan de lo mismo.
    Me enseñó que solo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir mi luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que el SIEMPRE va a estar en mi….que aunque dude y tenga miedo confíe, ya que esa es la fe, confiar en El a pesar de mi….
    Se llama Jesús
    (Anónimo)

  • Necesito llorar

    Necesito llorar, ¿puedes ayudarme…?

    Era una tarde de nostalgia, fría, nublada. Una tarde cansada, agotada, de esas que llaman desde fuera para ser contempladas tras los cristales a medio empañar de una ventana. Una tarde que nadie se atrevía a cruzar. Nadie, ni siquiera los perros. Sin embargo, así contemplada, desde dentro, con el calor del hogar sobre la piel, transmitía una rara sensación de serenidad, la seguridad de estar a salvo de cualquier eventualidad. Tengo dolor en cada fibra, en cada célula, no, no es un dolor cualquiera, es un dolor frío, intenso, agobiante. Me duele el “alma”.

    Tal vez se parezca a la espera del castigo, como cuando siendo muy pequeño, te decían eso de: “luego hablamos”. O aquella hada que con una distancia insalvable te servia un “tenemos que hablar” No recuerdo una sola vez en la que el castigo superase en dolor a esa espera.

    ¿Duele sentirte impotente…?, ¿duele esperar esas noticias que ya presupones malas…?, ¿duele el dolor de aquellos a los que amas de todo corazón…?, quizás el empleo del termino “sufrir” sea mas descriptivo, pero a mi me suena vacío. ¿Que es el dolor…?, ¿que el sufrimiento…?.

    ¿Por qué a mi…?, o peor, ¿por qué a los míos…?, ¿como es que te sientes tan a salvo, como yo ayer…?, ¿por qué…?. ¿Por que?. ¿POR QUE…?

    A menudo oigo eso de que estas cosas pasan para que aprendamos de ellas. ¡Vale!, de acuerdo, y es en este preciso momento cuando gritas desde el estomago, o quizás mas abajo…: ”QUIERO CAMBIARME DE ESCUELA”.

    Cuando al fin soy consciente, estoy en pie, tras la ventana. Que todo ese dolor ya pasó hace muchísimo tiempo, aunque los recuerdos se funden con mi relato. Y sirvió, claro que aprendí, hoy no sería tan fuerte, ahora no sería tan yo mismo, ni las prioridades serían las mismas . También aprendí a darme cuenta que aunque caigas, es mas importante levantarte, aunque ya nunca seas el mismo, tambíen pude alcanzar a ver que lo mas importante está en aquello que no puedes ver y en todo eso que no se puede medir. Fue entonces, en aquel otro momento tras la ventana cuando aprendí que es mejor amar que ser amado. Hasta hoy.

    Fer

  • Navidad 2020

    Querid@s amig@s,

    La intensidad del año 2020 nos ha marcado con una huella de cambio imborrable, a cada cual en su rincón del alma más necesaria.

    Ashla también ha vivido los vientos de la renovación y la incertidumbre con la llama de la confianza encedida a la Luz de la meditación.

    Todos vosotros una vez más nos distéis aliento e impulso, en ocasiones fueron las palabras, en otras el silencio… En todo momento hemos sentido vuestro apoyo, este año desde la obligada distancia, reforzando nuestra labor desde el sentimiento de Unidad.

    Queremos agradeceros, ahora más que nunca, la generosidad y entrega con la que nos habéis acompañado para continuar el camino que entre todos iniciamos hace tiempo…

    El nuevo año nos sorprenderá con amplios horizontes, con frutos recogidos de la siembra dispuestos para compartir.

    Es nuestro deseo que vuestras familias y vuestros mundos, acojan la Navidad como el regalo de un nuevo despertar al Amor, dando su espacio en nuestro corazón a aquellos que de forma inesperada, nos dejaron.

    Bendiciones de todo el equipo que formamos Ashla 💫🙏🏻

    M.Jesús Aguarón