• Un día lloré

    Un día lloré, lloré tanto porque me sentí insuficiente para alguien, porque me preguntaba qué había hecho mal, que estaba tan mal en mí… 

    Pensaba que tal vez no era tan bonita, que tal vez a mi cuerpo le faltaba algo, que igual y me faltó esforzarme más, demostrar más, dar más de mí, pero no…. 

    A mí no me hizo falta nada, hoy que me veo al espejo me veo más guapa, estoy más enamorada, pero de mí, me he dado cuenta que no me hace falta alguien a mi lado para ser feliz, que nunca me faltó dar más, ni ser más bonita, tampoco me faltaban mejores cosas, ni mejor cuerpo… 

    Sólo comprendí que nada es suficiente para alguien que no sabe lo que quiere, que el problema no fue mío, que ahí no era mi lugar…. 

    Comprendí que la vida no me negó nada aunque en su momento yo me lo preguntaba y lloraba… 

    La vida fue buena conmigo y me movió de ahí, porque no era el tiempo, el lugar, ni el amor para mí… 

    M. Angeles Acosta

  • CUANDO AMAS A UN ALMA ANTIGUA .

    Hay un tipo especial de persona en este mundo que a menudo es incomprendida.
    Estas personas suelen ser solitarias y al mismo tiempo apegadas, espíritus libres, amantes inocentes.
    Ven el mundo por todo lo que puede y debe ser.
    .
    Son las almas antiguas, los soñadores, las personas en sintonía con la vida, tan intuitivos de las emociones que nos asustan.
    Nos asustan no por lo que son, sino por lo que no somos, por lo que nos falta.
    Las almas antiguas alcanzan profundidades que no podemos comprender.
    Tienen una conexión con el universo, con la naturaleza y por eso son las personas que cambiarán el mundo.
    Su tacto es inusual, su sexo es inusual, la claridad con la que ven las cosas es inusual.
    A menudo nos sentimos inferiores, como si tuviéramos que esforzarnos para estar remotamente cerca de su nivel, para ser dignos de su amor.
    .
    Se necesita una persona segura de sí misma para amar a un alma antigua.
    Pero vale mucho, Cambiará mucho tu vida.
    Son románticos, son leales, nos ayudan a crecer, no son materialistas, entienden las conexiones profundas de la vida, son agradecidos, son ejemplos de fe y valentía.
    Recorren los caminos más dolorosos de esta vida y sin embargo de alguna manera, tienen el valor para sonreír para ser desinteresados, para apoyar a los demás.
    Amar a un alma antigua y ser amado por ella es un regalo del universo.
    Las almas antiguas están repartidas por todo el mundo y si tú lo has encontrado….
    Has ganado la lotería de la Vida.

    Mª Jesús Aguaron

  • NOS HICISTEIS DÉBILES

    Nos quisisteis tanto que nos hicisteis débiles.

    Reservasteis para vosotros los malos tragos, las maletas de cartón, las medias suelas en los zapatos. Aguantasteis guerras y posguerras, el hambre en pucheros de miseria, los piojos, los sabañones, el miedo pegado a la mirilla, las casas llenas de fotos tristes.
    Vestisteis un luto tras otro, la mirada baja, las manos heladas. Subisteis a trenes negrísimos, kilómetros en vagón de tercera, vendimias, fábricas inmensas, lluvias que enlazaban con más lluvia, inviernos que duraban todo el año.

    Y todo eso fue para sobrevivir y dar la entrada de un piso, para regalarnos una cuna con colchón de lana, un cubierto con nuestras iniciales, un pupitre en la escuela, unos patines, una tarta de cumpleaños, un juguete -o dos- de los Reyes Magos, una quincena en la playa. Y todo eso fue para que nosotros tuviéramos un paquete de pipas, unas botas de agua, una canción dedicada en la radio.

    Nos mimasteis como ni vosotros mismos sabíais que podíais amar.
    Nos llenasteis el bolsillo con propinas de cinco duros, nos enseñasteis el verbo estrenar para el domingo de Ramos, para las bodas y las comuniones, nos comprasteis la mochila para los campamentos y os estirasteis para apuntarnos a actividades extraescolares.

    Enterrasteis a vuestros muertos con paladas de llanto y silencio.

    A nosotros nos lo pusisteis fácil con una póliza de decesos con la que deciros adiós sin mancharnos de tierra. A nosotros nos inundasteis de ColaCao el tazón del desayuno y de naranjada el vaso de la merienda.

    Nosotros, escolares de bollo y chocolatina, nunca conocimos qué era repartirse un huevo frito en la cena, ni sospechamos que unas décadas atrás la gente saliera de casa con un bocadillos envuelto en periódico camino del tajo y luego, con el cansancio de la jornada, estudiaba en cursos nocturnos para adultos.

    Salimos malcriados. Los zurcidos quedaban en vuestros calcetines, en los abrigos a los que dabais la vuelta para alargarles la vida. Salimos blandos para la contrariedad.

    Para nosotros la aspereza de la supervivencia era una aventura de personajes de película que siempre terminaba bien. Creímos que luchar y reivindicar se limitaba a salir a la calle en determinadas fechas con una pancarta.

    Creímos que el bienestar heredado de vosotros era una conquista vitalicia. Creímos que comeríamos hojas tiernas toda la vida, que las duras ya las habíais sufrido vosotros.

    Creímos que nuestros hijos tendrían el mundo a sus pies a golpe de ratón, en un ascenso imparable para disfrutar de más comodidades y servicios y, además, antes que nadie.

    Nos quisisteis tanto que nos hicisteis débiles.

    La musculatura de carpetas plastificadas no nos sirve para afrontar la dificultad. Necesitamos prótesis de sinergias, empatías y esos apoyos que vosotros, cuando venían mal dadas, simplemente llamabais solidaridad, compañerismo y compromiso colectivo.

    Pero a nosotros, ebrios de másteres y de titulaciones, nos viene grande el papel de la responsabilidad. Por eso nos cuesta tanto asumir este viraje tremendo de la convivencia a nivel mundial en el que fracasan nuestras reglas egoístas de mirar cada cual por lo suyo y, si se puede, robar al vecino más indefenso.

    Desde donde os halléis, padres y abuelos, si os dais una vuelta por aquí os escandalizarán nuestras prisiones gestadas en convenios de poltrona y pérdida de derechos. Sin duda os indignará que seamos tan blandengues y manipulables y que desde el conformismo del qué le vamos a hacer y de la cómoda no incumbencia, hayamos permitido que se machacara lo público.

    Y vosotros que nos quisisteis tanto, regresaréis a vuestras tumbas complacidos de no depender de nosotros, de nuestros putos móviles, de nuestra académica incultura y de nuestra medular insensatez.

    Anonimo

  • Es tiempo de Silencio

    El, distraído, comentó:

    • ¡Qué tiempos tan malos que son!

    Y el sabio respondió:

    • ¡Buenos tiempos son, hermano!”, Es tiempo de Oración, es tiempo de Lucha, es tiempo de Serenidad, es tiempo de Amor, es tiempo de Perdón, es tiempo de Escucha, es tiempo de Silencio. Todo ello abrirá los corazones.

    A todo esto llevaba yo varias fechas aquejado, tercamente, del mal de “hacer nada” y con una predisposición hermosa a criticar y ver el mundo de aquella manera que ni a mi mismo me gustara. En estas situaciones solemos persistir, obtusamente, en manosear con notaria insistencia el quehacer de los demás y colmarnos de tristeza y pesadumbre por nuestros propios actos y pensamientos.

    El recurso de la autocompasión suele funcionar para escarbar un hoyo grande, muy grande y taparnos melancólicamente en busca de una oquedad donde refugiarnos esperando que en esos parajes salga el Sol. Es decir: huimos.

    Y así nos encontramos ahora: dubitativos entre el miedo y la parálisis por tanto acontecer que se nos trata de vender con el condimento de la culpa y este doble paquete, envuelto hábilmente en una publicidad sin escrúpulos, sirve para que a la hora de tomar cualquier decisión, libremente, vaya nuestra decisión a la opción no deseada.

    Si, como dicen algunos, estamos ante un nuevo genocidio, algo tendrá que decir, y lo dirá, el Supremo Hacedor que diseñó el ADN humano que es propiedad Divina.

    Hoy os invito a la Serenidad, la Oración, el Silencio y la Meditación como decimos más arriba. Busquemos el reino de Dios y su Justicia. Lo demás se nos dará por añadidura …. QUE … TIEMPO AL TIEMPO …. Como dice la santa : “Nada te turbe, nada te espante …. Sólo Dios basta.”

    Estepona, 25 de Agosto de 2021

    Ángel 

  • ¡¡¡ Despierta !!!

    Es bueno recordarlo :

    ”Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y lo que sentimos.

    Tus células están constantemente observando tus pensamientos y siendo modificadas por ellos.

    Un ataque de depresión arrasa tu sistema inmunológico. Sin embargo serenarte fortifica tremendamente.

    La alegría y la actividad armoniosa te mantienen saludable y prolongan tu vida.

    El recuerdo de una situación negativa o triste libera en ti las mismas hormonas y sustancias
    biológicas destructivas que el estrés.

    Tus células están constantemente procesando todas tus experiencias y metabolizándolas de acuerdo con tus puntos de vista.

    En tu cuerpo, la producción de neurotransmisores se altera, el nivel de hormonas varía, tu ciclo del sueño es interrumpido, la superficie externa de tus células se torna más viscosas y más propensa a formar grumos y hasta tus lágrimas contienen trazas químicas diferentes al de las lágrimas de alegría.

    Todo este perfil bioquímico será drásticamente modificado cuando te sientas tranquilo, y hasta tu proceso de envejecimiento se neutralizará cada día.

    Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero, dijo: “Nosotros estamos hechos de la misma materia que los sueños”.

    ¿Quieres saber cómo está tu cuerpo hoy?
    Entonces recuerda lo que pensaste y sentiste ayer.

    ¿Quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana?
    ¡Observa tus pensamientos y emociones hoy!

    Al abrir tu corazón y tu mente evitarás que algún cirujano lo haga por ti.

    La medicina esta en ti y tú no la usas. La enfermedad viene de ti mismo y no te das cuenta.

    Recuerda, no somos lo que creemos ser, sino lo que pensamos y sentimos sin saberlo.

    Despierta!!!

    Mucha luz!!!”
    Thor

  • Todo lo que sea para ti…

    · «Todo lo que sea para ti…te encontrará…

    Mientras tanto, respira…, sonríe…, agradece y guarda silencio.

    Camina tranquilo…, disfruta del paisaje y del camino, sin hacer del sendero un medio para un fin. Zambúllete en el viaje hacia este instante eterno de aquí y ahora…, y retírate dentro de ti mismo…, sobre todo..,.cuando necesites compañía.

    Suelta. Sólo suelta. No persigas nada ni a nadie…, porque al perseguirlo lo ahuyentas…, lo alejas. Deja que el universo ordene las energías y tú.., .relájate…, disfruta del concierto de imágenes…, de la orquesta de sabores.., y de la sublime sinfonía de aromas y sonidos.

    Todo lo que esté destinado a NO suceder, no sucederá por más esfuerzos que se hagan.

    Todo lo que esté destinado a suceder…sucederá…por más esfuerzos que se hagan para impedirlo. Ésta es la única y santa verdad.

    Todo lo que sea para ti…te encontrará.

    Pues aunque aún no lo creas y todavía no lo sientas: «Todo En Este Sueño Ya Está Escrito»

    Mientras tanto respira..sonríe…agradece…guarda silencio… y deja que la existencia simplemente haga su trabajo.

    Tan sólo deja que el Cosmos orqueste su plan divino…

    ..»Mahatma Gandhi

  • No, AMIGA. No.

    No puede ser, que cada vez que nos vemos, termine utilizándote. No puede ser, que a pesar de mis propósitos para escucharte el corazón, mirar tu luz y callar, sobre todo callar, no pare de volcar sobre ti todas mis cuitas. Luego al separamos me regañó, me enfado, y cuando llego a casa me castigó al rincón de pensar por un buen rato. No puede ser que te eche tanto de menos.


    Ya sé que piensas, como yo, que para eso estamos los amigos, ya sé que piensas, también como yo, eso de hoy por mi y mañana por ti. Pero ¡Joder!, siempre es hoy o soy yo el que utiliza tu hombro como si de una almohada cariñosa se tratara. Tu parte de mi me desequilibra, me inquieta, me busca. Mi parte de ti, sueña, se eleva, vuela. ya sé que piensas, aunque yo no lo comparta, que es mejor así.

    Las amistades comunes, sobre todo aquellas que se han ido, dejandonos marcándos con las profundas huellas de su paso por nuestras vidas, me inspiran sentimientos que me transforman a cada momento. Al sentir su ausencia física, soy consciente de que ya han hecho su tarea y ahora cuidan de nosotros desde donde estén. Y con ellas hemos disfrutado, viajado, comido, reído, y abusado de la vida hasta casi reventar, y todo ello en aras de una amistad que va más allá de … «hasta que la muerte nos separe».

    Cada abrazo contigo es un instante que se prolonga por toda esta eternidad, y si la palabra amor no estuviese tan prostituida te diría…

    “Dejame escuchar tu corazón”.


    fer

  • Y despues…

    Luis había sido un gran economista, fue feliz a su manera, amasando cuanto mas dinero, mejor. Nunca supo lo que era crear afecto y amor hacia los demás, jamas disfrutó de sus hijos, jamas intentó enamorar a su esposa y nunca supo lo que era tener amigos. Con el peso de sus muchos años a su espalda, las enfermedades y la soledad hace un examen de como había ido su vida y como el egoísmo y la avaricia habían estado siempre dentro de él.

    Recordó como a los 9 años le regalaron 1000 pesetas y rápido consultó a su padre donde podría invertirla para que le rentaran algo. La inversión fue positiva y aquello marcó su destino. Decidió que sería economista.

    En el colegio veía a los otros niños jugar y ser felices, pero él no tenía tiempo, tengo que estudiar, se decía, ya me divertiré cuando esté en la universidad, pero se le olvidó hacerlo, ya me divertiré cuando me gradúe, pero tampoco, ahora toca estar pendiente de mis inversiones y no perder el tiempo en tonterías, ya seré feliz cuando me case, pero ni siquiera se permitió disfrutar de un viaje de luna de miel. Tenía que estar pendiente de sus negocios.

    Disfrutaré cuando tenga hijos, pero tampoco, nunca había aprendido a jugar y además le molestaba mucho el ruido que hacian. Bueno, pensó, ya tendré tiempo cuando se independicen, pero tampoco tuvo tiempo ni supo disfrutar.

    La relación con sus hijos y sobre todo con su esposa cada día era mas fría y distante, pues no supo nunca crear parcelas e amor, jamas tuvo un detalle con ella, una caricia, una frase de amor, un viaje juntos, un paseo.

    Recordó como hace varios años, en la última Navidad que pasaron todos juntos, él se metió en el despacho y ni siquiera salió para la cena. Había una operación mercantil en la que le interesaba invertir, pues aseguraba una gran rentabilidad. Cuando salió se habían marchado todos, tan sólo encontró una nota de su esposa que decía: Luis, me marcho con nuestros hijos, no aguanto mas, quedate y se feliz con tu dinero, yo me conformo con ser feliz. No quiero nada mas.

    Luis nunca supo disfrutar el presente, siempre lo dejaba para después, y cuando llegó el último después sólo tuvo soledad, tristeza, frustración y sobre todo se sintió aterrado, pues fue consciente de que la mejor inversión que podemos hacer y que mejor rentabilidad da, es buscar la ilusión que nos abra la puerta de la felicidad, eso que él nunca supo ni quiso hacer y se le pasó el tiempo como pasa la vida, ahora se daba cuenta de que era tan pobre, que tan sólo tenia dinero, y una gran soledad que le hacia sentir pánico y desamparo.

    Al fin y al cabo, Luis estaba recogiendo lo que había sembrado a lo largo de toda su vida.

    Benja

  • La fuerza de la Naturaleza

    Esta es la historia de Imobach, un niño bimbanche de la isla de Hierro. Una de las islas
    llamadas Afortunadas que ahora se llaman Canarias. Muy cerca de África.
    Decían los que le conocían que nació diferente a todos sus hermanos y eran unos
    cuantos, incluso su madre contaba la forma en la que nació que también fue inusual.
    Llego al mundo con el alba cuando ella estaba recolectando papayas en los campos
    del Valle del Golfo. Se decidió a nacer en el momento que una gran nube negra rodeó
    la montaña y los campos descargaban con toda su fuerza el agua acumulada.
    Contaba lo imposible que fue escapar y moverse con el esfuerzo de traer a su hijo al
    mundo. Tirada sobre el fango que se formó, con un dolor insoportable, no podía pensar
    cómo resguardarse para que su hijo no se ahogará. Si el agua que bajaba de las
    montañas les alcanzaba, morirían. El reguero era tan grande y con tanto caudal que los
    dos comenzaron a ser arrastrados con fuerza ladera abajo pero gracias al cordón que
    les unía, ella supo que no lo perdería. Debía cogerlo en sus brazos para que no tragara
    agua. Se irguió como pudo sujetándolo, el niño casi colgaba de su vientre y a cuatro
    patas pudo llegar hacia un árbol que apenas veía con la lluvia. Una vez debajo se sintió
    a salvo. Se recostó como pudo protegiendo al bebe y exhausta quedó sin sentido.
    Al abrir los ojos, perpleja vio cómo su hijo sacaba su pequeña cabeza de su regazo
    para alimentarse con el agua que caía de las hojas de aquel árbol. Ella desde entonces
    dijo que ese niño pertenecía al árbol que los salvó, llamándole Imobach en honor al
    valle que le vio nacer.
    A partir de ese día no faltaron en llevarle flores y frutas a su árbol salvador. Este a su
    vez les recompensaba con chorros de agua cristalina que llevaban al pueblo.

    Él niño solía saborear el agua como si de leche materna se tratase. Su madre sabía
    que le haría fuerte. El pueblo agradecido comenzó a visitar el árbol haciéndole
    ofrendas. Los más jóvenes construían albercas para guardar el agua cerca del tronco
    donde caía de sus hojas.
    Así aguantaban las épocas de sequía que eran muchas, cuando los vientos venían
    fuertes y secos de África. También regaban sus campos y la fruta crecía vigorosa.
    El árbol Garoé se convirtió en uno de sus dioses. – Quien se arrimaba a ese árbol
    gozaría de vida, dijeron los sacerdotes del pueblo. Ellos sentían en él un poder mágico
    siempre unido al del niño.
    Imobach fue creciendo ágil y delgado. Los pájaros se posaban en sus brazos y hablaba
    con ellos. Como una extensión más de las ramas del Garoé se le acercaban y él aunque
    quería volar solo podía doblarse o estirarse. Pero era uno de ellos. Se comunicaban
    incluso a kilómetros de distancia. Con el viento también tenía una relación muy
    especial siempre sabía exactamente de dónde venía o hacia donde soplaría y éste le
    arropaba cuando quedaba dormido a la intemperie. El padre árbol le hablaba con su
    lenguaje y su madre que lo sabía le dejaba jugar siempre allí. Aunque estuviera solo
    Eraorahan su dios del cielo le protegería.
    Pasaron los años y el niño se convirtió en joven. Trepaba a lo más alto de las cimas de
    árboles y montañas augurando tormentas, vientos huracanados del sur o si los
    habitantes de la isla vecina navegaban con sus barcas a sus playas para apropiarse de
    su ganado o frutas. El transmitía todo lo que veía y oía, a su familia primero y luego al
    jefe de la comunidad o a los sacerdotes. Se sentía protector de su pueblo y esta virtud
    se palpaba en la comunidad que siempre le preguntaba o le pedía consejo.
    Una mañana en la época del sol brillante en los días que había más luz, Imobach vio
    algo inusual muy lejos, casi donde el sol se ocultaba. No parecían las barcas de sus
    vecinos de la isla de al lado. Su vista no alcanzaba a ver que podía ser, pero sentía en
    su corazón fuertes golpes que chocaban contra el mar. Un olor parecido a humo le
    llegaba a través del viento. Nunca había sentido algo igual.
    Subió al Tinganar cerca del arco del Golfo, la cima más alta en el centro de la isla. Allí
    pudo ver gigantes barcazas con enormes velas que se acercaban. Nunca había visto
    algo parecido. Si eran barcas tan grandes, como serían los que las manejaban, se
    preguntaba. Veloz fue a avisar a su familia y al jefe del pueblo. No preveía nada bueno
    en aquella llegada. Llegaron todos a verlo. El sacerdote imploró a sus dioses y estos le
    decían que eran enviados por un dios del mal que provenía de tierras lejanas.
    Marcharon todos a protegerse en las montañas, en las cuevas que siempre el pueblo
    utilizaba para tal fin. Llevaron agua suficiente del Garoé, frutas y otros alimentos para
    sobrevivir durante un tiempo. Al no haber ríos, ni manantiales donde beber porque la
    tierra filtraba el agua rápidamente, aquellos que se acercaban se marcharían pronto o
    eso pensaban.
    Imobach quiso quedarse en la montaña para vigilar. Se encargaría de mandar señales
    al jefe y los sacerdotes cuando se hubiesen ido.

    Todo el pueblo antes de protegerse llevó ofrendas al árbol Garoé y ocultaron todas las
    albercas de agua para que nadie pudiera descubrirlas. Era su bien más preciado.
    Imobach pendiente de los movimientos de los visitantes no podrían quedarse en sus tierras.
    Día y noche vigilaba la playa de Orchilla donde solían llegar quienes no conocían su
    isla. Llegaron cuando la luna se hacía llena. Por su experiencia, cada vez que la luna
    resplandecía los mares se embravecían y causaban muchos desastres. No era una
    buena noche para llegar. Dejaron las gigantescas barcas muy lejos y vio que los
    extraños llenaban otras más pequeñas en las que se dirigían a la playa. Se acercó más,
    al comprobar que no eran gigantes como creía. Eran muchos aborígenes montados en
    multitud de barcas, más de las que se había imaginado. Tenían el cabello amarillo y su
    piel era muy blanca. Hicieron fuego en la playa y oía sus voces altas, muy altas. Bebían
    algo que les hacía gritar mucho, quedando la mayoría tumbados en torno al fuego.
    Exhausto se marchó a dormir cerca de su padre árbol, aunque antes mandó una señal
    con sus amigos los pájaros para avisar a su pueblo de cuantos y quienes eran los que
    habían llegado.
    El jefe del pueblo asustado y amenazado por tal cantidad de visitantes trazó un plan.
    Nunca habían tenido extranjeros como aquellos. Todos estaban de acuerdo incluso los
    los ancianos y sacerdotes y así se lo hicieron saber a Imobach.
    El plan consistía en ponerles grandes cantidades de frutas mezcladas con mandiocas
    que si las tomaban les matarían. También les dejarían parte del ganado para que
    después de comer gastaran toda su agua, al quedar secos. Sabían que no matarían a
    todos, ya que eran muchos, pero al no encontrar agua y si se ponían enfermos saldrían
    rápidamente de la isla o morirían al cabo de pocos días.
    Al amanecer se dirigieron todos a recolectar fruta y mandiocas dejándolas
    acumuladas en el valle, cerca de la zona de la playa. Solo faltaba esperar con paciencia
    e invocar a los dioses para que todo fuera según lo planeado.
    Imobach volvió a la cima y los demás a las cuevas. Durante todo el día siguió sus
    pasos parecía que buscaban comida. Le parecían muy extraños. Su forma de caminar,
    los sonidos que emitían, lo que llevaban sobre sus cuerpos. Uno de ellos, se ponía un
    palo en el ojo y con la mano señalaba hacia la zona donde les habían dejado las frutas.
    Todos le seguían, debía ser el jefe, pensaba él. También llevaba algo en la mano que
    miraba antes de señalar la dirección. Dirigía a todos los demás. Tenía la cara pintada,
    algo encima del pelo y solo un ojo abierto. El otro lo tenía cerrado. Le vio sacar de sus caderas un cuchillo grande que apretó y sonó como si hubiera caído un rayo del cielo.
    Al mismo tiempo una de las ovejas cayó al suelo llena de sangre.
    Imobach despavorido salió huyendo a la montaña, a salvo mandó un mensaje a los
    suyos sobre aquellos hombres peligrosos contando lo que vio. Al recordarlo le caía el
    sudor sobre la frente. Nunca se había sentido así.
    Volvió a vigilarles. Aquellos aborígenes extraños llevaban la oveja muerta colgada a la
    espalda pero se animó al ver que se dirigían hacia las frutas, caerían en la trampa.
    Cuando llegaron, hablaban muy excitados. Sus voces eran sonidos muy agudos con
    melodía. Parecía que imploraban a sus dioses al encontrarse tanta comida. Algunos
    volvieron, regresando de nuevo con otros más para recoger la fruta encontrada y
    llevarla a la playa. Comieron las ovejas que colgaron en una estaca de lado a lado
    encima de un fuego esperando a que se quemaran e iban cortando trozos que se
    repartían. También la fruta se la pasaban de unos a otros bebiendo un líquido que
    echaban en unos cuencos muy pequeños llenándolos y vaciándolos muchas veces.
    Finalmente, cuando la luna se ocultó y solo se veían las estrellas, quedaron dormidos.
    No así, Imobach, que pasó toda la noche pensando que debía de hacer. En duermevela
    hablaba con su padre árbol para que le iluminará. Deseaba con todas sus fuerzas que
    se fueran. No sabía de donde provenían ni cómo eran, pero su tierra y su padre árbol
    no serían suficientes para dar agua y comida a tanta gente, tal vez pudieran verse
    obligados a dejar sus tierras si ellos se quedaban. No quería ver sufrir a su familia, ni a
    su pueblo y lo más importante no quería abandonar su isla y a su padre árbol.
    Al amanecer se despertó muy enfadado. En la cima de la montaña comenzó a agitar
    sus brazos de tal manera que creó a su alrededor un enorme remolino de viento que
    arrastraba todo a su paso, ese halo de fuerza dirigió aquel rulo de viento montaña
    abajo.
    Cuando llegó a esa playa llena de hombres, el mar juntándose con el viento creó tal
    vendaval que estos fueron lanzados con furia contra la tierra o el agua muriendo la
    mayoría. Los que pudieron escaparon nadando hacia sus barcas lo más rápido que
    podían, otros ni se despertaron ya que quedaron muertos en la arena a causa de las
    mandiocas. Uno de los que huían gritó despavorido señalando a aquel gran hombre en
    lo alto de la montaña que parecía un árbol agitando sus largos brazos y rodeado de un
    enorme remolino. Como si hubieran visto un demonio, no volvieron la vista atrás
    desapareciendo con sus barcas para no volver jamás.
    El gran hombre bajó de las montañas acercándose a la playa para comprobar que
    todos los que quedaban allí estaban muertos. Así ocurrió. Agitó de nuevo sus brazos. El
    mar comenzó a crecer inundando todo y arrastrando todos los cadáveres hacia el
    fondo. La arena apareció de nuevo cuando la luna se hizo más pequeña, como si nadie
    hubiera estado allí.
    Aquellos que sobrevivieron contaron lo ocurrido incluso hicieron canciones sobre la
    leyenda de aquella isla maldita al que ningún extranjero se atrevió en mucho tiempo a
    acercarse.
    Imobach y su pueblo vivieron en paz y armonía desde entonces.
    Hoy en día la gente de la isla todavía habla de vientos extraños que soplan cerca del
    árbol sagrado de Garoé.

    BML

  • LA FELICIDAD EN EL PRESENTE

    Parto de la idea de que Dios nos creó para ser felices, no perfectos, y que el momento presente es el único que nos pertenece para disfrutarlo. Por lo tanto, hoy es el día ideal para tomar conciencia de que nuestra prioridad debe ser nuestra propia felicidad, y disfrutar cada día viviendo el presente con ilusión y plenitud.

    Cualquiera que sea nuestra circunstancia personal, todos tenemos dentro el poder y la capacidad de crearnos nuestra propia historia ilusionante. La ilusión es la puerta que nos lleva a la felicidad.

    No son sólo las personas y las cosas que nos hacen felices, sino que somos nosotros los que elegimos serlo, y esa felicidad, que está en nuestras manos poder alcanzar, sólo la podemos vivir y disfrutar hoy, ayer ya pasó y mañana, si llega, volverá a ser hoy y tendremos que seguir creando ilusión. Pero para ser felices hay que proponerselo, porque hay días en los que no nos damos permiso para estar contentos, hasta nos asusta disfrutar de una felicidad continuada, pues tememos que en cualquier momento puedan cambiar las tornas.

    Dicen que la vida es algo que pasa mientras nosotros estamos haciendo otras cosas. El tiempo y la vida se pasan y hay que disfrutar hasta el fondo. El momento que vivimos es único y no lo podemos desperdiciar. Cada día al despertarnos, lo primero que solemos pensar, es planificar lo que tenemos que hacer y ponemos mucho de nuestro empeño en conseguirlo, pero se nos olvida pensar que hoy tenemos que hacer todo lo posible en ser felices. Esa tiene que ser nuestra prioridad, el resto puede esperar.

    La felicidad que surge de una buena relación con nosotros mismos, nos ayuda a llenar nuestra mente de ideas y y planes positivos para vivir nuestro presente con ilusión. Romper la rutina diaria es un buen principio para mantener viva la ilusión y la felicidad. También es importante limpiar nuestra memoria de todo aquello que pueda ser negativo para alcanzar esa felicidad que buscamos, para eso tenemos que ser fieles a nosotros mismos y crearnos un proyecto, una meta.

    Otro componente del ser humano que todo el mundo tenemos, seamos o no creyentes, es ese espacio de silencio desde donde cada uno escucha su interior. La espiritualidad y la meditación buscan solución al problema del yo, de aquello que nos desasosiega y nos impide ser felices. Sólo los obstáculos de la mente nos impiden disfrutar plenamente.

    La risa es consecuencia de nuestra felicidad, es algo que nos produce sensación de bienestar, que incrementa la capacidad de resolver problemas, nuestro poder de concentración, e incluso ayuda a reforzar el sistema inmune.

    Benja