Llega un momento en esta vida en el que te cansas, dices basta, porque te hartas.
Sí, todo tiene un límite y por mucho que lo intentas, de nada sirve cuando todo se repite, cuando el bucle te persigue.
Llega un momento en el que tienes que decidir que no vas a regalar ni una milésima de tu tiempo a nadie que no lo aprecie, pero a nadie. Que no vas a ir detrás de personas que luego se olvidan de ti. De aquellas que sólo se acuerdan cuando le pasa algo malo o cuando te quieren decir algo bueno, pero ni te preguntan cómo estás. O si lo hacen es sólo para justificar la manera de meter esa conversación que sólo les importa a ellos y nada más.
Llega un momento en el que es mejor gritar que el silencio, que es mejor decir cuatro verdades que mantener la compostura. Porque no, no te oyen, no te comprenden, no se ponen en tu lugar y puede, sólo puede que por un momento lo finjan, pero no, jamás cambiarán.
Llega un momento en el que tienes que soltar a aquellas personas que te humillan y desprecian por mucho que las quieras y las sepas valorar, pues ellas a ti no, y sólo te pisan y te dañan el alma. No, no hay que soportar lo insoportable por querer cuando te dañan, porque eso es que no te quieren de verdad.
Se acabó de dar la razón a sin razones, de callar cosas injustas, de poner por delante a quien no debe ni estar. Porque esas personas no te tendieron la mano cuando estabas en el fondo del océano, esas personas no te sacaron de la más profunda oscuridad, no te ayudaron a salir a flote, así que pasa página, pero esta vez hazlo de verdad. Créeme que no te arrepentirás.
Patri G.
(No borres el autor)
DI NO AL PLAGIO
Patricia Girol
ASHLA
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LA PRÁCTICA DE HACER REGALOS SILENCIOSOS
Busca un lugar público, como una plaza, un parque, una estación, y colócate en un sitio que te permita observar a los paseantes discretamente.
Déjate llevar por tu corazón, que él elija las personas a las que harás tu regalo anónimo y silencioso.
Cuando veas pasar a alguien afectado por una dolencia, regálale buena salud en tu pensamiento.
Si ves pasar a una persona abatida y triste, regálale paz y alegría.
Si ves a un niño que llora, regálale un futuro hermoso.
Si ves a alguien de gesto áspero y enojado, regálale amor y perdón.
Si ves a alguien pasando necesidad, deseale prosperidad y abundancia en su vida.
Y así, con todas las personas que se vayan cruzando en tu camino.
Acoge a cada una de ellas en tu corazón por unos instantes, deséales lo mejor y envíales bendiciones.
Puede que jamás vuelvas a ver a ninguna de estas personas.
Está bien que así sea; no necesitas ninguna confirmación, el amor nunca se impone, sencillamente se ofrece a quien tenga que recibirlo.
Sé Amor.
A veces hacer el bien no implica que hagamos actos demasiado complicados, con nuestro pensamiento consciente y enfocado, así sea en silencio, podemos entregar nuestra Luz y dar nuestro Amor al mundo.
SIRIO.1.1.1.1
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"¿Se imagina usted si a partir de hoy, todo de lo que usted se queja, sea sacado de su vida? Sólo imagine esto: - ¡Ay! ¡no aguanto a mis hijos! ¡Listo, muertos! - ¡Mi pelo es horrible! ¡Vale, calva/o! - ¡Estoy harta/o de mi trabajo! ¡Estupendo, desempleada/o! - ¡Mi marido o mi esposa es una plaga! ¡Todo bien, viuda/o desde este momento! - ¡No soporto más este calor! ¡A partir de mañana sólo tendrá nieve y lluvia! - ¡Mi casa es un desastre! ¡Bueno, vivirá en la calle a partir de ahora! ¿Qué le parece? Ahora mire a su alrededor. ¿Qué nos hace diferentes de los demás?. "El sol sale para todos". Lo que nos diferencia de los demás son NUESTRAS ACTITUDES frente a las diversas situaciones. ¡Entonces, alégrese y agradezca por TODO!. Y lo que tenga que cambiar, ¡Cámbielo! Cuando usted cambia, todo a su alrededor cambia... Cuando el día empiece, agradezca. Cuando el día termine, agradezca. RECUERDE QUE LA QUEJA TRAE POBREZA Y LA GRATITUD ABUNDANCIA web #mariomelito #LAESPIRITUALIDAD
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El cansancio y las nuevas frecuencias.
Físicamente:
– Has ejercicios calmos y concentrados, emitiendo al mismo tiempo que los haces, ondas azules para todos los lugares donde sientes dolor, incomodidad o fatiga muscular, transformando un simple ejercicio de estiramiento y fortalecimiento en un ejercicio vibracional cuántico intensificado…
– Bebe bastante agua mineral, de preferencia la que sale directamente de las piedras, pues trae fragmentos minerales puros del centro de la montaña, rocas y cristales.
– Evita alimentos industrializados y con condimentos exagerados.– Coloca dentro de tu cuerpo cosas bonitas, saludables y que tienen vida. Toma el sol y agradece mientras lo haces. Bucea en el agua en el mar o en el agua de río corriente para entrar en la nueva frecuencia de la Naturaleza.Mentalmente:
– Vibrar en alta resonancia, preferentemente en la más alta energía posible, la energía de la gratitud, la compasión, la generosidad, la benevolencia y el compartir mutuo de las ideas.
– Evitar juicios ajenos, pues no sabemos realmente lo que cada uno ha venido a pasar en esta vida.
– Elevar el pensamiento hacia cosas nobles en lugar de seguir compartiendo noticias fútiles y terribles que tienden a multiplicarse por la televisión y los medios sociales. Sean diferentes, encuentren cosas buenas en las personas y en las situaciones, ellas existen, pero están siendo olvidadas.
– Deja de quejarte y empieza a agradecer. La gratitud es la energía que moldeará el nuevo mundo.
– Cuando un mal pensamiento venga, compréndelo e inmediatamente neutralízalo con otro superior y positivo.
– Cuando un problema venga a tu mente, transmuta la información, buscando inmediatamente la solución para el mismo y enfócate en ésta. Cambia el foco, encuentra cosas bellas en ti, en tu comportamiento, deja de mutilarte energéticamente, todos tenemos cosas buenas y virtudes.Espiritualmente:
– Presta atención a la intuición, pues esta está llegando con fuerza y es la primera información que llega del mundo espiritual para adentrarse en tu mente. Escucha una buena música, aquella que hace que los pelos de tu brazo se ericen, pues ésta es capaz de producir la resonancia con tu espíritu.
– Presta atención a las inspiraciones, pues ellas vienen de forma pura y simple, de lo contrario no conseguimos anotar lo que es recibido, o hacer algo en el mismo momento en que ella llega, perdemos el contacto y el espíritu tarda para traerla nuevamente. La inspiración es algo que tu propio espíritu te envía, no es un tercer espíritu o un amparador, eres tu mismo en manifestación futura y dimensión divina tratando de conversar contigo mismo.Relaciones:
– No necesitas gritar más con nadie, tu corazón ya no soporta más gritos y discusiones, él sólo quiere armonía y entendimiento, la época de los sufrimientos terminaron, quien aún continúa en esta idea pasará por grandes pruebas. Si es necesario posicionarse, posiciónate y has lo que necesita ser hecho.Trabajo:
– Tu espíritu ya no quiere hacer lo que no tiene sentido y no llena su propósito de vida. Él está forzando a entrar con fuerza total en su centro de sinergia, aquel que sintoniza con las fuerzas que viene del Universo. Si no cambias o mejoras tu relación con tu trabajo, tu vida va quedando cada vez más vacía, aunque a través de él recibas bastante dinero, nada de eso podrá dar un sentido real para su existencia de aquí en adelante.No te preocupes por encontrar el nuevo mundo, no es un lugar, sino una frecuencia, un estado vibracional en el que todos pueden estar si así lo desean.«El estado de la gratitud pura y silenciosa».
Esta es la verdadera espiritualidad que los mentores desean de nosotros, pues estando completos y conectados, estamos en plena sintonía con el universo.
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“Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.

Y se detuvo. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
Y la gente se curó.

Y la gente se encontró de nuevo Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados»
Y descansó e hizo ejercicio.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.
Y escuchó más profundamente.
Alguno se encontró con su propia sombra.

Alguno meditaba. Y cuando el peligro terminó
Y la gente se encontró de nuevo
Y Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Kitty O´Meara
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«Os hablo del silencio y de su reino, que se extiende mucho más allá de los ruidos, más allá de cualquier estruendo, más allá del incesante rumor de los pensamientos que con frecuencia nos recorren sin tregua y se golpean en nuestra mente.
En realidad, no hay ningún ruido que pueda interrumpir la música de la vida, ni siquiera el nuestro. Por ello nos disponemos a escuchar y entramos en el lugar en el que nuestros sentidos se dejan envolver por la paz del corazón.
Me gustaría ayudaros a encontrar el silencio, a reconocer su necesidad; porque es gracias a él que al alma, en su serena quietud y en el silencio, le es posible prestar atención y llegar a escuchar las mil y una voces sutiles de todas las cosas. Y en ese silencio, es cuando podemos escuchar los latidos del corazón de aquellos que están a nuestro lado, y les oímos hablar más allá de las palabras mientras revelan su verdad.
El silencio es un lugar que se abre sobre un espacio sin límites, sin confines aparentes. Desconcertante cuando no le buscas y viene a tu encuentro, y cuando durante un instante percibes tu voz que te llama, una voz que te parece no conocer y que despierta mil cosas en ti. En ese lugar te encontrarás a ti mismo. ¡Allí es donde tu corazón te habla y puede contarte quién eres realmente!
Cuando consigas adentrarte en ese lugar de silencio descubrirás que te puedes entregar a él con una fuerza desconocida, y conocerás la vivificante sensación que alimentará, al igual que el agua cristalina, tu sedienta alma.
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Solía pensar que aquel «darse cuenta» no era demasiado importante. A fin de cuentas, ahí te quedabas. Con tu toma de conciencia, con tu “darte cuenta” pero incapaz de reacción alguna.
Un día comprendí, ahí te quedabas, sí, pero nunca del mismo modo, ya nunca del mismo modo.
Y lo más importante, lo vital de todo ello, ya no para siempre sino con la certeza de que algún día, sin saber muy bien cómo ni por qué llegarías a ser fuerte, mucho, lo bastante como para cambiar lo preciso, lo que te limitaba y te hacía ni ser tanto como estabas destinado a ser, ni todo.
Y sientes un camino abriéndose delante de ti y comprendes que llevaba tiempo, y mucho, en ese lugar esperándote, esperando que tu «darte cuenta» creciera, te inundara, se desbordara por cada poro de tu piel y lo que es más, que se desbordara de tu alma porque esta, por fin había decidido no sólo escucharse sino aceptarse y amarse. Amarse tanto y tan bien como para abandonar su zona de confort y partir a un viaje interior del que sabía que volvería siendo otra a tu piel, a tu esencia, a tu ser. Y volvería para no chirriarte nunca más, para reconocerse y reconocerte, para ser una contigo.
Para darte el mayor regalo, el convertirte en un ser humano completo que todo lo que buscase lo tuviera dentro y que si volvía a salir de sí mismo fuera para compartir, para compartirse. Y ser por fin feliz.
Belén Rodríguez -

«Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.
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Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.
Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.
Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento.
Surge de más allá de la mente.
Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas.
Ésta es la esencia de la meditación» -

Algo en la TV me llamó la atención, ocurrió hace unos siete años (antes consumía mucha más TV que ahora).
Puse atención… hablaban de algo que podía hacer cualquiera, algo con lo que podías ayudar a los demás en la enfermedad. Preste toda mi atención… se estaba prestando ese tipo de ayuda con buenos resultados en la sección de enfermos terminales de oncología de… no me acuerdo bien en que hospital de Madrid. Conseguí entender que hablaban de una nueva técnica de sanación que llamaban Reiki.

Aquello, de alguna manera que no se definir, ocupó mi mente por un tiempo. Surgieron las preguntas sin cesar, como el agua en las torrenteras… ¿aquello sería verdad?. ¿Podría una persona cualquiera hacer aquello?. ¿Sin formación especializada?. ¿Dónde se aprendía?… y así muchas más.
¡Tendría que probar !. Me puse a investigar y aquello, desde mi percepción financiera, me pareció muy caro para una prueba inicial. Lo pasé a «tareas pendientes » y FIN. O eso creí yo entonces.
Al poco tiempo en unos análisis rutinarios, le detectaron a mi esposa unos valores altos en los trigliceridos y al comentarlo con nuestra querida vecina del piso de arriba, pronunció unas palabras impactantes.: «He aprendido una cosita que seguramente te ayude con eso. «
Estas palabras no solo resultaron impactantes fueron el inicio de algo mágico. No se trataba de Reiki, era «Canalización de Energía Universal «. Pregunté y pregunté y volví a preguntar. : se trataba de asistir a unas charlas tres tardes seguidas o un fin de semana y con ello me enteraría de que iba todo eso. Además, y no menos importante, el precio lo determina el alumno, en la segunda sesión dan un sobre, y en la tercera lo devuelves con lo que en conciencia quieras colaborar.
Así que pedí el teléfono, me apunté, y entonces no podía imaginar las sensaciones y los grandes momentos que la práctica de esta técnica me ha reportado. Para mi, además de ayudarme a cambiar mi mundo, me ha permitido ayudar a cientos de personas allí donde les duele. ¿Puedes imaginar algo mejor…?
Fer
-

Dejé de insistir donde no había lo que buscaba.
Dejé de pedir en manos cerradas.
Dejé de esperar en sillas ocupadas.
Dejé de intentar en un cuerpo ajeno.
Dejé de pretender que el otro entendiera.
Dejé de poner los ojos y la esperanza en corazones que no querían latir al lado mío.
Y entonces, magia.
Magia.
Volví a mí, como único destino posible.
Volví a mí, como único camino disponible.
Volví a mí, como el único reencuentro pendiente.
Volví a mí y pude verme las costillas, los dolores y mi alma deshidratada, pidiendo agua.
Y me recibí.
Me acaricié.
Me perdoné.
Me recosté sobre mi hombro.
Me nombré con mi propia voz.
Y me encontré.
Distinto pero intacto. Intacta.
Me tuve otra vez.
Me tengo otra vez.
Y entonces, magia.
Tengo las llaves de las puertas que quiero abrir.
Acá, adentro.
Afuera solo están las cerraduras.
Pero yo decido dónde y de mi depende cómo.
Yo decido dónde.
Yo elijo cómo.
(Anónimo) -

cristal de cuarzo
Para llegar a la total ausencia, que es la plenitud o el vacío, tenemos que sentarnos cómodos. Cerramos los ojos, adoptamos la actitud interior de escuchar nuestro cuerpo y dejar fluir el sonido y el silencio, un silencio que aparece y desaparece como sonrojado por el murmullo de 10, 40, 500, 10.000 abejas que se convierte en una dulce y sutil vibración que envuelve todo nuestro cuerpo. A veces se centra en la zona frontal del cerebro o en las sienes como un tenue murmullo del sonido, en el cuerpo físico perdido en un flotar gozoso, en cada célula, en cada sistema, en cada neurona…el pudor de dejarse sentir en la quietud. Me constituyo en observador de mí mismo.
Un suave runruneo, como el zumbido de una abeja, comienza a ocupar el espacio y el silencio. Poco a poco va tomando cuerpo ese suave murmullo…
Poco a poco la vibración va aumentando e incluso los hemisferios cerebrales comienzan a equilibrase con el susurro de la Luz que proyectan los cuencos. El cuerpo físico, el emocional, el mental… todo es Uno en la quietud de la nada y tú, sintiéndote pura serenidad con las caricias invisibles del sonido, te identificas con el UNO que todo lo crea, lo une y lo nutre: una célula, millones de células, una galaxia, la totalidad de lo creado mientras que sólo alcanzas, sintiéndote parte de lo Infinito, a escuchar y envolverte en la caricia de dos palabras: AMOR… UNIDAD.
Ángel Díaz -

La Navidad nació con nosotros, con nuestros juegos, con nuestras tristezas y con nuestras alegrías. Era un rosario de días que se asomaban desde siempre a nuestras vidas y en el que disfrutábamos libres. Éramos felices. La ilusión la llevábamos prendida en la mirada…

NAVIDAD es Paz, Concordia, Compartir, AMAR a los demás sin límites. Navidad es mirar con otros ojos menos mercantiles los resultados económicos de los negocios y los servicios.
AMAR/NAVIDAD es construir un mundo sin barreras en el que todos puedan tener una vida digna y una oportunidad de CRECER sin límites.
Navidad de silencio y alegría, recogimiento y cánticos del corazón gozoso. Navidad es época y momento de examinar nuestra coherencia entre lo que pienso y lo que hago…
Hoy tenemos unas navidades que sólo conservan el nombre, pero no aquel espíritu que sentimos casi al mismo tiempo de nacer.
Ignoro por qué hoy me cuesta tanto conectar con la energía interna que trae esta navidad que tiende a acallar la vida espiritual.
¿Será que estoy llegando a la edad crucial? ¿O será mi propio distanciamiento de esta realidad de hoy tan diferente? …… Pienso, Siento y Resuelvo: este año me voy a dar una vuelta por el ruido, y me voy a meter en él, tratando de encontrar en su silencio y su alegría, en su descaro y en su forma de vivir, la esencia misma de su comportamiento… y ello porque es NAVIDAD.
Ángel Díaz -

A pesar de ser algo tan cotidiano, desde el inicio de los tiempos los sueños no dejan de ser un misterio para los humanos.
Como es un tema tan vasto y misterioso para nosotros, podemos conjeturar y hacernos preguntas, que aún no podremos contestar con absoluta certeza. Eso mismo nos abre un campo infinito de posibilidades. Se dice que son el inconsciente y el subconsciente los que de alguna manera se abren paso para llegar a nuestra conciencia, y que es bajo la forma de símbolos que quieren comunicarse con nosotros.
De ahí que los sueños a veces nos resulten indescifrables o sin lógica aparente.
Podemos ver que hay un contenido manifiesto que está relacionado con lo que acontece en cada vida y que de alguna manera aflora en los sueños, y un contenido latente, que podrían ser esas imágenes aparentemente sin sentido que suele intercalarse y que son como destellos del inconsciente. No obstante, siempre nos hemos preocupado por interpretarlos, aun sabiendo que cada persona debe basarse en las experiencias de su propia vida para intentar comprenderlos.
Tratemos el asunto que tratemos siempre es bueno plantearse preguntas, como por ejemplo, ¿qué soñarían los hombres primitivos? Tal vez en ellos se dieran sueños de contenido manifiesto, solamente…
Otro misterio: suele suceder que si estamos obsesionados con algún problema, encontremos la solución a través de un sueño o tengamos una inspiración que cambie el sentido de nuestra vida. Sigue el Gran Misterio del Ser y del Universo. Todo es magia a nuestro alrededor y pocas veces nos damos cuenta de ello.
María Elena Diveiro -

La primera vez que estuve en Ashla, asistía a un curso de masaje Metamórfico, me lo comentó una amiga y fuimos las dos.
A mi derecha se sentó una mujer que no conocía, nunca nos habíamos visto.
Mientras la profesora impartía la parte teórica, la mujer desconocida se acerco a mí y susurrándome al oído me dijo: Tienes dos hermosas alas ¡Vuela!
Me quedé perpleja mirándola, ella no sabía que desde hacía un tiempo, mi caballo de batalla era conseguir ser libre.Esa frase me hizo pensar tanto… Yo buscaba fuera, exigía que la libertad me la diera “el otro”. Me llevó años comprender que si esta mujer lo había visto, es que estaba en mi interior. Bendita mujer, bendita Ashla y bendito Metamórfico que me dio la clave para conquistar desde dentro mi libertad.
Donde me llevó el masaje, os lo digo otro día…
Soledad Castro
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El conocimiento de la existencia de esta Llama nos resulta un instrumento de gran valor a los efectos de avanzar más rápidamente en el Sendero, puesto que es la Llama de la transmutación y el perdón. Por lo tanto, es la Llama de la libertad, la que nos libera de ataduras tan pesadas como los odios, los rencores, los prejuicios…
Cuando invocamos a la Llama Violeta con el deseo firme de perdonarnos y perdonar, y con la verdadera intención de corregir nuestros errores, su actividad es infalible. Sentimos que nos proporciona la sensación de habernos liberado de las ataduras de conductas irrelevantes. Nos libera a nosotros y libera al mundo en general.
Cuando la invocamos, podemos llamar a la acción a toda su Jerarquía, que es la del Rayo violeta, y solicitar su aplicación sobre una situación específica. Si lo hacemos con espíritu generoso, sincero y altruista, su acción es mágica realmente.
La verdadera intención del corazón es lo que va a determinar el grado de acción de la energía violeta. Continuará…
María Elena Diveiro
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Me sentía inquieto e inseguro, hacia pocos días que había asistido al Nivel II de la técnica de “Canalización de Energía Universal” y aunque me habían dicho que ya estaba en condiciones de practicar y debía hacerlo, algo en mi interior impedía que diera el paso. Tal vez fuese el temor al ridículo, o al posible efecto o no, de la Técnica en cuestión. (Hay que tener en cuenta que mi formación técnica siempre ha estado relacionada íntimamente con la ciencia, pues durante años me dediqué a la informática y mas concretamente a la ingeniería de sistemas).
A lo que vamos, durante un corto intervalo de tiempo que a mi me pareció mas largo que una “mili”, mi duda se concretaba entre: <me ofrezco… o lo dejo como si no fuera conmigo>.Pudo mas mi sentido de la responsabilidad. Ademas, se trataba de dar sentido a los cursos y al tiempo dedicado. Así que pregunté mirándola a los ojos:
–¿Le duele?, ¿quiere poner su mano sobre la mía?, conozco una técnica que seguro logrará que se sienta mejor.
La acompañaba un hombre recio que calzaba una boina bien asentada, por la edad que representaba pensé que debía haber nacido antes de que se inventara la televisión. Pero lo que captó mi atención sobremanera fueron sus manos. ¡Que manos!, ¡Eran enormes!, seguro que no había dejado de trabajar duro desde que dejó de mamar.
El de las manos y la boina estaba sentado en medio de los dos. Yo solo la miraba a ella y Ella le miró a él como pidiendo permiso. Él, imperceptiblemente, apenas movió la cabeza asintiendo. Yo sudaba. Tengo que aclarar (porque me parece un dato relevante), que estábamos en la sala de espera del consultorio medico de la Seguridad Social.
–Me he pillado el dedo con la puerta de la cocina.
Apenas supe qué más decía. Levanté mis manos dejando hueco para que ella pusiera la suya entre las mías, me olvidé de la boina, hice una inspiración profunda según las normas y cerré los ojos un rato. En mi interior el chacra 7 machacaba mi tranquilidad y mientras pensaba como ponerle la mano en dicho chacra teniendo al acompañante al lado, se abrió la puerta y fue llamada por el Doctor.
Quité mis manos y cuando levanté la cabeza y la volví a mirar pude comprobar el cambio en su rostro. Donde antes había dolor, ahora una sonrisa ocupaba todo el espacio de la sala, dijo una única palabra que a mi me conmovió tanto como para ir buscando desde entonces a quien poder ayudar.
Fernando
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Descubrir y aceptar que tu manera de ser es genuina y que tanto tus talentos como dificultades forman parte de un plan perfecto que te trasciende y te conecta con tu Ser interno, a la vez que sobrecogedor, te hace único, única.
Cuando te conoces, puedes comprenderte y comprender que el otro, tu madre, amigo, hijo, tiene el mismo proyecto sagrado de vida que tú, solo que él o ella quizás, aún, no lo sabe. Que tú lo sepas, permite que tu mirada hacia el otro, cambie.
Ir revelando tu carta natal te abre a la experiencia de saberte co-creador@ de tu destino y de la influencia transformadora que tienes en él.
La Astrología psicológica en combinación con el Coaching, enlaza el plano material con el espiritual, lo cotidiano con lo trascendente en una alianza de tiempo presente.
(del curso de Psicología Astrológica) -

…FACILITA EL ENCUENTRO CON UNO MISMO
Estar en contacto con la tierra, los árboles, el aire limpio, los pájaros y demás seres en libertad nos ayuda a calmar nuestra mente.
Si nos permitimos caminar en silencio, sintiendo el movimiento del cuerpo ante cada pisada, respirando armónicamente, enfocando la atención en ese instante y abriéndonos a las percepciones; entraremos en un espacio que nos permitirá encontrarnos con nosotros mismos y desde ahí disfrutaremos de nuestros sentidos; los aromas que el bosque nos regala, la luz siempre cambiante, los sonidos que la vida genera y la brisa del aire en nuestra piel.
Si nuestra caminata discurre por un espacio con agua, el movimiento y el sonido de éste preciado elemento nos ayudará a soltar cansancio tanto a nivel físico como mental y emocional.
Realizar una inmersión consciente en los parajes naturales es una experiencia renovadora a todos los niveles, físicamente realizamos un ejercicio completo y muy saludable y emocionalmente soltamos la carga que acumulamos para llenar ese espacio con sensaciones renovadas.
Te invitamos a que en tu próxima salida a la naturaleza te permitas desconectar de tu móvil y prestes atención a lo que sucede a tu alrededor, probablemente te fijes en la forma de algún árbol o en el conjunto de un bosque y percibas la sinergia que hay entre los seres vegetales, que al mismo tiempo prestan sus estructura y alimento a los pájaros, las hormigas, los gusanos y otros animales.
La vida en el bosque tiene muchas y variadas formas, desde el musgo y los líquenes pasando por las plantas aromáticas y/o medicinales hasta los frutos y las bayas y un largo etc.
Observar una flor, su perfecta armonía, una mariposa o una mariquita es lo que hacíamos de niños, regresar a esa atención disfrutando de ese momento irrepetible nos generará un momento de calma y desconexión.
Agradezcamos a la naturaleza toda la vida que genera y cuidémosla porque es nuestro hogar y el de las generaciones venideras.
Ángela Aguilar
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la Técnica Metamórfica
Mi llegada a esta técnica fue de casualidad. Tras recibir una sesión, se activó en mi interior un deseo de aprender rápidamente los secretos y forma de aplicarla. La oportunidad se me presentó en un curso que María Jesús Aguaron dio en ASHLA hace ya once años…
Al acabar el curso empecé a ofrecer a las personas de mi entorno la posibilidad de recibir sesiones de «Técnica Metamórfica», el éxito fue tal que tuve que habilitar una habitación con camilla, exclusiva para este fin.
El recibir estas sesiones supone estar dispuestos a retomar el timón de nuestras vidas y romper los bloqueos energéticos que se forman en nosotros a nivel físico, mental o emocional, desde el periodo prenatal hasta hoy.
Esta técnica no es un masaje, es un tratamiento a nivel energético disfrazado de masaje.
Después de cada sesión somos otra persona, el ritmo de «metamorfosis» es distinto en cada uno, nosotros no debemos imponer el número de sesiones ni la frecuencia. Hay personas que solo irán un día, o porque con una sesión es suficiente, o porque no quieren evolucionar en su vida actual, siempre hay que respetar y no juzgar las decisiones que toman.
Nosotros no somos quien para ello, solo somos catalizadores de la energía vital de las personas a las que tratamos y no debemos opinar sobre sus decisiones sobre SU VIDA.
Como desarrollo de esta técnica estoy dando también el «Masaje Celular”. Consiste en tratar directamente los chakras en la columna vertebral, en vez de los puntos reflejos de la columna en pies, manos y cabeza.
Al tratar los chakras logramos que una pequeña vibración entre más directamente a las células de los órganos y que se vaya extendiendo por nuestro interior, disolviendo bloqueos y reactivando nuestra energía vital.
Los resultados han sido muy satisfactorios, muchos me han comentado que es el complemento ideal a la técnica metamórfica, que con esta nueva práctica queda completa.
Sigo con la misma ilusión del principio, cada día aprendo más de las personas que vienen a recibir tratamiento, y no pierdo ocasión para hablar y recomendar esta técnica que es sencilla, muy humilde, parece mentira que con masajes en los pies, manos y cabeza, y ahora también en la espalda se pueda producir una transformación en nuestras vidas a nivel físico, mental, emocional y espiritual.
Julio Garcia
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Llegué a Aslha muy cansada, ya había gente colocándose en la sala… No me apetecía hablar, me senté en una de las primeras sillas y cerré los ojos para relajarme. Esperé y desconecté del murmullo.
Empecé a sentir muy suavemente la vibración de los cuencos de cuarzo, transparentes, había empezado la meditación.
El sonido comenzó a hacerse más fuerte, llenó todo mi espacio interno. En mí, no quedó ni una sola célula que no vibrara en una sutil, delicada y armoniosa danza al ritmo vertiginoso de los cuencos y las manos que les hacían vibrar. Me dejé llevar, los sonidos me abrían a experiencias extrañas y placenteras.
Solté el control de mi consciencia, lo dejé en manos de nada, porque nada había ni sentía, sólo un estar en la respiración, vacío, silencio, oscuridad, nada… en esa nada me perdí, me sentí, me quedé… tan solo mi respiración y unas preguntas: ¿Quién soy? ¿Quién respira?
Perdí el sentido del tiempo. De pronto más silencio, los cuencos ya no se oían, volví a sentir mi cuerpo sentado en una silla. No sé qué había pasado, ni pregunté nada, ni hallé respuesta a mis preguntas, pero un inmenso gozo interior me hizo sonreír.
Abrí los ojos, alguien comenzó a recoger las sillas. No habría podido compartir ni explicar lo que sentía. Sólo quería disfrutar de esa experiencia única y gozosa, que se quedara marcada e impresa para siempre. La vibración de los cuencos al unísono con mi respiración, seguían resonando en mi mente y en mi corazón.
Llené mi cuerpo con una profunda inspiración dando Gracias, cogí mi bolso y salí a la calle, feliz.
Toñi
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Un nene con cáncer le pide a su médico una sola cosa: que lo deje ver la nieve antes de morir. El médico llama a veinte personas. Llenan el patio del hospital de hielo picado.
Esa noche me quedé hasta tarde terminando los informes del día cuando escuché un golpecito en la puerta de mi consultorio.
Era Mateo. Ocho años, pijama de dinosaurios, el suero arrastrando el pie como siempre.
—Doctor Javier, ¿puedo preguntarle algo?
—Claro, campeón. Pasá.
Se sentó en el borde de la silla, las piernas colgando sin llegar al piso, y me miró con esos ojos grandes que tenía él. Esos ojos que ya habían visto demasiado para su edad.
—¿Usted cree que en el cielo nieva?
Me tomó por sorpresa. Carraspié.
—¿Por qué me preguntás eso?
Se encogió de hombros, pero yo noté cómo apretaba los deditos sobre la rodilla.
—Porque yo nunca vi nieve de verdad. Y dicen que ya me queda poco tiempo. —Hizo una pausa. —No quiero irme sin haberla tocado aunque sea una vez.
Esa noche no dormí.
A las siete de la mañana mandé un mensaje al grupo de médicos del hospital. Después otro al de enfermería. Después llamé a un amigo que tenía una heladería y le pedí todo el hielo que tuviera. Llamé a la señora del kiosco de la esquina. Llamé a la mamá de un paciente que semanas antes me había dicho *»lo que necesite, doctor, lo que sea.»*
Veinte personas. Veinte personas que no se conocían entre sí aparecieron ese sábado a las diez de la mañana con bolsas, con heladeras, con hieleras de camping, con todo lo que habían podido conseguir.
Llenamos el patio del hospital.
Yo fui a buscarlo a la habitación. Le até bien el gorro de lana —lo había comprado esa mañana—, le puse los guantecitos, y lo empujé despacio en la silla de ruedas hacia afuera.
Cuando abrimos la puerta y él vio el patio blanco, cubierto de hielo picado que brillaba bajo el sol de la mañana, se quedó completamente quieto.
No dijo nada.
Bajé hasta su altura y lo miré.
Tenía los ojos llenos de lágrimas y la sonrisa más grande que le había visto en todos los meses que llevaba internado.
—¿Es nieve de verdad? —me susurró.
—Es lo más parecido que pude conseguirte —le dije.
Asintió despacio, como si eso fuera suficiente. Como si eso fuera todo.
Extendió la mano y agarró un puñado. Lo apretó. Lo soltó. Volvió a agarrar otro. Se rió cuando el frío le picó los deditos.
Detrás de nosotros, los médicos, las enfermeras, los desconocidos que habían venido sin preguntarle nada a nadie, miraban en silencio. Más de uno se limpió los ojos creyendo que no se lo veía.
Mateo jugó en esa nieve improvisada durante cuarenta minutos.
Cuarenta minutos que valieron más que muchas cosas que hice en veinte años de carrera.
Tres semanas después, Mateo nos dejó.
Pero se fue habiendo tocado la nieve. Se fue habiendo reído. Se fue sabiendo que veinte personas que no lo conocían movieron el mundo un poco para que él pudiera cumplir ese sueño.
Yo aprendí algo ese día que no está en ningún libro de medicina: a veces sanar no tiene nada que ver con curar.
💙 **¿Alguna vez alguien hizo algo así por ti, o tu lo hiciste por alguien? Cuéntame en los comentarios.**
Si esta historia te llegó al corazón, **compártela** para que llegue a más personas. **Etiqueta** a alguien que necesita leerla hoy. ❄️
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Mi joven inquilino dejó de pagar el alquiler, empezó a entrar a escondidas cuando ya era de noche, y cuando abrí su puerta vi lo que su orgullo llevaba semanas ocultando.
—Ya no hace falta que llames —dijo Julián desde dentro—. Ya estoy recogiendo mis cosas.
Fue lo primero que me dijo. Ni hola, ni perdón, solo eso.
Cuando abrió la puerta de su pequeño estudio en el semisótano, tenía la cara de alguien que llevaba días sin dormir de verdad. Pálido. Ojos rojos. La misma sudadera de siempre desde hacía varios días. Junto al sofá había cajas de cartón medio llenas, como si quisiera desaparecer antes de que yo tuviera que pedírselo.
—Ya sé que voy tarde con el alquiler —soltó enseguida—. En el almacén quitaron a media gente del turno de noche. Yo estaba entre ellos. Llevo días buscando otra cosa. El domingo ya me habré ido.
Lo dijo deprisa. Como una frase que llevaba tiempo ensayando por dentro.
Miré por encima de su hombro. Quedaba muy poco en aquella casa. Un colchón en el suelo. Una lámpara. Dos bolsas grandes con ropa. En la encimera había un paquete de pan de molde, un bote de crema de cacahuete y poco más. No hacía falta ser muy lista para entender lo que estaba pasando.
—Julián, no he bajado por el alquiler —le dije.
Me miró como si no me hubiera oído bien.
Le tendí la bolsa de la compra que llevaba en la mano. Huevos. Pasta. Sopa. Carne picada. Café. Un paquete de papel higiénico. Nada especial. Solo cosas normales. De las que hacen falta cuando la vida empieza a tambalearse. Miró la bolsa y luego me miró a mí.
—No puedo aceptar eso —dijo.
—Sí que puedes.
Se rio una vez, pero sin ganas.
—Ya te debo dinero. No voy a aceptar caridad también.
—No es caridad —le dije—. Es comida.
Ahí se le vio en la cara. Esa vergüenza callada que llevan encima muchos hombres jóvenes cuando creen que pasarlo mal los convierte en un fracaso. Entonces le di la tarjeta.
—Mi cuñado conoce a uno en un taller de mecanizado al otro lado de la ciudad —le dije—. Están buscando a alguien para el turno de tarde. No es el trabajo de tu vida, pero es algo fijo. Di que vas de parte de Carmen. Julián bajó la vista hacia la tarjeta como si fuera algo frágil.
—No tengo ni gasolina para llegar hasta allí —dijo en voz baja.
—Ya me lo imaginaba.
Entonces saqué el sobre y se lo puse en la mano. Cuarenta euros. No lo cogió enseguida. Primero le cambió la cara. No fue nada exagerado. Nada de película. Solo una pequeña grieta. Como si todo lo que llevaba días aguantando por fin se hubiera movido un poco.
—Estaba aparcando más abajo, en la otra esquina —dijo muy bajito—. Para que no vieras el coche. Llevaba días esperando el mensaje. O la nota en la puerta.
—Ya lo suponía —le dije.
—Mi madre siempre me dijo que tuviera cuidado con alquilar a particulares. Que en cuanto te retrasas, dejas de ser una persona y te conviertes en un problema. Me apoyé en el marco de la puerta.
—Algunos son así.
Miró alrededor, a aquel estudio medio vacío.
—Quería irme antes de que tú tuvieras que pedírmelo. No quería ser uno de esos.
—¿Uno de esos?
Tragó saliva.
—De los que la gente habla como si fueran vagos. Como si estuvieran buscando aprovecharse. Como si un solo mes malo quisiera decir que has hecho algo mal en la vida. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Luego se apretó la mano contra los ojos y se vino abajo. No de forma escandalosa. No montando una escena. Más bien como llora la gente cuando lleva demasiado tiempo aguantando y ya no le queda fuerza para seguir haciéndolo.
—He estado saltándome comidas —dijo—. Cancelé el móvil. Vendí la tele. Llegó un momento en que estaba pensando si echar gasolina o ir a la farmacia a por el inhalador. Eso me dio de lleno en el pecho.
Era el hijo de alguien. Un chaval de poco más de veinte años. Y ya estaba aprendiendo lo rápido que un mal mes puede pegarse a tu nombre como si definiera toda tu vida.
—Escúchame bien —le dije—. No te vas de aquí porque la vida te haya dado un golpe.
Levantó la cabeza.
—Me pagarás cuando cobres la primera nómina. Antes no. Y si ese trabajo no sale, buscamos otro.
Se le bajaron los hombros de golpe. Se notaba. Como si hubiera estado cargando con un peso que nadie veía.
—¿Por qué haces esto por mí? —me preguntó. Podría haberle dicho muchas cosas. Que yo también sabía lo que era tener miedo de abrir el buzón. Que después de que muriera mi marido hubo semanas en las que viví de latas y fingí delante de todo el mundo que estaba bien. Que el orgullo, cuando tiene hambre, se reconoce enseguida. Pero se lo dije sencillo.
—Porque un techo no debería usarse nunca contra nadie.
Después de eso lloró de verdad.
Tres semanas más tarde, Julián consiguió el trabajo. Seis semanas después, me había devuelto hasta el último euro. Pero no es eso lo que más recuerdo. Lo que se me quedó grabado fue su cara al abrir la puerta. La cara de alguien que esperaba que lo juzgaran y, en vez de eso, se encontró con que lo trataban como a una persona.
De responsabilidad habla mucha gente. De humanidad, bastante menos. Y a veces la humanidad es lo único que le da a alguien la oportunidad de ponerse en pie otra vez.
Cosas Que Te Hacen Pensar.
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#MCSS
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Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos.A cada uno les dio cuatro pegatinas de color azul, todos con la leyenda «Eres importante para mí», y les pidió que se pusieran uno.
Cuando todos lo hicieron, les dijo que eso era lo que ella pensaba de ellos. Luego les explicó de que se trataba el experimento:
Tenían que darle una de las pegatinas a alguna persona que fuera importante para ellos, explicándoles el motivo y dándole las otras pegatinas para que ellos hicieran lo mismo.
El resultado esperado era ver cuanto podía influir en las personas ese pequeño detalle.
Todos salieron de la clase comentando a quién darían sus pegatinas. Algunos mencionaban a sus padres, a sus hermanos o a sus novios, pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de casa. Este muchacho había conseguido una beca para esa universidad y al estar lejos de su hogar, no podía darle esa etiqueta a sus padres o sus hermanos. Pasó toda la noche pensando a quién se la daría y al otro día muy temprano tuvo la respuesta. Tenía un amigo, un joven profesional que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces le asesoraba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba.
¡Esa era la solución!.
Saliendo de clases se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba. En la recepción pidió verlo. A su amigo le extrañó, ya que el muchacho lo iba a ver después de que él salía de trabajar, por lo que pensó que algo malo estaba sucediendo. Cuando lo vio en la entrada, sintió alivio de que todo estuviera bien, pero a la vez le extrañaba el motivo de su visita. El estudiante le explicó el propósito de su visita y le entregó tres pegatinas, pidiéndole que se pusiera uno y le dijo que «al estar lejos de casa, él era el más indicado para portarlo».
El joven ejecutivo se sintió halagado, no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados.
El joven ejecutivo regresó a sus labores y ya casi a la hora de la salida se le ocurrió una arriesgada idea: Le quería entregar los dos pegatinas restantes a su jefe. El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada, por lo que tuvo que esperar a que estuviera «desocupado».
Cuando consiguió verlo, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos de su departamento, la oficina estaba repleta de reconocimientos y papeles.
El jefe sólo gruñó: ¿ Qué desea?
El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró los dos pegatinas.
El jefe, asombrado, le preguntó:
» Por que cree usted que soy el más indicado para tener ése listón?»
El joven ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que de él había aprendido bastante y estaba orgulloso de estar bajo su mando. El jefe titubeó, pero recibió con agrado los dos pegatinas, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad estando en el puesto en el que él se encontraba.
El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa llevaba uno de los pegatinas y el otro lo guardó en el bolsillo de su camisa. Se fue reflexionando mientras manejaba rumbo a su casa. Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado, cuando le preguntó si pasaba algo, el respondió que no pasaba nada, que ese día quería estar con su familia. La esposa se extrañó, ya que su esposo acostumbraba llegar de mal humor.
El jefe preguntó: «Dónde está nuestro hijo?», la esposa sólo lo llamó, ya que estaba en el piso superior de la casa. El hijo bajó y el padre le dijo «Acompáñame».
Ante la mirada extrañada de la esposa, y del hijo, ambos salieron de la casa.
El jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su «valioso tiempo» con su familia muy a menudo. Tanto el padre como el hijo se sentaron en el porche de la casa. El padre miró a su hijo, quien a su vez lo miraba extrañado.
Le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió de aquellos momentos que sabía eran importantes.
Le mencionó que había decidido cambiar, que quería pasar mas tiempo con ellos, ya que su madre y él eran lo mas importante que tenía.
Le mencionó lo de las pegatinas y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, pero quería darle el último listón a él, ya que era lo más importante, lo más sagrado para él; que el día que nació, fue el más feliz de su vida y que estaba orgulloso de él.
Todo esto mientras le prendía el listón que decía
«Eres importante para mí»…
El hijo, con lágrimas en los ojos le dijo:
«Papá, no se que decir, creía que no te importaba, incluso alguna vez pensé en suicidarme porque …te quiero papá, perdóname…»
Ambos lloraron y se abrazaron, el experimento de la profesora dio resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con solo expresar lo que sentía…Ese es el poder de uno…, expresar lo que sientes y darle valor a los detalles de la gente que te ama.
Por eso tú para mí… “Eres muy Importante”.
De la red
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Mi alma no tiene edad.
A veces me acuerdo y tengo cinco años…Y quiero seguir creyendo en la magia .
A veces me acuerdo y tengo 15 años.
Tengo fuerza y siento que puedo cambiar el mundo…
A veces me acuerdo y tengo 30 años.
Piso la tierra…pero sé que puedo volar…
A veces me acuerdo y tengo 60 años.
Tengo la experiencia y quiero dividir.
Ofrecer la tranquilidad y la sabiduría del tiempo…que no cesa…que cura…que se cierra…
A veces me acuerdo y no sé cuántos años tengo…y ni cuantos pasarón…
.Y es en el alma…llena de amor y recuerdos que siento todas las edades…me muestrán una vida rica y preciosa.
.Y ahí es donde encuentro mi gran tesoro…una línea cubierta de retazos…
Única…original y que lleva mi firma.
En ella está escrito
!! Vida !!💕
Meryl Streep_
#5minutosdereflexionypensamiento
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Hay amores que no se anuncian con gritos, sino con silencios.
El de una madre es el más callado de todos… y el más eterno.
Honrar a tu madre no es un acto de obligación, es un regreso a casa.
Es recordar que antes de ser quien eres, fuiste latido en su pecho, sueño en sus ojos cansados, razón para levantarse cada madrugada.
Una madre no merece gritos, ni indiferencia, ni olvido. Merece que la mires como ella te miró a ti cuando diste tus primeros pasos: con miedo a que te caigas, con fe en que lo lograrías, con orgullo aunque el mundo no viera nada. Porque ella lo vio todo. Vio tu primera sonrisa, tu primera lágrima, tu primer sueño roto. Y aún así, se quedó. Siempre se queda.
Cuando un hijo levanta la voz a su madre, no está mostrando poder, está mostrando una herida que aún no sabe nombrar. Porque el que hiere a su madre, sin saberlo, se hiere a sí mismo en lo más hondo. Rompe el espejo donde se refleja su propia historia.
La vida es sabia. Y lo que siembras en el corazón de tu madre, cosechas después en el silencio de tu propia soledad. Un día, cuando ya no esté, buscarás su voz en el viento, su olor en una sábana vieja, su risa en una canción que no recuerdas bien. Y llorarás.
Llorarás no por ella — porque ella ya estará en paz — sino por ti, por los abrazos que no diste, por los «te quiero» que guardaste, por los silencios donde debiste decir «gracias».
Abrázala hoy. No esperes a que el tiempo te la robe. Mírala a los ojos como si fuera la última vez, porque un día lo será, y no habrá ensayo.
Quien honra a su madre, nunca camina solo. Lleva en el pecho una luz que no se apaga, una raíz que te sostiene aunque todo tiemble.
Porque el amor de una madre no es de este mundo… nos lo prestaron para aprender a amar de verdad.
De la red.
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Las cosas que realmente valen en la vida, no se compran con dinero.
La felicidad y el amor no se venden ni se compran, se cultivan día tras día.
Es importante que los niños sean conscientes de ello desde pequeños ya que así no caerán en la trampa de la que nos alertó Benjamín Franklin:
“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”.
Numerosos estudios psicológicos han comprobado que las mayores satisfacciones y alegrías de la vida provienen precisamente de las relaciones interpersonales.
Los niños deben aprender desde pequeños a alimentar esas relaciones, para que en el futuro se conviertan en personas que aportan valor a los demás.
Eso significa que hay que enseñarles a ponerse en el lugar del otro, de manera que comprenda cómo sus actitudes, palabras y comportamientos pueden herir o hacer felices a las personas.
También es importante enseñarles a cuidar los pequeños detalles, que son los que hacen crecer una relación, como decir “te quiero” o “eres importante para mí”. Para demostrarle a una persona especial cuánto la queremos no es necesario comprar un regalo.
«Enseñale a tu hijo ,que las cosas que valen la pena…
No se compran ni se venden»💕
-Maica Vasco. ✍️🏻
Letras de maar_ 🫶🏻✨💕
#5MinutosdeReflexionypensamiento
Y yo añado que… el mejor regalo que podemos hacer es TIEMPO, tiempo para estar presente, tiempo para escuchar, tiempo para ayudar o para simplemente estar. Además es el bien mas preciado pues cuando lo sabes sabes que no lo recuperaras jamás. Pero que feliz te hace.
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Hay heridas que al principio duelen… pero con el tiempo te das cuenta de que fueron las que te enseñaron a amarte de verdad.
A veces la vida no te rompe para destruirte…te rompe para despertarte.
Te rompe para que dejes de aceptar menos de lo que mereces. Para que dejes de perseguir a quien no te valora. Para que dejes de olvidarte de ti misma por intentar salvar a otros.
Hay momentos que en su momento parecían injustos. Personas que te decepcionaron. Situaciones que te hicieron llorar más de lo que imaginabas. Pero esas experiencias también te enseñaron algo poderoso.
Te enseñaron a poner límites. Te enseñaron a reconocer tu valor. Te enseñaron que tu paz no se negocia. Y un día, cuando miras hacia atrás… te das cuenta de algo que antes no podías ver.
Que muchas de las cosas que más te dolieron… fueron las mismas que te obligaron a crecer.
Las mismas que te enseñaron a elegirte. Las mismas que te llevaron a construir una versión más fuerte, más consciente y más amorosa contigo misma. Por eso hoy puedes decir con el corazón en paz:
✨ Estoy agradecida por todo lo que me obligó a quererme más. Porque sin esas lecciones… quizá seguirías aceptando lo que no merecías.
Ahora quiero preguntarte algo muy sincero:
💭 ¿Cuál fue esa experiencia difícil que, con el tiempo, terminó enseñándote a valorarte más?
Tal vez una relación que terminó.
Una traición.
Una etapa dura de tu vida.
Cuéntanos tu historia o el consejo que le darías a alguien que hoy está pasando por algo parecido.
A veces tu experiencia puede ser justo el mensaje que alguien más necesita leer hoy. 💬
Autoestima y superación _✨🙏🏻🫶🏻
#5MinutosdeReflexionypensamiento
De la Red
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¿Por qué vivir a medias si vamos a morir del todo? – me dijo con una sonrisa blanca como la cera.
Beltrán había sido compañero los tres primeros años de carrera. Después, le diagnosticaron una enfermedad que le barrió de la vida en poco más de cuatro meses. Un día, al salir de clase se quejó de un leve dolor lumbar. Después todo sucedió con una rapidez insoportable. Se fue con la velocidad de una llamarada repentina, feroz y hambrienta.
Aquella fue la última vez que le vi. Un mes antes del final. En casa de sus padres. En Jaén. Sus venas se marcaban en la piel como las raíces de un limonero y la cara se le había secado agrandándole los ojos. Estaba sentado en una butaca junto a una ventana. A lo lejos se veían unas lomas cargadas de olivar.
– Los cerros de Úbeda – me dijo con un sentido del humor que nunca le abandonó.
El sol jugaba al escondite entre las nubes, pero cuando asomaba, mi amigo enfocaba su cara hacia él y levantaba la barbilla.
Hoy hace exactamente treinta y nueve años que se fue.
Lo que más me impresionó de Beltrán no fue su serena aceptación del final sino su convencimiento de que ya había vivido todo lo que tenía que vivir.
– He cumplido todos mis sueños – decía convencido – Y he dicho todo lo que tenía que decir.
En un momento, entró en la habitación su madre. Llevaba en la mano una bandeja con un vaso de agua, una cucharilla y un sobre rojo. Lo dejó todo en una mesita que había a un lado de la butaca. Nuestras miradas se cruzaron un instante. Sus ojos eran dos cristales rotos. Beltrán levantó ligeramente el brazo y acarició la manga de la rebeca de su madre. Ella mostró una sonrisa leve, como una raya de tiza, y se fue.
– Lo siento por la tristeza de mis padres y de mi hermana – dijo concediéndose por primera vez un gesto sombrío cuando su madre cerró la puerta – No comprenden que estoy bien.
No hablamos de su enfermedad.
– ¿Para qué? – zanjó al principio – Ya lo sabemos todo.
Conversamos durante un par de horas sobre libros y cine.
– Cuando la estrenen en septiembre, tenemos que ir a verla – me dijo abriendo una revista en la que aparecía la nueva película de Michael Douglas y Glenn Close.
Me quedé congelado sin saber cómo reaccionar. Los dos sabíamos que en septiembre él ya no estaría. Contesté con un «claro» pálido y fugaz, escondiendo los ojos en el artículo que me mostraba. Entonces, Beltrán estalló en una carcajada sonora que parecía que fuera a quebrarle los huesos.
– Que es una broma, hombre – me dijo – La ves tú y después, me la cuentas.
Otra vez volvió a reír.
Todo el tiempo estuve con un nudo en la garganta que me atascaba las palabras por debajo de la nuez. Parecía que fuera él quien me animaba a mí. Pero a veces se cansaba. Y entonces, nos quedábamos los dos en silencio y mirábamos por la ventana el peinado perfecto de los olivares.
Cuando el sol caía le dije que tenía que irme. Ya no hablamos más. Me agaché y le di un abrazo. Me sorprendió la fuerza que aún guardaba. Nos miramos un segundo y sonreímos. En aquel último silencio lo dejamos dicho todo.
Me despedí de su madre y fui caminando despacio hasta el coche. Tomando conciencia de cada cosa que hacía. Sintiendo crujir la grava bajo la suela de mis zapatos. Escuchando mi respiración.
Viviendo del todo.
De la red.
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Tiré de la correa con fastidio, porque mi perro no quería dar un paso más… hasta que vi a quién estaba clavando la mirada: ni a un pájaro, ni a una ardilla, sino a un hombre que parecía a punto de romperse en mil pedazos.
Era una tarde de domingo gris en el parque. De esas en las que el viento te muerde la cara y las últimas hojas secas se deslizan por el camino de grava. La mayoría de la gente ya se había ido. A casa, al calor. En algún salón, seguro, ya estaría encendida la tele.
—Vamos, Roco —murmuré, tirando un poco de la correa—. Se me está helando la cara. Nos vamos.
Roco no se movió.
Mi mestizo desgreñado, grande, plantó las patas como si alguien lo hubiera atornillado al suelo. La cola baja, las orejas hacia delante. Y luego ese gemido suave, vibrante… el sonido exacto que solo hace cuando quiere algo que no puede alcanzar.
Seguí su mirada.
En el césped, un poco apartado, había un banco bajo una encina vieja. Delante, una mesita. Y allí estaba sentado un hombre mayor, arreglado de una manera silenciosa: un traje oscuro que parecía de otra época, pero limpio, planchado, cuidado. La espalda recta, casi militar. La cabeza inclinada.
En medio de la mesa había una cajita de plástico transparente.
Dentro: un solo pastelito del súper, con cobertura rosa. Al lado: una vela de cumpleaños. Sin encender.
El hombre miró su reloj. Luego miró hacia el aparcamiento. Luego volvió a mirar el reloj.
Se me encogió el estómago. Esa mirada… como si estuviera negociando con la realidad. Como si “llegar tarde” aún pudiera no significar “olvidado”.
—Venga, lo dejamos tranquilo —le susurré a Roco, con ese reflejo tan humano de dar privacidad a la gente… incluso cuando se están hundiendo en ella.
Roco me ignoró.
Ladró una vez, corto y exigente, y tiró con fuerza. La correa se me escurrió de los dedos helados antes de que pudiera reaccionar de verdad.
—¡Roco! ¡No!
Eché a correr con el corazón en la garganta. Ya me imaginaba la escena: mi perro, demasiado entusiasta, saltando encima de un señor frágil vestido de domingo.
Pero Roco no saltó.
Llegó trotando, frenó, se sentó muy cerca de él… y, con una delicadeza que yo le veía pocas veces, apoyó su cabeza pesada sobre la rodilla del desconocido.
El hombre se sobresaltó. Miró hacia abajo, asustado, y retiró la mano.
Yo llegué sin aire. —Perdone, de verdad. Se me ha escapado. Normalmente… no hace estas cosas. No es así…
Alargué la mano hacia el collar.
Entonces el hombre levantó una mano temblorosa.
—No pasa nada —dijo. La voz sonaba seca, como hojas rotas—. Está… caliente.
Sus dedos se hundieron en el pelo de Roco. Roco cerró los ojos, suspiró largo, satisfecho, y se apoyó con todo su peso en la pierna del hombre, como si aquel fuera el sitio más natural del mundo.
—Antes era un perro de la calle —me oí decir cuando se me bajó el golpe de adrenalina—. Nota a la gente. Aquí suele pasar de casi todos. Si hoy ha venido justo a usted… es que usted es la persona más importante del parque.
El hombre levantó la vista. Tenía los ojos rojos, como si llevara horas peleando contra algo que al final siempre gana.
—Me llamo Enrique —consiguió decir, ronco.
—Yo soy Tomás —respondí—. Y este es Roco.
Enrique miró otra vez hacia el aparcamiento, como obligándose a apagar el último resto de esperanza. Luego bajó la mirada a la mesa.
—Mi hijo iba a venir con su familia —dijo en voz baja—. Acaba de empezar en un trabajo nuevo. Los niños tienen entrenamiento. Y… bueno. —Tragó saliva—. Hoy cumplo ochenta años.
El viento sacudió las ramas sobre nosotros. Por lo demás, silencio. De ese silencio que pesa más que cualquier ruido.
Miré el pastelito. La vela. Y luego a Roco, que no se movía ni un centímetro, como si hubiera decidido que hoy marcharse no era una opción.
Si mi perro puede ser así de valiente, yo también.
—Pues entonces, Enrique —dije sentándome en el otro lado del banco, frente a él—, espero que no le moleste si me invito un momento. No he comido nada, y esa cobertura tiene pinta de necesitar compañía.
Parpadeó, como si no hubiera entendido bien. —¿Usted… se queda?
—No me voy hasta que hayamos cantado —dije, buscando mi mechero—. Y Roco tiene debilidad por los dulces. Es su único vicio.
Una sonrisa pequeña, incrédula, se abrió paso entre el dolor de su cara, con cuidado, como si no estuviera acostumbrada a salir.
Encendí la vela. La llama tembló con el viento, pero se mantuvo firme.
—Cumpleaños feliz… —empecé, y a mitad de frase se me quebró un poco la voz.
Enrique se unió muy bajito, más un susurro que un canto. Y cuando llegamos al final, Roco echó la cabeza hacia atrás y aulló —largo, desafinado, solemne— como si estuviera avisando al cielo en persona de que aquí, ahora mismo, alguien importaba.
Enrique se rió. Sonó oxidado, poco usado, pero de verdad. Luego se inclinó y sopló la vela.
Nos quedamos allí, fácilmente, una hora.
Compartimos el pastelito entre los tres. Roco se llevó la parte de abajo, sin chocolate y sin discusión. Enrique me habló de su mujer, que ya no estaba desde hacía años. De su época en la Armada. De una casita amarilla que había arreglado con sus propias manos. Y de que llevaba cinco años sin acariciar a un perro desde que murió su viejo beagle.
—Cuando me senté aquí —dijo en un momento—, me sentí invisible. Como si… ya lo hubiera hecho todo. Como si ya estuviera… acabado.
Le rascó detrás de las orejas a Roco. Roco golpeó con la cola la pata de la mesa como si aplaudiera.
—Pero ustedes dos —dijo Enrique, y me agarró la mano. El apretón fue sorprendentemente firme—. Me han visto. Se han parado. No sabe lo que significa.
—Feliz cumpleaños, Enrique —dije.
Se fue despacio hacia su coche viejo en el borde del aparcamiento. No rápido, no ligero, pero más erguido que antes. Se giró una vez y levantó la mano, apenas.
Yo me quedé un rato dentro del coche sin arrancar.
Roco ya estaba dormido en el asiento del copiloto, como si hubiera terminado su trabajo. Saqué el móvil, pasé mensajes, notificaciones, cosas que parecen “importantes” y se evaporan en un segundo.
Y entonces me quedé en “Mamá”.
Hacía dos semanas que no la llamaba. Había estado “ocupado”.
Pulsé llamar.
—¿Sí? —su voz salió enseguida, familiar.
—Hola, mamá —dije cuando contestó—. No, no pasa nada. Solo quería… oír tu voz.
Hay sillas vacías que gritan más que cualquier grito. Y a veces hace falta un perro para recordarnos que el regalo más grande no se compra.
Se llama: estar.
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EL ÁNGEL QUE CAMINA CONTIGO AUNQUE NO LO VEAS
Ángel de la guarda, compañero silencioso que el cielo asignó a mis pasos, hoy levanto mi voz para reconocerte. No te veo, pero caminas cerca. No te escucho, pero me proteges. No te anuncio, pero intervienes en momentos que jamás sabré explicar. Y aun así, tu presencia ha sostenido más días de los que mi memoria puede contar.
Gracias por cada peligro que apartaste sin hacer ruido. Por cada caída que suavizaste. Por cada puerta que cerraste cuando yo insistía en cruzarla. Tú has sido sombra en el sol ardiente y escudo en la tormenta invisible. Has caminado detrás de mí como guardián paciente, no para controlar mi vida… sino para custodiarla.
Esta noche, mientras el cielo se llena de estrellas, recuerdo que no camino solo. Así como ese niño avanza confiado sobre las nubes, mi alma también avanza porque hay manos celestiales sosteniendo lo que no alcanzo a ver. Dame la inocencia de confiar. Dame la paz de quien sabe que el cielo no abandona a los suyos.
Ángel fiel, cuando mis pensamientos se oscurezcan, ilumina mi mente. Cuando el miedo me susurre derrotas, recuérdame que no estoy desprotegido. Cuando la tristeza pese más que mi fuerza, permanece cerca, como presencia suave que no invade, pero sostiene.
Guía mis decisiones. Desvía mis pasos del mal. Inspira en mí impulsos de bondad que ni siquiera reconozco como tuyos. Que mi vida no choque contra sombras innecesarias por caminar distraído. Susúrrame prudencia. Despierta mi conciencia. Protege mi descanso cuando cierre los ojos y el mundo se apague.
Y si alguna vez me siento perdido, recuérdame que incluso en la oscuridad más profunda… las estrellas siguen encendidas. Que tu vigilancia no duerme. Que tu misión no descansa. Que tu lealtad no depende de mi perfección.
Gracias por caminar detrás de mí sin pedir reconocimiento. Gracias por tu fidelidad invisible. Gracias porque aunque el mundo no te vea… el cielo te conoce por nombre.
Quédate cerca, ángel guardián. Camina conmigo hasta el final de mis días. Y cuando cruce el último umbral, sé el rostro familiar que me recuerde que nunca estuve solo.
Amén. ✨👼🌌
Tomado de la Red